lunes, 15 de abril de 2019

La Nación - Semana Santa - María Franco: el clásico de Boedo que hace huevos de Pascuas de más de 20 kilos

María Franco: el clásico de Boedo que hace huevos de Pascuas de más de 20 kilos

La familia Franco comienza con toda la producción de huevos de chocolate más de tres meses antes de las Pascuas . Este año, como caen fines de abril arrancaron en enero. Por día llegan a diseñar mil huevos y tienen fama por sus versiones gigantes de más de 20 kilos. La confitería y repostería María Franco es un clásico del barrio de Boedo y sinónimo de buen chocolate . Al igual que los años anteriores, los niños esperan con ansias su taller gratuito de Pascuas en el que cada uno diseña su propio huevo que luego se llevará de regalo.
El chocolate se está fundiendo a baño María (a no más de 40 grados). Giselle, repostera y la mayor de las hermanas Franco, lo mezcla suavemente y controla que no se le pase de temperatura. Cuando está en su punto justo lo vierte en un bowl y con un pincel de cerdas blancas comienza a pintar un molde transparente (con la distintiva forma de huevo) con el chocolate. Repite la acción con dos o tres capas más. Luego lo deja secar por un rato. Más tarde lo rellena, con variedad de pequeños juguetes y confites de colores, y une las dos partes. Lentamente el huevo va tomando forma.
Los más delicados listos para las Pascuas
Los más delicados listos para las Pascuas Crédito: Patricio Pidal
Ella es una apasionada de la repostería, oficio que heredó de su abuela Nieves. De pequeña observaba como decoraba cada una de las tortas con gran dedicación. "Mi abuela preparaba en su casa los huevos de Pascua tradicionales y los decoraba con el clásico glasé. Siempre fui muy curiosa y me encantaba observar con detenimiento cada uno de los movimientos que realizaba con la manga, cómo combinaba los colores y creaba sus propios diseños. Los huevos de Pascua artesanales siempre fueron una gran tradición en nuestra familia. Todos los nietos los esperábamos impacientemente. Era una especie de ritual que nos generaba mucha ilusión. A mí siempre me gustó la repostería. Hoy en día Nieves con sus 91 años nos viene a visitar y cuando mira los huevos que preparo me dice: "te admiro como los decorás con tanta facilidad", expresa Giselle, orgullosa de sus obras de arte, a LA NACIÓN.

Nacer en la crisis

El amor por la cocina surgió casi por casualidad. Cuando Giselle y su hermana Celeste, tenían dieciséis y quince años respectivamente, su padre que por ese entonces trabajaba en el rubro textil quebró. Ambas estaban terminando el colegio secundario y para ayudar a la familia se les ocurrió empezar a vender sándwiches, ensaladas de frutas y mermeladas caseras por el barrio. Al poco tiempo, se alquilaron un pequeño local sobre la Av. Boedo 2063 y junto a su padre Rafael y su madre Anita montaron un almacén con despacho de fiambres y sándwiches. La abuela Nieves colaboraba con la producción de tortas y el abuelo Rafael, al que todos conocen como "Felito" con la atención de los clientes. Fue en el 2001, en plena crisis, cuando abrieron las puertas de María Franco. Llamaron así al emprendimiento en honor a ellas ya que como primer nombre ambas son María. Arrancaron con algunos productos: sándwiches, opciones de tortas y facturas. Lentamente la economía familiar comenzaba a repuntar.
Las hermanas Giselle y Celeste junto a sus padres Ana Maria y Rafael
Las hermanas Giselle y Celeste junto a sus padres Ana Maria y Rafael Crédito: Patricio Pidal
Dos años más tarde, se les ocurrió ofrecer huevos de Pascuas artesanales. Según recuerda Celeste, la menor de las hermanas, al principio prepararon una pequeña producción con modelos simples: "La idea fue poner en práctica las recetas que nos enseñó la abuela Nieves. A Giselle le encanta la decoración de tortas y pudo incorporar su arte a los chocolates". De producir 100 huevos por día pasaron a mil. Y se convirtieron un clásico de las Pascuas en todo el barrio.
Toda la elaboración de los huevos es artesanal. Cada miembro de la familia cumple un rol fundamental y está detrás de los detalles: desde la elección de la materia prima hasta el empaquetado. Cuando se acerca la fecha de las Pascuas el chocolate se transforma en el gran protagonista del local. Los huevos más pequeños son de 30 gramos mientras que el récord de los gigantes fue de 20 kilos. Durante una jornada de trabajo llegan preparar y diseñar hasta mil unidades.
La fachada de María Franco
La fachada de María Franco Crédito: Patricio Pidal
Tienen huevos de chocolate con leche, chocolate blanco y también semiamargo. El que más sale es el de leche, pero en el último tiempo también pica en punta el semiamargo. Giselle se encarga del diseño. Sobre la mesada de producción tiene más de cincuenta unidades de huevos. Con gran rapidez y destreza dibuja pompones que se transforman en flores y hojas. A los más grandes los decora con rosas también hechas a mano alzada. "La parte que más disfruto es la del decorado. No utilizo glasé sino chocolate blanco saborizado. El rosa tiene sabor a frutilla, el verde a menta y el amarillo a limón. A veces sueño cual va a ser mi próximo diseño. La línea de autor (hecha con chocolate real belga) está inspirada en la repostería. A veces, utilizo polvos dorados comestibles. Hago muchos diseños personalizados. Estos me llevan más de una hora de decoración" cuenta, mientras toma una de las mangas con chocolate color rosa y muestra sus destrezas con el arte chocolatero.
Los huevos en proceso
Los huevos en proceso Crédito: Patricio Pidal
Desde hace algunos años, el sábado antes del domingo de Pascuas brindan un taller gratuito de repostería para que los niños (entre los 2 hasta los 10 años) puedan aprender los secretos de los huevos y diseñar cada uno el suyo. "Teníamos ganas de devolverle algo a la gente del barrio y se nos ocurrió realizar estos talleres de Pascua para que cada uno los niños se lleve el suyo. Empezó como un juego y con unos pocos huevos. El primer año vinieron treinta chicos del barrio y con el boca en boca creció. El año pasado fue increíble la convocatoria vinieron más de mil. Esta iniciativa es la que más me disfruto porque se genera un muy lindo vínculo con la gente", expresa Rafael Franco, el padre de Giselle y Celeste. El taller se convirtió en un ritual de celebración. "Uno trata de dar. Como familia sabemos que todo vuelve y multiplicado", agrega Celeste. El taller será el próximo sábado 20 de abril a las 10 de la mañana.
El relleno de los huevos de María Franco
El relleno de los huevos de María Franco Crédito: Patricio Pidal
Para ellos las Pascuas no son una celebración más. Además del taller, aún conservan la tradición que les enseñaron sus abuelas. El domingo después del almuerzo familiar agarran un huevo de Pascua artesanal y se lo van pasando de mano en mano. Al que se le cae sin querer o lo rompe tiene que lavar los platos. "Saber que cada huevo que nosotros preparamos se va a compartir en la mesa de una familia para mi es mágico", concluye Giselle.
El aroma a chocolate recién fundido, la bolsa con confites (que en minutos estarán adentro de un nuevo huevo) y las mangas con diferentes colores ya están listos para las Pascuas.
Giselle decora los huevos con paciencia
Giselle decora los huevos con paciencia 
Link a la nota: 
https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/maria-franco-clasico-boedo-hace-huevos-pascua-nid2238490

Clarín - Ciudades - El café porteño en el banquillo: dicen que es “feo” y desde los bares se defienden

El café porteño en el banquillo: dicen que es “feo” y desde los bares se defienden

Una nota periodística lo criticó con dureza. Los expertos los relativizan y desde los bares dicen que trabajan para mejorar la calidad. 

Pilares indiscutibles de la cultura porteña, referencias ineludibles de la Ciudad frente al mundo y punto de encuentro de sucesivas generaciones de porteños, un artículo de la BBC Mundo cuestionó a las cafeterías más tradicionales de Buenos Aires, asegurando que la bebida en pocillo que se sirve en estos locales es, literalmente, fea.
Las Violetas, uno de los cafés notables de la Ciudad.
Las Violetas, uno de los cafés notables de la Ciudad.
Así la describe el colombiano Daniel Pardo, corresponsal del medio británico en el país, coincidiendo con una politóloga y un consultor en gastronomía locales. Según el artículo, "Acá están Tortoni, La Biela y Las Violetas, entre un inmenso portafolio de hermosos espacios; llenos de leyendas, meseros carismáticos y techos altos, pisos dibujados y acabados tallados. Son reliquias históricas de un país que ya no existe: la Argentina potencia de primera mitad del siglo XX. Son de las cafeterías más lindas de América, pero en ellas el café es más bien regular". 
Quien firma la nota se autodefine como "riguroso consumidor de café", y sin tapujos escribió: "El café que se encuentra en las cafeterías más populares de Buenos Aires es amargo y necesita adición de azúcar o leche y acompañamiento de soda o agua para evitar escalofríos. Es, en una palabra, feo.
Expertos en café y dueños de bares porteños defienden su trabajo. Se basan en que, además de mantener las tradiciones, en muchos casos comenzaron a trabajar para mejorar la calidad del café que sirven. Para eso incorporan nuevas maquinarias, a las que les suman mantenimiento, y hasta baristas expertos para mejorar la calidad de la bebida. 
Desde el Tortoni, por ejemplo afirmaron que no solo capacitan a sus empleados; también incursionan en cuestiones que no tienen tanto que ver con el sabor, como el arte latte, que son demandas de los clientes, que se renuevan. 
En cuanto al tipo de café que usan, dicen que es de origen colombiano y brasileño, y que ante todo buscan preservar la calidad. Es una variedad que produce una marca y es especial para los bares. Desde las empresas que producen la infusión también se manifestaron molestos por la nota que sostiene que el café porteño es "feo"
El texto se sustenta en la valoración de Flor Migliorisi, que desde sus redes ofrece tours de cafés especiales y cócteles en la Ciudad, y en la de Sergio Mazzitelli, consultor gastronómico. Para Migliorisi, "ni las cantidades de café y agua, ni los tiempos de extracción, ni la higiene de las máquinas son cuidadosamente tratados". Mientras que Mazzitelli entiende que "la falta de conocimientos culinarios y el oportunismo comercial han hecho una fusión que dio como resultado mucho de lo que conocemos actualmente en el rubro".
El asunto es que la nota refiere a las cafeterías más emblemáticas de la Ciudad, las que cargan con años de historia en sus espaldas. Y es precisamente esa característica, la que sería culpable de la mala calidad de sus espressos, cortados y ristrettos. "Lo que explica la paradoja de café malo en cafeterías hermosas, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que allí esta bebida no es el motivo por el cual la gente las visita", dice la nota.
"El fin de venir acá no es tomar café, sino hacer un homenaje al pasado", apunta Migliorisi, y Mazzitelli suma que "la gastronomía argentina, en realidad, es la versión española de la comida italiana. Una rara fusión que ilustra la suerte de "melting pot", o crisol de culturas, que fue la capital hace medio siglo".
Fueron los españoles quienes trajeron a la Argentina el café torrado, una variedad de baja calidad que se tuesta con azúcar y hoy domina el mercado en el país sudamericano. Para los inmigrantes, dice el consultor a BBC Mundo, "el arte de hacer buen café" nunca fue una preocupación: les importaba más pertenecer a una identidad, o a una institución, que desarrollar un buen producto gastronómico.
La chica que organiza tours por locales atendidos por baristas, sobre todo en el circuito palermitano, cierra con una opinión contundente: "Acá hay un estigma de lo viejo. Se bloquea la idea de que las cosas pueden ser mejores. Vivimos en una gerontocracia cultural (el gobierno de los viejos)".
Tabac, otro clásico café porteño que se modernizó.
Tabac, otro clásico café porteño que se modernizó.
Para Nicolás Artusi, periodista y sommelier de café, la publicación no está errada en su concepto, pero sí mal direccionada. "Es cierto que los cafés históricos no hicieron mucho por mejorar su producto en los ultimos años pero esa es una mirada parcial, porque la nota no registra con igual intensidad el crecimiento que viene teniendo el café de especialidad a nivel local. Históricamente le dimos poca importancia a la calidad de esta bebida, no hay que tomarlo como una afrenta al orgullo, pero tampoco fuimos ajenos a la "tercera ola del café", refiere.
Es en este movimiento (el primero se dio a fines de los 50, cuando en tiempos de posguerra comenzaron a resurgir las economías y el café se volvió masivo, el segundo fue durante los 90 con el nacimiento de cadenas como Starbucks) se inscriben los denominados "café de especialidad", los que según Artusi ya superan los 80 locales en la Ciudad, y exceden por mucho los límites de "la versión porteña de Williamsburg en Nueva York", como define a Palermo el corresponsal de BBC. 
"Hay en Chacarita, Villa Urquiza, Devoto, Núñez, Belgrano y Microcentro. Y el fenómeno es notorio tanto en bares, porque el consumidor comenzó a no conformarse con lo que venía servido antes, como en los hogares. Hace un par de años, por primera vez en Argentina se vendieron más cafeteras espresso que de las de filtro para consumo doméstico. Ya sea en cápsulas o de grano, la gente busca replicar en su casa la experiencia del café de especialidad", comenta Artusi, que ya lleva dos libros publicados con esta bebida como protagonista.
El experto aporta otro dato: el país es uno de los únicos cinco a nivel mundial en los que se permite la venta de café torrado, que es el que contiene azúcar en su composición, la cual se le agrega durante el proceso de tostado.
"Es una porquería que en Argentina el Código Alimentario permite. Pero el otro lado de la historia es que las marcas que le venden a las cafeterías están mejorando, están haciendo cada vez mejor torrado impulsados por el cambio generacional. Y si bien en los bares notables, donde me tocó ser jurado, noté un montón de rutinas y prácticas desactualizadas, por otro lado observé una inquietud grande por ponerse a tono con el mundo. Entonces ese círculo vicioso está cerca de convertirse en un circulo virtuoso", cierra Artusi. 

Clarín - Viajes - De viaje con un chef: cómo es un tour gastronómico y cuánto cuesta

De viaje con un chef: cómo es un tour gastronómico y cuánto cuesta

Características de las salidas guiadas por un cocinero para conocer los secretos de la cocina de un destino. Visitas a bodegas, productores y clases en casas de familia.

Si el viajar es parte de la formación de todo cocinero, si las audiencias acompañan a cocineros famosos en tours gastronómicos por el mundo que se disfrutan a la distancia y en pantalla… ¿Por qué no realizar la experiencia con los propios chefs como guías?
En 2019, son varios los chefs mediáticos que preparan las valijas (y su set de utensilios) para tours gastronómicos de lujo. Donato De Santis, Pedro Lambertini y Juliana López May ya tienen fechas de salida. Los destinos elegidos son distintas regiones de Italia, aunque también habrá excursiones por América del Norte.
En mayo, Pedro Lambertini visitará la regiones de Matera y Apulia, Italia. “El centro histórico y las iglesias de Matera son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, es una de las ciudades más antiguas de Europa y fue declarada Capital Europea de la Cultura en 2019, por eso también la elegimos este año”, dice el chef. Hará este recorrido de 10 días acompañado por una guía de turismo, que aportará datos históricos y culturales de cada lugar.
Los viajes con Pedro Lambertini incluyen clases de cocina.
Los viajes con Pedro Lambertini incluyen clases de cocina.
“La idea es unificar pasiones; el viajar y la gastronomía en un tour gourmet que va más allá de los principales atractivos”, explica Lambertini. El recorrido incluye la visita a talleres de panadería y pastelería, granjas y fincas, una bodega, olivares, excursión en barco y a un parque natural donde se producen los tomates fiaschetto.
También habrá clases de cocina con Pedro. “Un mediodía podemos almorzar con una familia italiana y a la noche dormir en una típica massería o cenar en un restaurante con estrellas Michelin”, dice el cocinero, quien desde chico tiene fascinación por la cocina italiana, influenciado por las comidas que elaboraba su abuela. El recorrido se iniciará en Matera y finalizará en Bari, visitando una docena de pueblos y ciudades.
"La idea es unificar pasiones; el viajar y la gastronomía en un tour gourmet que va más allá de los principales atractivos", dice Pedro Lambertini.
"La idea es unificar pasiones; el viajar y la gastronomía en un tour gourmet que va más allá de los principales atractivos", dice Pedro Lambertini.

Donde todo comienza

“El ingrediente más importante es el producto de origen”, escribió la chef Juliana López May en “Juliana en Italia”, libro editado en 2015 que funcionó como leitmotiv para iniciar los tour de viajeros con la cocinera.
Un brindis por los hermosos paisajes de Italia (Juliana López May).
Un brindis por los hermosos paisajes de Italia (Juliana López May).
“Este año haremos la quinta edición de visita a La Toscana”, explica Cynthia Valenti, de la agencia uruguaya Locas por el Mundo.
El viaje comenzará en Roma, con una primera aproximación a la cocina italiana; continuará en alojamientos campestres -dos auténticas villas toscanas de lujo, con hermosas vistas-, y desde allí se recorrerá la región del Chianti, zona de colinas verdes, viñedos, olivos, cipreses y pequeños pueblitos.
La importancia de conocer los productos locales (Juliana López May)
La importancia de conocer los productos locales (Juliana López May)
El tour con Juliana incluye la visita a Siena y también a Florencia, capital de la región. En esta ciudad, además de conocer los sitios turísticos, habrá una visita especial al Mercato Centrale, para observar y probar las delicias locales. “Y el mejor helado del mundo vamos a tomarlo en la ciudadela medieval San Gimignano, el gelato de Dondoli”, dice Valenti.
Manos a la obra en los talleres de cocina (Juliana López May).
Manos a la obra en los talleres de cocina (Juliana López May).
Además, en octubre Juliana López May viajará en grupo a Ciudad de México y Oaxaca, donde habrá una chef invitada como guía, Estrella Jafif.
Un buen gelato, de viaje por Italia (Juliana López May).
Un buen gelato, de viaje por Italia (Juliana López May).

Tradición

Donato De Santis comparte una foto en Instagram de un postre de crema de ricotta de oveja, vaca y búfala cubierto de mazapán de almendras. “En un bocado, este postre fusiona la tradición y productos de Terra Capitanata”, escribe el cocinero italiano. La creación es de su amigo Nicola, quien tiene un comercio en Troia, Foggia, una de las paradas del tour que guiará Donato a fines de septiembre.
“El turismo gastronómico nos da la opción de ingresar en el mundo culinario al experimentar los sabores de una región. Al preparar una receta local, aprendés sobre los orígenes del lugar”, explica Micaela Paglayan, esposa del cocinero y parte de su equipo. “La idea de estos tours surgió hace tiempo, porque luego de que se emitieron los programas de Donato en Italia -para elgourmet.com-, los productores, cocineros y dueños de restaurantes nos comentaban que los televidentes iban a conocerlos. Así nació esta iniciativa”, comenta.
Además de las visitas a diferentes lugares, los viajeros pueden aprender a cocinar los platos típicos del lugar (Donato De Santis).
Además de las visitas a diferentes lugares, los viajeros pueden aprender a cocinar los platos típicos del lugar (Donato De Santis).
Platos autóctonos, secretos de recetas, visitas a mercados locales, casas de lugareños, tabernas, restaurantes, viñedos, olivares y la posibilidad de cocinar con Donato. La partida será en Bari, donde las mujeres elaboran la pasta en la calle, y continuará en una decena de pueblos de Puglia como Torre Sant’Andrea, frente al Adriático, con sus famosos farallones. El plan promete la posibilidad de navegar en una antigua galetta de pescadores, surcar las aguas de los mares Jónico y Adriático y degustar el crudo di pesce típico Salentino.
Estas propuestas están pensadas para grupos de entre 10 y 15 personas. Tienen un costo aproximado de entre US$ 5.500 y US$ 8.500, sin aéreos; según el paquete incluyen (o no) todas las comidas y bebidas, impuestos y seguros.
Los paisajes de ensueño acompañan los viajes gastronómicos (Donato De Santis).
Los paisajes de ensueño acompañan los viajes gastronómicos (Donato De Santis).
En octubre, Donato hará el recorrido de la región de Emilia Romagna, donde los viajeros podrán descubrir cómo se elaboran quesos típicos como el parmigiano reggiano y el grana padano, además del prosciutto di Parma, el aceto balsámico tradicional de Modena, la mortadella, el formaggio di Fossa y la piadina romagnola.

Dónde informarse

  • Matera Maggio (5 al 15/5), con Pedro Lambertini: Marisa Bergamasco M&R Tours, +54 9 11 6501-7480;sa les1@mrtraveltours. com.
  • La Toscana (1 al 11/9) y México (14 al 23/10), con Juliana López May: Locas por el Mundo, + 598 9893-4017; www. locasporelmundo.com.
  • Puglia (20 al 30/9) y Emilia Romagna (4 al 14/10), con Donato de Santis: +54 9 11 6337-3721; info@cocinameporel mundo.com 

Otras opciones

Cocineros a bordo

Oceania Cruises planea para 2020 un crucero de temática gastronómica por el mar Báltico, como ya organizó entre 2016 y 2018, junto a los cocineros Dolli Yrigoyen, Osvaldo Gross, Gabriel Oggero y el equipo profesional de cocineros de la compañía estadounidense. Dolli y Gross acompañaron a los viajeros de Roma a Montecarlo por la Costa Azul, pasando por Palma de Mallorca; y de Florencia a Atenas, del mar Tirreno al Egeo. En 2018, la cocinera argentina compartió un viaje culinario con descensos en ciudades de España, Italia, Francia y Portugal, con Gabriel Oggero, del restaurante Crizia. “Fue una experiencia fantástica el hecho de cocinar las comidas típicas de cada lugar, recorrer mercados, granjas, viñedos y olivares, y tener la oportunidad de dar clases de cocina con Dolli, en un barco con escuela de cocina a bordo”, relata Oggero. En 2020, el crucero exclusivo para 40 personas, en una embarcación mediana y de lujo, recorrerá los países nórdicos durante diez días.
Para quienes vacacionan en cruceros y desean una opción diferencial en gastronomía: agenden que, en agosto, los MSC Meraviglia y MSC Preziosa saldrán de Copenhague y Hamburgo, respectivamente, y en la categoría MSC Yacht Club -la zona de lujo del barco-, incluye un menú de restaurante creado por el chef alemán Harald Wohlfahrt, elegido uno de los 10 mejores chefs del mundo y el único cocinero alemán en obtener una calificación de tres estrellas Michelin por 25 años consecutivos(desde US$ 3.282 por persona, base doble).

Experiencia en un arrozal de la Argentina

A pocos metros de una plantación de arroz en Los Conquistadores, Entre Ríos, el cocinero Hernán Gipponihabla del concepto de trazabilidad. Según el Codex Alimentarius, el término designa la posibilidad de realizar un seguimiento del alimento a través de sus etapas de producción, transformación y distribución. Una medida que favorece la seguridad de los productos, pero también la posibilidad de conocer quién lo produce, cómo y dónde. Una obsesión para los cocineros, siempre en busca de los mejores productos y del conocimiento que poseen los elaboradores, en muchos casos, con la experiencia de varias generaciones.
Los risottos de Hernán Gipponi (Editorial Catapulta)
Los risottos de Hernán Gipponi (Editorial Catapulta)
“Si nunca visitaste un arrozal, probablemente no conozcas esta planta parecida al trigo pero con granos más grandes, que se desarrolla en campos inundados. En este momento, tenemos la posibilidad de ver la cosecha y cómo ese grano, luego de pasar por un molino, está listo para comer. Ahí es donde entramos nosotros, los cocineros, con nuestras recetas”, dice Hernán. Hace pocos días Gipponi, con cocineros amigos, influencers y periodistas, viajó a Concordia para presentar su libro “Arroz”, un tour que permitió la visita a un arrozal en el momento de la cosecha. Caminar por los surcos barrosos con botas de goma, subir a una cosechadora gigante, observar el embalse, el traslado de granos a los silos y el proceso de secado, fueron parte de la experiencia. Además, claro, de un riquísimo almuerzo preparado por el autor.

Escapadas: la Areco de Paula Méndez Carreras

San Antonio de Areco conserva un encanto tradicional de pueblo turístico campestre con caserones antiguos, museos, artesanos, anticuarios y boliches.
La cocinera Paula Méndez Carreras recibe grupos, organiza tours por el pueblo, da clases de cocina y sirve almuerzos y cenas.
La cocinera Paula Méndez Carreras recibe grupos, organiza tours por el pueblo, da clases de cocina y sirve almuerzos y cenas.
La cocinera Paula Méndez Carreras, embajadora de Le Cordon Bleu de París, residente hace diez años del lugar, recibe grupos, organiza tours por el pueblo, da clases de cocina y sirve almuerzos y cenas en una antigua casona con patio.
Puro sabor (Paula Méndez Carreras).
Puro sabor (Paula Méndez Carreras).
“Por la mañana vamos a lugares típicos como la plaza, iglesia y museos; luego almorzamos y, mientras el pueblo duerme la siesta, hacemos una clase de cocina. Si los turistas quieren hacer un tour gastronómico vamos a la panadería, donde hacen pan de masa madre y hornean a leña, a la carnicería y a una chocolatería. Luego les recomiendo que prueben las picadas del antiguo Boliche de Bessonart”, cuenta. Un menú habitual es el de strudel de puerros y morcillas; abadejo con salsa tarator y papines especiados (info@cocinapura.com).

viernes, 12 de abril de 2019

La Nación - BBC - BBC: por qué el café es tan malo en Buenos Aires, la ciudad de las cafeterías más bellas

BBC: por qué el café es tan malo en Buenos Aires, la ciudad de las cafeterías más bellas

El café en Buenos Aires es más romántico que bueno. No en vano a esta variedad se le dice "una lágrima".
Pocas ciudades del mundo tienen cafeterías en su lista de sitios turísticos. Buenos Aires es una de ellas.
Acá están Tortoni, La Biela y Las Violetas, entre un inmenso portafolio de hermosos espacios; llenos de leyendas, meseros carismáticos y techos altos, pisos dibujados y acabados tallados.
El Café Tortoni, un emblema de la ciudad de Buenos Aires
Son reliquias históricas de un país que ya no existe: la Argentina potencia de primera mitad del siglo XX.
Son de las cafeterías más lindas de América, pero en ellas el café es más bien regular.
Lo dice Flor Migliorisi, experta en café argentina: "Ni las cantidades de café y agua, ni los tiempos de extracción, ni la higiene de las máquinas son cuidadosamente tratados".
Y coincide Sergio Mazzitelli, consultor en gastronomía porteño: "La falta de conocimientos culinarios y el oportunismo comercial han hecho una fusión que dio como resultado mucho de lo que conocemos actualmente en el rubro".
Y este corresponsal, colombiano y riguroso consumidor de café, no los puede desmentir. El café que se encuentra en las cafeterías más populares de Buenos Aires es amargo y necesita adición de azúcar o leche y acompañamiento de soda o agua para evitar escalofríos. Es, en una palabra, feo.

Un porteñismo

Argentina no es un gran consumidor de café: según cifras de la Cámara Argentina de Café, los argentinos toman un promedio de 1 kilo al año por persona, una cifra muy inferior a lo que ocurre en Brasil (6 kilos), Costa Rica (3,6 kilos) o Colombia (1,4 kilos). El promedio mundial es de 4 kilos.
Pero Argentina no es lo mismo que Buenos Aires, donde la cultura de la yerba mate no monopoliza el menú de bebidas como sí ocurre en el resto del país.
Pero más que eso, lo que explica la paradoja de café malo en cafeterías hermosas, según los expertos consultados por BBC Mundo, es que allí esta bebida no es el motivo por el cual la gente las visita.
Bar La Biela ubicada en el corazón de Recoleta
Bar La Biela ubicada en el corazón de Recoleta Fuente: Archivo - Crédito: Marcelo Gómez / LA NACION
"El fin de venir acá no es tomar café, sino hacer un homenaje al pasado", dice Migliorisi, sentada en una tradicional cafetería, mientras sorbe un café que no logra terminar.
Flor Migliorisi organiza "experiencias" por Aribnb alrededor del café en Buenos Aires; acá se le ve tomando café en copa en Öss Kaffe, en Belgrano.
Flor Migliorisi organiza "experiencias" por Aribnb alrededor del café en Buenos Aires; acá se le ve tomando café en copa en Öss Kaffe, en Belgrano. Crédito: BBC
A su lado hay varias mesas con personas solas que leen o miran al horizonte mientras acompañan su café con una media luna, la versión dulce y argentina del croissant. Suena un tango. Y en las paredes hay banderines de equipos de fútbol y fotos de personajes ilustres del pasado.
El fin de venir acá no es tomar café, sino hacer un homenaje al pasado
Migliorisi dedicó su tesis de ciencia política a la razón de ser de estas legendarias cafeterías.
En ella argumenta: "En las cafeterías el uso de la palabra, el encuentro con otras personas y la reflexión y deliberación informal de temas aleatorios pertenecientes al reino de lo público son las actividades más destacadas".
Confitería Las violetas
Confitería Las violetas Fuente: Archivo - Crédito: Ignacio Sánchez

"Melting pot"

Algo similar piensa Carlos Cantinim, autor del blog Café Contado, quien señala que en las cafeterías "nunca se le dio importancia al café, sino a la reunión y al espacio físico".
"Es un espacio para confesarse, para pensar, para enamorarse, para escribir, para componer, sin importar la bebida", asegura.
"Muchos de los inmigrantes europeos que vinieron a finales del siglo XIX eran hombres solos que vivían en residencias y, al ser una ciudad sin espacio verde, la cafetería se convirtió en el lugar para compartir, en la sala de la casa; eso dio pie a los tangos y a un espacio con una mística muy propia", explica.
Pero esta no es la única razón por la que el café no fue el producto insigne de estos lugares: Mazzitelli argumenta que la gastronomía argentina, en realidad, es la versión española de la comida italiana. Una rara fusión que ilustra la suerte de "melting pot", o crisol de culturas, que fue la capital hace medio siglo.
"Españoles e italianos fueron fuertes contribuyentes a la cultura gastronómica porteña, pero en la gastronomía comercial, los ibéricos se apoderaron del campo y empezaron a incorporar en sus negocios las pastas, la pizza, la pastelería italiana y, por supuesto, el café".
Fueron los españoles quienes trajeron a Argentina el café torrado, una variedad de baja calidad que se tuesta con azúcar y hoy domina el mercado en el país sudamericano.
Para los inmigrantes, dice Mazzitelli, "el arte de hacer buen café" nunca fue una preocupación: les importaba más pertenecer a una identidad, o a una institución, que desarrollar un buen producto gastronómico.

Meca del café de especialidad

Aunque hay pocos indicios de que las cafeterías porteñas estén cambiando sus métodos cafeteros, Buenos Aires es una de las ciudades con más establecimientos especializados en el llamado café de especialidad.
Confitería La Violetas
Confitería La Violetas Fuente: Archivo - Crédito: Ignacio Sánchez
Migliorisi, que cita la existencia de más de 100, dedica sus tours a ese tipo de lugares donde venden café de origen, no industrial, sembrado, tostado y sustraído con mano meticulosa. La mayoría están en el barrio joven y cosmopolita de Palermo, la versión porteña de Williamsburg en Nueva York, un típico escenario para encontrar sitios de este estilo.
"La Buenos Aires de la nostalgia es una cultura encerrada en sí misma que no puede avanzar", asegura.
Para ella, mostrar los cafés de especialidad es revelar una ciudad de vanguardia, cosmopolita y global.
"Acá hay un estigma de lo viejo", opina. "Se bloquea la idea de que las cosas pueden ser mejores. Vivimos en una gerontocracia cultural (el gobierno de los viejos)".
Pero hay un problema, según ella: mientras Argentina no salga de los problemas económicos que le aquejan hace décadas, planificar el futuro es muy difícil.
Por eso concluye: "Los tiempos de la economía hacen que los tiempos de la política, de la planificación, es decir, el futuro, queden suspendidos. El único refugio seguro para la sociedad es el pasado, y eso crea una idea de que el pasado fue necesariamente mejor. Y es falsa. Porque hay posibilidad de un futuro mejor".