lunes, 5 de marzo de 2018

Noticias Urbanas - Ciudad - Larreta impulsa el Mercado de los Carruajes como polo gastronómico

Larreta impulsa el Mercado de los Carruajes como polo gastronómico

Al inaugurar, las obras del proyecto gastronómico, el Jefe de Gobierno repitió que "quiere posicionar a la Ciudad como capital gastronómica de Latinoamérica".

El jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, anunció el viernes el inicio de las obras del nuevo Mercado de los Carruajes en el barrio de Retiro, un proyecto gastronómico en el predio donde funcionaban las caballerizas y cocheras de carruajes que utilizaron los presidentes argentinos a principios del siglo XX.
“Este es un paso importante en nuestro trabajo de posicionar a Buenos Aires como capital gastronómica de Latinoamérica”, expresó Rodríguez Larreta, quien estuvo acompañado por el vicejefe de Gobierno, Diego Santilli; el presidente de Athenée Groupe, Horacio Blanco; el secretario de Desarrollo Ciudadano, Matías López; y el subsecretario de Bienestar Ciudadano, Héctor Gatto.
El mercado se inaugurará en diciembre y funcionará en la esquina de avenida Alem y el pasaje Tres Sargentos.
Además, el Jefe de Gobierno porteño señaló que “la gastronomía se ha transformado en uno de los primeros criterios de decisión para el turismo”, y agregó: “A los porteños nos gusta mucho comer rico y bien, y acá tenemos productos y cocineros de primera calidad”.
Por último destacó que “esto es otro ejemplo del trabajo en equipo con el Gobierno Nacional” porque “éste es un inmueble que pertenece a la Nación y fue cedido a la Ciudad”.
El Mercado de los Carruajes estará dividido en dos sectores: por un lado habrá un área de productos envasados, de despensa, regionales, bio e importados de España, junto con carnes Premium, verduras, frutas, pescados, mariscos, quesos, fiambres, flores, bombones, panaderías y pastelerías. Y por el otro tendrá un área gourmet con parrillas Premium, una heladería, un bar, un patio cervecero, un área de tapeo y otra de cafetería.
Por su parte, Santilli subrayó que “venimos a poner en valor lo que es un lugar maravilloso para que la gente pueda disfrutar”, y remarcó la “generación de muchos puestos de trabajo”.
“La idea es darle a los vecinos de la Ciudad y a los turistas que nos visitan este desarrollo que buscamos con Horacio, que es Buenos Aires como capital gastronómica de Latinoamérica”,añadió el Vicejefe de Gobierno.
Como se trata de un edificio histórico, las reformas no afectarán los valores patrimoniales del lugar, por lo que se mantendrá su fachada original y se destacarán las paredes azulejadas, los marcos de bronce en las puertas, los vitrales y la cúpula central.
Luego de una presentación de una iniciativa privada, el Gobierno porteño llamó a una licitación pública para otorgar la concesión del predio a una empresa con el objetivo de convertirlo en un mercado.
La ganadora fue Atheneé Groupe, en alianza con el grupo español MERCASA, que realizará una inversión de más de 60 millones de pesos.
Blanco, presidente de Atheneé Groupe, manifestó que “queremos colaborar y hacer un mercado ícono de Buenos Aires”, y completó: “Esta iniciativa generará más de 200 puestos internos y más de 1000 empleos indirectos”.
El mercado tendrá una superficie de 3600 metros cuadrados (m2) y un área de servicios de 600 m2.

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Clarín - VIVA - La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina

La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina

Un plato que se remonta a la Edad Media italiana y que aquí encontró las variantes más novedosas. Por qué manda en nuestra gastronomía. Las fórmulas de los expertos.
La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina
Pietro Sorba y una historia de la milanesa, desde su origen hasta nuestros días. Fotos: Julio Juárez.
La milanesa es el premio con que el que se recompensa a los niños. La comida del domingo. Un plato que hace felices a los argentinos, parte inamovible de la terna de los sueños culinarios nacionales más buscados, en compañía del asado y la empanada. Es la tormenta perfecta de la cocina. Ubicada a años luz de aburridas y sosas cocciones al vapor o en agua hirviendo a 100 grados. Se trata de algo más contundente: proteínas, grasas e hidratos de carbono cocinados en horno o en grasa a más de 140 grados de temperatura. La síntesis ideal de una piedra basal de la cocina: la reacción de Maillard o glicación, descubierta y explicada parcialmente por el químico francés hace un siglo atrás. Un festín culinario que se desencadena cuando estos tres elementos se unen gracias a las altas temperaturas.
¿Qué le sucede a una milanesa sumergida en aceite caliente? El calor deshidrata la superficie que, como por arte de magia, se transforma en una manta perfumada y crocante. Los aromas de esa costra dorada y su color excitan a los sentidos que se encargan de provocar reacciones impulsivas y golosas en el cerebro. La carne protegida mantiene su gusto y humedad. El sabor de la grasa y de los hidratos anula la sensación de saciedad e invita a seguir comiendo. A esto hay que agregar que, en los últimos años, creció en la comunidad científica la convicción de que la grasa, detectada en grandes cantidades por nuestras papilas, desencadena también el efecto umami, un complejo entramado químico responsable de transformar la boca… ¡en agua! Y la milanesa tiene grasa en cantidad. Estos descubrimientos de la época moderna ayudan a comprender un poco más porqué resulta tan querida. Pero son sólo una pequeña parte de una larga historia.
La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina
Clásico porteño I: a caballo.
Allá lejos y hace tiempo. Bartolomeo Scappi, maestro cocinero de cardenales y Papas del siglo XVI, no tenía esta información. Sin embargo, su experimentación culinaria lo convenció de que rebozar la carne y freírla aumentaba su sabor y codificó la técnica en su libro de cocina Opera dell’ Arte di Cucinare, del año 1570. En el capítulo V, en el párrafo dedicado a cómo cocinar la punta del pecho vacuno, describe: “ … primero hay que hervir la carne con su grasa, en agua y sal. Terminada la cocción se la deja descansar en su caldo esperando que enfríe. Finalmente, utilizando un cuchillo filoso, se corta en pequeñas y delgadas fetas del tamaño de la lama de un cuchillo que se enharinan, se pasan por yemas de huevo batidas y se fríen en grasa. Se sirven con salsa de naranja amarga, azúcar y canela”.
Fue el primero en describir profesionalmente la técnica y es posible que, considerando el ámbito laboral de Scappi y la profunda influencia de la cultura italiana en ese período, esa idea renacentista empezara a circular en las cocinas de las monarquías europeas de la época. Probablemente había empezado la “contaminación” y no es difícil imaginar que esa técnica se haya difundido rápidamente entre los maestros cocineros de las cortes de Europa. ¿La técnica de Scappi puede ser considerada la abuela lejana de la milanga argentina?
Enigma culinario. Encontrar la verdad de la milanesa significa transitar una senda insidiosa que puede desorientar al que busca el punto de partida de esta historia. Conocer la exacta ubicación de las piezas de este rompecabezas es muy difícil. Aparecen y desaparecen un sinfín de versiones y lugares comunes que, a veces, encienden el entusiasmo por una respuesta y, otras, despiertan un desánimo que parece conducir hasta un callejón sin salida.
Son teorías alimentadas, sin malicia y premeditación, por el fervor de estudiosos, antropólogos y gastrónomos ansiosos por resolver y adjudicar a milaneses, austríacos, franceses y hasta árabes y judíos la eterna disputa sobre la paternidad de esta receta suculenta. Lo mejor es ser pacientes, estudiar, atar cabos y finalmente cada uno sacará una conclusión dictada por la lógica.
Un menú servido en 1134 en honor a los canónigos de San Ambrosio, en Milán, ya habla de un lomo apanado.
El punto de partida que alimenta una de las versiones más acreditadas retrotrae a épocas remotas, anteriores a las de Maillard y de Scappi. El deus ex machina es otra receta. Pertenece a un menú del año 1134 detallado en un documento que describe una comida realizada en la antigua Mediolanum (Milán), en honor a los canónigos de San Ambrosio, el patrón de la ciudad.
Uno de los platos servidos se llamaba lombolos cum panitio. Cuando la prestigiosa gastrónoma milanesa Ottorina Perna Bozzi (que murió en 2013 a los 104 años de edad) ojea esa mención en el libro Historia de Milán, de Pietro Verri (1783), empieza a temblar de emoción. Casi no lo puede creer. Piensa haber encontrado, finalmente, el eslabón perdido que persiguió durante décadas. La información es real.
La confirman otras dos respetables fuentes de la historia de Milán y de Italia: Ludovico Antonio Muratori (siglo XVII) y el padre de la historiografía italiana, Giovanni Pietro Puricelli (siglo XVI), que mencionan banquete, menú y fecha en sus crónicas. De repente, después de tantas dudas, todo parecía aclararse. El lumbus, en latín, es el lomo que el idioma vulgar medieval transformó en lombolos (lomitos). En la receta son asociados a la palabra panitio, que remite fonéticamente a la idea del pan. El razonamiento tiene sentido.
Ahí, pensó Ottorina, estaría el vínculo de la cocina milanesa con la carne apanada. Con la costoletta alla milanese. El rompecabezas había esperado mucho tiempo por esa última pieza. Había llegado el momento de adueñarse definitivamente de un símbolo, antiguo y radicado, del territorio. Se terminarían, de una vez por todas, las soberbias e incomprensibles pretensiones austríacas y de otros países. Finalmente, el 17 marzo del año 2008, la municipalidad de Milán, utilizando como fundamento los textos que mencionan el lombolos cum panitio (conservados en la biblioteca capitular de la basílica de San Ambrosio), otorga el rango de denominación comunal (De.Co) a la receta de la costeleta a la milanesa. El plato logra el estatus de patrimonio oficial de la ciudad.
La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina
Pietro en Los Galgos, el renovado restó de Callao esquina Lavalle.
Pero, atención, se trata de la costeleta: carne vacuna de bife de lomo de ternera cortada entre la primera y la sexta costilla (con el hueso incluido). Tres-cuatro cm de altura. Sin aplastar. Pasada por huevo y pan rallado fino de alta calidad y frita exclusivamente en manteca. Parece todo resuelto. Parece la madre de todas la milanesas, pero alguna razonable duda queda. Para los puristas, una costeleta no es una lámina de carne. Y las objeciones no terminan aquí.
Traductor, traidor. Pierangelo Frigerio, estudioso de la historia de Lombardía, cree que el panitio es en realidad el “pánico”, un cereal antiguo, muy usado en la Edad Media, molido y elaborado como si fuera una polenta (panicium). Los documentos y testimonios sobre esta comida básica y popular abundan y por lo tanto también es posible que el panitio mencionado por Verri sea en realidad el panicium elaborado con el “pánico”. El misterio, entonces, sigue.
Pellegrino Artusi (1820-1911), el padre de la cocina tradicional italiana, publicó su obra maestra, La Scienza in cucina e l’ arte di mangiare bene, en el año 1891. Fue la finalización de un trabajo meticuloso. Artusi, hombre de negocios y viajero incansable, se había tomado el trabajo de anotar y ordenar con mucha disciplina 790 recetas regionales que encontró en toda la península. Logró algo que parecía imposible: reunir el universo de la cocina regional del país en un libro. Este es el motivo por el cual es considerado el prócer de la cocina regional italiana.
Una de las recetas que se encuentran en el libro es la costeleta de ternera a la milanesa. Si está en su libro, por algo será. El comentario del autor que acompaña la preparación empieza así: “Todos ustedes conocen las costeletas a la milanesa simples…”.
La versión de milanesa más popular en la Argentina se emparenta con la cotoletta a la messinese, una típica variante siciliana.

La frase es un indicación interesante. Artusi, con esa simple afirmación, revela dos cosas: que la costeleta al estilo de Milán ya existía y que era evidentemente un plato popular, caso contrario el autor no podría haber afirmado que todo el mundo la conocía. Una receta es popular cuando está muy presente en un territorio extenso. Para lograr esa condición se necesitan años y considerando que, en la época de Artusi, los tiempos de expansión de las ideas eran un poco más lentos que los actuales, es fácil deducir que la costeleta a la milanesa evidentemente existía por lo menos desde el siglo XVIII. De a poco la época de Scappi se acerca a la época de Artusi. Parece existir un hilo conductor.

La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina
Clásico porteño II: napolitana.
Sabores viajeros. El período de Artusi coincidió con las grandes migraciones de los italianos en el mundo. Evidentemente, “los tanos” que dejaron su país para buscar una nueva vida ya tenían incorporada la receta y la técnica de elaboración. No tardaron mucho en aplicarla y adaptarla a los nuevos mundos que habían encontrado. Uno de ellos fue la Argentina. Un lugar en el cual la carne no faltaba. La posibilidad de utilizarla, tampoco. Nunca habían visto tanta proteína vacuna en su vida. Las variantes regionales italianas del plato empezaron a circular.
Una de las versiones más populares, que finalmente se impuso, es prácticamente igual a la cotoletta a la messinese, una típica variante siciliana. Pan rallado, ajo, perejil, huevo y queso rallado son los acompañantes de la carne. En poco tiempo, la milanesa se transformó en un plato compartido por todos los hogares del país. Hoy en día no existe restaurante cuya carta no presente una o más versiones de la receta. Desde la más simple hasta las pornograficas “pizzanesas”. Y cada persona, empresario gastronómico o cocinero tiene ideas muy claras al respecto.
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No hay una milanesa más rica que otra ni una mejor. Todos la saben preparar y les sale bien.
Sebastián Fernández, de Manolo
Para Sebastián Fernández, uno de los dueños del conocido bodegón porteño Manolo, la milanesa es el plato típico de los argentinos. “Todos saben cómo prepararla y les sale bien –dice–. No hay una milanesa más rica que otra ni una mejor. La diferencia está en los ingredientes y las guarniciones que le quieras agregar. A algunos nos gusta bien cargada de aderezos y agregados como jamón, queso, tomate y demás, en cambio otros la prefieren sola con la guarnición. Nuestra milanesa es un plato que, con el tiempo, se fue transformando en la estrella de la casa. La presentamos en distintas variantes. Por ejemplo, la Gran Manolo, la Fugazza a las tres cebollas o la Americana, todas con opciones de aderezo y agregados, sin olvidar que tiene que ser grande, para compartir.”
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Es un comida simple, genuina y con poca elaboración pero con muchas variantes.
Pablo Massey, de La Panadería de Pablo
Pablo Massey, chef ejecutivo de La Panadería de Pablo, no tiene muchas dudas sobre la importancia de este plato: “Es como la carne al horno o el pastel de papas. Un comida simple, genuina y con poca elaboración pero con muchas variantes. Puede ser extremadamente tierna si se utiliza el lomo, muy magra si se usa el peceto o muy grande y húmeda si el corte elegido es la nalga. Mi versión ideal es la de bife de costilla con hueso, como la que se hace en Milán. De hecho la propongo en mi restaurante. Apanado simple. Primero la freímos, luego la terminamos al horno. La calidad de la carne es central y la guarnición se debe adaptar a la temporada. En el verano, rúcula y tomate o una versión napolitana liviana, con salsa de tomate natural y mozzarella fior di latte”.
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El corte es la nalga cortada a 4 mm de espesor, huevos de buena calidad, un toque de ajo y perejil, rebozado pan-huevo-pan y aceite de girasol, siempre limpio.
Norberto Meza, de Don Ignacio
La verdad de la milanesa: tiene casi mil años y manda en la mesa argentina
Reacción de Maillard: así se llama efecto que causa la cocción a más de 140 grados.
Norberto Meza es un experto en el asunto. Su restaurante Don Ignacio ofrece 34 variantes de milanesa y es un lugar de culto para los amantes de la receta. “No importa la cantidad de versiones, lo único que importa es la calidad de la materia prima y el equilibrio. El corte es la nalga cortada a 4 mm de espesor, huevos de buena calidad, un toque de ajo y perejil, rebozado pan-huevo-pan y aceite de girasol, siempre limpio. Me preocupa un poco la difusión desenfrenada de la milanesa en el contexto del negocio gastronómico. Es una situación que me recuerda la de las hamburgueserías. Tengo el temor que esta proliferación pueda bajar la nobleza del producto. ¿Nuestra última creación? La Cheddar especial: queso cheddar, panceta crocante y salsa fileto. ¿Una de las reinas? La napolitana. Mi versión especial incluye salsa fileto, muzzarella, rodajas de tomate, ajo picado y un toque de aceite de oliva.”
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Es la comida de la madre. La comida que uno espera cuando vuelve a casa, acompañada por un buen puré o una simple ensalada.
Dante Liporace, de la Casa Rosada
Dante Liporace es el chef de la Casa Rosada. Cocinero innovador que nunca se olvida de la tradición: “La milanesa es el plato más emblemático de la cocina argentina. Me atrevo a decir, más que el asado. Reúne carne y pan, los dos alimentos más consumidos por la gente. Es la comida de la madre. La comida que uno espera cuando vuelve a casa, acompañada por un buen puré o una simple ensalada. Me gusta más la de carne vacuna, más frita que al horno. Sin tantas vueltas. Carne tierna, finita, crocante por fuera y húmeda en su interior. Huevos bien batidos, perejil, sal y buen pan rallado. Una sola vuelta y un poco de heladera para asentar el apanado, luego a la sartén con abundante aceite y a comer”.
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Mi fórmula es nalga, pan rallado de buena calidad y huevo. Espesor mediano.
Oscar Juárez, del club Eros
Oscar Juárez, concesionario del Club Eros de Palermo, cuando puede sale a probar las novedades en el tema: “Pero al final me quedo con la tradicional. La milanesa es definitivamente un plato familiar. Anclado a nuestro paladar. Un manjar argentino que se debe acompañar con las guarniciones que más le gustan a los argentinos. Mi fórmula es nalga, pan rallado de buena calidad y huevo. Espesor mediano. El aceite mezcla es el que me dio mejores resultados. Es el plato que se vende más en nuestro local, junto con el bife de chorizo. La milanesa de la casa es la Porteña. Sale con panceta, queso Dambo y cebollas en pluma”.
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La elaboramos con la punta del bife. Doble apanado, ajo y perejil.
Jorge Dutra, de El Imparcial
Jorge Dutra, gerente de restaurante El Imparcial, declarado oficialmente el más antiguo de la ciudad, opina que pedir milanesa es un buen test para conocer la calidad de un restaurante nuevo: “Normalmente es un plato seguro y, si está bien preparado, significa que esa cocina sabe trabajar. Todos saben diferenciar una buena milanesa de una milanesa de baja calidad. Es el único plato que logro compartir con mis hijos, auténticos catadores de milanesas. Cuando salimos a comer, las piden y sus críticas son muy severas. Evalúan hasta la guarnición. Aquí, en El Imparcial, la milanesa es muy grande. Impactante. La elaboramos con la punta del bife. Doble apanado, ajo y perejil. Funciona mucho la de lomo y también dos variantes con carne de pollo: la Maryland y la Suiza”.
Historias, opiniones y puntos de vista. La tan buscada verdad de la milanesa en realidad es la verdad de todos. Cada uno tiene la propia y con toda la razón. Quizás no sea tan importante saber exactamente de dónde viene este plato. Lo único que importa es saber que la Argentina es su intérprete más ferviente y dedicado y que aquí todos los niños tienen una mamá o un papá que les prepara la mejor milanesa del mundo.
Link a la nota: https://www.clarin.com/viva/verdad-milanesa-mil-anos-manda-mesa-argentina_0_HJmVZFVdz.html

La Nación - Revista - Me rebelo ante la medida de las cosas

Me rebelo ante la medida de las cosas

Tengo en mis manos una bolsa de arroz basmati, el agua hierve sobre las llamas de unos palitos de leña, es casi de noche y estamos todos cansados de caminar y en el momento en que derramo el arroz dentro del agua mido con lo que creo será una certera precisión a la cantidad que comeremos. Ni más ni menos, pienso.
Cuando fui niño se medían las líneas con una regla de madera, tenían números negros. En nuestra casa el barómetro de bronce anunciaba nieve cuando la aguja descendía por debajo de los mil milibares. El termómetro del jardín a veces daba veintinueve grados en verano. Mi madre hacía la torta de naranjas usando tazas para establecer sus cantidades. Nuestro entrenador de esquí usaba un cronómetro para tomar nuestros tiempos de bajada. La vida en gran parte parece estar regida por las medidas, los tiempos, el tamaño de las cosas. Pero pequeño o grande tienen el mismo valor, ya que nuestro corazón debe aprender que a veces los más insignificantes hechos son los que más valen.
Crédito: Kalil Llamazares
Se dice que al crecer vamos aprendiendo tantas cosas. Es cierto; mi memoria y mis oídos, tacto, vista, gusto y olfato parecen ser maestros del uso y las costumbres que tomaron durante años de andar. Muchas veces siento que a los veinte ya era un anciano por haber caminado por tantos puentes desiertos, sin barandas o cimientos o reparo.
Sin olvidar mis pies; a veces descalzos o abotinados me llevaron por países, montañas, mares, bailes, escaleras de simpleza o palaciegas de ambición. Con ellos caminé hacia adelante con paso firme y también reculé con la misma cobardía que recorre las tantas hojas de mi historia. Caminé con ilusión y desesperanza. Con el silencio y la afonía de la tristeza. Gané batallas y fui vencido -a veces, perdonado-.
No he aprendido aún cuál es la medida de un beso porque siempre hay otro para dar.
Y cuando me parece haber recibido y dado el mejor -prevalece el próximo- porque los labios sellan y llenan con ternura y pasión. O la bella impertinencia de un beso robado en las contiendas del amor. Como los besos de abril de los bosques de magnolias y rododendros del Tibet en Bután arropados por caricias de lanas tejidas de yaks entre monjes, campanas y banderines, cuando caminé por días en sus alturas tomando baños calientes en antiguas tinas de madera caldeadas con piedras salidas del fuego en las pequeñas granjas en las cimas de las montañas, allí la medida tiene un valor diferente, está adornada y aguerrida en el silencio de la simpleza.
Me asalta día a día una rebelión a la medida. Tengo sesenta y dos años y mi optimismo y pasión aún no me han dejado aprender a medir. Será que al saber que la certidumbre tiene un humor cambiante siempre me inclino más por la suma que por la resta, desafiando la vaguedad, la duda, la imprecisión.
El arroz ya está en la olla, para la sazón en estas lejanías solo tengo cebollín, polen de hinojos, aceite de oliva y ají molido de cachi. Los platos están listos para ser servidos, el cucharon se hunde una y otra vez en la generosidad blanca del arroz. Las voces callan todos comen con cierta voracidad por el largo día de andar. Al sentarme a comer sobre un tronco caído se que en ese arroz se arremolina los trazos de mis pasos, que en el revolver de mi mano con la cuchara de madera están aunados todas las medidas tomadas desde que nací.
Y pienso que a pesar de todo, el arroz aún está blanco, desgranado, delicioso.
Que nos da la vida y que nos quita por el arte de medir, un lenguaje hermoso que se remonta a la misma esencia de nuestra existencia.
Esta noche mis manos le harán el amor a mi amor, en el silencio del bosque arropados en la comodidad de nuestra enorme bolsa de dormir, un tocar que conoce las exactas medidas de su lujuria. n
Link a la nota: https://www.lanacion.com.ar/2113166-me-rebelo-ante-la-medida-de-las-cosas

Planeta Joy - Comer - Estos son los mejores bares y restaurantes porteños según el Experts’ Choice Awards

Estos son los mejores bares y restaurantes porteños según el Experts’ Choice Awards

Se trata de un premio que otorgan profesionales de 85 publicaciones turísticas a nivel mundial. Buenos Aires se consagró como la preferida entre las ciudades latinoamericanas y su oferta gastronómica tuvo mención especial
¿Qué tienen en común Buena Birra Social Club, Proper y Lab? Que todos fueron mencionados por los expertos que conforman el panel del Experts’ Choice Awards, un premio que consagra los mejores destinos turísticos del mundo.
El ranking incluye 50 ciudades de la región, por eso también figuran otros nombres argentinos, como San Carlos de Bariloche y Mendoza. 
El galardón destacó la oferta cultural, gastronómica y las variadas opciones de hospedaje. 
“El escenario culinario continúa evolucionando, ya que una ola de nuevos y “hambrientos” chefs infunden nuevos sabores en los menús de Buenos Aires”, señaló el panel de experto. Así mencionaron aperturas de los últimos años, como Proper, La Alacena -con sus croissants y tagliatelles- y Los Galgos, por su vuelta de tuerca a platos clásicos argentinos.
La Cabrera Sur fue el restaurant más votado por los TripExperts, y hubo mención también para Tegui, infaltable sobre todo tras su inclusión en los World’s 50 Best Restaurants.
Para los amantes de la cerveza destacaron Buena Birra Social Club y Bierlife; Café Registrado y Lab, para los coffee lovers y los speakeasies Harrison y Victoria Brown, cuando se trata de beber cócteles a puertas cerradas.
Link a la nota: ¿Qué tienen en común Buena Birra Social Club, Proper y Lab? Que todos fueron mencionados por los expertos que conforman el panel del Experts’ Choice Awards, un premio que consagra los mejores destinos turísticos del mundo.
El ranking incluye 50 ciudades de la región, por eso también figuran otros nombres argentinos, como San Carlos de Bariloche y Mendoza. 
El galardón destacó la oferta cultural, gastronómica y las variadas opciones de hospedaje. 
“El escenario culinario continúa evolucionando, ya que una ola de nuevos y “hambrientos” chefs infunden nuevos sabores en los menús de Buenos Aires”, señaló el panel de experto. Así mencionaron aperturas de los últimos años, como Proper, La Alacena -con sus croissants y tagliatelles- y Los Galgos, por su vuelta de tuerca a platos clásicos argentinos.
La Cabrera Sur fue el restaurant más votado por los TripExperts, y hubo mención también para Tegui, infaltable sobre todo tras su inclusión en los World’s 50 Best Restaurants.
Para los amantes de la cerveza destacaron Buena Birra Social Club y Bierlife; Café Registrado y Lab, para los coffee lovers y los speakeasies Harrison y Victoria Brown, cuando se trata de beber cócteles a puertas cerradas.

La Nación - Revista - Diego Gera: higo, manjar del paraíso

Diego Gera: higo, manjar del paraíso

Fruto carnoso y tentador, acompaña a la humanidad desde siempre. Aquí, su dulzor fresco complementa a la perfección un postre clásico
Cuando era chico los higos no se compraban en la verdulería. En las casas solía haber una higuera, en mi caso era en lo de mis abuelos, en Saavedra. Tenían un fondo de 30 metros, al final había un gallinero y para llegar al árbol había que trepar al techo. Yo los juntaba compitiendo con los pájaros que revoloteaban para comérselos. No me gustaban calientes, estaban al rayo del sol, así que los ponía un rato en el congelador de la heladera Siam, esa que se abría con una palanca. Cuando estaban frescos, no había manjar más rico", recuerda el chef Diego Gera.
Abre en cuartos una breva de piel morada; no se puede apartar la vista de ese centro carnoso, rosado, tentador. Después, el paladar explota en dulces y crocantes. "Desde hace algunos años se comenzó a producir con fines comerciales, hoy conseguimos higos ya en la primavera, vienen del norte. En realidad son las brevas que estuvieron latentes durante el otoño y con los primeros calores se desarrollan. Pocos saben que hay higueras que dan frutos dos veces, una en diciembre (las brevas más grandes y menos dulces que el higo) y luego al fin del verano, donde aparece el higo más chiquito, redondo y bien dulce", dice Gera.
Rellenos: cortar higos en cruz desde arriba, sin llegar a la base, abrir en flor, rellenar con jamón crudo en lonja finito y rúcula. Lo mismo, con queso de cabra y piñones
Rellenos: cortar higos en cruz desde arriba, sin llegar a la base, abrir en flor, rellenar con jamón crudo en lonja finito y rúcula. Lo mismo, con queso de cabra y piñones Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
En el principio, además del verbo parece que también fue el higo. Siempre ligado a la cultura mediterránea, enriquece cientos de escenas históricas. La Biblia dice que fue el primer árbol del Edén (y con sus hojas se taparon Adán y Eva tras comer el fruto prohibido, "probablemente un higo", dice Gera). Buda encontró la iluminación bajo su sombra y los faraones egipcios disponían higos secos en sus tumbas para alimentarse en la otra vida. Rómulo y Remo sobrevivieron amamantados por una loba bajo la sombra de este árbol y los atletas de los primeros juegos olímpicos fueron coronados con sus hojas. Esta delicia del paraíso llegó a América de la mano de Pizarro, quien ordenó que cada familia sembrara una higuera. La Argentina también tiene una famosa: la que cobijó al pequeño Sarmiento mientras estudiaba bajo sus frondosas ramas en San Juan.
El árbol (Ficus carica L.) es originario de la zona mediterránea de Asia, y se distinguen distintas variedades: las "comunes", que producen una o dos cosechas cada año, y las uníferas, con una sola cosecha anual. Desde el punto de vista botánico el higo es una infrutescencia (un conjunto de frutos) y tanto brevas como higos presentan una piel muy fina de color verde, negro, morado o marrón rojizo. Otro tipo destacado son las llamadas "higueras de Esmirna", que necesitan de la polinización para el desarrollo del fruto y tradicionalmente se cultivan en Oriente Medio y norte de África (se consideran los higos de mejor calidad). En la Argentina -según datos del Ministerio de Agroindustria de la Nación- la exportación de higos argentinos se ha incrementado en los últimos años alcanzando durante el último lustro (datos de 2016) un promedio de aproximadamente 150 toneladas anuales (principalmente a Europa y Canadá).
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
Leer el CV de Diego Gera es recorrer una enorme trayectoria. Con excelente formación profesional participó desde muy joven en innumerables concursos nacionales e internacionales como participante y como jurado. En 2001, fue representante para la Argentina del Concurso Mundial de Cocina; logró el 6° puesto Bocuse d'Or entre 22 países y ganó el premio mejor Plato de Carne, entre muchos otros logros. Desde 2006 es miembro de la Academia Culinaria de Francia y desde hace 9 años es director general de la escuela The Bue Trainer. Hoy es el chef ejecutivo del Yacht Club Puerto Madero, donde tiene a su cargo el servicio de catering (reuniones corporativas, festejos privados, etc.).
¿Qué te gusta del higo?
Me gusta su sabor, lo prefiero fresco. Y además porque es fuente de energía: se dice que gracias a los higos los turcos pudieron cruzar muchas veces el desierto. Es una fruta con muchas propiedades: se puede consumir seco, como higo pasa, se pueden hacer conservas, mermeladas, helados, sirve para platos dulces y salados. Con miel ya es un postre increíble. O con jamón crudo. Reemplazá el melón por higo, una delicia. Es dulce, colorido, crocante y fresco. Además es la fruta de las naturalezas muertas a lo largo de la historia. En todos los bodegones el higo está presente.
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
Sos director de una de las escuelas de cocina más importantes. ¿Qué se enseña hoy?
Hace 26 años que estoy en la escuela, fui alumno, docente, ahora soy director. Desde entonces hubo muchos cambios, estamos permanentemente corrigiendo, ajustando los programas. Incluso a veces cambiamos una materia completa. Cuando yo estudiaba no había una cátedra dedicada a las materias primas, ahora sí. No había una de química culinaria, ahora sí. Nos vamos adaptando a los tiempos.
¿Qué perfiles de estudiantes ves?
Veo chicos que crecieron comiendo salchicha con puré. Percibo una distancia enorme con los productos, creo que antes la gente tenía más relación, se cocinaba más y se comía lo que había en cada estación. La gente hablaba con el carnicero, sabía cómo era cada corte de la vaca. Hay que entender todo eso antes de cocinar. Y veo bastante confusión sobre lo que es el trabajo en la cocina, la realidad no es tan cool. Te diría que solo trabajan en gastronomía el 10% que egresa. Cada vez hay más información, más escuelas, pero como docentes cada vez nos cuesta más motivarlos. Por supuesto, hay gente que se destaca. Pero no sé si hay más cultura gastronómica, seguimos comiendo lechuga, cebolla, tomate y papa. Falta una política pública que defina contenidos gastronómicos ya en la primaria. La cocina es cultura, debemos aprender desde chiquitos.
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
Agradecimiento: Frutería Don Jorge, puesto 26/27, Mercado Belgrano. Tel.: 4788-6877
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