miércoles, 26 de julio de 2017

La Nación - Negocios - Transformación a la carta: la gastronomía se reinventa mientras aguarda la recuperación

Transformación a la carta: la gastronomía se reinventa mientras aguarda la recuperación

A la espera de un consumo que no termina de reactivarse, los restaurantes apuestan a propuestas como el fast casual, el recorte de gastos en personal, los nuevos mercados gourmet y el desarrollo de polos alternativos
Un restaurante exitoso que cierra por un tuit. Comensales que hacen fila para pedir sus platos en Palermo. Patios de comidas lejos de la comida chatarra y de los muebles de fórmica. Las nuevas postales de la gastronomía argentina son reflejo de un sector en crisis que busca reinventarse con lo que puede: el autoservicio, la integración de mercado y cocina y los conceptos innovadores de fast food son algunas de las herramientas de las que se vale. El terreno no está libre de obstáculos: los datos de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (Ahrcc) indican que en la ciudad de Buenos Aires cerró un restaurante por día en 2016 y que las aperturas no pudieron equiparar la pérdida.
Aumento de tarifas de servicios, paritarias difíciles de afrontar e imposibilidad de trasladar los costos al precio del cubierto son sólo algunos de los problemas que, según Verónica Sánchez, presidenta de la Cámara de Restaurantes, perteneciente a la Ahrcc, el sector afrontó y continúa afrontando en 2017. Afirma que la crisis comenzó en 2009 y se acrecentó en años de mayor pérdida de poder adquisitivo con un pico en el verano 2016/2017: "Comparable al 2002, que fue el peor año en dos décadas de actividad", apunta.
A la ecuación se le suman una balanza de turismo deficitaria y la situación económica en Brasil, señala Sánchez, y agrega que la gastronomía depende en su mayor parte del público local, que en épocas de achique recorta las salidas a comer, un gasto prescindible. Las rentabilidades operativas de los restaurantes de la Capital Federal tampoco están en su mejor momento: un estudio de la agencia especializada Moebius Marketing demostró que en el último quinquenio habían bajado del terreno del 10% o 15% al 5 por ciento.
¿Más señales? Persianas bajas y vidrieras que cambian de nombre. Sobre avenidas y corredores gastronómicos, explica Marcelo Zuliani, director comercial de Colliers, "la demanda de cadenas está activa" y ocupan lugares "que otrora eran de cafés". Añade: "Luego de tantos años de recesión, el resultado es que se van los jugadores que tienen menos espalda y llegan empresas más grandes". El ejecutivo afirma que la rotación de espacios en el primer semestre de 2017, cercana a un 20%, está en "su pico más alto desde 2007".
"Esperábamos la recuperación el segundo semestre del año pasado, pero la situación fue más complicada que la que ya teníamos -comenta Sánchez-. Aun así, el gastronómico es optimista por naturaleza, aunque no queremos hacer predicciones porque hasta ahora no nos han dado resultado." Mientras tanto, cinco tendencias demuestran que la tierra arrasada también puede tener porciones fértiles.
Ingredientes de calidad y autoservicio: las claves del modelo triunfador
¿Hay vida más allá de las cervecerías artesanales y las hamburgueserías gourmet? Los dos modelos se clonaron tanto que algunos ya auguran un futuro similar al fenómeno noventoso de las canchas de paddle. Según un relevamiento del blog especializado BurgerFacts, hay unos 50 locales en la ciudad de Buenos Aires que ofrecen el plato estrella del fast food en su versión "alta gama". Por otro lado, los sitios para consumir cerveza artesanal suman al menos 60, de acuerdo con la aplicación TapMap.
Martín Blanco, director de la agencia especializada Moebius, afirma que este tipo de establecimientos, que apunta a un público joven probablemente sin hijos que tiene ingresos para gastar en experiencias, puede facturar hasta $ 3 millones mensuales. En paralelo se desarrollan opciones de comida callejera de diferentes partes del mundo que mantienen el mismo modelo de negocios. Así describe el fenómeno Blanco: "Se trata de un entorno con onda y estilo donde se pueden comer ricos platos sin un ingrediente esencial: los camareros. Entra a jugar la variable de la mejora de la rentabilidad".
Benaim es un "patio cervecero israelí" ubicado en Palermo y creado por dos millennials: Juan Migueres (28) y Nicolás Wolowelski (31). Allí se juntan cientos de jóvenes a hacer fila para obtener sus kebabs o sus hummus con cerveza artesanal por un ticket promedio de $ 250 por persona. "Seguimos una tendencia de aperturas que le dan más prioridad al producto y no tanto al servicio, pero veíamos que había más hamburguesas que quioscos y decidimos diferenciarnos con una propuesta de sabores distinta. El nuestro es un público de hasta 35 años que es menos exigente en la comodidad: puede comer en la barra o en una mesa comunal", cuenta Migueres sobre la génesis del proyecto. Los socios abrieron otra opción similar este año, Tetuán, un "brasero marroquí" con estilo descontracturado.
La liga de las estrellas: chefs, bartenders y baristas mueven público y propuestas
En abril pasado, la noticia de que el reconocido chef inglés Gordon Ramsay "desheredaría" a sus hijos de su fortuna valuada por Forbes en US$ 60 millones para no malcriarlos causó revuelo. Él y otros pocos nombres forman un grupo de superestrellas gastronómicas que se replica -en menor escala, claro- en la Argentina con nombres como Narda Lepes, Germán Martitegui y Fernando Trocca.
Pero no son sólo los que cocinan quienes amasan su fortuna con la gastronomía: los bartenders se abren paso entre las figuras reconocidas y cada vez son más buscados por marcas -y no sólo de bebidas alcohólicas- y establecimientos para que presten su imagen y sus consejos. Uno de ellos es López Dávalos, asesor de barras como Isabel y Casa Cavia, y rastrea el origen del fenómeno en el crecimiento global del gusto por la coctelería. "También se dio en la región, y en la Argentina, si no estamos en el primer puesto, pegamos en el palo", destaca.
Del Instituto Argentino de Coctelería egresan 90 personas por mes y el bartenderafirma que todavía queda mucho lugar para que se desarrollen referentes -que hoy ubica entre una decena y una veintena que tiene miles de seguidores en las redes sociales-, aunque no en el corto plazo: "Es un mal año para cualquiera y éste es un negocio muy difícil de hacer rentable, porque cuanto mayores el lujo y la calidad que brindás, más chico es el margen", señala. La coctelería "de autor" se ubica en los $ 160 promedio por trago.
La sofisticación del café -lejos de los vasitos de soda, los sabores un tanto dulces y las temperaturas muy calientes- abrió paso al nuevo personaje del mundo gourmet: el barista. En Estados Unidos, por ejemplo, el mercado del café mueve unos US$ 32.000 millones, y el de especialidad representa un 37% del volumen vendido, de acuerdo con la Asociación de Café de Especialidad. Los establecimientos de este tipo en la ciudad son unos 20 y se concentran principalmente en Palermo y el microcentro. Uno de ellos ya se franquicia: Coffee Town, pionero en la renovación del Mercado de San Telmo. "Cada vez hay una revalorización mundial mayor y a la Argentina ya llegó. Habrá más y más coffee roasters y expertos en el tema. El barista surgirá con fuerza como forma de vida y como cultura", predice Blanco.
Ser dueño en la era social y no morir en el intento
"Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí", dijo el pintor Salvador Dalí. El concepto no cuadra perfectamente en la gastronomía: un restaurante en Palermo que en su momento supo disfrutar de una clientela suculenta cerró en enero pasado luego de que un periodista con más de 60.000 seguidores en Twitter publicó en su cuenta que había visto ratas en el establecimiento. No obstante, un estudio del Centro de Investigaciones Spiegel, de la estadounidense Northwestern University, subraya que los comercios que muestran más de cinco reseñas incrementan las probabilidades de compra en un 270%. Además, indica que los consumidores se quedan "hasta cuatro veces más" en el perfil de un comercio si interactúan con reseñas negativas, y que la calificación "de cinco estrellas" es "demasiado buena para ser verdad": los puntajes entre 4 y 4,7 son los ganadores a la hora de convertir curiosos en clientes.
Según Dan Panini, a la cabeza de su consultora homónima, las herramientas de reseñas como Yelp o TripAdvisor son "superimportantes", pero "solamente para un segmento de personas, los techies". Añade: "Quien se fija en estas apps está sumamente conectado, maneja mucho las redes sociales y prefiere hacer su búsqueda ahí, pero es un segmento acotado en cuanto a edad y clase social". Sin embargo, advierte: cuidado con los "influenciadores" , aquellas personas con muchos seguidores y un perfil alto. Una mala experiencia en un restaurante se amplifica exponencialmente con un solo mensaje y la fuerza de miles de personas que lo comparten.
Comer y comprar en un solo lugar: los mercados gourmet ganan fuerza
De a poco y algo tímido comenzó su reconversión el tradicional Mercado de San Telmo: de vivir de la compra de los vecinos del barrio a recibir un público más foodie en sus propuestas de comida vietnamita o suiza y su panadería francesa, todas inauguradas en el último año y medio. El piso de comidas del shopping Patio Bullrich también tuvo una lavada de cara: el grupo IRSA se asoció a dos empresarios para inaugurar el Gourmand Food Hall, y con una inversión de US$ 1,1 millones generó un espacio con 14 puestos donde se pueden comprar artículos gourmet nacionales e importados, pero también comerlos en el momento. "Este tipo de opciones se va a ver cada vez más en el mundo y en Buenos Aires. Tienen la ventaja de un servicio de camareros limitado o inexistente, de un buen entorno y una oferta gourmet cuidada, a diferencia del típico patio de comidas, que es sinónimo de comida chatarra", augura Blanco, quien señala al fenómeno Eataly -food hall de productos italianos creado en 2007, con 18 ubicaciones en Italia y cinco en EE.UU.- como posible en la Argentina "de la mano de los shoppings o lugares por donde pase un gran caudal de gente".
The Pick, creada por Francisco Calusio, un ex directivo de Chandon, es una propuesta hecha en la Argentina que combina el concepto de mercado con la oferta de comida en el lugar junto con vinos "a precio de góndola", señalan desde el proyecto que ya cuenta con siete sucursales, una de ellas inaugurada recientemente en Olivos. "Apuntamos a un consumidor más exigente. Los productos para llevar dejan más margen porque, al final, a la persona que compra no le molesta pagar $ 10 más por una pasta italiana buena", resumen. Panini añade que las propuestas de este tipo tienen éxito entre los amantes del turismo y que habilitan una "experiencia gourmet sin gastar más de $ 400 por persona".
La diáspora foodie: tiembla la hegemonía de Palermo
La gastronomía de moda llegó a barrios y zonas como Núñez, Parque Lezama y Olivos. "En Núñez directamente se puede hablar de un corredor gastronómico -explica Daniel Prieto, presidente de la Cámara de Cafés y Bares de la Ahrcc-. Entre las vías del tren y Libertador se crearon locales de renombre y que tienen demanda por el público de los edificios sobre la avenida." Entre ellos se encuentran el restaurante y vinoteca Oporto Almacén, la hamburguesería Francis Platz y el bar Poe. Además, en el último año en el barrio abrieron seis cervecerías, según un relevamiento del sitio especializado Aires de Bares.
En Avenida del Libertador y Corrientes, en la zona de Olivos, el complejo Palmera -un edificio de 21 pisos de la desarrolladora Grupo Portland-, un "faro" gastronómico, está juntando jugadores alrededor. Los chefs Pablo Massey y Mauro Colagreco ya apostaron por el lugar con sus respectivos proyectos, La Panadería de Pablo y la hamburguesería Carne. En la zona también se instalaron The Pick, la heladería Lucciano's y las cadenas El Club de la Milanesa y Le Pain Quotidien.
Otro "faro" se consolidó cerca del parque Lezama: la avenida Caseros reúne en unos pocos metros una oferta variada de restaurantes y bares, y pronto se sumará el proyecto inmobiliario de TGLT, que también incluirá locales gastronómicos. Prieto también señala la expansión del circuito gastronómico tradicional hacia Chacarita -donde los aires de bodegón vasco cool de Lekeitio se juntan con la tradición de la fábrica de churros de Olleros-, y el triángulo delimitado entre Scalabrini Ortiz, Córdoba y Gascón, donde están Nola (comida cajún), Duarte (cócteles de autor) y Opio (street food asiática), entre otros.
Los números en rojo
Los principales indicadores de un sector en problemas
Un cierre por día
Según la cámara del sector, durante el último año en Buenos Aires cerró en promedio un local gastronómico por día
5% rentabilidad en baja
La rentabilidad del rubro también se resintió y en los últimos cinco años pasó del tradicional 10% al actual 5 por ciento
20% alta rotación
Para Colliers, la rotación de locales gastronómicos se ubica en un 20% anual, el pico más alto desde 2007
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2046961-transformacion-a-la-carta-la-gastronomia-se-reinventa-mientras-aguarda-la-recuperacion

martes, 25 de julio de 2017

La Nación - Vida & Ocio - Un mini polo gastronómico patrimonial con acceso a los subsuelos de edificios del Casco Histórico

Un mini polo gastronómico patrimonial con acceso a los subsuelos de edificios del Casco Histórico

Edificios históricos y lugares donde comer bien a pasos de la reciclada Casa Lepage Art Hotel, en el Casco Histórico de la ciudad cuenta con visitas guiadas al subsuelo del edificio
Hay una ciudad secreta abajo de la que que transitamos los porteños cada día, y que da cuenta de cómo Buenos Aires marchó sobre sí misma en los últimos siglos. El subsuelo de muchas propiedades del Casco Histórico y áreas protegidas linderas conserva testimonios de un pasado que pocos vecinos conocen de cerca, es el caso del renovado edificio de Bolívar 373, conocido como el antiguo Pasaje Belgrano.
Una galería de arte en el acceso del Pasaje Belgrano o Casa Lepage Art Hotel
Anclado en un floreciente "polito" gastronómico patrimonial ( que en dos manzanas concentra la nueva sede del Adorado Barla vinería Aldo's con el Beboop Club , el espléndido Palacio Raggio, el edificio Otto Wullf, el restó Y Venite , el Colegio Nacional Buenos Aires, la tradicional confitería Puerto Rico , el restaurante japonés Furaibo, la Librería de Ávila, el Museo de la Ciudad y la Iglesia San Ignacio de Loyola , entre otros espacios culturales), el terreno donde hoy funciona la nueva Casa Lepage Art Hotel perteneció originalmente a Martin de Alzaga, marido de la trágicamente fallecida Felicitas Guerrero .
Vista del Pasaje restaurado
Muerto de tristeza él, y asesinada ella en 1872 por un amante despechado, el predio en cuestión quedó en manos de la familia Guerrero, que al poco tiempo decidió levantar un conjunto de viviendas de renta unidas por un pasaje angosto con forma de L que entonces conectaba la Avenida Belgrano con calle Bolívar. Hacia fines de siglo XIX en uno de los locales de la planta baja inauguró la célebre Casa Lepage, de Henri Lepage, pionero de la industria cinematográfica argentina y autor de la primera filmación oficial , cuando en 1900 registró la visita al país del presidente de Brasil, Campos Salles. En 1908 todo el conjunto fue adquirido por Max Glucksmann, pionero del cine nacional. En 1923 fue vendido a la compañía de seguros La Continental, cuyo dueños encargaron la transformación total de la casa al arquitecto Alejandro Virasoro (referente local del estilo Art Decó) . La obra quedó muy bien, lástima que al poco tiempo ensancharon la avenida y medio edificio debió ser demolido, perdiendo el pasaje su salida por Belgrano.
Finalmente en 2004 la familia Cassará ( que impulsó la recuperación de la sede que ocupa en Avenida de Mayo) adquirió el inmueble y encargó un ambicioso proyecto de restauración a la arquitecta, Ana María Carrió.
En el subsuelo de la casa se aprecian los restos de la construcción original y los hallazgos arqueológicos
Luego de una obra minuciosa que tomó casi diez años y tres excavaciones del terreno (en las que participó el Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura de la UBA) la Casa está a punto de inaugurar como hotel temático con sala de exposiciones, terraza para happy hours en verano y restaurante peruano en la planta baja (muy recomendable). En el acceso al pasaje se colocaron algunos solados transparentes que permiten apreciar la feliz convivencia de la obra contemporánea con las construcciones anteriores, además de haber sumado una pequeña colección de piezas halladas durante las tareas de remoción, desde lozas, juguetes, cacharros y otros objetos. Desde hace unos meses funciona un programa de visitas guiadas para quienes quieran conocer sus 400 años de historia. Los primeros 4 viernes de cada mes a las 19 comienza el imperdible recorrido por el edificio, experiencia que concluye con una cena por pasos en el restaurante.

Las visitas (trilingües) incluyen la cena por pasos, y son aranceladas. Antes que inscribirse previamente escribiendo a visitasguiadas@pasajebelgrano.com.ar
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2045929-un-mini-polo-gastronomico-patrimonial-en-torno-a-casa-lepage-art-hotel

La Nación - Vida & Ocio - Luciana Quintana: el juego de la acidez

Luciana Quintana: el juego de la acidez

El ruibarbo llegó a la Argentina acompañando las tradiciones gastronómicas de ingleses e irlandeses, para ofrecer carácter a mermeladas, chutneys y mucho más
Una porción de tarta de ruibarbo. Todos los días. Éste era el postre favorito del excéntrico Phileas Fogg (el personaje de Julio Verne en La vuelta al mundo en 80 días) para finalizar su almuerzo en el exclusivo Reform Club de Londres. Así de clásico es el ruibarbo en la cultura gastronómica británica e irlandesa. Su sabor ácido característico es protagonista de tartas, crumbles, mermeladas y chutneys desde hace siglos. Y si bien es una planta de origen asiático, se arraigó para siempre en las costumbres culinarias de estos pueblos. "Es parte de su identidad. Como es tan ácido, siempre se lo cocina con mucha azúcar, jugo de naranja o berries. Aunque también se utiliza en la cocina salada, en chutneys o conservas", dice la chef Luciana Quintana, mientras prepara su mise en place. En su mesada, prolijamente ordenados en cubetas brillosas, hay semillas de cardamomo, granada, bayas de enebro, estrellas de anís, clavos de olor, pistachos, hojitas frescas y más. Esperan latentes ser utilizados a la brevedad. La escena sucede en el local de Susan Kennedy y Marcelo Liska, Chipper Restaurante y Terraza (Humboldt 1895, FB /chipperrestaurant), donde Luciana dirige la cocina. Su asesoramiento es integral e incluye ajustar todos los engranajes: de los proveedores a los procesos, de la cocina al salón. Y en ese devenir, pensar la carta es una de las tareas fundamentales: "Acá ya existían platos tradicionales como los fish & chips (certificados por la National Federation of Fish Friers, organismo inglés que capacita a los propietarios de fish & chips del mundo). Mi desafío era armar una propuesta que renovara la existente y tuviera un menú distinto para el área nueva del restaurante. Rescaté recetas y sabores irlandeses e ingleses y me enfoqué en los productos, como por ejemplo mejorar la calidad de la papa. Hace bastante tiempo que buscaba ruibarbo, un producto tan típico de esta gastronomía y por suerte lo encontré en la Feria Masticar".
Luciana se fascinó cuando vio el ruibarbo que expusieron Martha Mafferra y John Ecklund, dueños de Finca Ogawa en Mendoza, donde además cultivan manzanos y producen vino. "Yo vengo de una tierra donde se come ruibarbo, así que importé semillas y probé si se daban bien acá -dice John-. El clima de Valle de Uco, donde está mi finca, es ideal para que se desarrolle esta planta que en apariencia es similar a la acelga, por sus hojas verdes, y al apio, por sus tallos fibrosos aunque rojizos. Es una planta perenne que se siembra en primavera y se cosecha en verano hasta los primeros fríos. Existen cientos de variedades; el nuestro es Victoria. Para consumirlo debe estar fresco y sano, sin hongos, con aromas agradables y buen color. Estamos empezando a comercializarlo fresco y en mermeladas y chutneys", explica.
Como un imán, el ruibarbo siguió los asentamientos de ingleses en distintos lugares del mundo, por eso es popular en Estados Unidos y Canadá. Aquí se encuentra en el sur de la Patagonia y en Chile, donde se instalaron estas comunidades. Al principio sólo se utilizaba con fines medicinales (es rico en fósforo, calcio, magnesio, potasio, hierro y vitaminas). Se convirtió en hortaliza recién en el siglo XVIII, y aunque es una verdura hecha y derecha, en algunos países lo clasifican como fruta por cuestiones impositivas. Sólo son comestibles los tallos, porque las hojas contienen grandes cantidades de sustancias tóxicas como el ácido oxálico y por eso se descartan.
Luciana Quintana quería ser cineasta, pero la cocina siempre le llamó la atención. "Descubrí que a través de la creatividad, cine y cocina estaban relacionados, así que estudié cocina, aunque aprendí mucho más trabajando. Uno nunca deja de formarse, la mejor escuela de cocina es un excelente restaurante. Yo tuve grandes maestros como Martín Baquero y Paul Azema, entre otros. Creo que las escuelas de cocina y también algunos programas de televisión generan mucha expectativa hoy con respecto al trabajo gastronómico. ¡Pero que nadie se confunda, ése no es el trabajo de todos los días de un cocinero! Es duro: cargás bolsas, estás de pie mil horas, soportás presiones. Me gusta mucho cuando encuentro jóvenes comprometidos con el trabajo, aunque lamentablemente no son la mayoría".
La chef trabajó en distintos restaurantes como Azema Exotic Bistró, Casa Suaya y La Linda (en Punta del Este), Happening Costanera Norte (donde fue chef ejecutiva y la primera mujer en 50 años en dirigir la cocina), entre otros. Y en todos lados fue dejando su impronta, su manera de hacer.
¿Cómo se cocina el ruibarbo?
Crudo no se puede comer, es leñoso, fibroso. Lleva una cocción corta, pero su intensidad ácida hace que sea necesario siempre un paso por azúcar o un pocheado en jugo de naranja. En el último cajón de la heladera, dura varios días. Y se puede freezar crudo o cocido, la textura será distinta por el frío, pero conservará color y sabor. También se usa en conservas, como un escabeche con un vinagre de sauco; los frutos rojos lo perfuman, empujan su acidez al universo de las frutas.
¿Cómo ves a tu generación de cocineros?
Somos unos privilegiados, tenemos todo a mano. Antes si no viajabas no podías ver nada. Por eso admiro a esos cocineros que abrieron las puertas, que viajaron y volvieron y compartieron su saber. Como Paul Azema, a quien considero un pionero, un conocedor, su aporte es fundamental.
¿Te gustaría tener tu propio restaurante?
Ya lo haré. Hoy me interesa profundizar en el rol de la asesoría integral, me gusta hacer que todo funcione. Me interesa fomentar el compromiso, la capacitación, desde la cocina hasta el servicio. Todo eso es muy importante en un restaurante.
Agradecimiento: Finca Ogawa (www.fincaogawa.com). Chipper restaurant & terraza. Humboldt 1895. Teléfono: 4777-6760.
Receta: panceta braseada con chutney de ruibarbo
Ingredientes
1 panceta fresca
Chutney
300 g de ruibarbo
150 g de azúcar
170 cc de jugo de naranja
100 cc de vinagre de sauco
1/2 vainilla
2 cardamomos
1 clavo de olor
1 estrella de anís
Pencas
200 g de ruibarbo
200 g de jugo de granada
10 g de jengibre
50 g de jarabe de granadina
Preparación
Chutney: cortar ruibarbo y pochear con todos los ingredientes. Colar y reservar. Pencas: cortar ruibarbo crudo; llevar a ebullición el resto de los ingredientes y verter sobre las pencas. Tapar y reposar. Sellar la panceta. Mezclar granadas, 200 g de ruibarbo en bastones, canela, cinco especias, limón, miel, vinagre, salsa Hoisin, jugo de naranja, jengibre, pimienta de Jamaica y enebro. Verter en placa con la panceta sellada, tapar con aluminio y hornear 2 horas. Colocar peso antes de porcionar. Servir panceta, chutney, pencas de ruibarbo, puré de zanahoria y naranja, pistachos y brotes
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2045352-luciana-quintana-el-juego-de-la-acidez

Conexión Brando - Comer Beber - Dónde comer curry en Buenos Aires

Dónde comer curry en Buenos Aires

Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
  • Mumbai

Por Eleonora Biaiñ / Fotos de Sol Santarsiero 
MUMBAI 
Cuando Mohammad Hazrat viaja a Nueva Delhi tiene la misión de ir al mercado de especias de la ciudad vieja. Allí, en la calle Chandni Chowk, se venden al por mayor no solo condimentos, sino también frutos secos, hierbas, arroz y té. Para los curiosos de la gastronomía resulta una atracción turística porque el mercado funciona desde el siglo XVII, está cerca del Fuerte Rojo (declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco) y de la mezquita Fatehpuri Masjid. "En ese lugar compramos las especias porque las encuentro más sabrosas y aromáticas que las que se consiguen en Buenos Aires", explica Mohammad (32), quien hace 12 años llegó para trabajar en Mumbai. 
"En mi familia somos varios los cocineros. Mi tío materno tiene un pequeño restaurante en Delhi; mi hermano mayor vino hace 25 años para la apertura de Katmandú (que funcionó en la calle Córdoba); mi otro hermano abrió Mumbai y luego Delhi Mahal, una sucursal del primero. Yo trabajé en Bengal durante siete años hasta hacerme cargo de este restaurante", dice Mohammad, y cuenta que aunque estudió para chef en una escuela de hotelería de Nueva Delhi, aquí está en la caja y el servicio. 
En Mumbai ofrecen 28 tipos de curries; la mitad, vegetarianos. Los hits son Karai Ghost de cordero, con pimiento, ajo y cebolla de verdeo ($235); Ghost Saag Wala, también de cordero, con azafrán y espinaca ($235), y Tikka Masala, supersabroso, de pollo marinado en yogur y asado en el horno de barro tandoor ($230): una delicia que se come hasta raspar la cazuela. Los curries se acompañan con arroces (desde $40) y panes naan (finitos, esponjosos) de ajo, menta, manteca, queso o sésamo hechos en tandoor (desde $35). 
En Argentina, explica Mohammad, no es costumbre comer comidas picantes o con muchos condimentos; por eso, en Mumbai elaboran curries suaves para que les gusten a la mayoría de los comensales: "Usamos todos los condimentos básicos como la manteca clarificada (ghee), yogur natural, comino, cúrcuma, clavo de olor y cardamomo, pero regulamos el picante a pedido del cliente". Su familia se especializó en cocinar para los argentinos desde hace bastantes años, pero Mohammad no pierde la curiosidad, y le gusta entrar a la cocina y pedir al chef variaciones de los platos cuando van hindúes o viajeros que estuvieron en la India y preguntan por alguno en especial. "Si no está en la carta, podemos hacerlo en el momento". 
HONDURAS 5684 
CLUB LA NACIÓN 
TODOS LOS DÍAS DE 19.30 A LA MEDIANOCHE 
4775-9791 
FACEBOOK.COM/MUMBAI.BAIRES 
****** 
MASH 
Mash abrió hace ocho años sobre la calle México, en San Telmo, pero desde hace poco más de 12 meses funciona en un local sobre Defensa. Abre de noche y pareciera ser el comedor de una casa. "Podría ser una extensión de nuestro living por nuestra informalidad, porque somos del barrio y porque gran parte del mobiliario era el de la casa de mi abuela", confiesa Gustavo Lozano, nacido en La Plata, doctor en Física e investigador, a cargo del servicio de Mash. En la cocina, mientras tanto, está el inglés Martyn Scource, de Dorset, quien proviene de una familia gastronómica y se considera "porteño", aunque llegó a la Argentina en 1999. Ambos son dueños de esta Curry House de estilo británico. 
Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
  • Mash

Ambos definen su negocio como una cocina de fonda, precursora de la oferta de monoproducto, "antes de que estuviera de moda en Palermo", con una oferta de 12 curries, postres y bebidas. Cuando hace la comanda de un curry, Gustavo (52) aclara el nivel de picante que pide el cliente, pero también anota si este es extranjero o local, dos datos que en la cocina tienen un código de interpretación. "En el último tiempo, la gente que sale a comer en Buenos Aires está mucho más permeable a probar sabores diferentes, pero al picante, en general, se le tiene pavor", aclara. "Si un francés quiere un curry como se sirve en Tailandia, seguramente será mucho más picante que el que le servimos a un argentino". 
Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
  • Mash

Los platos son de la India, Tailandia, Camboya; y algo que resulta muy interesante es que, según la receta, se puede elegir la carne o la versión vegetariana. En conjunto representan la variedad de sabores que los ingleses y otros pueblos europeos importaron de aquellos sitios en los que metieron sus narices. "Los británicos sistematizaron el proceso de elaboración del curry, simplificando el preparado de las mezclas. El más popular en la isla es el Chicken Tikka Masala ($245) con pollo, salsa de tomates, crema y la mezcla de especias Garam Masala", explica Lozano. ¿Otros para probar? Con más o menos picante, son ricos y abundantes: el Kashmiri, de origen indio con ananá, coco y crema (desde $225) y el Thai Green, curry verde con leche de coco, cilantro y albahaca (desde $225). El pedido viene con arroz basmati, pan estilo naan (plano pero con levadura) y un plus fundamental: la calidez de sus anfitriones que encontraron en un plato picante y sabroso la identidad para su restaurante. 
DEFENSA 1338, SAN TELMO 
MARTES A SÁBADO DE 19.30 A LA MEDIANOCHE 
15-6829-6829 
FACEBOOK.COM/MASH.SANTELMO 
***** 
SUDESTADA 
Con el objetivo de formarse en los secretos de los sabores del Sudeste Asiático, Leonardo "Leo" Azulay y Estanis Carenzo integraron al staff de su restaurante a un grupo de vietnamitas que vivían en Buenos Aires. Ellos pidieron formalizar el contrato de acuerdo con su costumbre: debía ser de palabra y sus familias tenían que conocerse antes de comenzar el trabajo. "Por supuesto accedimos y logramos una colaboración que duró 10 años", recuerda Azulay (50). El proyecto comenzó en 1999 y en 2005 trascendió fronteras con la apertura de Sudestada Madrid. 
Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
  • Sudestada

Al mediodía, el precio es muy tentador y, entre los platos, se ofrece un curry de pollo y vegetales estilo indio, a base de condimentos secos y suaves ($175, con bebida). Por la noche, la carta es amplia, pero en lo que a curries se refiere es recomendable preguntar a los mozos cuáles se cocinan ese día, porque hay especiales según los productos de estación. Por lo pronto, hay dos fijos de origen tailandés elaborados con productos frescos. Ambos tienen leche de coco como base de cocción y llevan jengibre, raíz de galanga, ajo, cebolla, pimienta blanca, coriandro y comino. El ají fresco y seco aporta el picante. "El curry verde es de gallina y tiene hierbas como cilantro (también su raíz) y hojas de la planta lima kafir que compramos a un proveedor de la comunidad laosiana de Misiones. El curry rojo es de carrillada de vaca, con ajíes secos de Tailandia, hidratados y molidos", explica el cocinero sabio y experto. Ambos ($340) vienen con arroz, un ingrediente que equilibra el bocado. 
"El picante es una sensación que perdura en la boca y, para neutralizarlo, se necesita arroz o pan; algo que pueda diluir las grasas, porque el picante es liposoluble. Una bebida alcohólica fuerte cumple esa función, como el aguardiente; de lo contrario, una cerveza, que refresca y no compite con el alimento. Para acompañar el curry también podés elegir un vino con cuerpo o un trago", aporta Leo. Con la bebida elegida y el arroz, la experiencia no falla: vale la pena porque son verdaderamente ricos y auténticos. 
Comer curry para este cocinero es la experiencia más natural, porque desde hace 17 años que los cocina. "Pero cuando empezamos con la cocina del Sudeste Asiático nos dimos cuenta de que para entenderla íbamos a tener que dedicarnos bastante, y eso lo logramos después de 15 años. Ahora podemos decir que nuestra idea no fue una moda pasajera", dice Azulay. Si hay en Buenos Aires un entendido en los sabores de esa región, ese es Leo. 
FITZ ROY Y GUATEMALA, PALERMO 
LUNES A JUEVES DE 12 A 15.30 Y DE 20 A 24. VIERNES Y SÁBADO DE 12 A 15.30 Y DE 20 A 1 
4776-3777 
FACEBOOK.COM/SUDESTADABA 
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OPIO GASTRO PUB 
Luego de viajar por Katmandú y Nepal, Diego Rizzi (40) se reencontró con el guía que había conocido en Nueva Delhi, un taxista que en su última noche de estadía en la India lo invitó a cenar con su familia a una villa en las afuera de la ciudad. "Fui con la desconfianza que se tiene a lo desconocido, pero al rato logré relajarme y disfrutar del banquete que habían preparado para los vecinos e invitados", recuerda. "Estábamos en una calle de tierra, con una cocina a leña, y la mujer del taxista, muy amablemente, me enseñó a cocinar el curry de pollo en un recipiente de barro. Fue lo mejor del viaje". 
Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
  • Opio gastro Club

Para explicar qué es un curry, el cocinero -ex dueño de Blanch, por cinco años- hace una analogía con una comida que todos conocemos. "Es como un guiso, un estofado, pero con otros condimentos. Y la base es una pasta en la que se realiza la cocción", sintetiza. "Los martes que no abrimos al público, lo dedicamos a hacer esas salsas; los viernes venimos temprano y repetimos la operación". 
La voz inglesa curry deriva de las palabras karib, "picante" en hindi, y kari, "salsa" en tamil; los ingleses las tomaron para denominar no solo la mezcla de especias, sino también el plato. Hay curries amarillos, verdes y rojos, según los ingredientes que le dan color. En general, se preparan con productos frescos como carne, verduras, hierbas, y también pueden agregarse otras especias, manteca clarificada o yogur, chile seco, fresco o una combinación de ambos. Una cocción larga o corta, según el país, la región o la costumbre. 
En Opio se sirve en platos típicos de la cocina callejera del Sudeste Asiático, la mayoría picantes, entre ellos, curry. Además, hay sándwiches, sopas, snacks y postres. Pero no se hacen al aire libre, sino en un galpón convertido en un agradable salón con cocina a la vista. Los curries son cinco: de estilo hindú, el amarillo de pollo ($170), el de cerdo ($185) y el verde de espinaca ($160); los tailandeses de pescado y coco ($180), el rojo de langostinos y leche de coco ($190). El pedido sale con arroz. 
Una mezcla picante de especias y hierbas, acompañada con arroz y pan. Encontrar dónde comer el plato asiático que cautivó a los británicos en la India es una misión posible en Buenos Aires.
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Viajar, comer y cocinar es una experiencia integral, dice Diego, la cual se traduce en los platos que ofrece Opio desde 2015. "Después de mi viaje a los países del Sudeste Asiático, esta comida es la que quise hacer". Una buena opción fuera del formato food truck de cocina callejera, realizada con ingredientes de calidad, que se suma a los locales que ofrecen este tipo de comida, que es tendencia en el mundo y en Buenos Aires. 
HONDURAS 4415, PALERMO 
MIÉRCOLES A SÁBADO DE 20 A 2 
15-5751-1875 
FACEBOOK.COM/OPIO.GASTROPUB 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/2045152-donde-comer-curry-en-buenos-aires

La Nación - Vida & Ocio - De los mares y más allá

De los mares y más allá

Sabores peruanos en un sitio histórico porteño
Cuatrocientos años de historia arquitectónica porteña y 500 años de fusión peruana explican más o menos la propuesta de Puerta del Inca, un restó implantado en un edificio de fines del siglo XIX en el centro histórico de la ciudad, en el Pasaje Belgrano. Reciclado como hotel -no abierto aún- y conservando los aspectos históricos, las excavaciones llevaron a importantes hallazgos arqueológicos, magníficamente expuestos.
El lindo restaurante ocupa una parte de la planta baja pegado al pasaje de entrada, con sus rejas y patio y detalles admirables de construcción, donde hoy se puede comer. El salón comedor es amplio, con barra extensa, el sector delantero puesto con mesas de madera, manteles de papel y sillas tapizadas, una de doce cubiertos muy solicitada, y hacia el fondo más confortable con butaca Chesterfield. Bien iluminado y poco ruidoso, techos muy altos con tecno a la vista, llamativas las columnas macizas de hierro en toda la casa.
El cocinero es el peruano Luis Hizo Martínez, que prefiere la cocina sustanciosa no muy intensa y menos aún picante (conviene pedir las salsas aparte). Alfredo Sansone, el propietario, define la cocina como peruana; sin embargo, la carta la enuncia como cocina de mar, más que nikkei o fusión, criolla, marinera, chifa, tanto con platos italianos como españoles. Estos últimos en la lista de pastas y arroces, raviol negro de salmón ahumado ($ 310), sorrentino de jamón y ricota en salsa de pomodoro y pesto (280), risotto de hongos (320), arroz con mariscos (340). De lo más peruano, entre las entradas frías, de ceviches, tiraditos y causas a carpaccio de pulpo o salmón (350-290). Para compartir, el ceviche Puerta del Inca de lenguado y mariscos es especialidad de la casa (470), así como el tiradito de salmón y lenguado con salsa de morrón a la naranja y jugo de lima (290). De las causas, la arequipeña de papa amarilla lleva langostinos y salsa de ocopa (275). Como entradas calientes hay pulpo a las brasas (360) y wantan de langostinos con salsa de miso (250).
Principales: lomo al pisco y a lo macho (350), pesca del día a la plancha (310) hasta parrilla de mariscos (550 para dos) o de mar y tierra (850 para tres). Suspiro de limeña y alfajor Puerta del Inca (115) son lo mejor de los dulces.
De tarde preparan sándwiches peruanos , croquetas, tapas y pinchos para cócteles (2x1) preparados por Ramiro Ferreri.
Puntaje
Puerta del Inca
Dónde: Bolívar 373, San Telmo
Teléfono: 5217-5322/3
Otros: de lunes a viernes, de 12 a 24; sábados, de 20 a 24; after office, de lunes a viernes, de 16 a 21. Tarjetas. Servicio de mesa ($ 40)
El plato
Lomo saltado al pisco
Precios
Menú mediodía completo ($ 280)
Barra
Tragos de autor recomendados, Inca I, II III y Xll ($ 120/130)
Vinos
Etiquetas de tres bodegas clásicas y numerosas modernas
Sin alcohol
Limonada, pomelada, ice tea de jazmín ($ 60)
Para mejorar
Platos más picantes
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2045338-de-los-mares-y-mas-alla

Planeta Joy - Comer - Lekeitio, tradición vasca en Chacarita

Lekeitio, tradición vasca en Chacarita

El bodegón cool ofrece platos de esta cocina elaborados con productos de estación argentinos. Ideal para ir en grupo.
De generación en generación, así se transmite gran parte del saber -y el sabor- gastronómico. Y de esa manera aprendió Shanti Aboitiz, dueño y chef de Lekeitio, un bodegón con mucha onda que sirve platos de inspiración vasca en Chacarita.



El concepto familiar está presente tanto en la comida como en la ambientación del restaurante. Las Mesas comunitarias, las banquetas en la barra, el patio con fogón y las paredes repletas de fotografías que reflejan el pasado y el presente generalel marco distendido que invita a disfrutar del menú con reversiones de clásicos vascos con productos de estación y opciones típicamente argentinas.

El menú cuenta con raciones y platos principales abundantes, todos ellos para compartir. ¿El recomendado? Ir en grupo y probar la mayor cantidad que se pueda. ¿Los imperdibles? El boneche de Nico ($150), un escabeche de bonito con lima; la panceta braseada con ensalada de perejil e hinojo ($160); la tortilla babé con chorizo colorado ($180); las gambas al ajillo ($170); los txipirones rellenos con morrón, cebolla y chorizo en su tinta ($310) y la pesca a la vizcaína ($280).



La carta de postres de Lekeitio presenta lo mejor de la gastronomía vasca y argentina. Dos ejemplares deliciosos son la tarta vasca de crema pastelera y almendras y el flan de dulce de leche con crema ácida. 

Para acompañar los platos, el bodegón ofrece cerveza tirada (pinta $90), Sidra 1888 y un menú de tragos ideado por Miguel Angel Paissan que incluye clásicos de la coctelería (desde $100) y cocktails especiales a base de Patxarán (desde $150), un licor típico vasco elaborado con un fruto rojo del mismo nombre. El agua es cortesía de la casa.

Lekeitio está en Santos Dumont 4056, Chacarita. Abre de lunes a viernes de 12 a 15 horas, de martes a viernes de 20 a 00 y los sábados y domingos de 12 a cierre. No cobra cubierto y acepta tarjetas. 
Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?Lekeitio%2C_tradici%F3n_vasca_en_Chacarita&page=ampliada&id=9710