lunes, 8 de enero de 2018

La Nación - Vida & Ocio - Colecciones de vinos que cuentan el paso del tiempo

Colecciones de vinos que cuentan el paso del tiempo

Varias bodegas han lanzado estuches de sus etiquetas más destacadas, que reúnen botellas de distintas añadas

El sommelier Ramiro Jiménez revisa una vertical en la cava de Crizia
El sommelier Ramiro Jiménez revisa una vertical en la cava de Crizia. Foto: LA NACION
Hasta no hace mucho tiempo, dar con una botella de un vino argentino de una añada anterior a la actual era tarea difícil. No estaba extendida la práctica de guardar vinos para ofrecerlos años más tarde, por lo que eran contados los restaurantes como Oviedo -pionero en la materia- que se hacían de un stock de algunas seleccionadas etiquetas para ponerlas a dormir en la cava. Pero la mejora significativa en términos de calidad que experimentó el vino argentino en los últimos años llevó a muchos a apostar por la guarda, y hoy es posible no sólo encontrar vinos guardados en numerosos restaurantes y vinotecas, sino que incluso un puñado de bodegas ha lanzado a la venta colecciones de distintas añadas de una misma etiqueta (verticales, como se las llama en la jerga) para que los amantes del vino puedan disfrutarlas en el hogar.
"Esta es una tendencia que se dio también como resultado de que enólogos, sommeliersy referentes del mundo del vino comenzaron a hacer degustaciones verticales para el público en general. Lo especial ahora es que el consumidor puede repetir esa experiencia en su ámbito privado, y de esta manera apreciar la evolución de un mismo vino a través de los años", comentó Ezequiel Schneer, de Vinoteca Soil.
Hoy es posible adquirir una vertical de Saint Felicien Cabernet Sauvignon 2004, 2005 y 2006 ($2100) de la bodega Catena Zapata, o incluso otra de esa misma etiqueta, que reúne las añadas 1993, 1995, 1999, 2004, 2005 y 2006 ($7100); en la vinoteca Winery descansa una vertical del ícono de la bodega, Estiba Reservada, que incluye las cosechas 1999, 2003, 2007, 2008 y dos botellas de la 2009, junto con una cava, un decanter y copas ($61.428). Trapiche, por su parte, lanzó su Retrospectiva, que contiene las cosechas 1994, 1996, 1997 y 1999 de Trapiche Medalla ($11.030); Nieto Senetiner ofrece el estuche Don Nicanor Single Vineyard Villa Blanca Collection, con las añadas 2011, 2012 y 2013 ($3500); y Luigi Bosca, con su colección vertical Finca Los Nobles Field Blend Cabernet Bouchet, alberga en un estuche de madera las cosechas 2010, 2011 y 2012 ($4200).
"La idea de crear colecciones muy limitadas a partir de esos vinos guardados es bastante novedosa, e implica un trabajo de archivo y de cata importante para poner en valor el acervo de la bodega y hacerlo disponible -explicó Pablo Naumann, de Catena Zapata -. Para el consumidor tiene muchos matices: es lúdico, es educativo y es iluminador".

Los que guardan

Aunque reciente en la Argentina, la buena costumbre de guardar vino hace que, más allá de las verticales a caja cerrada que hoy ofrecen las bodegas, sea posible armar verticales a partir de las botellas guardadas por vinotecas y restaurantes. "Los clientes piden las distintas cosechas de a una y ven cómo van mejorando año a año", contó Emilio Garip, propietario de Oviedo, restaurante cuya cava es un mundo en el que descansan extensas verticales de vinos como Cobos Malbec, Estiba Reservada, Cheval Des Andes o Chacra 32, entre otros.
Afortunadamente, su buena costumbre de atesorar vino para luego ofrecerlo a quienes visitan el restaurant se ha extendido a diversos establecimientos. "En Soil tenemos verticales de etiquetas como Alta Vista Alto, Gran Equilibrista, J. Alberto o Château Le Puy Barthélémy [Francia], por ejemplo", comentó Schneer. Por su parte, Gabriel Oggero, chef del restaurante Crizia, relató: "Contamos con más de 50 verticales y etiquetas de añadas anteriores. En los champagnes, tenemos hasta 12 años atrás y en espumantes desde la cosecha 2000; en blancos, alguna añada semillón de 1947, otros del 93 y de 2007 en adelante; en tintos nuestras verticales más destacadas son de Enzo Bianchi y Felipe Rutini, ambas de 1994 a 2009, o Alta Vista Alto, de 1999 a 2006, entre otras".
Dar con añadas anteriores en vinotecas y restaurantes abre la puerta a un juego que permite apreciar cómo evolucionan los vinos argentinos con el paso del tiempo, y cuál es la influencia de factores como el clima. "La experiencia de probar una vertical es magnífica porque podés ver la evolución según la interpretación del enólogo -agregó Oggero-. Aparte, te da la oportunidad de comparar vinos de misma bodega pensados en diferentes momentos".
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2098206-colecciones-de-vinos-que-cuentan-el-paso-del-tiempo

Planeta Joy - Comer - Ceviche home made: cómo prepararlo en casa y con pescado argento

Ceviche home made: cómo prepararlo en casa y con pescado argento

El itamae de Osaka, Rodrigo Ferrer, nos cuenta cómo elaborar este clásico peruano con pescados locales.
Hace calor y el tiempo se presta para comer ceviche. Pero si no tenés ganas de salir a comer, también podés prepararlo en tu casa con los pescados que conseguís en cualquier mercado o pescadería local.
El itamae de Osaka, Rodrigo Ferrer, nos da algunos tips:
El pescado es -casi- todo
El pescado es la base del ceviche y los blancos son los ideales para este plato. Los más usados en Argentina son: lenguado, chernia, mora, corvina, besugo, mero. De estos el preferido de Ferrer es la corvina, por su sabor.
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También vas a necesitar cebolla morada, ají, sal y jugo de lima. Esos son los ingredientes básicos, después tienen modificaciones según la región del Perú.
Un plato picante
Una proporción clásica, por porción, es usar entre 150 y 200 gramos de pescado limpio, media cebolla morada cortada en juliana, 6 hojas de cilantro picadas, 3 limas exprimidas al instante y ají limo o rocoto picado finamente… la cantidad de este último varía según cuán picante te gusta, pero recordá: el ceviche pica.
Preparación 
Una vez que el pescado está limpio y sin piel, Ferrer sugiere cortarlo en cubos de unos 2 centímetros por cada lado, colocar en un bol y sazonar bien con sal y una pizquita de pimienta. El tamaño del corte del pescado permite mantener su sabor en cada bocado que demos, ya que evita que se cocine tanto en la marinada.
Para potenciar el sabor, podés preparar leche de tigre por separado, pero sin mucha anticipación al momento de servir el plato. En una licuadora integrás un diente de ajo, una ramita de apio, una pisca de ralladura de jengibre, un poco de cebolla morada y jugo de lima hasta formar una mezcla con la consistencia del mosto. Se suma al pescado del ceviche junto con el jugo de limas.
Luego, marinás el pescado con jugo de lima y la leche de tigre no más de 10 minutos antes de servir.
Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?Ceviche_home_made%3A_c%F3mo_prepararlo_en_casa_y_con_pescado_argento&page=ampliada&id=10022

Clarín - VIVA - Tentadora receta del volcán de chocolate

Tentadora receta del volcán de chocolate

El chef Edward Holloway propone un súper postre para compartir entre cuatro personas.
Tentadora receta del volcán de chocolate
Volcán de chocolate
La receta del volcán de chocolate
ingredientes (para 4 personas):
Manteca, 100 gramos
Chocolate, 100 gramos
Harina 0000, 50 gramos
Azúcar, 50 gramos
Huevos, 3 unidades
Preparación:
1.
En primer lugar, fundir a baño María la manteca y el chocolate.
2.
Batir bien los huevos con el azúcar, hasta que ésta se disuelva completamente.
3.
Agregar los huevos batidos a la mezcla de chocolate con la manteca, por último incorporar la harina. Hacerlo de manera que no queden grumos.
4.
Enmantecar bien moldes de 6 a 7 cm de diámetro.
5.
Repartir esta mezcla en cuatro moldes y dejar enfriar en heladera durante 2 horas.
6.
Cocinar durante 7 minutos en horno a 180 °c. Desmoldar con ayuda de un cuchillo para despegar los bordes.
7.
Acompañar con helado de crema.
Link a la nota:https://www.clarin.com/viva/tentadora-receta-volcan-chocolate_0_rkDCi1hQM.html

viernes, 5 de enero de 2018

Clarín - Cultura - Secretos de esas comidas que nos hacen argentinos

Secretos de esas comidas que nos hacen argentinos

El locro sólo está en el folclore y la empanada está en pleno cambio, analiza el autor de "Filosofía Gourmet"
Secretos de esas comidas que nos hacen argentinos
El chori. En la calle precisa determinación y coraje, dice el autor. /Martín Bonetto
Parece que la picada no ha sido inventada al calor de un picnic aquí y ahora sino en tiempos de Homero, siglo VII antes de Cristo. Y que el locro tan tan típicamente argentino no es. Datos como estos aparecen en Filosofía gourmet: apuntes para una gastrosofíarioplatense, un libro de Mariano Carou, que ganó el premio Heterónimos.
“Creo que la identidad de cualquier pueblo se puede analizar en torno a la comida, aun cuando ese pueblo tenga una gastronomía pobre. Cuando la riqueza es tan grande, muestra mucho más la comida que la producción literaria o los bienes culturales "canónicos", por así decirlo, porque tiene más llegada", analiza este licenciado en Letras, nacido en Buenos Aires en 1969. "En todo el país se comen empanadas, de Ushuaia a La Quiaca, pero no en todas partes se escucha la misma música, y sobre todo es difícil encontrar algo tan cotidiano, tan a la mano, como la comida. Que tomemos mate en Mendoza y apenas cruzás a Chile ya casi no se lo tome es un símbolo: Mendoza está más cerca de Santiago que de Buenos Aires, pero hay algo que se ingiere, algo que entra por los 'sentidos inferiores' (gusto, tacto, olfato) que dice mucho más de nosotros que la obra completa de Borges o de Juan L. Ortiz.”
Secretos de esas comidas que nos hacen argentinos
Para todos los gustos. Las empanadas, una pelea regional. Andrés DElia
La escritura de Carou es amena, al punto que el lector comienza a sentir un poco de hambre. En el país existe una cantidad de material sobre el tema: sus autores no son chefs de la alta ni la baja cocina, sino historiadores, periodistas, críticos de cine, sociólogos, antropólogos como Felipe Pigna, Daniel Balmaceda,Víctor Ego Ducrot, Soledad Barruti, Raquel Rosemberg, Mariana Koppmann, Nicolás Artusi, Javier Porta Fouz. Con ellos el lector aprenderá desde cuándo tomó helado por primera vez el General San Martín, cómo no hacer volar la cocina por los aires cuando ponemos algo en el fuego, cómo condimentaba la salsa un jefe de la mafia, cuándo nació el helado de crema del cielo y en qué heladería de Buenos Aires se vendía.
Mariano Carou abordó en su libro los platos tradicionales argentinos desde su origen hasta la actualidad: el asado, el locro, el choripán, las empanadas, las facturas, la pasta, el fernet. La picada, por ejemplo, que no significa una “tabla de fiambres”, sino que es un plato premoderno, según el autor, propio de los tiempos homéricos, donde cada uno aportaba un elemento distinto para comer.
“​
El vermouth lo tomamos porque pega rápido y pega mal
Mariano Carou
La picada, dice Carou se acompaña con el vermouth. Y cita dos acepciones, el Fernando (creado a fines de los ’80 en la provincia de Córdoba por Milton Fernández) o el Cuba libre -ron con una bebida cola- que nació en la guerra hispano-estadounidense cuando en Cuba se luchaba por la libertad. Escribe el autor: lo tomamos porque pega rápido y porque pega mal: es un trago del romanticismo; los argentinos queremos siempre “atravesar el Aqueronte sin pagar el viaje”.

Secretos de esas comidas que nos hacen argentinos
Locro. Más en las tradiciones que en las mesas.
El locro, a pesar de ser un plato típico de los argentinos, en realidad sólo es típico desde el folclore, porque no está presente en nuestra cotidianeidad. Como sí lo está el choripán, “la avanzada salvaje en la jungla de cemento”, Carou dixit. El “morcipán” al lado suyo es un producto bastardo, y el pancho no tiene consistencia. El autor agrega que “entrarle al choripán callejero” supone una fuerte dosis de identidad y de coraje. El comensal pasa por encima de bromatología al echarle el bocado, y lo convierte así en algo sagrado, a tal punto que aun cuando sí se hacen razzias en pancherías, nadie se atrevería hacerla en los puestos de choripán.

Comerse un asado es la argentinidad misma; el autor narra en qué consistía el rito del asado entre los gauchos, donde la vaca tenía la mayor jerarquía -el cordero y el cerdo vinieron después y eran considerados de menor valía; aun hoy cuando alguien se refiere a “asado” está hablando de carne de vaca-, y las vísceras se echaban a los perros. El texto fundacional de la literatura argentina, El Matadero de Esteban Echeverría, precisamente habla de la faena de la vaca y la desesperación de los humildes negros y mulatos por sus vísceras, que en aquel entonces se descartaban. Recién cuando el asador cambió la estaca de los gauchos por la parrilla horizontal, cuenta Carou, se empezaron a comer entrañas y achuras, o sea, chinchulines, mollejas y riñones. El único aditamento es el chimichurri, y el asador, siempre un hombre, quien marcará así su territorio.
La empanada es un auténtico alimento en cambio: el autor relata desde su introducción al continente por los conquistadores (que la habían copiado de los moros), su devenir lleno de variaciones -con pasas, con huevo, con papa-, que dio origen a las tucumanas, las santiagueñas, las salteñas. Cada paisano defiende las suyas con tal apasionamiento que Carou citó con mucho tino una arenga de Domingo Sarmiento en la que sentenció: “Señores, para hacer valer cada uno la empanada de su predilección hemos hecho caso omiso de la empanada nacional. Esta discusión es un trozo de historia argentina, pues mucha de la sangre que hemos derramado ha sido para defender cada uno su empanada”.
Secretos de esas comidas que nos hacen argentinos
La argentinidad, al asador. Aquí, el campeonato federal, en agosto. /Mario Quinteros
El autor lleva la historia de la empanada hasta el paroxismo del hoy en día: empanadas con los rellenos más insólitos -cebollas caramelizadas, champignones, mostaza dulce-. El ser de la empanada es la sorpresa: el comensal no sabe a priori qué sabor tendrá, cómo se maridará un alimento con el otro; es de alguna manera, un enigma cuyo develamiento puede resultar también muy desagradable. Tal vez por eso en los últimos tiempos se está dando un cambio: muchas casas de empanadas ofrecen ahora las empanadas abiertas, en forma de niditos, canastitos, triangulitos que develan el relleno. El autor se pregunta a qué nos llevará esto: ¿se tratará acaso de una intención de sinceramiento social?
Sobre algunos alimentos y consumos que quedaron fuera del libro Filosofía gourmet, Carou cuenta: “Me quedaron afuera, sobre todo las golosinas, el helado o muchas otras cosas ligadas a la infancia. Por ejemplo: en Europa las golosinas hechas en base a regaliz son el non plus ultra del sabor; acá, lo más parecido son los caramelos Media Hora, que son el epítome del castigo, casi como tragar aceite de ricino. Ahí hay un gesto de resistencia, igual que en la reciente imposición de malvaviscos en los quioscos y los cumpleaños infantiles. Las nuevas generaciones están siendo invadidas por dulces inconsistentes, blandengues y con demasiado colorante. El color está primando por sobre el sabor. Cuando yo era chico, las golosinas eran blancas, marrones, y los colores aparecían sólo en los caramelos y los confites. La forma más osada era la del paragüitas de chocolate. Ahora pareciera que si no comés pseudo caramelos de goma con forma de pizza y sabor a alquitrán no tenés infancia...”
Mariano Carou sabe que el lector no lo olvidará tan pronto después de leerlo, de modo que ya está planeando un próximo libro: “Estoy revisando algunos proyectos de narrativa que quedaron en un cajón, por un lado, y por otro, en la misma tónica de Filosofía Gourmet estoy planeando una antropología literaria: buscar en textos de la narrativa, la poesía, y sobre todo en letras de canciones, rasgos que nos describan.”

Antecedentes
La ruta por la que transita en sus análisis tiene varios precursores a los que se podría revisitar para profundizar el tema. Por ejemplo, La Argentina fermentada: vino alimentación y cultura, de Matías Bruera, un libro de hace diez años con un enfoque diferente: el contraste en nuestro país entre el nivel de pobreza y la afición a la comida gourmet de los que tienen más. O el trabajo de Patricia Aguirre, antropóloga, quien escribió Una historia social de la comida. O el de la santafesina Graciela Audero en S/T Sabores versus tiempo, donde se explayó sobre cómo impactaron en América los alimentos europeos y cómo lo hicieron en Europa, los americanos. Hoy por hoy nos resulta difícil imaginar que el tomate fuera considerado una fruta venenosa, como cuenta Audero, o que la primera manera de servir la papa haya sido en un soufflé dulce.
El noviazgo de comida y ciencia dio en Argentina uno de los libros más vendidos del género: El cocinero científico de Diego Golombek y también de él, uno más “argentino” El parrillero científico.
Link a la nota: https://www.clarin.com/cultura/secretos-comidas-hacen-argentinos_0_S1D--cKQM.html

La Nación - Vida & Ocio - Del garrón de cordero al ojo de bife premium: propuestas y precios del circuito gastronómico de Pinamar

Del garrón de cordero al ojo de bife premium: propuestas y precios del circuito gastronómico de Pinamar

Pasaluca, uno de los lugares para cenar en Pinamar
Pasaluca, uno de los lugares para cenar en Pinamar. Foto: Matías Aimar
Un veterinario y su esposa, un experto en marketing y un empresario retirado hace diez años. Guillermo y Josefina; Walter y Jorge son algunos de los hombres y mujeres que, pasados los 50 apostaron a Pinamar para lanzar sus primeros emprendimientos gastronómicos. El panorama gourmet se amplía cada año en esta ciudad. A continuación, tres nuevas propuestas de parrilla, hamburguesas y cocina de autor para saber cuánto sale comer en Pinamar.

Pasaluca

Jorge Arana tiene 61 años y recién empieza con Pasaluca, una parrilla ubicada en pleno centro cuyo nombre está compuesto por las primeras letras de los de sus hijos, Pablo, Sabrina, Lucas y Carolina. Empresario retirado, pasó los últimos meses ultimando detalles y abrió sus puertas el 15 de diciembre. Desde entonces pasa sus noches -por ahora no abre al mediodía- detrás de la barra ubicada en el centro del salón de paredes blancas y revestimientos en madera oscura.
Jorge Arana, dueño de Pasaluca, uno de los lugares para cenar en Pinamar
Jorge Arana, dueño de Pasaluca, uno de los lugares para cenar en Pinamar. Foto: Matías Aimar
En Pasaluca los platos son simples y de calidad: cortes de carne premium (entre $160 y $220), además de achuras y guarniciones ($80-1$20); pizza a la parrilla ($110- $130), tres entradas ($40- $90) y tres postres ($70- $95). Un dato no menor: no cobran el descorche ( no tienen que pagar extra quienes llevan su vino) y ofrecen agua filtrada sin cargo.
"Encontré el mejor proveedor de carne de la ciudad y la llevo al lugar, pero tengo una adecuada ecuación con los precios, esa es la clave del éxito", dice Arana. Su local funciona en el mismo lugar donde estuvo, durante 20 años, la peluquería Guardia's, que se mudó este año. "Mucha gente, sobre todo mujeres históricas que vienen para acá cada año, se acercan para arreglarse y se encuentran con la parrilla. Se sorprenden y después vuelven a la noche con sus familias para ver lo que hicimos con el lugar", dice Arana entre risas.
Dirección: Simbad El Marino 74.

Fuegos

Sobre avenida Bunge, a dos cuadras del mar, crepitan todas las noches dos fogatas en el interior de sendas estructuras de hierro que parecen estirarse hacia el cielo oscuro. Son parte de la llamativa decoración de Fuegos, un restaurante que abrió este año bajo la conducción de Guillermo y Josefina, esposos, ambos de 63 años. Él es veterinario y tienen campos en Madariaga, pero este año decidieron dar un volantazo e invertir en gastronomía. A fines de diciembre, emocionados, abrieron las puertas de su primer restaurante acompañados por sus cuatro hijos y sus doce nietos.
Fuegos uno de los lugares para cenar en Pinamar
Fuegos uno de los lugares para cenar en Pinamar. Foto: Matías Aimar
Tapas y small plates (entre 210 y 280 pesos); sándwiches ($180- $220), ensaladas ($195- $210), pizzas ($170- $190) y burgers ($170- $195) con una vuelta gourmet son las claves de la carta. Los platos se ofrecen en un salón rectangular con esmerada decoración entre tonos grises, detalles de cobre y cuadros emblemáticos de Klimt y Miró. La comida se sirve en tablas sobre manteles de papel y se ofrece cerveza tirada de las principales marcas.
"Apuntamos a un público exigente y la verdad que nos está yendo muy bien. La gente se acerca porque ve la decoración, que llama mucho la atención por el fuego. Si seguimos así, nuestra idea es ampliar la marca hacia otros horizontes, pensamos en hacer bakery y abrir una parrilla", dice Guillermo a LA NACION con una sonrisa satisfecha frente a una de las mesas altas del local.
Dirección: Av. Bunge 324

Rada Beach

Desde Fuegos, unas cuantas cuadras más en dirección al mar y camino hacia el norte por la costa, en una esquina se levanta Rada Beach. Uno de sus dueños, Walter Zenobi, experto en marketing, decidió lanzarse el año pasado con este proyecto gastronómico propio junto a dos socios. Inauguraron el año pasado y hoy, ya afianzados, se consideran "el parador más cool de la ciudad". El chef y dueño del restaurante, que lleva el mismo nombre del parador, es Pedro Demuru.
Rada uno de los lugares para cenar en Pinamar
Rada uno de los lugares para cenar en Pinamar. Foto: Matías Aimar
Ofrece cocina de autor, preparada con la técnica de envasado al vacío, tanto para el mediodía -en la playa o en las mesitas del deck de madera-; como por la noche, cuando el parador se transforma en un restaurante con luces bajas, música suave y manteles blancos. El garrón de cordero ($390 pesos) y la bondiola ($380) son los platos destacados de la carta nocturna; durante el día, recomiendan las hamburguesas ($225- $250).
Rada uno de los lugares para cenar en Pinamar
Rada uno de los lugares para cenar en Pinamar. Foto: Matías Aimar
"No se encuentra algo como esto en Pinamar, con una cocina tan elevada y una decoración, construcción, y atención como la nuestra, por eso estamos repletos todas las noches. Nuestros clientes nos dicen que les hace acordar a la noche de Punta del Este", dice Zenobi a LA NACION desde una de las mesas del exterior de Rada mientras pasa una tormenta y el sol empieza a colarse a través de la media sombra del deck en colores claros, playeros. Durante el día, el restaurante llega con sus platos a las carpas del balneario, donde además se ofrecen degustaciones, cocina en vivo, aparte de las clases de gimnasia y los típicos servicios de playa.
Dirección: Av. del Mar y Odisea
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2097503-del-garron-de-cordero-al-ojo-de-bife-premium-propuestas-y-precios-del-circuito-gastronomico-de-pinamar