viernes, 31 de marzo de 2017

Clarín - Sociedad - ¿Qué sabor tiene un alimento que no existe?

¿Qué sabor tiene un alimento que no existe?

Una clase con Hervé This, el francés que patentó la gastronomía molecular y ahora crea platos a partir de compuestos.
¿Qué sabor tiene un alimento que no existe?
¿Qué habremos sentido la primera vez que mamá nos dio calabaza pisada? ¿Habrá explotado nuestro cerebro al degustar el nestum? ¿Cómo describir el sabor de algo que masticás por primera vez si nunca habías masticado nada antes?
Las preguntas quizás tengan respuesta esta tarde. No voy a meterme en la máquina del tiempo para volver a los seis meses, sino a probar alimentos que no existen. No son una manzana, un bife o un vaso de leche. Son una suma de compuestos que dan lugar a algo nuevo. La cocina nota a nota.
Su creador, Hervé This, sostiene que es el futuro de la gastronomía. Explica que, al igual que la música electrónica crea sus propios sonidos, la cocina nota a nota crea sus propios alimentos. No necesitas una guitarra o un piano: con el sintetizador componés una melodía.
No hay samplers para preparar estos platos, pero sí mucha investigación científica, técnica y algunos instrumentos especiales, pero también otros muy comunes: una minipimer, un microondas. Alguno podrá decir que está loco, pero este químico francés tiene pergaminos suficientes como para prestarle atención: hace tres décadas, fue uno de los padres de la gastronomía molecular, la ciencia aplicada a los alimentos para entender sus procesos físicos y químicos. Cocineros como Ferran Adrià y René Redzepi llevaron esos conocimientos a sus platos y generaron una revolución culinaria: la cocina molecular.
Hoy, This dice que “la cocina molecular ya fue, es para gente muy anciana que aprendió a cocinar hace 30 años”. Lo dice delante de un auditorio de cocineros y periodistas en The Brick Hotel, donde vino a dar una master class. El científico expone sus teorías: afirma que los alimentos no se deconstruyen (¿palito para Adrià?) sino que “siempre se construyen” y que todos son geles. “La lechuga es 99% agua”, ejemplifica, antes de mostrar en un power point una lista de las fórmulas de 1.500 geles que él determinó con la ayuda de un programa informático. “Están todos”, afirma, y sigue mostrando imágenes de platos creados así, a partir de compuestos. El auditorio no puede dejar de sorprenderse con la foto de un sushi sin arroz ni pescado. ¿Es eso sushi?
Pero si estamos acá es, más que para escuchar, para probar. Todos queremos ver cómo se hace esta comida “de laboratorio” y, especialmente, a qué sabe. This va de a poquito. Detrás de una mesada está Olivier Falchi, francés como él, chef del restaurante Le Sud del Sofitel Arroyo. El químico le da instrucciones al cocinero e invita a alguien del público a pasar. En un bowl, pone proteína, agua y aceite, que el cocinero vierte gota a gota y que la colega que se atrevió debe batir como una mayonesa. Ella se cansa, This la reta, tiene que seguir batiendo, pero relajando los hombros. Agrega ácido cítrico, colorante rojo. Lo mete en el microondas. “Se va a calentar el agua, no el aceite. El agua va a empezar a hervir: de un gramo de agua se obtiene un litro de vapor. Se va a inflar y la proteína se va a coagular. Va a quedar sólido”, anticipa todos los procesos que ocurrirán en los próximos minutos.
Cuando el soufflé está listo, lo saca y Yann Lorvo, consejero de cooperación de la Embajada de Francia, va haciendo pasr los pequeños cuencos entre los asistentes. La primera en probar es Beatriz Chomnalez, experta en gastronomía francesa, maestra de cocineros, responsable de la pastelería de Le Brick. Beatriz dice que está rico. Me toca a mí. Es rarísimo: es como una esponja que tiene un gusto ácido y dulce, pero no sé a qué. Me queda después un dejo muy ligero como a algo quemado, terroso. ¿Está rico? No sé si puedo contestar como Chomnalez.

¿Qué sabor tiene un alimento que no existe?
Hervé This (derecha) y Olivier Falchi (izquierda) en la master class (The Brick Hotel)
Seguimos. Ahora viene el show. Van a hacer helado con nitrógeno líquido. Hervé tiene anteojos y lo obliga a su coequiper Falchi a hacer lo mismo: el chef pide prestados unos lentes de sol al público, porque el hidrógeno líquido puede ser peligroso para los ojos. “Un litro de nitrógeno cuesta 50 centavos de euro. Los cristales de hielo quedan más pequeños y se siente más el sabor”, explica el químico. “Ninguna máquina de helado consigue esto”, agrega el cocinero. Toman entre los dos un enorme contenedor y tiran el nitrógeno líquido, que en realidad se ve como humo, sobre un bowl donde antes pusieron proteínas, azúcar, glucosa, ácido tartárico y colorante. Instantes después, habrá allí un sorbete amarillo de... ¿de? No lo puedo descifrar. Sabe bien, sí, es fresco, es dulce, es ligeramente cítrico. ¿Es como un helado de limón? No. ¿Un helado de ananá? No. ¿De durazno, de papaya, de maracuyá? Escaneo mentalmente la lista de las frutas amarillo/anaranjadas que conozco, pero no calza con ninguna. Concluyo que es un helado de azúcar.
“El aroma es importante, porque así también percibimos el sabor”, había dicho antes Hervé. También había dado un ejemplo práctico de cómo sus investigaciones se pueden aplicar a la cocina cotidiana. “En algunos alimentos, el sabor aparece muy rápido, en otros de a poco. Si hacemos un pesto de albahaca, oliva, piñones y parmesano en un mortero, el sabor aparece de a poco y se siente mucho al final. Si lo hacemos en un mixer, aparece muy rápido, pero al final no queda nada. ¿Cómo hacer el pesto perfecto? La mitad con mixer, la mitad con mortero”, aconseja.
La demostración sigue con una salsa de vino y hongos... sin vino ni hongos. Falchi toma una sartén (“no sé por qué en Argentina hacen las salsas en sartenes”, se queja This) y mezcla agua, ácido tartárico, amilopectina (léase fécula de maíz), un polvo con sabor a wasabi, un líquido con aroma a hongos y otro polvo violáceo que son polifenoles de uva syrah. El chef explica que quiso hacer una salsa que fuera “tradicional” por “la idea de mi cocina”. Queda una salsa oscura, como una melaza. Definitivamente, no me gusta: la siento invasiva, muy amarga, con un sabor a madera muy fuerte. Otra vez quiero intentar descifrar a qué me hace acordar, pero no puedo.

¿Qué sabor tiene un alimento que no existe?
El químico francés Hervé This (Martín Bonetto)
La respuesta me llega con la última degustación, ésta ya no nota a nota sino cocina molecular. Es la salsa Kientzheim (“el nombre de mi pueblo”), una especie de mayonesa hecha con yemas de huevo, jugo de limón y pimienta. Es una mousse cítrica, ligeramente salada, suave como un terciopelo, deliciosa. Y ahí entendí: estos alimentos nuevos, creados a partir de compuestos, son eso, alimentos nuevos. Si querés asociarlos con algo que conocés, vas a fracasar. Por eso las resistencias de algunos, por eso las críticas, que This asegura son las mismas que recibieron Edgar Varese y los creadores de la música electrónica a fines de la década del 40 y que hoy “se escucha en todas las radios”. “Esto no da miedo. No es peligroso. Es peligroso el azúcar, es peligroso el asado. No hay que confundir al artesano con el artista”, dice el químico. Tengo la sensación de haber conocido la vanguardia. El tiempo me dirá si esta tarde de marzo, en un hotel porteño, pude saborear el futuro.
Link a la nota: https://www.clarin.com/sociedad/sabor-alimento-existe_0_Syukmed2g.html

Minuto Uno - Gastronomía - Crearon la hamburguesa "Messi"


Crearon la hamburguesa "Messi"

Una hamburguesería del barrio porteño de Palermo ofrece una edición limitada del plato dedicado a Lionel Messi.

Mientras se discute si está bien la sanción dada por la FIFA a Lionel Messi, los amantes de la comida tienen un motivo para festejar. Una hamburguesería creó la variedad Messi, para comer con papas y cervezas.

La hamburguesa Messi<br>
¿De qué está hecha? Se trata de un medallón de carne vacuna de 200 gramos (picaña y nalga), tomate, lechuga, chimichurri y queso gouda. Una reivindicación de lo simple, la definen sus creadores del burger bar Williamsburg de Palermo.

La hamburguesa es de edición limitada y se destaca por su brioche de elaboración propia, que cruza fuerte con el picante del chimichurri casero, preparado con ingredientes frescos.

A la Messi se la puede comer por $190 y hace buenas duplas con papas al horno con romero y manteca de limón, papas canoa, chips de mandioca frita, batatas fritas o mix de verdes.

Link a la nota: http://www.minutouno.com/notas/1543759-crearon-la-hamburguesa-messi

La Nación - Gastronomía - Frutillas de 5.000 dólares y melones de 27.000: en Japón están de moda las frutas lujosas

Frutillas de 5000 dólares y melones de 27.000: en Japón están de moda las frutas lujosas

En subastas y tiendas boutique, se venden uvas que cuestan y lucen como diamantes
MIÉRCOLES 29 DE MARZO DE 2017 • 14:33

Las frutillas de 5000 dólares de Okuda Nichio
Las frutillas de 5000 dólares de Okuda Nichio.
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La comida en Japón no es buena solo por el sabor, sino por su estética. Del sushi a las sopas, los platos se sirven siempre bellos. Las frutas y verduras no se quedan afuera, y hay quienes se pasaron décadas haciendo pruebas para lograr la frutilla perfecta. Claro que con el esfuerzo y la perfección vienen los costos altos.
El mercado de frutas lujosas tiene algunos exponentes claros como la tienda Sembikiya de 1834, la verdulería más antigua del país. Además, hay cientas de subastas que ofrecen piezas como melones y sandías en lugar de objetos de lujo. Por nombrar un ejemplo, en 2016, un par de melones cantalupo Hokkaido se vendieron a un número récord de 27,240 dólares (3 millones de yenes).
Melón cantalupo
Melón cantalupo. Foto: Shutterstock
Otra estrella japonesa es la uva. Especialmente la Ruby Roman, con un color similar al rubí. Salen solo 2400 racimos por año de aproximadamente 30 piezas. ¿El precio por cada uva? 320 dólares.

El rey de la frutilla

Okuda Nichio está hace 15 años perfeccionando el arte de la frutilla perfecta. "No puedo decir cuál es mi método porque si no me copiarían", le explicó a CNN. Solo produce 500 al año del tamaño de una pelota de tenis que se suelen vender a casi 5000 dólares cada una. Por algo se llaman Bijin-hime que significa "princesa hermosa".
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2001028-frutillas-de-5000-dolares-y-melones-de-27000-en-japon-estan-de-moda-las-frutas-lujosas

miércoles, 29 de marzo de 2017

Minuto Uno - Gastronomía - Circuito de sabores: Suipacha, el paraíso para los amantes del queso


Circuito de sabores: Suipacha, el paraíso para los amantes del queso

Tras tomar el acceso Oeste y antes de llegar a Luján, se arriba a la ruta 5. Unos 60 kilómetros más adelante, un aroma delicioso penetra por las narices. Allí se encuentra Suipacha, la ciudad creadora de la deliciosísima ruta del queso, y ubicada a tan sólo 126 kilómetros de la Capital Federal.

Diferentes establecimientos invitan a pequeños grupos a deleitarse con sus productos, muchos influenciados por la propia ruta del queso de Francia. Incluso hay un guía para entender mejor toda la mística que hay detrás de este delicioso recorrido.
Primero un desayuno, que nuclea a muchos de estos productos. Luego un almuerzo para seguir saboreando de esta carta, que incluye lo más atractivo de la industria láctea. Y también alguna picadita para merendar. Ese es básicamente y a grandes rasgos el recorrido de este circuito.
Todo tipo de conservas y algunos hermanos del queso como los salames, fiambres y dulces, pueden degustarse en los establecimientos de Suipacha que abren sus puertas a todos los visitantes. Incluso, sus comerciantes se reinventan constantemente con productos llamativos, como la leche de cabra en polvo. Quien alguna vez probó los quesos provenientes de este animal, podrá esperar un sabor similar de este lácteo.
"De pastas duras o blandas, untables o rallados, en lonchas o en porciones; de vaca, de cabra, de oveja, o de búfala; solos o combinados con otros sabores o productos", así se presenta la ya famosa ruta, que tiene una web de lo más interesante, con la historia de los primeros pobladores vascos que llegaron a la zona y su posterior desarrollo que derivó en este circuito del queso.
Para el recorrido se pueden contratar diferentes tipos de visitas, o hacerla por cuenta propia, aunque se recomienda ir acompañado por algún conocedor de la zona. Existen planes diferentes de mediodía, día completo, con alojamiento o bien para ir a pasar una jornada.
Cada establecimiento aporta charlas, explicaciones sobre los procesos de producción y degustaciones deliciosas que luego quedan en la memoria. El circuito suele concluir con una visita a un criadero de corderos y ovejas, que le imprimen un moño final al maravilloso recorrido.
Suipacha es definitivamente un lugar donde aprender, donde saborear los mejores quesos y otras comidas hechas en base a ellos. Muy recomendable para un fin de semana de vacaciones.
Link a la nota: http://www.minutouno.com/notas/1543561-circuito-sabores-suipacha-el-paraiso-los-amantes-del-queso

La Nación - Gastronomía - Marcha blanca: la carrera contra reloj antes de la apertura de un restaurante

Marcha blanca: la carrera contra reloj antes de la apertura de un restaurante

Cómo es la intimidad de un ensayo general en el que se pone a prueba el servicio, el menú y el equipo de un bistró de alta cocina; el estrés y la presión, denominadores comunes de la experiencia
LA NACION
MIÉRCOLES 29 DE MARZO DE 2017

Un diálogo fluido entre la literatura, la arquitectura y la gastronomía, en uno de los salones de Casa Cavia
Un diálogo fluido entre la literatura, la arquitectura y la gastronomía, en uno de los salones de Casa Cavia. Foto: LA NACION / Daniel Jayo
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Hace casi un año, y como parte de su tour gastronómico por Buenos Aires, la actriz de Hollywood Gwyneth Paltrow subió una foto a su cuenta de Instagram que decía: "Podría acostumbrarme a la vida argentina... #CasaCavia". Apenas unas semanas antes del posteo de Paltrow, la primera dama, Juliana Awada, y su entonces par de Estados Unidos, Michelle Obama, se habían reunido allí para charlar e intercambiar experiencias. Tomaron limonada y jugo de naranja sentadas en los sillones de gamuza verde que componen uno de los livings del coqueto enclave gastronómico frente a la plaza Alemania, en Palermo Chico. Pero si hoy volvieran a sentarse allí, todo sería diferente.
Tras meses de remodelación -donde gran parte del cambio se concentró en la nueva cocina, mucho más grande y equipada con alta tecnología-, anoche Casa Cavia reabrió sus puertas al público. Sus dueños, confiesan, apostaron al cambio con una sólida aspiración: convertirse en el mejor restaurante de Buenos Aires. Por eso, y desde que volvió al país luego de comandar los fuegos del restaurante vasco Mugaritz -reconocido como uno de los mejores del mundo y con dos estrellas Michelin-, la chef barilochense Julieta Caruso trabaja sin descanso. Durante los últimos 15 días, contra reloj y tal como lo exige el código de la alta cocina, Casa Cavia estuvo de marcha blanca.
¿Marcha blanca? En la jerga gastronómica, explican a LA NACION eximios cocineros como Julieta Caruso; Anthony Vázquez, de La Mar, y Alejandro Feraud, de Alo's, se llama así al período de ensayo general de un restaurante. Un ejercicio donde todo se pone a prueba: desde el equipo de cocina hasta la persona encargada de la recepción. Desde el armado del salón hasta el tiempo que demora un plato en llegar a la mesa. "Es una gran oportunidad de medir el pulso de todo, de recrear la situación de un restaurante lleno y revisar cuáles son los errores que se cometen. Que el chico de la plancha no funciona, que el jefe de sala se quiebra o que el tiempo de un plato no es el correcto. Y para eso se invita a los amigos y colegas más cercanos de la casa para que te critiquen y te digan qué cosas no les han gustado. En una marcha blanca no quieres que te digan que todo ha salido bien. Buscas que te pinchen el globo, y sobre los errores se trabaja", dice Anthony Vázquez, que durante esos 25 días de ensayo en La Mar, su restaurante palermitano, tuvo que tomar la decisión de cambiar a casi todo el equipo de cocina.
A una marcha blanca, insisten los cocineros, se invita a gente amiga, conocidos de la casa. "Nunca a la prensa -dice Vázquez-. A los periodistas los invitas luego, cuando ya todo está más aceitado." Siempre hay una excepción a la regla, y antes de su reapertura LA NACION participó de una de las primeras marchas blancas en Casa Cavia, donde aún los invitados eran pocos.
"No me gusta el seteo [cómo están dispuestos las copas, los cubiertos y los vasos] de las mesas", fue una de las críticas que recibió Julieta Caruso esa noche. "Cada observación que recibí la tuve en cuenta. Cuando uno se sienta en Casa Cavia a comer a la mesa sólo hay una servilleta y un vaso. ¿Para qué voy a poner los cubiertos si lo primero que servimos se come con la mano? ¿Por qué tiene que haber una copa de vino si no lo voy a tomar? Cada mesa se va armando a medida durante el transcurso de la comida. No es capricho ni es moda. En Casa Cavia todo tiene un sentido, y desde el momento en que uno se sienta la experiencia es diferente. Eso es lo que pretendemos transmitir."
Para Caruso, los casi 20 días de marcha blanca también le dieron la posibilidad de rectificar recetas, cambiar cocineros y, sobre todo, adaptarse a los cambios. "La remodelación fue muy grande, y de trabajar en un espacio muy reducido donde te chocabas con el otro se pasó a una cocina inmensa, donde hay que correr de una punta a la otra", grafica la cocinera, que al momento de definir la nueva propuesta gastronómica del lugar la describe como "una cocina simple, noble, con lo mejor que ofrece la tierra en cada temporada y donde a cada producto se le aplica la mejor técnica para sacarle todo su potencial".
En Alo's, el bistró de cocina de autor en La Horqueta, las marchas blancas fueron a puertas cerradas durante la primera semana, pero hubo una segunda etapa en la que su creador, el chef Alejandro Feraud, abrió las puertas y tomó el riesgo de invitar a los vecinos. Quería escuchar a la gente del barrio, muchos de sus futuros comensales, y que le dijeran qué cosas no les gustaban. "Cuando el salón estaba lleno la acústica era muy mala, y gracias a la crítica de la gente pudimos hacer una modificación estructural antes de la apertura", confiesa Feraud. La marcha blanca, coinciden todos, es una inversión necesaria y, además, un momento de mucho estrés. Como dice Vázquez, "los que saben lidiar con esa locura son los que generalmente se quedan. Trabajar bajo presión es difícil, y el que se quiebra... se va".
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2000658-marcha-blanca-la-carrera-contra-reloj-antes-de-la-apertura-de-un-restaurante

Clarín - Entre Mujeres - Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet

Símbolo inequívoco de la dieta carnívora, la hamburguesa tiene su opción saludable: vegetales y legumbres toman el lugar de la carne... y son cada vez más pedidas. ¿Nos volvimos todos locos?
Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Se acerca el mediodía, Flor Vital (27) y Nico Gutiérrez Cervetto (31) -compañeros en una agencia publicitaria de Belgrano- quieren salir a almorzar con el resto de sus colegas. Pero su menú es limitado: son vegetarianos desde hace años y las comidas al paso no suelen respetar los parámetros veggie. Sin embargo, desde hace unos meses encontraron un fast food saludable, con onda y que no los deja afuera. Insólitamente, su opción está en la hamburguesería.

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Pierre Chacra, dueño de Burger Joint.
"Dame dos hamburguesas veggie con limonada de jengibre y menta", pide él, en el mostrador de Mi Barrio (Olazábal 1422), una cadena que cuenta con 12 variantes, una apta para personas que no consumen carne. La que ellos degustan minutos después se llama Agronomía y cuesta $135. El medallón es de vegetales y legumbres, y está acompañada con mozzarella, tomates confitados, cebolla morada, brotes de soja frescos, champiñones salteados y mayonesa de calabaza. "Nos encanta. Además de ser rica, nos incluye ya, que podemos compartir con el resto un hecho tan social como juntarse a comer", coinciden los publicistas, y confiesan que en sus casas repiten la misma receta.
Gabriel Di Trapani (49), chef y socio del restó, explica que, si bien la carne vacuna es su insignia, desde un principio les pareció relevante abarcar a ese pequeño público naturistas. La misma visión del negocio gastronómico tuvo Pierre Chacra (41), dueño de Burger Joint, cuando regresó de Washington a principios de 2013 para abrir su primer local en Jorge Luis Borges 1776, Palermo. El maestro de cocina tenía en claro que su fuerte era la hamburguesa convencional de alta calidad, pero no podía obviar la movida healthy food que desde la década pasada ya pisaba fuerte en los Estados Unidos y se había trasladado a la Argentina.

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Flor Vital y Nico Gutiérrez Cervetto trabajan en publicidad. Ella es vegetatiana hace cuatro años; él hace uno. Van a almorzar a Mi Barrio.
"La primera hamburguesa vegetariana la lanzamos unos meses después de haber inaugurado. Notábamos que ciertos comensales venía y pedían sólo papas, pero les faltaba algo más. Entonces, empezamos a inventarles sándwiches en el momento hasta que probamos con nuestra propia versión. Nos costó lograr el punto justo de consistencia para que no se desarme. Hoy, nuestra veggie burguer está a la altura de las de carne", se enorgullece el chef, y revela su receta: garbanzos, hongos, tomates secos, cebolla caramelizada, queso y un par de pasas de uva. Se sirve con pan de campo, rúcula, guacamole y salsa de pepino. El precio es $90; en combo con bebida $160.
En Burger 54 -otra compañía que cuenta con sucursales en la ciudad, Nordelta y San Isidro-, la hamburguesa Vegetarian es una combinación de quínoa, arroz integral, porotos negros y remolacha. Esa es la que elige Paula Vecchiarelli, una joven de 21 años que a los 16 se hizo vegetariana y dos años después se pasó al veganismo. "Ir a comer afuera resulta difícil porque muy pocos restaurantes ofrecen una opción vegana. Pero este boom de las hamburgueserías que incluyen su versión saludable está buenísimo. Me simplifican la vida cuando estoy de paso y necesito comer algo para seguir camino a la facu", argumenta la estudiante de Artes Visuales, y reflexiona que la novedad del plato ayuda a difundir la importancia de alimentarse mejor. "Muchos amigos lo ven como una curiosidad y eso es positivo. Les interesan los ingredientes y la quieren probar", refuerza.

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Paula tiene 21 años. A los 16 se hizo vegetariana y dos años después se pasó al veganismo.
En ese camino va Inés Desinano (29), dueña de una óptica en Recoleta, que por lo menos una vez a la semana se acerca al local de Av. Santa Fe 1946, y se lleva una. Le agrega extras que van variando, puede ser huevo y queso azul (el menú ronda los $100). "No soy vegetariana, consumo carne y pollo diariamente. Pero sumar legumbres y verduras a mi dieta me parece súper importante. Además de ser sabrosa, me cae mucho más liviana que cualquier otro combo y me ayuda a continuar con todas mis obligaciones del día sin tanta pesadez", considera.

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Inés Desinano, comerciante, dueña de Casa Óptica en Recoleta. No es vegetariana pero le gusta la opción que ofrece Burger 54.
Para los que quieren probarla por primera vez, a continuación hay otras opciones muy buenas (ver abajo). Caso contrario, se pueden cocinar en el hogar. Agustina Martínez Alcorta (36), comunicadora social y dueña del sitio Ponete el Delantal, las enseña desde hace seis años. "Las consultas son muchísimas, me llegan mails preguntando cómo reemplazar la carne por legumbres, cómo ligar y combinar los ingredientes", admite la food blogger, y reconoce que su preferida tiene una base de lentejas y arroz yamaní (ver receta).
"La realidad es que son re fáciles de hacer, tiene mil variantes y se puede utilizar perfectamente las sobras de otras comidas. A veces también me gusta consumirlas en hamburguerías o ferias callejeras. Comer bien es un plan en todo sentido", suma.

Otras buenas opciones saludables

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Hamburguesa Veggie. De Williamsburg Burger bar, Deltoro Burgers, The Burger Company y Mi Barrio.
Williamsburg Burger bar. De arroz yamaní y cereales, mozzarella, palta y espinaca. Precio $160. Armenia 1532, Palermo.

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Hamburguesa Veggie. De Williamsburg Burger bar, Deltoro Burgers, The Burger Company y Mi Barrio.
Deltoro Burgers. De quínoa con queso cremoso light, calabaza, tomates confitados, albahaca y lechuga. Ronda los $105. Bernardo de Irigoyen 366, Monserrat.

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
Hamburguesa Veggie. De Williamsburg Burger bar, Deltoro Burgers, The Burger Company y Mi Barrio.
The Burger Company. De garbanzos, lechuga, queso cheddar y tomate. Sóla, sin combo, $70. Honduras 4733, Palermo.
Producción: Daniela Gutiérrez


Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
14-03-2017 suplemento SpotHamburguesas VeggieBurger Joint en el barrio de PalermoFoto David Fernandez buenos aires restaurante hamburgueseria Burger Joint Hamburguesas Veggie vegetarianas nueva tendencia comida sana
Una receta para probar en casa: hamburguesas de lentejas y arroz yamaní
Ingredientes para 12 porciones: Lentejas 250 grs / Arroz yamaní 1, taza / Ajo, 1 diente / Queso rallado / Queso blanco / Huevos, 1 ó 2 / Semillas de sésamo y lino tostadas, 2 cucharadas / Pan rallado o rebozador de arroz / Sal / Cúrcuma / Aceite de oliva
Preparación: en una cacerola, saltar el ajo previamente picado con un chorrito de aceite. Agregar el arroz yamaní y dejar un minuto para que se tueste. Sumar tres tazas de agua, las lentejas (remojadas la noche anterior), una cucharada de cúrcuma, sal y pimienta a gusto. Cocinar todo a fuego lento por 40 minutos hasta que el arroz quede cremoso. Dejar enfriar. Luego, sumar a la preparación huevo, una cucharada de queso rallado y otra de queso blanco, semillas de sésamo y lino tostadas, pan rallado o rebozador de arroz (lo que le dará la consistencia). Dejar reposar en la heladera por una o dos horas para que se compacte. Cuando esté firme, armar las hamburguesas con dicha pasta. Si es necesario, agregar más pan rallado. Por último hornear en una placa con aceite o rocío vegetal por 10 minutos. También se pueden freír o guardar en el freezer para después.
Por Agustina Martínez Alcorta, food blogger en Ponete el delantal

Hamburguesas vegetarianas, máxima paradoja de la vida gourmet
"Son re fáciles de hacer, tiene mil variantes y se puede utilizar perfectamente las sobras de otras comidas", enseña Agustina Martínez Alcorta.
Una gran oportunidad
Las hamburguesas vegetales son una gran oportunidad para incorporar alimentos saludables que no son de nuestro consumo habitual. En su receta suelen utilizarse ingredientes como las legumbres (lentejas, garbanzos, soja), los cereales (arroz yamaní, mijo), los pseudocereales (quínoa) y las verduras de siempre (zanahoria, remolacha, hojas verdes); todos muy beneficios para la salud. Porque, por ejemplo, no contienen colesterol, dan mayor saciedad, aumentan el aporte de fibra (bueno a nivel intestinal y metabólico), de vitaminas (especialmente del complejo B) y minerales (hierro, magnesio), así también como los hidratos de carbono de absorción lenta (evitan los picos de azúcar en sangre). Por otro lado, no hay que perder de vista que las hamburguesas veggie hechas en casa son libres de aditivos y conservantes, nos permite combinar las verduras que nos gusten y sabemos exactamente lo que contienen, algo que no sucede en los productos del supermercado. Sin duda representan una opción súper nutritiva y más económica para el menú familiar.
Link a la nota: http://entremujeres.clarin.com/entremujeres/rincon-gourmet/maxima-paradoja-vida-gourmet_0_Hk-tvzV2l.html