miércoles, 9 de mayo de 2018

Planeta Joy - Comer - 8 restaurantes para disfrutar la mejor cocina al horno de barro

8 restaurantes para disfrutar la mejor cocina al horno de barro

El horno de barro aporta una concentración de sabor y una textura única a las comidas; se utiliza en todo el país y cada vez más restaurantes de Buenos Aires se rinden a sus encantos.
Leña, fuego y un horno de barro como estrella de la cocina. Parecería que la técnica milenaria del horno de barro está pisando fuerte en Buenos Aires. Es que cada vez son más los restaurantes que apuestan a este método de cocción para darle ese toque dorado y ahumado a carnes, pollos y pescados, gratinar pizzas y pastas; y hasta para cocinar frutas y verduras con un sabor especial. 
La técnica es ancestral. No hay datos precisos del nacimiento del horno de barro, pero se cree que fue en el antiguo Egipto, en la medialuna fértil formada por el río Tigris y Éufrates, donde surgieron los primeros modelos. Más tarde, los griegos hicieron algunas modificaciones: colocaron la puerta en la parte frontal, y más tarde los romanos expandieron su uso por todo el Imperio. En Argentina es muy utilizado en el Norte del país y en la Patagonia, pero en los últimos años varios chefs de Buenos Aires optaron por incorporarlo en la cocina.   
El barro tiene increíbles propiedades para conservar el calor y le aporta un sabor inigualable a las comidas. Llegó la temporada de platos calóricos y en esta nota te recomendamos 8 lugares dónde las brasas arden. 
Sabores criollos y franceses en una pulpería de San Telmo
En la casa más antigua de San Telmo también hay un horno de barro que según dicen "es el más grande de Buenos Aires". Cuando Grégoire Lafebre y su mujer Tatiana, dos franceses enamorados de las tradiciones argentinas, decidieron remodelar una vieja casona e instalar una pulpería jamás dudaron que la gran estrella de la cocina sería el horno de barro. De hecho, lo instalaron en el mismo lugar donde durante años históricamente funcionó uno, pero lo duplicaron en tamaño. "Cuando comenzamos con la restauración del local siempre supimos que queríamos tener un horno de barro. Lo hicimos nosotros y mide un poco más de dos metros de diámetro. Un dato interesante es que su base está hecha con vidrio molido y sal para que guarde más el calor", cuenta Grégoire Lafebre a Planeta Joy. Allí el panadero Matthieu hornea todos los días los panes de masa madre: bagguettes, brioches, pan de campo ($30) y los pancitos de las paneras. "El horno le aporta estética, sabor y un ahumado particular al pan", dice Matthieu. 
De allí, también salen platos con sabores bien criollos como la bondiola de cerdo a la mostaza y miel con puré de batata con más de ocho horas de cocción ($260) o la ternera al Malbec con papa rosti ($290). Cuando hay eventos o alguna fiesta particular es imperdible el pernil de vaca o de cerdo con más de catorce horas de cocción. Para los que quieran probar algo diferente, recomendamos el estofado de jabalí con polenta ($280) ideal para acompañar los días de frío con un pingüinito Tinto ($65). Los más clásicos, pueden optar por las empanadas que siempre salen del horno de barro bien crocantes; pueden ser de jamón y queso, salteña con carne cortada a cuchillo, berenjenas y queso o de cebolla carameliza y queso(entre $38 y $42 c/u). Además, ofrecen pizzas individuales. La que despierta suspiros es la de brie y rúcula ($120). Para terminar, imperdible el "Flan del panadero", que tiene una cocción especial con una masa de hojaldre ($65) o la torta de manzana con el mejor toque francés. 
Vale aclarar que el horno de barro está al fondo y como toda decoración de la pulpería con sus balanzas antiguas, cuadros e historia, merece la pena darse una vuelta para conocerlo. 
Pulpería Quilapán
Defensa 1344- San Telmo.  

Comida de autor e impronta a las brasas en Tigre 
Julián Tiberio, mejor conocido como Tibu, sorprende con su comida de autor en pleno Tigre. 
El horno de barro tiene gran protagonismo y le da el toque final a carnes, pescados y postres. Tras veinte años de trayectoria en gastronomía, Julián le puso su impronta a cada plato y se destacan tanto en presentación como en sabor. Un dato a tener en cuenta es que la carta rota cada dos meses. 
El horno de barro está ubicado en el patio del fondo, en temporada primavera/verano en ese sector también se arma una barra con tragos y algunas mesas. Para comenzar, hay dos opciones que salen de las brasas: la provoleta con mix de tomates y pesto de tomates ($220) o un strudel de remolachas y queso de cabra con una mermelada de cebollas ($230); increíble la combinación de sabores agridulces.
A la hora del plato fuerte hay para todos los gustos. Un clásico es el rosty de salmón, que viene con papa, salmón fresco y espinaca acompañado con ensalada de estación (rúcula y tomates cherry), $360. 
Nadie se puede ir de Tibuk sin probar algunas de las opciones cárnicas. Los platos del día cambian, pero es súper tierno el asado de tira con calabazas o el pechito de cerdo braseado con mandioca grillada y chutney de tomates ($360). 
La gran vedette de la casa es el Tomahawk, una costilla de ternera con forma similar a un hacha, de ahí el nombre, que pesa más de un kilo y medio ($800) la porción es para más de tres personas y es uno de los platos más solicitados. Cuando arranca el frío también agregan algunas opciones de pescado a la sal, corderos y pizzas. Dentro de las variedades dulces, del horno salen frutas asadas (duraznos y ciruelas), que luego preparan conservas y también un strudel de banana con un semifredo de mango ($210). Tibuk es un oasis en pleno Tigre y el horno de barro el rockstar de la noche. 
Tibuk Bistró
Sáenz Peña 1263- Tigre.

El horno de barro, su mejor secreto
En el restaurante especializado en parrilla “Nuestro secreto”, del hotel Four Seasons el horno de barro es responsable de darle un toque rústico y ahumado a los panes, pizzas, carnes y pescados. 
La chef Patricia Ramos es la encargada de la parrilla y considera que el horno de barro tiene múltiples ventajas: “Combinando los distintos tipos de leñas conseguimos platos con un sabor ahumado, pero siempre manteniendo su sabor original. Como el suelo del horno es refractario, lo utilizamos para la cocción de pizzas y panes, lo cual en ambos genera una corteza crocante y en su interior aireados”. 
Un clásico que sale de las brasas es el pastel de cordero, con cordero braseado con colchón de vegetales baby envuelto en hojaldre, acompañado de Spaetzle ($425). También son muy sabrosos los raviolones de asado braseado, con salsa fresca de tomates, aceitunas Kalamatas y burrata ($350). Otro imperdible: la pesca del día que viene acompañada de risotto de quinoa y vegetales, con salsa harissa (salsa a base de pimientos colorados, castañas de cajú, limones encurtidos y comino) ($410). Para el horno utilizan quebracho y leña de vid. “Le aporta un aroma, un sabor, y textura diferente que hace que el plato sea único”, concluye Ramos. 
Nuestro Secreto- Four Seasons 
Posadas 1086/88. Retiro. 

El horno a la vista, el gran corazón de la cocina
En lo que fue un taller mecánico, que aún mantiene su estética, todas las noches se enciende el fuego. El horno es el corazón de Proper y con sus distintivos platos el año pasado fueron distinguidos dentro de los America's 50 Best Restaurants. Leo Lanussol y Augusto "Aspi" Mayer, los chefs de Proper, se enamoraron de la cocina a leña en Neuquén, en el restaurante La Toscana, de Mauricio Couly, y desde entonces no dudaron en que las brasas tendrían gran protagonismo en su cocina. “Nos dimos cuenta de que cocinar con fuego era lo que más nos gustaba no solo por los sabores únicos sino también por los dorados que se logran. Cocinar con fuego es un poco volver a lo nuestro", explica Leo Lanussol. 
La premisa de la casa es sencilla: todos los platos pasan por el horno. Si bien algunos ya son un clásico y siempre están, los pescados, vegetales y las carnes varían estacionalmente. Una entrada recomendada es el puré de alubias con pasta de semillas de zapallo y almendras. Aunque se sirve fría, los porotos fueron previamente cocinados a las brasas. “El calor residual del horno lo usamos para cocciones largas, por ejemplo, estos porotos”, cuenta Lanussol. También son un clásico las salchichas caseras con pickle de hinojo y almíbar de chiles. 
Dentro de los especiales, hay una molleja de corazón, pickle de repollo y kétchup de zapallo o el churrasco de cerdo con cebolla, limón en conserva y verdeo. Para el momento dulce, un hit que ganó popularidad es el flan casero de dulce de leche y crema de vainilla. Ideal para los golosos que quieren terminar la noche bien arriba. Los platos van desde los 85 a 350 pesos. 
Proper- Aráoz 1676
Palermo.

Sabores regionales en pleno Centro porteño
En El Federal el horno de barro te permite viajar por los sabores de diferentes regiones de Argentina. De allí salen empanadas al mejor estilo tucumano, humitas en cazuelas gratinadas, cordero de la Patagonia y dulces de lo más variados. La chef Paula Comparatone, deslumbra con las diferentes versiones de platos bien criollos. “Nuestro horno está hecho con ladrillos refractarios internos, paja y barro. El horno de barro además de conferir sabores es un gran reservorio de calor, por lo cual las cocciones se realizan más rápido con un color y textura especial. Depende las maderas que utilicemos se le aportan diversos sabores a las comidas. Por ejemplo, nosotros utilizamos madera de Olivo para la cocción de panes, de Espinillo para ahumar cerdos o jabalí, de Manzano o Cerezo para pollos y pescados y de Nogal para las carnes rojas”, cuenta Comparatone. 
Para empezar: empanadas rellenas de carne cortada a cuchillo y quesillo y verdeo. De principal, “El pechito argentino” un pechito de cerdo ahumado con vegetales al rescoldo en aceite de oliva y romero y salsa barbacoa de achiote formoseño. Los que quieran sentirse en la Patagonia en pleno centro porteño, no pueden perderse el cordero braseado durante doce horas al malbec y merken con papas plomo crocantes, hongos y ajos confitados. Además, todos los días ofrecen menú ejecutivo con diferentes opciones al horno de barro, como el pastel de papa y ternera gratinados, el pastel de cordero y membrillos, pescados a la madera, humita en cazuela y canelones. 
El federal
San Martín 1015- Retiro.

 
Platos clásicos y sabrosos al mejor estilo “Hornobar”
Federico Yantorno, Joaquín Agüero y Juan Diez son amantes de la gastronomía y cumplieron el sueño de tener un restaurante entre amigos con Hornobar. En el bajo de San Isidro no había una propuesta similar y después de pensar durante meses apostaron a que el fuerte del lugar fueran los platos a las brasas. Como su nombre bien lo indica, el horno de barro es la estrella de la cocina. Con carnes cocidas durante más de diez horas y ese sabor a leña indiscutida, en menos de tres años se volvieron un clásico Del Bajo. Fue tan grande el crecimiento que el lugar les quedó chico y hace poco decidieron cerrar sus puertas para encontrar un local más amplio. Próximamente se viene la apertura del nuevo local y prometen volver con algunos clásicos como la bondiola braseada con 10 horas de cocción y los wrap de ternera o vegetariano. Otra de las opciones veggies que se llevó más de un suspiro es la “Torre a las brasas”, un timbal de verduras asadas al horno de barro con cherrys confitados sobre tabule, semillas de calabaza, almendras tostadas, aceite de albahaca y reducción de aceto. Para el picoteo entre amigos, las papas bravas y la provoleta a las brasas. Todos los fanáticos están esperando su regreso que será por supuesto en San Isidro. Ellos aseguran que los clientes “se van a sorprender”. 
Una rotisería con sabores bien ahumados
La rotisería gourmet Labor es una parada obligada en Colegiales. Todos los días del horno de barro salen exquisitos platos y hace poco lanzaron una nueva carta con opciones calóricas para hacerle frente al invierno. El lugar es perfecto para un almuerzo al paso o para terminar el día bien arriba con los sabores ahumados y una cerveza artesanal tirada. “Elegimos el horno de barro porque aporta una cocción muy pareja y salen productos más sabrosos con textura y aroma únicos. Con este tipo de cocción se resaltan las características del sabor genuino del producto, especias, hierbas y fondos de cocción; y se concentran los sabores en carnes y adobos que utilizamos. Además, ofrecemos diferentes tipos de cocciones como: ahumado, spiedo y a la plancha, cada uno aporta sabores diferentes y elegimos el más apropiado para cada alimento”, dice Hernán Berardi, chef y uno de los propietarios de Labor. 
Para almorzar los platos rotan los días, uno muy solicitado es pastel de cerdo braseado con batata al horno de barro o la “Promo laburante” una bondiola de cerdo, chutney mango y guarnición ($190). También vale la pena probar los platos con más de seis horas de cocción: bondiola de cerdo con páprika y azúcar negra cocinada en colchón de vegetales y cerveza ($380) y el Gran Taco de Ragú de Cordero, relleno con un cordero que se cocina con vino y especias ($220). Dentro de las opciones veggies, hay un mix de vegetales a la chapa, con ajo, oliva y hierbas ($120). Si quieren probar empanadas crocantes y con sabores únicos, hay dos must: la de tapa de asado ahumada y la de pollo braseado con barbacoa ($36). 
Labor
Ramón Freire 1501- Colegiales.

 
Pizzas con el mejor gratinado 
Todos en el Bajo de San Isidro conocen las pizzas del Sauzalito. Crocantes, con mucho relleno y un gratinado muy particular. Ese toque final lo aporta nada más ni nada menos que el horno de barro del que salen los platos más solicitados. Cuando Pablo Casorati, cocinero y dueño de Sauzalito, diseñó su restaurante tenía una idea clara: iba a ser un bodegón con horno de barro. “Quería que cuando la gente entrara vea la llama del fuego. El horno de barro está muy arraigado a las costumbres argentinas. Es todo un arte y requiere de mucho oficio. Es increíble el gratinado que se logra con los quesos de pizzas o la costra dorada de las carnes”, cuenta Casaroti. La pizza que más sale es la de brie y rúcula ($300), pero no se quedan atrás la napolitana y provolone. La fainá es una verdadera fiesta ($28). En cuanto a las empanadas, es súper sabrosa la de carne suave cortada a cuchillo y la de bondiola braseada con cebolla caramelizada y salsa barbacoa ($35). 
Además de las pizzas y las empanadas, del horno de barro salen otros platos que se destacan como el vacío con seis horas de cocción con una gremolata de tomillo, perejil y aceite de oliva acompañado con ensalada Caesar y papas rejilla ($230). Las ribs de cerdo a la barbacoa con cuatro horas de cocción, (quedan súper tiernas) vienen con papas rejilla y coleslaw. También ofrecen canelones con cebollas, pimientos asados, espinaca y ricota con un increíble gratinado de queso parmesano ($210). Con su estilo rústico y descontracturado, el “Sauza”, como es conocido en San Isidro, es una parada obligada cuando baja la temperatura. 
Sauzalito
Primera Junta 1094- San Isidro.

Por Agustina Canaparo.
Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?8_restaurantes_para_disfrutar_la_mejor_cocina_al_horno_de_barro&page=ampliada&id=10220

La Nación - Lifestyle - La esquina de Chacarita con platos amigables que atrae a los vecinos con su música

La esquina de Chacarita con platos amigables que atrae a los vecinos con su música

Todos los barrios tienen su restaurante amigable con platos caseros, precios accesibles y buen ambiente. En Chacarita, la esquina de Charlone 101 cumple ese rol en su salón de pocas mesas siempre llenas. El plus: su dueño es músico y le gusta acompañar las cenas con jazz.
¿El imperdible? Las mollejas crocantes a la chapa.
Dónde: Charlone 101, Chacarita
Cuándo: Martes a sábado de 17:00 a cierre.
Teléfono: 4551-0557
Link a la nota: https://www.lanacion.com.ar/2132649-la-esquina-de-chacarita-con-platos-amigables-que-atrae-a-los-vecinos-con-su-musica

martes, 8 de mayo de 2018

Clarín - Sociedad - Los platos del mejor restaurante de Latinoamérica, en Buenos Aires

Los platos del mejor restaurante de Latinoamérica, en Buenos Aires

El peruano Mitsuharu Micha Tsumura dio una cena en Puerto Madero y mostró algunas de las creaciones de su premiado Maido.  
Chorizo de pescado, en uno de los snacks de la cena del creador de Maido (Gentileza Chila)
Chorizo de pescado, en uno de los snacks de la cena del creador de Maido (Gentileza Chila)
¿Qué se come en el mejor restaurante de Latinoamérica? Para averiguarlo, hay que tomarse un avión hasta Lima, hacer una reserva en Maido y esperar por lo menos dos meses, que es el tiempo mínimo con el que se puede conseguir una mesa para dos para disfrutar, a unos 140 dólares, el menú degustación.
Maido es el restaurante de Mitsuharu “Micha” Tsumura, que el año pasado fue elegido el número 1 de América Latina y el 8° del mundo por el 50 Best, el ranking de gastronomía más prestigioso. Un grupo de afortunados locales tuvo la oportunidad de vivir el último jueves la experiencia Maido en Buenos Aires: el concepto de nikkei llevado a lo más alto.
“La vida es movimiento. Nada es estático ni absoluto. Nadie lo es. Estamos en flujo constante, como lo están la Tierra, las mareas, las bacterias, la luz, la sangre de nuestros cuerpos, el color y la semilla. Las cocinas, como los árboles genealógicos, se ven constantemente redefinidas, enriquecidas sus identidades en una intensa interculturalidad que es la base de la historia de toda civilización, desde que los hombres intercambiaron los primeros sonidos, productos, ideas, costumbres”, lo presenta Tsumura en la página web de Maido.
El chef peruano Mitsuharu "Micha" Tsumura da indicaciones en la cocina de Chila.
El chef peruano Mitsuharu "Micha" Tsumura en la cocina del restaurante Chila (Gentileza Chila)
Hijo de japoneses, nacido en Perú, Maido fue, cuenta Micha, “el primer restaurante que tuvo el concepto de cocina japonesa y nikkei”, esa “tercera realidad” como la llama él que surge “de una compleja historia conocida como Perú y de otra de igual proporción, lejana y ajena, llamada Japón que se juntaron para vivir armoniosamente”.
Esto no es un roll de salmón con leche de tigre por encima, como se puede comer en muchos sushi locales. Aquí la cosa va de tomar los elementos de una y otra cocina para crear algo nuevo.
La llamativa ambientación de Maido.
Una vista del restaurante limeño Maido (Archivo)
Micha vino a cocinar a Chila, el siempre vanguardista restaurante de Puerto Madero que abrió hace una década Andrés Porcel, y que también está en el 50 Best (26° del continente). Junto con Pedro Bargero, el joven chef de Chila, el peruano mostró algunos de los platos de su carta. Fue la segunda cena del ciclo Encuentros, del que ya participó el argentino Paulo Airaudo (dos estrellas Michelin con sus dos restaurantes europeos) y que próximamente traerá, entre otros, a Mauro Colagreco (chef del francés Mirazur, cuarto mejor del mundo).
“Es un poco estresante, recibís a un cocinero de otro país que tiene una forma de trabajar el producto diferente. Tratás de que se sienta lo más cómodo y logre su propuesta tal cual la hace en su restaurante. Pero después te relajás, se comparte y se la pasa muy bien”, dice Bargero a Clarín horas antes de que se desate la adrenalina de la cena.
En la previa. El chef peruano Mitsuharu "Micha" Tsumura con el equipo del restaurante Chila (Gentileza Chila)
Equipo. Tsumura con la brigada de Chila, ultimando detalles antes de la cena del jueves (Gentileza Chila)
El chef explica que estas cartas a cuatro manos se empiezan a trabajar un mes y medio antes: por mail, por WhatsApp y por llamadas telefónicas. Se van definiendo los platos, los productos, hasta lograr pulir el menú: esta vez, el cocinero local abrió y cerró, y el chef invitado se lució con los principales. Después de que ya se armó todo, la brigada de Chila prepara los platos unos días antes, en jornadas que Bargero admite largas e intensas, de unas 15 horas. Pero no hay un “ensayo general” como si fuera una obra de teatro. Es en directo: se sube el telón, y a actuar.
Chila tiene una cocina abierta, visible desde el salón. Allí se los podía ver a los chefs, atentos a todo, y también fuera de la cocina: ambos se acercaron hasta las mesas a interactuar con los comensales y a servir algunos de los platos. Uno de ellos, el cebiche de lenguado. Porque si viene un chef peruano, el cebiche tiene que ser parte de la carta. Micha --retacón, muy simpático-- nos advierte que el ají, esa lámina delgadísima roja, es muy picante, y vale la advertencia. Volcará sobre el plato hondo la leche de tigre que, aclara, tiene un toque nipón con el dashi, un caldo de pescado muy utilizado en la cocina japonesa. Sutil, ácido, picante, intenso, es una delicia.
Antes de eso, lo que probamos fueron los snacks, destacados ya desde la presentación: las esferas de tartare de carne madurada rellenas de ostras, por ejemplo, llegan sobre unas piedras. También habrá pacú con remolacha (“un pescado de río con una grasa muy particular, muy terroso, con la remolacha que también es un vegetal terroso”, describe Bargero) y un chorizo de pescado creado por Micha.
Las creaciones de Micha.
Las esferas de carne madurada, servidas sobre piedras (Gentileza Chila)
Los pasos del menú van explorando distintos productos de la naturaleza y el potencial de sus sabores. Así, el puerro grillado con espuma de leche (la leche elaborada como un merengue) llega con láminas de yacaratiá, la madera comestible del norte argentino. O la berenjena, en diferentes cocciones flota en una salsa de miso, la pasta de porotos fermentada típica de la cocina oriental.
El cebiche de lenguado.
El cebiche de lenguado.
Típicos también son los dimsun, la masa rellena que esta vez está hecha con clorofila (y por eso es verde) y en su interior tiene cabrito. Es muy crocante (cuesta un poco cortarla) y muy sabrosa.
Dimsun de cabrito y masa de clorofila.
Dimsun de cabrito y masa de clorofila.
Porcel, el dueño de Chila, se arremanga y va de una mesa a otra llevando los platos junto con los mozos, que portan enormes bandejas con una vajilla de diseño que hace que su contenido se luzca e impacte desde la vista. También lo hace desde el olfato, porque el aroma que desprende cada cuenco es seductor. Micha vuelve para servir la salsa que rodea la consistente merluza negra, un denso fondo de cocción “con todo lo del mar”, dice.
Sudado de merluza negra, un clásico de la cocina peruana.
Sudado de merluza negra, un clásico de la cocina peruana.
El ajustado maridaje lleva a los comensales por varios de los reconocidos y premiados vinos de Catena Zapata, incluido el Adrianna Vineyard White Stones Chardonnay 2014, que es el que despierta los mayores elogios por la complejidad que vaticina ya desde la nariz, en la que se destaca una menta provocadora.
Bargero (de blanco) y Porcel (con camisa celeste) durante la cena de "Micha" en Chila (Gentileza Chila)
Pedro Bargero (izquierda) y Andrés Porcel (derecha), chef y propietario de Chila, durante la cena que sirvieron con Micha (Gentileza Chila)
El final de los principales es con lujo: carrillera con horas de cocción, caramelizada, que se deshace, junto con un puré de papas andinas moradas cubierto de quinoa crocante, que y parece un macaron. El plato más llamativo de todo el menú.
Conos de helado, en el pre postre
Conos de helado, en el pre postre
Llega el pre postre con los conitos de helado de azafrán Chila y luego los postres propiamente dichos. Uno, un sandwich de helado de durazno con una masa, también, verde clorofila. Y el otro, un cierre arriesgadísimo: una mousse de coliflor con helado de hongos de pino. Es dulce, sí, pero rompe absolutamente con cualquier concepto que uno pueda tener de lo que es un postre.
Chefs. Bargero y Tsumura el jueves, horas antes de preparar la cena a cuatro manos (Diego Díaz)
Chefs. Bargero y Tsumura el jueves, horas antes de preparar la cena a cuatro manos (Diego Díaz)
Fueron nueve pasos para los que se usaron, contabilizó Bargero, un total de 80 ingredientes. Pasaron casi tres horas desde que comenzó la cena y Micha ya se sacó su bata. Deja ver una remera negra estampada con piezas de sushi y va por el salón, dando algunas entrevistas. Bajó el telón. Si esto hubiera sido efectivamente un teatro, el público habría terminado la función aplaudiendo de pie.
Link a la nota: https://www.clarin.com/sociedad/platos-mejor-restaurante-latinoamerica-buenos-aires_0_rkN1-ZRTG.html

Planeta Joy - Beber - Bilbo: renovando el café de barrio

Bilbo: renovando el café de barrio

Emplazado en una tranquila esquina de Villa Crespo, este deli ofrece un blend de café propio -elaborado en conjunto con Lab-, comida casera y un ambiente calmo que invita a quedarse por horas. Lee la nota y conocé más.
Bilbo llama la atención; emplazado en una esquina de Villa Crespo, ahí donde el barrio se hace profundo y Palermo todavía no es vecino, su puerta celeste invita a entrar.
El salón se destaca por su calidez; hay mezcla de sillas, mesas y sillones, todo armónico y con una estética muy de los años 50.
La escena se completa con paredes blancas, plantas y detalles en tonos celeste y rosa pastel. La ambientación transmite una sensación hogareña que está en sintonía con la calma del lugar. Ayuda el hecho de que las mesas de la planta baja sean para dos o tres personas como máximo, de esa manera no hay charlas en volúmenes estridentes. La música de fondo y la amabilidad de los camareros hace el resto.
A la hora de beber, Bilbo ofrece un café propio, creado en conjunto con Lab. Luego de varios meses de trabajo, vio la luz un café de cuerpo intenso, buena acidez en boca y con notas de frutos secos.
Un must probar el caramel latte ($75) y, su primo hermano, el vainilla latte ($75). También ofrecen capuccino, mocaccino, flat White y todos los clásicos. Si de filtrados se trata, solo ofrecen el aeropress ($100).
Los café adictos están de parabienes, ya que por $20 pueden agrandar el tamaño de cualquiera y llevarlo a su versión XL.

 
La pastelería es casera y se nutre de clásicos, como el cheescake, la carrot cake, el apple crumble, la torta oreo y los brownies ($60). La chocotorta ($130) tiene versión propia, ya que las chocolinas se embeben en el café creado para Bilbo.
Ofrecen combos de desayunos y meriendas desde $90 (capuccino o latte más dos medialunas) con opciones saludables (capuccino o latte más yogurt artesanal con frutos rojos, $140), golosas (con porción de torta y capuccino o latte, $180) y clásicas: con medialunas o tostado de jamón y queso.
A la hora del mediodía la carta también tiene alternativas para todas las ocasiones, desde platos principales hasta sándwiches y ensaladas para comer liviano y al paso.
La premisa de la ambientación se repite en la carta, la comida se inscribe en la línea de la llamada comfort food: milanesas de pollo con papas ($190), pasta seca con tomatines salteados, albahaca, parmesano y jamón crudo ($170), etc.
 
Además, cuentan con menú ejecutivo que incluye ensalada o sándwich especial o plato del día, todo con bebida y café por $190, $200 y $220 respectivamente. 
Para ir más allá de la clásica merienda de té o café, ofrecen combinados simples como fernet con coca y gin tonic.  
Con el home office en alza, vale destacar que Bilbo es una buena opción para llevar la compu y pasar un rato ameno. En el subsuelo cuenta con livings y una amplia mesa comunitaria para trabajar con comodidad.
Más información:
Dr. Luis Beláustegui 802 – Villa Crespo
Tel : (011) 2115-2016
www.bilbocafe.com

Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?Bilbo%3A_renovando_el_caf%E9_de_barrio&page=ampliada&id=10214

La Nación - Revista - Cómo se cocina un pulpo: secretos para un desafío delicioso

Cómo se cocina un pulpo: secretos para un desafío delicioso

Los tentáculos sabrosos de este misterioso habitante del mar siempre fueron un manjar de la mesa. Cocinarlo requiere de expertise
Cuando cocino pulpo siempre me viene una imagen a la cabeza: me veo a mí mismo parado en un banquito con los codos en la mesada viendo cómo mi abuela Elisa lo preparaba. Hoy, a la distancia, la anécdota resulta muy graciosa porque ella era hija de españoles, medio anarquista, estaba enojada con la Iglesia; pero en el único momento en donde la religión era importante era cuando cocinaba pulpo. Al asustarlo, decía: "En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo" y así lo sumergía tres veces en el agua hirviendo. Puedo escuchar su voz cada vez que hago esta misma operación", dice Diego Irato, chef ejecutivo del Sofitel La Reserva Cardales (www.sofitellareserva.com).
En una fuente descansan dos ejemplares españoles de este animal increíble. Irato los inspecciona como un niño con juguete nuevo: revisa los tentáculos, las ventosas, los da vuelta como una media y retira la boca en forma de pico de loro. "La cocina para mí es una forma de vida. Creo que no hay que perder el entusiasmo, la curiosidad, es lo que te lleva a seguir aprendiendo y cocinando. Por supuesto, se trata de un oficio, del respeto por los productos y las técnicas, por el comensal; pero también se trata de jugar, de sentirse a gusto con lo que uno hace".
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
Así como se lo ve, el pulpo es un bicho puro cerebro y músculo. No hay huesos, escamas, espinas ni aletas. Su cuerpo, capaz de mimetizarse casi con cualquier otra superficie, es un todo de cabeza y patas inteligentes, ocho para ser precisos. Eso sí, tiene tres corazones y sangre azul (a diferencia de muchos humanos de sangre roja sin corazón). Se come desde el inicio de los tiempos, desde el clásico pulpo a la gallega al tan de moda Sannakji (ese plato coreano de pulpo vivo que luchadores de kendo comían antes de cada combate).
"En la cocina es un producto tremendo, es una delicia solo con unas gotas de aceite de oliva. No me gusta ponerle pimentón a menos que sea bueno y nunca le pondría nada ahumado. Yo compro pulpo español, es más grande, tiene un color más intenso y para mí es más agradable al paladar. El chileno es más oscuro y sus tentáculos son más delgados y más fibrosos, por eso suele ser más duro. En la Argentina hay unos chiquitos en el sur, los uso para buffet muchas veces, son ricos".
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
Vaya si sabe cocinarlo bien Diego Irato, hay gente que va especialmente a Le Lac o a La Butaca, los restaurantes del hotel en Cardales, para disfrutar del punto exacto de su cocción y sus guarniciones originales durante todo el año. Diego es pastelero como su abuelo y toda esa precisión y conocimiento de las técnicas le permitió ser libre en la cocina. Hoy no es solo chef ejecutivo de Sofitel La Reserva Cardales (un sábado, por ejemplo, puede dirigir las cocinas de los dos restaurantes de alta gama, 3 bares, supervisar el servicio de una boda o de un cumpleaños de 15 y garantizar que 1800 comensales en simultáneo disfruten de una experiencia única). Es también miembro de la Academia Culinaria de Francia y es el coordinador académico de pastelería para las sedes de Argentina del Colegio de Cocineros Gato Dumas. Participó en numerosos concursos internacionales (en 2009 logró mención especial en la Coupe du Monde de la Patisserie y el tercer puesto en la Copa Maya de Pastelería, clasificando para el Bocuse dO'r, mundial de pastelería 2009, entre un largo listado de premios y menciones).
Mientras habla, grilla un tentáculo poderoso con un poquito de oliva. "Le doy una segunda cocción a la plancha o a la parrilla, para que salga crocante y tome ese ahumadito sutil".
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
- Hay una técnica para aflojar los músculos del pulpo que es amasarlo, ¿verdad?
Sí, hay distintas maneras de romper la fibra de la carne, en Japón lo amasan unos 45 minutos y queda muy tierno. Antes se le pegaba con un palo de amasar. Pensá que el pulpo es pura energía, todo lo hace con sus tentáculos fuertes. En España o en Chile muchos lo congelan para que el frío rompa esa estructura, es raro eso para un cocinero, porque siempre hablamos de que queremos todo fresco. Bueno, en España se lo congela. A nosotros nos llega congelado, así que ese trabajo ya está hecho.
- ¿Para qué sirve sumergirlo tres veces en agua hirviendo?
Los tentáculos son más gruesos arriba, cerca de la cabeza, y muy delgados en las puntas, entonces la diferencia de cocción es abismal entre un extremo y otro. Con el susto, lo que se logra es evitar el golpe de calor que hará que se contraigan las puntas, se pongan duras. De esta manera todo el animal entra en temperatura y se contrae más despacio, lo que permite una cocción más pareja. Es importante usar una olla de doble fondo, porque cuando introducís el pulpo, el agua baja de temperatura. El doble fondo permite que ese cambio sea menos brusco. Cuando la olla es finita, se enfría el agua y tarda en volver a la temperatura óptima. Es ahí cuando el pulpo se malogra.
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
- ¿Qué le dirías a un cocinero jove n que hoy no se plantea este camino académico que vos hiciste?
Es cierto, hoy no es tan común transitar ese camino. No me parece bien ni mal, pero no comulgo con los que buscan la fama mediática. Yo veo alumnos de todo tipo, creo que muchos chicos saben más porque todo lo encuentran en el teléfono. Pero tienen menos práctica. Nuestro trabajo es un oficio, hay que sentir, mirar, tocar, oler. En mi caso, los concursos y la Academia me permitieron medirme por mi capacidad de trabajo, no por ser simpático o hacer más o menos lobby. Hay gente que piensa que estar en una feria o en la tele es la cocina. Y así se pierde el foco del oficio. Eso no es la cocina real. Andá a hacerte el payaso detrás de un fuego, te echan en 5 minutos. Yo respeto mucho a los que cortan cebollas todos los días y quieren avanzar.

PULPO - PAPINES - GRASA DE PATO - CEBOLLA - CASSIS

  • 1 pulpo hervido
  • Aceite de oliva c/n
  • Papines confitados
  • 300 g de papines
  • 500 g de grasa de pato
  • 1 hoja de laurel fresco
  • Pimienta
  • 1 diente de ajo
  • Sal
  • Cebollas
  • 2 cebollas coloradas
  • 150 ml de vinagre de cassis
  • 2 bayas de enebro
Crédito: Rodrigo Ruiz Ciancia
Cortar los tentáculos y calentar en sartén o grillar con oliva. Reservar.
Para los papines limpios, colocarlos en una olla de doble fondo con grasa de pato; laurel, pimienta y ajo. Confitar durante 40 minutos a 78° C. Una vez tiernos colocar dentro de un aro de 8 cm y sellar con aceite de oliva y manteca.
Para las cebollas coloradas, pelar y deshojar. Dejarlas reposar en un recipiente con el vinagre de cassis, llevar a hervor infusionado con bayas de enebro y reservar.
Para el armado, disponer el tentáculo de pulpo en el centro del plato, acompañar con los papines, las cebollas en vinagre y gotas de coulis.
Link a la nota: https://www.lanacion.com.ar/2131046-desafio-delicioso-los-secretos-para-preparar-un-buen-pulpo

Planeta Joy - Comer - Invasión de cocinas: chefs invitados en dos noches de lujo

Invasión de cocinas: chefs invitados en dos noches de lujo

Esta semana hay dos planazos gastronómicos: Julieta Oriolo visita la cocina de Pablo Massey, mientras que Gonzalo Aramburu hará lo mismo en Alo’s, el restaurant comandado por el chef Alejandro Féraud.
Cada vez hay más ciclos gastronómicos que revalorizan la cocina a cuatro manos. En esta oportunidad, Pablo Massey retoma su propuesta “Pablo Massey Invita” y convoca a Julieta Oriolo, chef de La Alacena, a su cocina.
La cita es el jueves 10 de mayo a partir de las 20. Los cocineros ofrecerán un menú por pasos maridado con vinos Saint Felicien -de la bodega Catena Zapata Wines- e inspirado en la cocina mediterránea.
Mientras que el  miércoles 9, Alo’s celebrará que este mes cumple cuatro años e invitará a su cocina al chef Gonzalo Aramburu. Allí el chef del premiado Aramburu cocinará junto a Alejandro Féraud un menú de 9 pasos -y algunos bonus track según anticiparon- que fusionarán los platos insignia de Aramburu con las creaciones originales de Féraud.
Los protagonistas de la velada serán los productos locales de estación, trabajados con finas técnicas culinarias y la creatividad que caracteriza a ambas cocinas. Cada paso será maridado por vinos de alta gama de Rutini Wines.
Más información:
Oriolo y Massey
Costo: $880 por persona.
Corrientes 421 a metros de Av. Libertador, Complejo La Palmera, Olivos.
Reservas al (15) 3583-0439 / (15) 2422-1133. 

Aramburu y Féraud
Costo: $1800 por persona (incluye maridaje de vinos, un aperitivo de bienvenida, agua, café y petit fours).
Avenida Alte. Blanco Encalada 2120, Boulogne Sur Mer 1609, San Isidro
Tel.:+54 (11) 4737-0248 / 4737-1246.

Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?Invasi%F3n_de_cocinas%3A_chefs_invitados_en_dos_noches_de_lujo&page=ampliada&id=10221