jueves, 22 de diciembre de 2016

Clarín - Todo Viajes - Vacaciones entre picantes, chapulines, mezcal y hasta hamburguesas de león

Vacaciones entre picantes, chapulines, mezcal y hasta hamburguesas de león

Postales
Un recorrido por los sabores y colores típicos de Ciudad de México.



Salir de lo obvio que es Teotihuacán, esa inmensa ciudad prehispánica donde, según su nombre, los hombres se convertían en dioses. Tampoco ir a los mainstream, como la casa azul de Frida Kahlo y Diego Rivera, punto obligado en toda primera visita a la ciudad de México. La propuesta acá es otra: recorrer la superpoblada y polucionada metrópolis latina a través de sus mercados, comidas y bebidas. Adentrarse en esos lugares llenos de gente, con pasillos estrechos, donde el calor y color humano se mezclan. Allí, uno puede encontrarse con comidas, artesanías, mezcales y hasta hamburguesas de carnes exóticas como león. Sí, en México, por poco menos $ 200 uno puede degustar una Big Mac hecha con partes del rey de la selva.
MERCADO DE SAN JUAN: atestado de personas que llegan hasta ahí todos los días en busca de ingredientes para cocinar, es el lugar elegido por los chefs más famosos de la ciudad de México a la hora de buscar insumos frescos de buen precio y calidad. Con solo dar unos pasos, la postal de bienvenida se repite: troncos gigantes hacen las veces de tablas donde carniceros, algunos subidos a banquitos, ablandan distintos cortes, los pican o faenan para venderlos en sus góndolas.


Decenas de variedades de chiles y picantes, todos los cortes de cerdo y vaca que se pueda imaginar, frutas, verduras, dulces, frutos secos, y demás ingredientes de la gastronomía mexicana se intercalan con puestos de comida al paso en pasillos donde los aromas, entre agrios, dulces y penetrantes, son la esencia. Como en un souk de Medio Oriente, es recomendable sentarse algunos minutos a degustar las delicias de la comida mexicana, pero recordar siempre lo importante: preguntar cuán picante es cada plato.


MERCADO DE CARNES EXÓTICAS: para una experiencia más extrema, a pocas cuadras del Mercado de San Juan se encuentra otro homónimo, ubicado sobre la calle Enrique Pugibet cuya especialidad son las carnes exóticas. Dependiendo de la entrada elegida, uno puede chocarse con gigantescos pavos reales totalmente desplumados colgados de sus patas; pulpos, calamares, langostinos, salmones y tiburones pequeños posados sobre hielo picado; o pollos, jabalíes,venados. La lista es infinita.


En el corazón de ese mercado se encuentra la carnicería “Los Coyotes”, sin dudas el lugar más impactante de todos. “Expendio de cabrito. Cocodrilo. Cordero Newzelanda. Avestruz. Conejo. Iguana. Lechón. Faisán. Tepexcuientle. Venado. Perdiz. Jabalí. Armadillo. Chinicuiles. Codorniz. Escamoles (huevos de hormiga, una delicia mexicana). Búfalo. Gusano Maguey todo el año”, dicen los letreros que adornan sus aparadores.
Carne que se pueda comer, carne que vende este particular lugar que le hace honor a su nombre. Pero no hay solo de animales, sino también de insectos. Alimento clave en la cultura prehispánica, en el mercado y en este local en especial, uno puede comprar y comer chapulines (grillos), alacranes, chinicuil, hormiga chicatana y acosiles (langostas miniaturas de 3 cm de largo).


Otro detalle, “Los Coyotes” tiene su propios restaurante, donde se pueden degustar todas las carnes exóticas que vende la carnicería a precios módicos. El plato más caro es el más extraño: hamburguesas de carne de león a 170 pesos mexicano, es decir unos 130 pesos argentinos, casi lo mismo que cuesta un combo en McDonalds o Burguer King.
Recomendación: comer escamoles en El Cardenal, uno de los más tradicionales restaurantes del DF. Vienen con tortillas de maíz y un molcajete de palta, salsa verde y queso. Un delicia.


PASEO POR MEZCALERÍAS: Con los años, el mezcal se ha convertido en la bebida patria de México. Desplazando al Tequila, una marca registrada del país azteca a nivel mundial, la cultura mezcalera se revalorizó y es otro de los atractivos de la ciudad de México. La oferta de mezcales es, sin dudas, abrumadora. En toda licorería ofrecen al menos 50 variedades distintas, pero es en los pequeños lugares, que hacen de esta bebida y su elaboración un culto, donde se puede apreciar realmente el sabor -etílico- del país.
Mezcalería Mundana es uno de esos reductos para los amantes de esa bebida. Su especialidad son los cocteles con mezcal. Hay ocho variedades a probar: el mezcal tonic (tónica - albahaca - mezcal); el Tlatoani (Jamaica - sal de gusano - mezcal); La Monja (torona - mezcal); el Mundano (ciruela - jengibre - mezcal); el Chai de la casa ( Té chai - mezcal); el mojito alameda (hierbabuena - mezcal - fresas), el fresco (pepino - mezcal) y el bufalo (clamato - cerveza - chapulines - mezcal). Esta última opción es extrema por la cantidad de insectos que lleva. No apto para impresionables. (Barrio La Alameda)





Un poco más lejos, en Coyoacán, Corazón de Maguey es otro templo dedicado al mezcal. Este restaurante con comida tradicional del país es una de las mezcalerías de Alipus, un proyecto social que a través de la elaboración y comercialización de mezcal artesanal, busca generar economía rural en Oaxaca y que además es una delicia. Lo imperdible: saborear un chile en nogada con un sabroso mezcalito.
Para darle un toque cultural a la degustación etílica conviene visitar el Museo del Tequila y el Mezcal Garibaldi (MUTEM) a pocas cuadras del Palacio de Bellas Artes.
MERCADO DE ARTESANÍAS: emplazado a pocas cuadras del centro histórico de la ciudad, este laberinto de pequeños puestos es el lugar ideal para conseguir todos los regalos necesarios para la familia. Además de elementos de decoración para el hogar y las típicas “calacas” mexicanas (calaveritas de cerámica pintadas de todos colores), se puede conseguir ropa y tejidos típicos, artesanías con motivos indígenas, y hasta estatuillas de los personajes de Roberto Gómez Bolaños -como El Chavo, el Chapulín colorado y más- y Cantinflas, dos míticos artistas mexicanos.


Dos consejos: ir con tiempo para recorrer una y otra vez el complejo hasta encontrar los objetos deseados. Otro: regatear los precios nunca está de más.
MERCADO DE BRUJERÍA: sin lugar a dudas, el Mercado de Sonora es uno de los más controvertidos de la ciudad, porque allí se comercializan todo tipo de insumo para la brujería. Sapos para llevar a cabos todo tipo de hechizos, polvos ya sea para llamar al amor o ahuyentar a personas; fragancias, velas y figuras de santos y demonios pueden encontrarse en sus pasillos, decorados con ristras de ajo. En cierto punto, es creer o reventar. Los ritos paganos son, para algunos, parte de su vida y, para otros, una estafa perpetrada a la fe de algunas personas. Lo concreto es que el pase vale la pena caminarlo, siempre en busca de magia blanca, claro.
Atención: no apto para impresionables o ir con niños pequeños. Se venden colibríes muertos como amuleto de la buena suerte, una imagen que puede resultar shockeante para muchos.

Clarín - Entre Mujeres - Vale dos mil dólares el kilo y ya se cultiva en Argentina

Vale dos mil dólares el kilo y ya se cultiva en Argentina

La trufa de Perigord es un símbolo de la gastronomía de lujo. Cómo se produce y se prepara en el país.


En el kilómetro 164 de la Ruta Nacional 33 hay una salida a un camino de tierra que parece no tener fin. Allí, en un terreno perdido en la localidad bonaerense de Espartillar, hay un tesoro escondido a 30 centímetros del suelo. Es un hongo redondo, del tamaño de una pelota de golf, que tiene un aroma intenso y que los chefs llaman el “diamante negro” de la gastronomía: la trufa de Perigord, que por primera vez se cosecha en Argentina.
España y Francia son los mayores productores de este hongo comestible que en el pasado sólo consumían nobles y reyes por su exclusividad.
El 4 de agosto de este año, Tina descubrió el primer diamante negro local. Tina es una perra labradora de 6 años, entrenada en España para detectar con su olfato el producto que puede costar hasta dos mil dólares el kilo. La perrita corre libre por el campo hasta que de repente frena, levanta su mirada y sale disparada hasta uno de los 20.249 árboles que hay en el campo. Con su patita marca el terreno y es recién ahí cuando interviene un humano: con una espátula cava un pozo y retira el hongo del suelo.
La trufa sale envuelta en tierra, pesa 234 gramos (las de alta gama), pero baja a 214 cuando se la limpia. Cabe en la palma de la mano y su valor es de 320 dólares si alguno quisiera comprarla y llevársela a su casa.
Lejos de ser fruto de la casualidad o de una bendición de estas tierras naturalmente generosas, la “aparición” de la primera trufa se da después de nueve años de trabajo. Rafael Clark, socio y asesor comercial de Trufas del Nuevo Mundo -la empresa propietaria de la plantación- cuenta que la aventura comenzó de la mano de dos amigos, Juan Carlos La Grottería y Agustín Lagos. Ellos hicieron análisis de la tierra en la Argentina para evaluar las zonas climáticas en las que se podía llevar adelante el proyecto (por ejemplo, que en el verano el promedio de temperatura no supere los 22°C, y que el sitio tenga un suelo equilibrado: 1/3 limo, 1/3 arcilla y 1/3 arena). En esa búsqueda para plantar los árboles, encontraron una zona ideal, amplia, donde podían desarrollar un vivero y producir la micorrización o “infestación” de la planta con el hongo.
Para los chefs locales, que se cosechen trufas en Argentina es una gran noticia. Uno de ellos es Daniele Pinna, dueño del restaurante La Locanda, que ofrece platos a base de trufas. “Tenemos varias opciones, pero lo que más sale es la entrada de huevos con espárragos, papas, aceite de trufa y finas láminas de trufas rallada”, cuenta, y explica que el precio varía de acuerdo con la cantidad de trufa que se agregue. Otro lugar que las prepara es Roux, en Recoleta. Martín Rebaudino, su dueño, explica la importancia de tener ese producto en su menú: “Te da prestigio, se posiciona mejor y mucha gente viene a comer acá porque sabe que nosotros tenemos el hongo todo el año”, dice, y agrega que el risotto es lo más vendido: “Cuesta 280 pesos y es uno de nuestros platos destacados”.
El hongo más fino ya se produce en el país y forma parte del menú de algunos lugares selectos. Sibaritas y amantes del lujo, de parabienes. 

El paso a paso en la búsqueda de un tesoro



Cultivo de trufas.

1) Infección de la planta​
La planta del roble, encina o avellano es “infectada” con el hongo Tuber melanosporum.

Cultivo de trufas.

2) Olfato profesional​
Un perro entrenado para detectar el aroma de la trufa comienza la búsqueda.​


Cultivo de trufas.

3) Tesoro encontrado
El perro corre por el campo hasta que se detiene en un punto y señala dónde hay que cavar.​


Cultivo de trufas.

4) Trabajo de artesano​
La trufa se saca con una pala, sin tocar los bordes para no romperla. Se lava y se pesa.​

Cultivo de trufas.

5) Aroma y conservación​
El olor es intenso, único. La trufa se coloca en envases y luego se guarda en freezers.​


Cultivo de trufas.

6) A la mesa​
Puede servirse tal como sale de la tierra. Se utiliza rallada o fileteada sobre los platos.



Oliver Falchi, chef del restaurante del Sofitel Arroyo.

"Es como tener una joya en las manos"
Para Olivier Falchi, uno de los chefs más destacados del país, la trufa es al cocinero lo que un diamante a un joyero. “Tener la oportunidad de trabajar con un producto así es fabuloso. Es realmente como tener una joya en la mano”, afirma.
Olivier es francés y está al frente de la cocina de Le Sud, el restaurante del hotel Sofitel Arroyo, donde se pueden conseguir platos trufados. “El hongo es tan versátil que se lo puede usar en platos fríos o calientes como carnes, mariscos o hasta en postres. Por eso es tan requerido en la gastronomía”, explica. A la hora de describir el aroma, dice: “Al principio es como si se sintiera olor a gas. Después, como pasa con un buen vino o un perfume, uno se empieza a acostumbrar y se siente como a madera o a tierra mojada”.
Cree que tener la oportunidad de comprar este producto en el país es una buena alternativa: “Pude probar una de las trufas que empezaron a salir acá y son buenas, a la altura de las europeas. La posibilidad de tener este hongo en Argentina es muy bueno para los chefs locales”.
Link a la nota: http://entremujeres.clarin.com/rincon-gourmet/cultivo_trufas_argentina_precio_0_1709229191.html