miércoles, 14 de diciembre de 2016

Revista Brando - ¿Qué esconden los helados industriales?

¿Qué esconden los helados industriales?

Los alimentos vienen con letra chica y nosotros nos ponemos los anteojos para saber qué es eso que entra en nuestro cuerpo cuando abrimos la boca. Hoy: helados. 

  • El h
Por Roly Villani 
Historia
La primera heladería de la historia se abrió en Francia en 1660. El cocinero siciliano Francesco Procopio servía, en el Café de París, una crema helada sobre unas pequeñas vasijas de cerámica. La receta original había sido traída del norte de Italia, y perfeccionada durante años por el mismo Procopio. No está muy claro cuáles fueron los primeros gustos, aunque se especula con que se trató de sorbetes cítricos con limón y naranja. 
Concentración
De acuerdo con un informe de la consultora CCR, Nestlé y Arcor se reparten el 98% del mercado de helados industriales. Las empresas llaman a este segmento "consumo de impulso", por esa irrefrenable tentación de comer un palito en una estación de servicio, kiosco o supermercado chino. 
En casa o en la heladería
Aunque el delivery amenaza con exterminar la experiencia de sentarse a disfrutar del cucurucho, la heladería supone un consumo más premeditado que impulsivo. Si bien la calidad de la materia prima del helado artesanal es mucho mejor que la de los helados industriales, hay que tener en cuenta que 250 gramos equivalen -en calorías- a tres platos de fideos con salsa o a 17 manzanas. 
Una buena y una mala
La buena: los helados industriales casi no usan conservantes. La mala: ningún producto en palito, de los que se venden en el mercado, especifica qué colorantes usa. Según las etiquetas, contienen "colorantes permitidos". Lo cierto es que hay colorantes permitidos en nuestro país, pero prohibidos en casi todos. Un consejo: evitar los azules estridentes, los rosas fuertes y los amarillos o verdes intensos. 
La combinación
Los sabores más populares en Argentina son dulce de leche, chocolate y frutilla. Los estudios indican que, cuando se consume en cucurucho, la tendencia es elegir un sabor tradicional y combinarlo con otro más original. Existe una propensión a elegir variedades golosas. El dulce de leche, pedido en casi el 50% de los helados, es de los que incluyen más grasas y azúcar. 
Dulce realidad
Entre el 20% y el 30% del helado es azúcar. En los helados de crema, al azúcar propia de la leche (lactosa) se suma el azúcar común (sacarosa) añadida. En los industriales suele usarse el polémico Jarabe de Maíz de Alta Fructosa (JMAF). Como el frío reduce la percepción de los sabores, la industria agrega una mayor cantidad de azúcar con respecto a los otros postres dulces no congelados. 
Muy grasa
La textura cremosa del helado industrial suele sostenerse en grandes cantidades de grasa, que a veces puede significar hasta el 20% del producto. Según el fabricante, algunos emplean aceites vegetales parcialmente hidrogenados, que contienen una elevada proporción de grasas trans, responsables de aumentar el colesterol malo (LDL) y de disminuir el bueno (HDL). 
Peligro, aditivos
Aunque no está especificado en las etiquetas (porque también está englobado en el rótulo "espesantes permitidos"), varios mayoristas y proveedores para fabricantes de helados de nuestro país ofrecen en sus sitios web la carragenina (codificada como E407). Se trata de un espesante que varias organizaciones médicas y de consumidores piden que se prohíba por su demostrada toxicidad en algunos animales. 
¿Entonces?
Si vas a tomar helado, lo mejor es que vayas a la heladería donde lo producen de manera artesanal, con las máquinas a la vista. Combiná un sabor con base de crema con uno de fruta al agua: es el modo de ingerir la mitad de grasas. Los helados artesanales no deberían tener aditivos ni sobredosis de azúcar. 
La receta
Pelá y cortá 4 bananas y guardalas en el freezer durante 3 o 4 horas. Una vez congeladas, ponelas en la licuadora con 2 cucharadas de miel. Procesá hasta obtener la consistencia deseada. Si te gusta más cremoso, agregale crema de leche muy fría. También lo podés hacer con frutillas maduras. 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/1965817-que-esconden-los-helados-industriales

Perfil - Turismo - Café y juegos de mesa: Toronto ofrece una nueva experiencia

Café y juegos de mesa: Toronto ofrece una nueva experiencia

En la ciudad canadiense proliferan las cafeterías que ofrecen infinidad de juegos de mesa a los comensales. Comen, se divierten como chicos y, ante todo, conversan.
Foto: Diario PERFIL
Foto: Diario PERFIL Ver fotogalería ]

Ficha

Cuándo ir: 
Con quién ir: 
Por Lynn Freehill Maye (The New York Times / Travel)
En una tarde soleada dentro del Snakes & Lattes Annex, a muchos habitantes de Toronto no les importa parecer niños. Un anciano intercambia movimientos de peón con una chica en edad escolar. Un grupo de millennials se sumerge en el clásico de estilo alemán Carcassonne. Adelante, donde se venden juegos de mesa, un emprendedor de Ottawa sostiene una pila de cajas bajo el brazo mientras le consulta a Steve Tassie, uno de los gurúes que enseñan sobre juegos, qué surtido de juegos de mesa ofrecer en su propia cafetería. En Toronto, varias calles ofrecen un espacio para disfrutar de juegos de mesa anticuados, junto con bebidas y snacks. Varios, como Castle Board Game Cafe, cerca de la Universidad de Toronto, combinan salas de dormitorios estudiantiles con sillas simples y sofás suaves. Los platos para compartir son una constante en todas las cafeterías de juegos, pero las bebidas elegidas varían.
Cada uno sirve su propia combinación: té, cerveza, vino o café expreso. Pero en cualquiera donde se ingrese se van a escuchar los sonidos de la convivencia cordial: charla rápida, risas y ruido de dados. Lo único raro de ver será alguien enterrado en una pantalla de teléfono. Hay tantas de estas salas de juego en Toronto que el popular sitio de cultura metropolitana BlogTO enumeró las veinte mejores cafeterías de juegos de mesa locales hace dos años, y los comentaristas han estado agregando nuevos desde entonces. Toronto se ha convertido en un modelo de cuán populares pueden llegar a ser estos juegos en una ciudad.
Foto: Diario PERFIL
Foto: Diario PERFIL
Ha surgido al menos una docena de cafeterías dedicadas a juegos de mesa en todo Estados Unidos, en lugares como Manhattan, Boston y Los Angeles, entre otros. Los propietarios de las cafeterías están de acuerdo en que algo más que los inviernos canadienses alimentan estos hábitos. El éxito televisivo de Juego de Tronos y los juegos de estrategia europeos, como el Settlers of Catan, han incursionado en el mercado norteamericano. Y el irreverente Cards Against Humanity ha conseguido un éxito tan arrollador que su inventario ocupa una pared entera de ventas en el Snakes & Lattes AnnexLa cafetería ofrece noches con creadores de juegos. Emprendedores de Tailandia, Sudáfrica, Inglaterra, India y México han llamado o visitado Toronto para aprender cómo funcionan estas cafeterías no digitales, totalmente analógicas, que siguen el modelo de “pagá para jugar”.
Muchas de las cafeterías canadienses cobran varios dólares por persona (a menudo para tiempo de juego ilimitado, además de un mínimo de comida y bebida). Manejan inventarios de juegos y ofrecen personal experto para enseñar reglas. El panorama de Toronto comenzó a desarrollarse cuando el nativo francés Ben Castanie, inspirándose en las ludotecas parisinas que prestaban juguetes a las familias cuando él era chico, abrió Snakes & Lattes Annex en 2010. Hicieron una selección de mil juegos, ordenada en categorías como Fiesta, Estrategia, Preguntas y Respuestas y Americanos Clásicos (Batalla Naval y Mall Madness). La contratación de “gurúes” de juegos para asesorar sobre las reglas fue importante, para que los jugadores se sintieran cómodos. A veces, la espera para entrar es de tres horas. En Bampot Bohemian House of Tea and Board Games no se sirve alcohol, sino pipas de agua y 150 tés en hebras disponibles, junto con sorpresas vegetarianas.
Foto: Diario PERFIL
Foto: Diario PERFIL
Link a la nota: http://turismo.perfil.com/52723-cafe-y-juegos-de-mesa-toronto-ofrece-una-nueva-experiencia/

lunes, 12 de diciembre de 2016

Clarín - Viva - Pietro Sorba define cómo es el nuevo paladar porteño

Pietro Sorba define cómo es el nuevo paladar porteño

¿Qué comemos hoy?
Buenos Aires vive una revolución gastronómica. Los viejos platos se renuevan mientras avanzan las propuestas étnicas, las innovaciones gourmet y la onda verde. Un GPS de las últimas tendencias.

Buenos Aires es un microcosmos en evolución permanente que también involucra a los hábitos alimenticios y a la industria gastronómica, dos agentes muy dinámicos en una ciudad en la cual la costumbre del comer afuera es, por placer o por necesidad, una parte importante de la vida de la misma.
El último gran ciclo de transformación de la comida local, que comenzó en los primeros años noventa, muestra hoy su mayor grado de sofisticación. Antes, la gastronomía porteña había vivido de manera bastante abúlica y casi exclusivamente de antiguas herencias recibidas. La lejanía geográfica y las turbulencias económicas fueron cómplices de una gran inmovilidad culinaria, pariente cercana de un resignado costumbrismo. El público frecuentaba los mismos lugares de toda la vida: parrillas y pizzerías tradicionales, cantinas y bodegones, algunos restaurantes de las colectividades, otros tantos con pedigrí ciudadano y, por suerte, un puñado de propuestas que salían del típico esquema gracias a la creatividad de algunos pioneros que venían tanto del lado empresarial como del lado de los cocineros. Lola, La Chimere, Au Bec Fin, Clark’s, el Grill del Plaza, Dill, Patagonia, Catalinas, El Gato que Pesca, Tomo I, El Gorro Blanco y unos pocos más fueron íconos de la historia de la gastronomía de la ciudad.
A lo largo de este último cuarto de siglo el juego se hizo más interesante y abierto. Primero con cautela y sucesivamente con más confianza, se produjo una gran apertura hacia nuevos estilos culinarios que se fueron sumando (muchos de manera permanente) a la oferta tradicional. El público, cansado de la rutina de siempre, tenía ganas de probar nuevos sabores. Una nueva savia gastronómica estaba empezando a circular en las calles porteñas.


Así fueron brotando los restaurantes de sushi, de cocina de autor, de nueva cocina argentina, de cocina molecular, de cocina contemporánea, de cocina monoproducto, de cocina asiática, latina y étnica, y de otras especialidades, en su momento desconocidas o inexistentes en el país. Un nuevo escenario, hoy en su máxima expansión.
El crecimiento de la información especializada y las nuevas posibilidades de acceso a la misma son grandes aliados de este proceso revolucionario. Muchos cocineros jóvenes se capacitan en algunas de las grandes plazas gastronómicas europeas. Nuevos productos aparecen en el mercado. Cocineros y pequeños empresarios gastronómicos coreanos, chinos, peruanos, bolivianos, colombianos, norteamericanos y europeos se suman a la movida empujando la formación del nuevo crisol del paladar ciudadano de manera directa o indirecta.
No se trata solamente de restaurantes y de cocina. Se trata también de mercados y de productos. ¿Quién podía imaginar que Liniers y el Barrio Chino iban a transformarse en la meta de cocineros y amantes del buen comer en búsqueda de productos étnicos? ¿Quién hubiera pensado que jalapeños, rocotos, papines y papas andinas, paltas, plátanos, mandioca, cilantro, mangos, papayas y otros productos se transformarían en presencias habituales en muchas verdulerías porteñas? ¿Quién podía predecir el auge de los alimentos orgánicos y la difusión del cebiche, del sushi, del kebab y de las cocinas asiáticas en la capital del país de la carne vacuna?
Sin embargo, pasó y hoy existe una oferta gastronómica que se desparrama en nuevos barrios de la ciudad con comidas para los dientes de todos. Los gastronautas siguen explorando los polos tradicionales (Palermo Soho, Palermo Hollywood, Las Cañitas, Puerto Madero y San Telmo) pero ya se van adueñando de otros, más pequeños y pujantes. El Paseo de la Infanta, Villa Crespo, Núñez, Nuevo Palermo y Avenida Caseros son algunos de ellos.
Los restaurantes millenials. Dentro de la generación de los jóvenes del nuevo siglo, son muchos los que recorren la ciudad en búsqueda de nuevas experiencias gastronómicas. Las rastrean utilizando el tam-tam digital y las nuevas aplicaciones para teléfonos inteligentes. Rescatan la identidad gastronómica local sin desmerecer restaurantes de cocina globalizada y captadora de tendencias.
Sus apetitos se estiran entre la comida callejera de la India, la cocina crudista, de mercado, vegetariana-étnica, tribal y los platos orgánicos cocinados en hornos de barro artesanales. Poco importa si los restaurantes millenials normalmente ofrecen servicios muy básicos (son chicos, con mesas apretadas, asientos endebles, no aceptan reservas y/o tarjetas de crédito), cartas cortas y sus cocineros trabajan en jeans y zapatillas exhibiendo barbas largas y tupidas.
Verde que te quiero verde. Otra ola emergente y fuerte que está haciendo sentir su voz es la de la cocina orgánica-vegana-vegetariana y para celíacos. Javier Rubén López, de Gôut Café, afirma: “Actualmente la oferta está bastante más desarrollada que unos años atrás. Como celíaco puedo confirmarlo. Al investigar el mercado nos dimos cuenta de que faltaba una propuesta gluten free-gourmet y ahí apuntamos. La clave fue elaborar recetas atractivas desde lo visual y lo culinario y, por supuesto, que fueran libres de gluten. Lo logramos”.

El tofu, las especias exóticas y los brotes vegetales demuestran la existencia de nuevos horizontes culinarios, absolutamente inesperados, en el país de la carne por antonomasia."
Cada día son más numerosos los comensales intolerantes al gluten (1,5% de la población) y los que creen en la idea de alimentarse con harinas alternativas, productos más sanos, crudos, armónicos y de bajo impacto. Sin carnes. Esta necesidad fue el disparador que impulsó el nacimiento de restaurantes con menús cuyos platos incluyen alimentos procedentes de fincas y granjas orgánicas.
El tofu, las especias exóticas y los brotes vegetales demuestran la existencia de nuevos horizontes culinarios, absolutamente inesperados, en el país de la carne por antonomasia.
Top de lo top. Los fanáticos de los rankings y de la Nueva Cocina Argentina también tienen sus templos. El World’s 50 Best es el certamen internacional que reúne a muchos de los restaurantes más conocidos del mundo. Dentro de los 50 mejores de América Latina figuran nueve argentinos, ocho de los cuales ubicados en Buenos Aires y uno en Mendoza. Son los restaurantes de cocineros conocidos como Germán Martitegui, Francis Mallmann y Soledad Nardelli.
Porteños y turistas los quieren conocer y buscan sus mesas. A estos locales hay que sumar otros que, sin estar en el mencionado ranking, trabajan con vigor y capacidad en la construcción de la identidad de la Nueva Cocina Argentina. El público lo sabe muy bien. Alejandro Feraud, Darío Gualtieri, Dante Liporace, Pol Lykan y Martín Rebaudino son algunos de los cocineros de gran personalidad y talento que usan la materia prima argentina para elaborar platos modernos, creativos y de identidad nacional.
Cercano Oriente y algo más. En los años 70, un puñado de japoneses empezaron a proponer el sushi en la ciudad de Buenos Aires. Un poco más tarde fue el momento de los platos chinos, tailandeses, hindúes y vietnamitas. Hoy en día no faltan ni siquiera buenos representantes de Taiwán, Hong Kong y de Filipinas. La cocina coreana está saliendo de la fortaleza que la mantenía oculta.
Lo latino empuja fuerte. Existen más de doscientos restaurantes de cocina peruana en la ciudad. El chef más emblemático de ese país, Gastón Acurio, desembarcó con su última propuesta, La Mar. El bogotano Santiago Macías propone creaciones de alta cocina colombiana y de fusión latina y el camerunés Maxime Tankouo prepara recetas de su país como el Directeur General, el roti de papa con carne y la salsa de maní.
Otro ejemplo significativo es el del restaurante Mishiguene. Conmocionó a la colectividad judía porteña con platos que toman inspiración de la diáspora culinaria de este pueblo.


“Mishiguene llegó para ocupar un lugar que no estaba –dice su chef, Tomás Kalika–. La cocina judía en realidad no existe como tal. Lo que existe es una mirada culinaria que nace a partir de las recetas dejadas por nuestro pueblo en diferentes países del mundo. Son platos que nuestras madres y abuelas mezclaron con su nostalgia y su alegría. Nosotros mantenemos su sabor usando creatividad y técnicas contemporáneas. Esta es la esencia de nuestro restaurante.” No es todo. Los deli judíos que enloquecen Nueva York tienen dignos representantes locales. Hoy en día, comer un excelente sándwich de pastrón en un marco moderno y agradable, diferente a las antiguas y tradicionales rotiserías del Once, es posible.
La carne es fuerte. Los fanáticos de los tradicionales braseritos en la mesa tienen todavía mucha tela para cortar, pero los cambios en el rubro carne están a la vista. Pequeñas parrilla de nueva generación manejadas por parrilleros-cocineros enemigos del feedlot, obsesionados por la procedencia de la carne y por la correcta alimentación del ganado vacuno están abriendo una brecha importante en el mercado.
German Sitz, chef-propietario de La Carnicería, no tiene dudas: “Me parece que la propuesta gastronómica actual relativa a la carne vacuna está evolucionando mucho. El comensal hace preguntas sobre crianza, procedencia, raza y sobre el tipo de alimentación del ganado. Esta necesidad de información contribuye a mejorar la calidad del producto y del servicio que se ofrece en las parrillas. Un comensal exigente estimula el trabajo de los productores y ayuda a difundir la idea de carnes diferenciadas y de alto valor organoléptico (sabor, textura, olor). En mi restaurante el producto es todo. La carne vacuna es una materia prima noble que hay que respetar, agregándole valor”.
¿Carne fresca o carne madurada? ¿Choripán de la Costanera o chorizo artesanal/de autor de Palermo? ¿Ojo de bife de Kobe o asado banderita? ¿Provoleta tradicional o de queso de cabra? Nuevos dilemas aparecen en los sueños de los carnívoros empedernidos.
Lo clásico, remixado. Los neo-bodegones florecen en la ciudad. Espacios que celebran la tradición culinaria ítalo-hispano-porteña mirando hacia el futuro. Vermut sí, pero también sprizt, julep o un Campari con naranja acompañados por platitos que muchas veces se transforman en tapas.
La milanesa a la napolitana sigue firme pero al lado de las papas fritas aparecieron las papas bravas. La burrata es una alternativa a los cubitos de queso gruyere. La radicheta convive con la rúcula y la cerveza rubia de toda la vida comparte la barra con las nuevas cervezas artesanales elaboradas en todo el país.
Hamburguesas gourmet. La moda y la necesidad empujaron el nacimiento de los restaurantes monoproducto, especializados en un solo tipo de receta ofrecida en diferentes variantes. Un buen sistema para segmentar la oferta, fidelizar a los clientes y reducir costos. Especialidades que normalmente se identifican con la comida chatarra han sido elevadas a comidas de buena calidad. Los rubros donde el monoproducto avanzó con más fuerza son los de las hamburguesas, panchos, crepes y sandwichería en general.


Para David Sovilj, de Tierra de Nadie, especialista en hamburguesas gourmet, se trata de una tendencia en ascenso. “Nos sentimos orgullosos de ser uno de sus pioneros. Es una responsabilidad que nos obliga a ser innovadores, muy estrictos con la calidad del producto y siempre atentos a no cruzar la línea que separa una muy buena hamburguesa artesanal y creativa de un verdadero desastre”, dice.
Hoy, los menús de estos establecimientos proponen hamburguesas de autor de notable gramaje, elaboradas con diferentes carnes y cortes y en versiones vegetarianas. Los aderezos son muy variados (salsa barbacoa, al whisky, cuatro quesos, picante de rocoto o jalapeño, guacamole, tahine y otras). Al cheddar se suman el queso de cabra, el queso azul y el brie. Las papas fritas bastón de toda la vida están a la par de batatas asadas, de las papas rotas y bravas. Rúcula, hongos portobello, cebolla morada, brotes vegetales y tomates cherry y secos aparecen en las nuevas combinaciones. Pasa exactamente lo mismo con los hot dogs. Las creperías ofrecen infinitas variantes dulces y saladas a los panqueques de dulce de leche y de manzana quemada al ron. Los sándwiches de vacío o de bondiola desmenuzada (pulled pork) son el furor de las nuevas rotiserías porteñas.


Las dos P. A pesar de una prensa no del todo favorable, la harina de trigo (refinada y en todas sus variantes) sigue cosechando adeptos, siempre y cuando los productos elaborados con la misma sean de calidad. No es casual entonces el crecimiento de nuevas panaderías artesanales y de auténticas pizzerías italianas.
Las nuevas panaderías son, hasta el momento, un coto casi exclusivo de Francia con alguna intrusión italiana. Julieta Oriolo, de La Alacena, opina: “La apertura de las nuevas panaderías artesanales se debe a la búsqueda de una mejor alimentación. Sus panes son más naturales y se elaboran con masa madre, sin aditivos, sin pre mezclas, utilizando buenas harinas orgánicas e integrales alternativas a la clásica 000. Me encanta que el consumidor reconozca la calidad y sea exigente. Muchas personas están tomando cursos de panadería para elaborar el pan en su casa. ¡Es maravilloso!”. Hoy ya no es muy difícil encontrar buena pastelería hojaldrada, crocantes baguettes, ciabatte, focaccia, panes multicereales, con semillas y con frutas secas. Proponer pizza estrictamente italiana en el país más italiano del mundo después de Italia y que además desarrolló su propio modelo pizzero parece la lucha del Quijote con los molinos de viento. Sin embargo y de a poquito empezaron a abrir sus puertas pizzerías que proponen verdadera pizza napoletana y romana. Harina de alta calidad, poca levadura, fermentación larga y pausada, buenos ingredientes y cocción a la piedra en horno alimentados rigurosamente a leña son los diferenciales que los amantes de esta especialidad encuentran en estos lugares.
En una ciudad que tiene en su ADN mucha inmigración europea se instalaron buenas interpretaciones de cocina regional contemporánea del Viejo Continente, lugar de origen de algunas de las cocina más cotizadas y reconocidas del planeta. Parece estar casi definitivamente cerrada la época de los restaurantes de cocina europea demodé y un poco tristones. Hoy es posible disfrutar de lecturas actualizadas de cocina nórdica, de tapas y pinchos ibéricos, de cocina de producto francesa y de platos regionales italianos más frescos y modernos.
La ciudad cambia.
Su gastronomía, también.
Link a la nota: http://www.clarin.com/viva/Pietro-Sorba-define-paladar-porteno_0_1700830025.html

Clarín - Todo Viajes - ¿Obra de arte o comida? Almorzar en un restaurante tres estrellas Michelin

¿Obra de arte o comida? Almorzar en un restaurante tres estrellas Michelin

Zona Franca
Una experiencia gastronómica de vanguardia en el restaurante Quique Dacosta, en Denia, España.

Quique Dacosta está de viaje, nos dice Giovanni quien nos hace pasar al patio donde, bajo unas sombrillas y en un entorno acogedor, nos servirán el aperitivo. Estamos en el restaurante Quique Dacosta, en Denia, Comunidad Valenciana, España, un establecimiento con tres estrellas Michelin, presente en la lista World’s 50 Best Restaurants y con varios premios más.


No somos conscientes, nuestras expectativas son altas, pero ingenuas frente a los que nos espera: una jornada única de experimentación de sabores. Son las 14.30, hora de almuerzo tardío, pero no tanto en tierras españolas. Para cuando terminemos con el menú “Fronteras” habremos degustado extrañas preparaciones distribuidas en seis “actos”, más de diez vinos diferentes... y serán las 18.30.


Ante nuestras miradas atónitas circulan alcachofas (alcauciles) fritas, cuencos de sopa verde, buñuelos de bacalao y un carbón –en serio, es un trozo negro, un carbón– de pericana. Colores y sabores conocidos –algunos más que otros– adoptan formas desafiantes.
Con el trabajo de 25 personas en la cocina y 8 más atendiendo las mesas, la ceremonia continúa puertas adentro.


Cuando te ofrecen agua no se trata, simplemente, de decidir si querés con o sin gas, sino de elegir entre Manantial de Benassal (un municipio de la provincia de Castellón) o aguas de Noruega, de Cuenca, de Alsacia o de Florencia. A medida que se suceden los platos, con vajilla adaptada a cada creación, uno entiende el asunto de los “actos” que figuran en el menú: aquí hay una verdadera teatralización de la comida, la imaginación llevada al límite culinario, un lenguaje propio de los sabores, sensibilidad artística, adrenalina en cada bocado. Aquí hay un chef que es, a la vez, director de arte y creativo de una obra que se repite cada mediodía, cada noche, frente a una mesa.


Pasamos del “pulpo seco a las llamas” y “hueva de mújol acariciada de curación y sal” en el segundo acto, al “tomate aplastao” y el “huevo de sepia”, entre otros platos del tercer acto. De los “langostinos a la parrilla, al guiso de curry verde, aguacate y maíz”, las “yemas de erizos de las rotas al cardamomo y hojas de pepino”, “anguila en llamas” o “gamba roja de Denia Twombly” del cuarto acto, al “cocido de gallina vieja” del quinto.


Hay sexto acto con postres: nieve de melocotón, café en el chocolate, pétalos de rosa, cóctel de manzanas de oro.
Pasamos toda la tarde comiendo y bebiendo. Almorzamos experimentando. Entreteniéndonos gastronómicamente. Entendiendo que aquí no se llega para saciar el hambre, sino para apreciar una obra de arte y vivir una increíble experiencia sensorial y vanguardista.