El "burgrito", el último capricho culinario de Nueva York
En una ciudad donde la comida rápida domina al resto de las experiencias culinarias, la fusión entre dos recetas -una mexicana y otra americana- es un éxito. De qué se compone
13 de marzo de 2017
La fusión entre el burrito mexicano y las hamburguesas americanas tiene enloquecidos a los neoyorquinos
Tras la fiebre neoyorquina por los hot-dogs y los pretzels, ahora llegó el "burgrito" -una combinación, com su nombre lo indica- entre el burrito mexicano y una típica hamburguesa con papas fritas. Este extraño híbrido, un sueño para los amantes de ambas comidas, se supo en la última moda culinaria que triunfa en Nueva York.
Esta curiosa creación es la receta maestra del restaurante "Burgrito's", un local del barrio Park Slope, en el distrito neoyorquino de Brooklyn, que se especializó en ello.
Se trata principalmente de una tortilla de harina de trigo enrollada en forma de cilindro -al estilo del burrito- alrededor de un relleno de hamburguesa de ternera, panceta, queso Cheddar, lechuga, tomate y cebolla, condimentado con salsa de chipotle.
A primera vista parece un simple wrap (versión de los tacos o burritos mexicanos que admiten todo tipo de rellenos), pero lo cierto es que lo jugoso de la hamburguesa con el queso fundido, el intenso sabor de la panceta crocante y las papas, sumado al aroma de la tortilla conquistan el paladar de cualquier amante de la fritura. Además, para satisfacer a los comensales más exigentes, al "burgrito" también se le puede añadir salsa pico de gallo, jalapeños, frijoles, arroz o guacamole.
El mexicano José Alfredo Escorza, encargado de cocina, explicó que esta receta, que se vende a 10 dólares, está arrasando y tiene multitud de seguidores pese a que no es precisamente sano. "Llevamos dos meses desde que abrimos y, hasta ahora, estamos muy ocupados. A la gente le gusta mucho; hay fines de semana en los que llegamos a vender entre 300 y 400 unidades", afirmó el cocinero.
"Resulta divertido porque tenemos clientes de todas las edades, a los que les gusta tanto la cocina mexicana como la americana, y nosotros las fusionamos en el burgrito", explicó el copropietario del restaurante, Darin Laby, quien tomó la idea del antiguo chef de su primer local. "Aspiramos a expandirnos y pasar de ser un establecimiento local a una franquicia basada en esta receta, con múltiples locales en distintas ciudades", añadió.
Para los vegetarianos o veganos, el restaurante ofrece este explosivo híbrido en la versión de "Veg-rito", hecho con hamburguesa vegetariana y salsa de chipotle vegana.
Sin tener experiencia en el negocio alimentario, Laby abrió su primer restaurante en la Gran Manzana en 2015, y la idea tuvo éxito que en pocos meses abrirá el tercero, en un lugar donde la ajetreada rutina hace que muchas personas caigan en la tendencia de comprar comida rápida, barata y para llevar.
El "burgrito" se suma así a las numerosas excentricidades que ofrecen los restaurantes de Nueva York, conocidos por sus originales mezclas de diferentes cocinas del mundo y arriesgadas apuestas, tales como la "Ramen Burger", una hamburguesa hecha con fideos compactados en lugar de pan, o la dona de oro bañada en champán.
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Supo ser un ícono en décadas pasadas y luego cayó en el olvido. En los últimos años, cautivó a los especialistas. Hoy se lo produce con sin madera y promete ser el nuevo blanco de moda.
En reviews de la prensa, en los seminarios sobre vinos, en las copas de los consumidores informados: hoy vibra un nuevo Semillón que parece volver del olvido de las décadas pasadas con renovados bríos. Y no solo eso: la actualidad de esta uva blanca augura un futuro de gusto al que conviene prestar atención. No sólo por lo que supo ser en la Argentina, sino también por el presente que tiene en el mundo.
Es cierto que, con la altura y sus desiertos, nuestro país no parece el lugar más indicado para la elaboración de vinos blancos, sobre todo si se lo compara con regiones como la Borgoña o Alsacia. Pero puestos a mirar el resto del mapa, desde Victoria en Australia a Burdeos en Francia, los terruños de tintos siempre ofrecen al menos un blanco que no falla por fragancia, cuerpo y elegancia: todos son Semillón.
Cepa originaria de la Gironda, como se conoce al río a cuya vera Burdeos se convirtió en puerto de vinos, allá se lo emplea tanto para blancos tranquilos como para dulces tardíos, cortados con Sauvignon Blanc. ¿La razón? Se adapta bien a los climas buenos para los tintos, a la insolación, a los veranos calientes y los otoños fríos y algo húmedos. Precisamente por eso, en nuestro país llegó a tener larga vida.
LOS 4 MOSQUETEROSFue la blanca más cultivada, la que brillaba en los estaños de las pizzerías en la década de 1950 como vino dulce y la que sirvió de base para consumos masivos de todo tipo, hasta que cayó en el olvido de lo que no tiene distinción. Por su prestancia, es una uva amada por los enólogos y los conocedores, que hablan de ella con una mezcla de respeto y ambición, como sucede con Guillermo Barzi, Roberto de la Mota, Antonio Mas o Ricardo Santos, mosqueteros artífices de su regreso.
Barzi, por ejemplo, en Humberto Canale se animó a reescribir la historia de este vino en 1976, como un varietal para la exportación (“aunque no me animé a llamarlo Semillón, sino que le pusimos un nombre de fantasía, Semillón Blanc”, declara). Antonio Mas, otro de los enamorados de la uva, además de hacer su tesis sobre el Semillón, ya lo elaboraba con una pizca de roble desde 1994, un blanco que llegaría a ser legendario. Mientras que Ricardo Santos, hombre dedicado a embotellar sus gustos, lanzó en 2007 “El Semillón de Ricardo Santos”, primero un secreto de especialistas y hoy un reconocido ejemplar, siempre libre de madera.
NUEVO ESTILO, NUEVA VIDACon ese vino, que salió con la marca Mendel Semillón, comenzó una nueva época. En el mundo comenzaba a despuntar una tendencia etérea hacia la elaboración de Semillón con algo de crianza, y tanto en la Argentina como en Australia empezaron a emerger algunos ejemplares.
Las cifras de nuestro país son claras. Mientras que la superficie cultivada se contrajo más de un tercio entre 1990 y 2011, y a la fecha son poco más de mil hectáreas, por el precio de venta de los nuevos vinos y por los productores que empujan el Semillón hoy ofrece un panorama reverdecido. En ese sentido, la elaboración a la bordelesa, con algo de roble francés usado y con uvas no sobremaduradas, le confieren un nuevo sabor: mezcla de miel y aromas herbales y frutales, más bien timidones. En la boca es pura elegancia, con un paso envuelto en cuyo corazón vibra una frescura delicada y armoniosa. Si está bien elaborado, la madera es un dato anecdótico.
Así las cosas, a la fecha hay al menos una veintena de ejemplares, entre los que elegimos diez de los mejores. Conviene apurarse para comprarlos. Son siempre pocas botellas y vuelan.
Miras Joven (2015, $160). Uno de los epicentros de cultivo del Semillón fue Río Negro. La razón hay que buscarla en su clima soleado, seco y fresco. Con algunos viñedos viejos de buena salud, es posible dar con uvas excepcionales. Eso es lo que consigue Marcelo Miras: aromas sutiles, florales sobre todo. Es delgado, con textura tersa y con una entrada de boca algo golosa, pero de frescura.
Nieto Senetiner DOC (2015, $210). La Denominación de Origen Luján de Cuyo (DOC) protege, entre otras, al Semillón. De modo que este es el único ejemplar blanco elaborado hasta ahora con los preceptos de la DOC en materia de rendimientos controlados (80 quintales) y crianza y estiba, seis meses de cada uno. De lineamientos clásicos, manda el trazo de la fruta entreverado con la madera, sobre un paladar amplio y de una frescura elogiosa.
Lagarde (2015, $220). Entre las bodegas que reinventan el Semillón no podía faltar Lagarde, que ofrece un ejemplar de 1942 entre sus filas. El nuevo blanco fue lanzado este año y está elaborado con uvas de Mayor Drumond, Luján de Cuyo, donde la bodega tiene una finca plantada desde 1906. Con una aromática expresiva, es un vino de boca tensa y de paso apretado, de modo que está pensado para bebedores modernos que busquen un blanco rico para la mesa.
El Semillón de Ricardo Santos(2015, $240). En la década de 1970, cuando Ricardo Santos era propietario de Bodega Norton, esta uva ocupaba un lugar destacado en su vida, ya que entonces el blanco de la casa era Semillón 100%. Por eso, cuando decidió lanzar su varietal, no dudó en elegir los viñedos que mejor conocía. Ofrece un vino limpio, de aromas frutales y de miel, que se define plenamente en la boca: paso amplio y frescura elevada, invita a seguir bebiendo. El ABC del estilo sin roble.
Finca Suárez Semillón (2016, $250). Entre las cosas que hacen al reverdecer de esta variedad, hay que mencionar que en 1911 el enólogo Leopoldo Suárez, cuyo apellido porta este vino -aunque elaborado tres generaciones después-, escribió un tratado de ampelografía en la que avizoraba un futuro de gloria para el Semillón plantado en suelos calcáreos. Parece que tenía razón: complejo en aromas, delgado al paladar, es pura frescura y textura suave. Un raro y rico vino.
Humberto Canale Old Vineyard Semillón Milagros (2015, $250). Recogiendo el guante de su propia historia, Guillermo Barzi –propietario de Humberto Canale– se animó a lanzar este año un Semillón varietal. Lo llamó Milagros, con la costumbre de nombrar a los vinos de esta línea según los nietos. Y es una joyita de estilo, del que sólo el 20% tuvo crianza en madera usada. De aromas delicados, la boca es un lujo: como esas ricas frutas suculentas, llena el paladar de jugo fresco y sabroso.
Mendel Semillón (2015, $250). Emblema del nuevo estilo para la variedad, desde la cosecha 2009 se elabora con un viejo viñedo de Semillón de Paraje Altamira, del que un 15% se fermenta en roble francés nuevo, para luego tener unos seis meses de crianza. De ahí que, al beberlo, el trazo de la madera se percibe sutilmente en la nariz, junto con flores de acacia, y al paladar resulta algo untuoso. Elegante.
Tomero Reserva (2013, $250). Emblema del varietal en el estilo con madera, este ejemplar elaborado por Bodega Vistalba con la enología de Alejandro Cánovas es todo lo que se le puede pedir al Semillón con crianza: las uvas del Valle de Uco proponen aromas complejos y tocados por el roble, la miel y las flores; al paladar es amplio, lleno de sabor y con una acidez que vibra en el centro del vino con vida propia. Riccitelli Semillón (2016, $860). Con uvas de Río Negro, este vino resultó la revelación del concurso Argentina Wine Awards que premia lo mejor de la exportación local. Elaborado por el enólogo Matías Riccitelli, es un rico y difícil ejemplar: de aromática bien abierta, expresiva en frutas y miel, lo mejor es el combo de frescura tensa y buen volumen que aporta en la boca. Vino de perfil moderno, para beber de a botella por persona, si no fuera por el precio que complica la ecuación.
Finca La Anita (2015, $300). Ejemplar elaborado con uvas de Agrelo, Mendoza, como era de esperar en su 21º cosecha, el vino es todo lo que ya conocíamos: aromas frutales moderados, con trazo de miel y cierta compeljidad, cuya boca encanta por ofrecer una textura tersa y una frescura también moderada. Para los amantes de la casa, un ejemplar de ley.
DE LA MOTA DIXIT. “En 2009 lo elaboré para que no se perdiera una uva que no tenía destino. Como a mi me gustaba y eran pocos litros, luego lo crié apenas en roble y el resultado se lo llevó todo un importador a Inglaterra”. El que habla es Roberto de la Mota, enólogo de la bodega Mendel Wines. Fue él quien le dio al Semillón la pátina moderna que luego proyectó brillo de oro sobre su futuro. ¿El secreto? Ni más ni menos que haber conservado el gusto por una uva y dar con un modelo de elaboración que le permitiera una vuelta a la góndola. Un verdadero visionario del vino.
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Está en Alemania y busca generar consciencia sobre la sustentabilidad alimentaria. El cliente decide cuánto pagar por cada producto.
Cada año, un tercio de los alimentos que se producen en el mundo terminan en el tacho de basura, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Sí, la comida que se desperdicia en todo el planeta es mucha. Para concientizar sobre esto y para aportar un pequeño grano de arena es pos de perder tanto alimento, la alemana Nicole Klaski abrió The Good Food, un supermercado en donde se comercializan productos que otros no quieren vender porque sus formas no son perfectas o porque pasaron la fecha de consumo preferente pero que se pueden comer.
El local, que se encuentra en Colonia, Alemania, ofrece frutas y verduras que son descartadas por tener una forma o tamaño diferentes a las aceptadas por los supermercados tradicionales o por ser feos, cerveza, panes y patisserie “del día anterior” donados por una panadería de la zona, entre otros productos.
Además de ofrecer productos que, de otra forma, irían a parar a la basura, The Good Food tiene otra particularidad. El cliente decide cuánto pagar por cada ítem que se lleva.
En Argentina, se desperdician 16 millones de toneladas de alimentos, el equivalente a más de 87 millones de platos de comida por día, según indica la FAO.
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Es cierto que cada día cuesta más convertir un billete de 100 pesos en una buena botella de vino (y menos aún esperar que el/la cajero/a del súper nos de vuelto, cuando no caramelos). Sin embargo, hay prolijos e incluso pequeños grandes vinos al alcance de un Evita o un Roca, capaces de hacernos quedar bien en un asado entre amigos o de acompañar nuestros almuerzos y cenas de cada día. La lista que sigue se propone como ayuda útil y fue elaborada tras probar unas decenas de las últimas añadas de los vinos de menos de 100 pesos. Se aceptan sugerencias abajo, en los comentarios a la nota.
Elementos Rosado de Malbec 2016
Bodega El Esteco
De a poco los rosados están empezando a ser rosados y no rojos. Y con ese cambio de color también llega la sutileza, lo que queda expuesto en este refrescante rosado de torrontés que en esta, su primera cosecha, se ofrece como versátil comodín a la hora del aperitivo o de sentarse a la mesa: 99 pesos.
Gran Rodas Malbec 2016
Bodega Esmeralda
Punto alto en los tintos de esta lista. Hay quien podría arriesgar que compite de igual a igual con malbecs que están por arriba de los 100 pesos. Clásico, con la fruta roja del malbec bien al frente, gran compañero de asados y guisos. Ojo a que ahora tiene etiqueta renovada. Precio: 93 pesos.
Canciller Raíces Torrontés de Catamarca 2015
Fecovita
Delicioso torrontés catamarqueño, fácil de tomar y de incluir en las comidas. Clásico, con aromas florales y una buena acidez. Un blanco a súper buen precio para tener en la heladera, que tiene un hermanito Torrontés de Cafayate, que invita a jugar a encontrar similitudes y diferencias. Precio: 74 pesos.
Callia Syrah 2016
Bodega Callia
San Juan tiene grandes syrahs y, también, syrahs de excelente relación precio-calidad. Callia es un clásico en este franja de precios, que con este tinto nos recuerda que hay que tener siempre presente los vinos que nacen en sus valles. Precio: 93 pesos.
Benjamín Tempranillo 2015
Bodega Nieto Senetiner
Intenso, con taninos bien presentes, este tempranillo nos permite incursionar por variedades no tan habituales en la góndola de los sub 100, saliendo airoso y con ganas de seguir probando tempranillos. La línea entera de Benjamín Precio: 98 pesos.
Norton Colección Bonarda 2016
Bodega Norton
Un vino ideal para acompañar asados y pastas: buena fruta, paso por boca fluido y aromas ahumados. También andan muy bien sus compañeros de línea, como el torrontés, el barbera y el malbec. Precio: 97,75 pesos.
Roca Chenín-Chardonnay 2016
Bodega & Viñedos Alfredo Roca
En San Rafael, Mendoza, esta bodega hacer maravillas con blancos no convencionales como el tocai y, como en este caso, con el chenin. Este corte de chenin (80%) y chardonnay (20%) es un blanco refrescante, con una acidez equilibrada y buen volumen en boca. Precio: 98,80 pesos.
Circus Classic Malbec 2015
Finca Cuevas de Vera
Prolijo malbec de Agrelo, Mendoza, en una franja de precio (los 80´s) donde no es fácil conseguir varietales de malbec que ofrezcan buenas características de esta cepa. Fruta negra, algo de vainilla y un final persistente y frutal. Precio: 87 pesos.
Suter Cabernet Sauvignon 2015
Bodega Suter
Similar comentario al anterior, un cabernet de buen precio que una vez en la copa hace imposible dudar de que estamos ante ese varietal. Se trata, además, de uno proveniente de San Rafael, Mendoza, en donde el cabernet sauvignon se da muy pero muy bien. Precio: 83 pesos.
Don Valentín Lacrado
Bodega Bianchi
Corte de malbec, syrah y cabernet sauvignon, Don Valentin es un tinto que atraviesa generaciones y que al día de hoy sigue siendo un caballito de batalla para quienes quieren llegar a un asado con un vino en mano que despierte abrazos de bienvenida. ¿Se le puede pedir algo?Precio: 99 pesos.
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/1992859-10-vinos-que-no-fallan-por-menos-de-100-pesos
Una start up de Estados Unidos recaudó 1 millón de dólares para fabricar una impresora 3D de pizza.
BeeHex, una start up americana recibió 1 millón de dólares en inversiones para el desarrollo y lanzamiento de su primer producto, Chef 3D, una impresora 3D de pizzas. ¿El fin de los maestros pizzeros o un gadget que no va a funcionar?
La impresora, que fue presentada en varias convenciones de tecnología, utiliza sistemas neumáticos para mover los ingredientes y producir la pizza. Según BeeHex, el beneficio de esta máquina es que permite tunear el plato a pedido sin necesidad de contar con un cocinero en el lugar, desde hacerlo en forma de corazón hasta prepararlo especialmente para personas que no puedan consumir determinados alimentos, como lácteos o harina.
A lo largo de 2017, la empresa venderá algunas de sus máquinas a clientes de la industria alimenticia de Estados Unidos. A largo plazo, la empresa espera poder vender el producto a cadenas de pizzerias y desarrollar otras impresoras 3D de alimentos.
¿Qué te parece?
Link a la nota: http://www.planetajoy.com/?Desarrollan_una_maquina_que_busca_reemplazar_a_los_pizzeros&page=ampliada&id=9450
A lo largo y ancho de todo nuestro territorio, diferentes producciones agropecuarias se fueron convirtiendo en una marca de identidad para las provincias y sus habitantes. El recorrido de algunas de las rutas gastronómicas y turísticas favorecidas por los diferentes climas y relieves permite hilvanar un viaje a través de la variedad de productos de la tierra.
Es la mañana. Mientras alguien se prepara unos mates y elige unas nueces para el desayuno, otro muerde un alfajor repleto de dulce leche. Al caer la tarde, el paladar vira más a otros sabores y aparecen la copa de vino, los quesos y los escabeches. En las mesas argentinas, a lo largo de todo el día, van cambiando los protagonistas pero permanece una constante: los productos que llegan y la identifican surgen de una serie de corredores productivos y gastronómicos que funcionan como hilo conductor para abordar el viaje por las diferentes regiones del país. Un hilo conductor sustentado en saberes y tradiciones capaces de unir la tradición artesanal con la innovación tecnológica, que rinde frutos en todos los puntos cardinales y para todos los gustos.
RUTA DE LA YERBA En el nordeste de nuestro país, donde hace calor y la tierra es bien colorada, se produce la yerba mate, Ilex paraguariensis según su nombre científico. Esta planta, que crece naturalmente en la selva y hoy es la base de nuestro querido mate de cada día, ya era consumida por los guaraníes -aunque como una bebida fría- mucho antes de que hubiera rastro de europeos por estos lares. Solo en el siglo XVII la yerba comenzó a ser producida en forma sistemática en las llamadas “reducciones” jesuíticas y entonces se transformó en uno de los grandes recursos económicos de estas comunidades.
La Ruta de la Yerba Mate es una oportunidad para conocer la historia y el presente de la “caá” (su denominación en guaraní) asomándose a distintos lugares, narraciones y propuestas gastronómicas que giran en torno a esta planta selvática. Se trata de un itinerario cultural, productivo y gastronómico que atraviesa campos de vegetación abundante, maravillas naturales y Patrimonios de la Humanidad, desde las misiones jesuitas a las Cataratas del Iguazú.
Como viajero de esta ruta es posible recorrer establecimientos artesanales, ecológicos e industriales, en los que se puede conocer el proceso completo de producción, desde las extensas plantaciones (yerbales) pasando por la cosecha, el secado, la molienda y el envasado del producto final, inmersos en un paisaje único: el campo correntino y la selva misionera. También se proponen degustaciones de distintas variedades de mates: tradicional, orgánico o solo de hoja (sin palo ni polvo), descubrir sus propiedades energizantes y aprender todos los aspectos de la “ceremonia del mate”. Sin olvidar su versión fría y en vaso: el tereré, ideal con mucho hielo. Vale recordar que el mate supera por lejos a otras bebidas en la Argentina: se consumen unos 100 litros anuales por persona contra 50 de gaseosa, 34 de cerveza, 30 de vino y 18 de agua mineral.
Esta auténtica experiencia gastronómica y cultural se completa con cabalgatas, paseos en bicicleta y caminatas por las plantaciones. Para pasar la noche se puede optar por antiguos cascos de estancias yerbateras o casas de colonos donde compartir la vida típica de las familias rurales, pasando por el gaucho correntino, con su vestimenta particularmente colorida, y el colono misionero, con su acento gringo, sus ojos claros y los hábitos y comidas de sus orígenes europeos. También se pueden elegir posadas, hoteles y ecolodges inmersos en la selva.
Agenda de actividades: visita a plantaciones de yerba y establecimientos productivos para presenciar el proceso de estacionamiento, secado y envasado; comunidades guaraníes; museos que rescatan la historia del mate; recorridos por áreas protegidas para apreciar la biodiversidad; propuestas gastronómicas como masa de pizza con yerba mate, tragos y helados; recorrido del pueblo misionero de Montecarlo, capital de la orquídea, de los parques provinciales misioneros y el Iberá correntino.
RUTA DE LA LECHE ¿Cuántos pezones tiene una vaca? ¿Cuántos litros puede dar por día? Esta ruta es una forma de asomarse a un mundo que es cotidiano y extraño a la vez, porque la leche y sus derivados están presentes en nuestra alimentación diaria, pero poco se sabe en la ciudad de los vericuetos de la producción rural.
Las ciudades santafesinas de Rafaela, Sunchales, Esperanza y Totoras son puertas de ingreso al circuito, que lleva a sumergirse en un recorrido con vivencias y experiencias únicas: pueblos con historia de inmigrantes italianos, suizos y alemanes unidos por el “sacrificio” que implica pertenecer al sector lechero en toda su cadena. En la Ruta de la Leche el visitante conocerá productores que se animaron a ser parte del turismo y se capacitaron para ser buenos anfitriones, resaltar las bondades de la región y, sobre todo, no perder el espíritu cooperativo y solidario que caracteriza sus orígenes. Además aprender las respuestas a las preguntas iniciales: las vacas tienen cuatro pezones, dan hasta 60 litros diarios de leche y se realizan dos ordeños por día.
Una de las actividades imperdibles es probar la bagna cauda (plato típico italiano a base de crema y ajo) en Moisés Ville, un pueblo que mantiene las huellas de la colonización judía y en 1999 fue declarado Poblado Histórico Nacional. Motivos no le faltan: además de sus antiguas sinagogas, allí se construyó en 1891 el primer cementerio israelita del país.
La ruta también está pensada para adentrarse en la naturaleza, ya sea visitando el área protegida Jaaukanigaás (ideal para el avistaje de aves) o disfrutando del agua y del verde. En este sentido, otra posibilidad es ir hacia la costa del Paraná por la RP 1, donde se realizan salidas de pesca, ecoturismo y aventura. De la misma ciudad de Santa Fe sale un servicio de boteros llamado Del Alto Verde, que realiza paseos hasta Paraná, en Entre Ríos; también hay cruceros, pero con un servicio mayor en cuanto a comidas y comodidad. Si la idea es seguir subiendo por la ruta costera, antes de llegar a San Javier –donde hay complejos para alojarse, lodges de pesca y excursiones con avistaje de fauna– lo ideal es hacer un parada en Cayastá y visitar el Parque Arqueológico Santa Fe La Vieja, el lugar de emplazamiento original de la ciudad hasta 1660, cuando se trasladó a su ubicación actual. Por otra parte, la ruta complementa lo rural con lo urbano, ya que la ciudad de Santa Fe ofrece dos visitas que culminan la propuesta “láctea” y consisten en conocer las tradicionales casas de alfajores, rebosantes de dulce de leche.
Agenda de actividades: paseos rurales en el marco del paisaje cultural de la lechería; visita a agroindustrias (tambos y plantas procesadoras); museos de la lechería; paseos naturales; gastronomía original con productos lácteos sobre recetas tradicionales y novedosas; recorrido de fábricas de alfajores; fiestas y eventos centrados en la producción de leche y sus derivados, así como en los productos tradicionales de la región (quesos, chorizos); alojamiento en estancias, campings y lodges.
Los pueblos lecheros de Santa Fe y un recorrido por los secretos de la producción tambera.
RUTA DEL VINO Sin ruido, sin forcejeo, sin problemas ni miedo de que pegue quién sabe dónde. La técnica es sencillísima: consiste en rodear el corcho del espumante con un repasador, tomarlo con firmeza y simplemente ir llevándolo hacia arriba, hasta que sale. Silencioso y tranquilo. Sin conflictos. Sin mojar.
Esta es una de las cositas que se pueden aprender recorriendo la Ruta del Vino en la provincia de Río Negro, donde nace el río más caudaloso de la Patagonia y se combina la centenaria tradición productiva con un clima perfecto para la elaboración de los vinos de alta gama más australes del mundo. ¿Por qué resulta tan bueno el clima? Porque la gran amplitud térmica existente permite que la uva madure lentamente y realice una mejor acumulación de azúcares, ácidos y sabores. A esto se le suma la presencia de fuertes vientos que producen sequedad en el ambiente y evitan la aparición de enfermedades, lo que permite lograr vinos orgánicos sin usar agroquímicos.
Hacia el océano Atlántico, el río Negro recorre y origina los llamados Valle Medio y Valle Inferior, encontrando varias bodegas y plantaciones de vid en todo su recorrido, principalmente en las ciudades de Darwin, Choele Choel, Luis Beltrán, San Javier, Viedma y Río Colorado. La región de los valles posee condiciones climáticas ideales para producir vinos base para espumantes, principalmente a partir de la cepa Semillón, dotados de un aroma personal, con toques minerales difíciles de encontrar en otras zonas. Asimismo las variedades como Pinot Noir y Merlot logran un equilibrio entre el azúcar y la acidez que recuerda a los vinos europeos. Recientemente el Malbec de la localidad de Mainqué fue premiado en eventos internacionales como uno de los mejores del mundo.
La ruta del vino de la Patagonia hoy está conformada por las provincias de Río Negro y Neuquén, y nuclea bodegas, chacras de cultivo de vid, restaurantes temáticos, establecimientos rurales, vinotecas y prestadores de servicios turísticos. Neuquén posee seis bodegas abiertas al turismo y Río Negro más de 15 repartidas en toda la provincia. Desde hace siete años la Ruta organiza un ciclo de conciertos de música clásica que se realizan en tres bodegas en octubre, noviembre y diciembre.
Agenda de actividades: visitas a bodegas todo el año con recorridos por los viñedos, los lugares de elaboración y las cavas de conservación y crianza; degustaciones, almuerzos y cenas; trekking con observación de flora y fauna; salidas específicas para avistaje de aves; visitas a museos con restos fósiles paleontológicos; flotadas en balsas ecológicas sobre el río Negro; agroturismo en establecimientos dedicados a otras producciones, con peras, manzanas y hongos.
RUTA DEL QUESO En unas dos horas de viaje ya es posible estar en el campo y frente a una picada con fiambres, conservas, vino y, por supuesto, queso. Así comienza el recorrido por un tramo de la RN 5 (ciudad de Suipacha) que ofrece quesos en sus múltiples formas y presentaciones: de pastas duras o blandas, untables, rallados o en porciones; de vaca, de cabra, de oveja o de búfala; solos o combinados con otros sabores o productos.
Todo está pensado para que el visitante entre a un mundo de aromas y sabores; es ideal ir en vehículo propio porque los establecimientos están separados por varios kilómetros de distancia. Y resulta una gran oportunidad para ir en familia, porque los chicos comen cosas ricas, aprenden y también se entretienen en los grandes espacios verdes de los establecimientos productivos.
Sin embargo no se trata solo de queso, ya que también se pueden recorrer plantaciones de arándanos, criaderos de jabalíes, restaurantes (expertos en platos con queso por supuesto) y casas de té. Todas las visitas se realizan con reserva previa y hay distintos “paquetes” para elegir. Cada grupo circula con un guía y en cada lugar lo atiende el expositor y/o dueño responsable de cada establecimiento. Más allá de los quesos, la cordialidad y el trato de la gente de campo es el sello distintivo de la visita. Por ser el proyecto que originó el turismo en Suipacha, la ruta está declarada de Interés Provincial por el ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires.
Agenda de actividades: la ruta visita el local Quesos de Suipacha Boutique, que nuclea todos los productos regionales. Luego se conocen la Cabaña Piedras Blancas, fábrica de quesos especializada en productos de cabra, vaca y oveja, con degustaciones; la fábrica Fermier, con tambo y charla explicativa; el criadero de jabalíes y cerdos La Escuadra, con degustación; la plantación de arándanos Il Mirtilo, con degustación y desarrollo de productos gourmet; almuerzos y cenas en distintos restaurantes que componen la ruta.
Estantes repletos de productos regionales en la ruta del queso de Suipacha.
(Imagen: Gentileza Daniel Zunino)
RUTA DE LA NUEZ Y no solo de la nuez, sino del aceite de oliva y de los vinos, entre los cuales se destacan los de la cepa Petit Verdot, densa, aterciopelada y que deja los dientes violetas durante un largo rato. La Rioja ofrece recorridos gastronómicos, históricos y de naturaleza, algunos de ellos con nombres curioso como la Ruta de la Costa, ya que resulta extraño asociar a esta provincia sin grandes superficies de agua con una costa. Sin embargo, aquí el significado es distinto ya que se refiere al “costado o al lado de algo”, así que la costa riojana es una sucesión de pueblitos al pie de las sierras de Velasco. Este recorrido comienza en la RP 75 y se compone de caseríos con criaderos de cabras, fincas de frutales y olivos. La región también está dotada de un microclima ideal para el descanso, a solo 150 kilómetros de la capital, y ofrece actividades en la naturaleza: cabalgatas, pesca de truchas o excursiones entre las quebradas. El paseo se enriquece con las artesanías, deliciosos dulces, quesillos, nueces y el vino casero. Sanagasta, Las Peñas, Aguas Blancas y Chusquis son algunos de los pueblos que conforman el itinerario.
Específicamente en materia de nueces el lugar por excelencia es el valle de Famatina, a 1600 metros sobre el nivel del mar y con picos que superan los 6000 metros, con hielos eternos y tres pequeños glaciares que son la fuente de agua para todo el valle. Estas características hacen que el lugar tenga el clima perfecto para el nogal (juglans regia), que necesita mucho frío y poca humedad. En estas zonas hay fincas productivas que ofrecen alojamiento, comidas, visitas a nogales y conocer el proceso de producción y de “transformación”, ya que muchas están cambiando las plantaciones tradicionales (nogal criollo) por variedades nuevas que se adaptan mejor al gusto actual (una nuez más grande y más clara), tienen mayor rendimiento y facilitan la cosecha, que es manual, al ser plantas más pequeñas.
Las rutas riojanas permiten conocer la naturaleza, la producción, la cultura del norte y aprender por ejemplo que las “frutas secas” naturales (nuez, avellana, almendra, no las generadas por el hombre), una vez maduras, presentan un grado de deshidratación tal que pueden conservarse en buen estado durante mucho tiempo. Y en el caso del nogal, lo que se consume es la semilla de la planta.
Agenda de actividades: visitas a plantaciones de nueces y olivos, con degustación; recorrido de bodegas; alojamiento en fincas y platos típicos de la región; trekking por las sierras con avistaje de aves; museos y visita a artesanos, que ofrecen la compra de dulces, quesos y prendas hechas a telar.