jueves, 12 de marzo de 2020

Clarín - VIVA - Investigación a fondo: cuál es el auténtico ADN del alfajor argentino

Investigación a fondo: cuál es el auténtico ADN del alfajor argentino

La prehistoria de una de las golosinas que más comemos y cómo llegó a la Argentina.


Los registros más antiguos que los filólogos españoles han podido exhumar datan del siglo décimo. Un célebre recetario anónimo, el Kitab al-Tabih o Libro de los platos, escrito en idioma árabe-magrebí (la variación dialectal del norte de África), emplea el vocablo hašu como término comparativo en una de sus recetas. Dice: “Se toma buen acemite (sic) y se amasa con la levadura, se rocía con algo de agua poco a poco hasta que se deshaga y haga un espeso hašu”. ¿Qué es este hašu,al parecer tan conocido en el Magreb que puede utilizárselo como referencia o ejemplo para el hoy famoso, clásico e icónico alfajor criollo?
Sabemos, por lo pronto, que su nombre proviene del verbo hasawa (“rellenar, embutir”), que su preparación debía estar difundida entre los seguidores del profeta Mahoma, y que debió expandir su presencia a medida que el Califato de los Omeyas propagaba e imponía la fe del Omnipresente y Omnisciente Originador de todo cuanto hay en la tierra: Alá.

De Africa a España

La guerra santa empujó al hašu hacia el norte de Africa, hasta cruzar el Estrecho de Gibraltar y conquistar, tras la caída del reino visigodo y la proclamación en el 756 del Emirato de Córdoba, la península ibérica. Pero entre los pueblos que colaboraban en el avance arrasador del Islam había algunos, como los bereberes, para los que el árabe no era su lengua materna, por lo que habían asimilado el idioma del Corán con arreglo a su propia gramática.
La lengua berebere carecía de artículo determinado y a sus hablantes les resultó imposible distinguir el artículo en la lengua árabe, de manera que adquirieron su léxico a la que te criaste, artículo incluido. Cuando el árabe berberizado entró en contacto con el romance castellano de los cristianos mozárabes, palabras como hašú se incorporaron al alfabeto latino como si se les hubiera adosado un prefijo: alhašú.
"En el sigo XIII, el alfajor arraigo en aquellas regiones de España en que el imperio arabe logró consolidarse, empezando por Andalucia". 
En 1275 aparece recogido en el Vocabulista in Arabico del religioso Ramón o Raimundus o Raymond Martí o Martín o Martini (lo citan de mil maneras) otro término llamativo: fašúr¸ proveniente del persa afšor (“jugo”) y éste del persa sasánida afšurdan (“exprimir”), con el signicado de “néctar”. Si aplicamos a esta base léxica el mismo procedimiento que recién mencioné, nos queda alfasur. (...) Y así llegaríamos, señoras y señores, a la primera versión de la palabra que da título a este libro: alfajor.
(...) Habría que aguardar noventa y nueve años para obtener una descripción un poco menos lacónica del alajú-alfajor. Diego de Guadix explicará en su Diccionario de arabismos que “alfaxor llaman en España a cierta golosina o suerte de rosquillas, o empanadillas, en que interviene: miel, pan rallado y tostado y alguna pimienta y especie”.
Sebastián de Covarrubias, en su famoso Tesoro de la lengua castellana o española de 1611, suscribiría esta tesis: “ALAXU, este vocablo está corrompido de alaxur, o de alfaxur, que todos estos nombres significan una misma cosa, y valen tanto en lengua arábiga como en la nuestra, conserva hecha de miel y especias y pan rallado”.
Reducido a su formulación más básica –pan de miel y especias propio de las festividades–, el alfajor estaba emparentado con el mi-kong chino, el melitates griego, el panis mellitus romano –que era parte del menú de las Saturnales–, y, si seguimos su evolución, el panforte de Siena, el pain d’epices de Dijón y aun el ginger bread del norte de Europa.

Facundo Cabral, el autor y especialista. Es considerado el primer catador de alfajores.
Facundo Cabral, el autor y especialista. Es considerado el primer catador de alfajores.
(...) Están también, aunque son menos y carecen de fundamentos sólidos, los que afirman que alfajor deriva de alfahua, palabra árabe –dicen– equivalente a “panal de miel”. Otros, entre ellos la Real Academia Española, consideran en cambio que alfajor sería un término más moderno derivado de otra raíz (fašúr), y que al comienzo aludió al vino medicinal, el néctar.
(...) Naturalmente, el alfajor arraigó en aquellas regiones en las que el imperio árabe logró consolidarse, empezando por la actual comunidad autónoma de Andalucía, que hoy incluye, entre otras, a las provincias de Córdoba –capital entonces del Califato Omeya, sede de la Gran Mezquita y centro de peregrinaje–, Jaén, Cádiz y Sevilla.
Pero la volatilidad esencial del alfajor se puso de manifiesto ya en su primer contacto con la cultura occidental, y en esta breve delimitación geográfica aparecieron las primeras divergencias de su historia y los primeros alfajores regionales.
(...) El alfajor conquistó adeptos de los más altos estamentos de la sociedad española. Era costumbre entre los duques de Medina Sidonia agasajar a sus invitados con “canastas d’alajú” y “cargas de alfajores”.
En 1624 el propio rey Felipe IV tuvo ocasión de degustar el dulce medinés. Entre los gastos de aquel banquete “se cuentan ocho ducados que se abonaron a Juana la Espadera por la arqueta de alfajores con papeles dorados y plateados”. Papeles dorados y plateados, como los de aquellos alfajores que varios siglos después reaparecerían en las confiterías porteñas: el eterno retorno...

Alfajores, una de las golosinas más ricas del mundo.
Alfajores, una de las golosinas más ricas del mundo.

De España a Latinoamérica

La descripción exhaustiva del alfajor-alajú español no sirve para explicar ese negro abismo que separa a la golosina mora de la golosina latinoamericana.
Que la comida evoluciona es evidente, pero las evoluciones suelen obedecer a una lógica más o menos rastreable. En cambio, la deformación sufrida por el alfajor de este lado del océano haría imposible reconocer su filiación, de no ser por su nombre, que ha quedado intacto. Una buena cantidad de dulces árabes pertenecientes a la familia del alfajor ingresaron en nuestras pampas, pero todos ellos siguieron una línea evolutiva más o menos coherente, cuando no conservaron idéntica su apariencia.
Los polvorones argentinos, por ejemplo, imitan la forma y consistencia del sevillano, pese a que la preparación nacional desdeña la canela y los frutos secos.
Tampoco las empanadas, cuyo estatus de plato patrio y su alto desarrollo a nivel regional permite homologarlas al alfajor, han sufrido mayores transformaciones respecto de su antecesor español. Lo mismo puede decirse de los buñuelos y el flan, que aunque no sean de abolengo árabe, debieron seguir un recorrido similar hasta asentarse en estas tierras. Entonces, ¿a qué móviles obedeció la monstruosa mutación de los alfajores?

La versión latinoamericana

Se ha intentado descartar con toda ligereza la tesis evolucionista, en favor de una tesis de la arbitrariedad, según la cual el alfajor habría salido, con Dios, de la máquina, o sería fruto de la loca imaginación de los negros. Jorge D’Agostini, en su buen libro Alfajor argentinoHistoria de un ícono, propone que tal vez haya nacido de “la prueba audaz de un vendedor de pasteles que, teniendo sólo una torta frita en cada mano y un poco de dulce al alcance, decidió unirlas y probar el resultado”.
Vicente Rossi, por su parte, afirma que “el alfajor nunca fue árabe, ibero ni europeo, sino rioplatense, y que su nombre es un encontrón congo-árabe en tierras del Plata”.
(...) En algunos lugares tuvo descendencia popular, por no decir espuria. El clérigo jienense Francisco Delgado sugiere en su novela picaresca La lozana andaluza (1528) una de las posibles vías que encontró el alfajor para propagarse más allá de España. Aldonza, una prostituta sefaradí perseguida por la Inquisición y exiliada en Roma, describe de este modo el legado culinario heredado de su abuela: “Lo mejor del Andalucía venía de su casa. Sabía hacer hojuelas, pestiños, rosquillas de alfajor, testones de cañamones y de ajonjolí, nuégados, sopaipas, hojaldres…” (...)
En sus Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales de 1627, Fray Pedro Simón menciona al alfajor como integrante de un inventario de viaje, junto con bizcochos, conturas y rosquillas. La mención en singular, como si se tratara de un sustantivo de masa, y pareciera indicar o bien que se trata del alfajor en tanto pasta (la que se usaba para las rosquillas) o de las tortas murcianas que se dividían en triángulos; en todo caso, esta pista gramatical permite advertir que el carácter absoluto de porción, de “dosis indivisible”, de “torta blindada para uno solo” o “cápsula” –al decir de Juan José Becerra– bajo la cual “late la totalidad”, no se había desarrollado aún.
Lo más probable es que el “vuelo transoceánico” que depositó el alfajor en América (aunque debió haber unos cuantos) haya estado auspiciado por la Iglesia católica y los ciento cinco conventos de clausura que hacia el siglo XVII se habían levantado a lo largo y ancho de América. Ordenes como la de San Jerónimo, según parece, se habían especializado en la elaboración del alfajor, tal como lo demuestra la todavía vigente fama de los alfajores sevillanos del Monasterio de Santa Paula.
Un recetario manuscrito de finales del 1600 atribuido a la jerónima estrella Sor Juana Inés de la Cruz contiene unas indicaciones para cocinar, entre otras cosas, alfajores: “Clavo, canela, pimienta poquita, ajonjolí, piñones y nuez”. La lacónica receta está inconclusa, evidentemente, pero nos sirve para notar la presencia del alfajor en Centroamérica ya en el siglo XVII, aunque en el Convento mexicano de San Jerónimo las hermanas todavía respetaran la fórmula andaluza al pie de la letra.
Un recetario manuscrito de 1600 atribuido a sor juana ines de la cruz contiene indicaciones para cocinar alfajores con clavo, canela, piñones y nuez. 
El alfajor de Sor Juana se extinguiría al poco tiempo. Apenas si han quedado unos tenues rastros en América de esas tentativas por importar el dulce español sin alteraciones. Era inútil: pese a su pólvora y sus pestes modernas, los conquistadores no tuvieron más remedio que adaptar sus costumbres a la oferta local, y lo que no se mestizó murió. El encuentro entre nativos y europeos estuvo regido (casi siempre) por un principio dialéctico: no hubo sumisión sin resistencia, todo se hibridó. Y aun donde el exterminio de los pueblos indígenas fue total, la simple inexistencia de determinados ingredientes en ciertas regiones, junto a la abundancia de otros nuevos y desconocidos, obligaron a la gastronomía española a americanizarse.

El libro,. debut bibliográfico de Calabró, publicado por Planeta,
El libro,. debut bibliográfico de Calabró, publicado por Planeta,

De Centroamérica a Sudamérica

Los conventos de clausura fueron apareciendo progresivamente en sentido norte-sur, y es curioso notar que cuanto más tardía resultaba la instalación de los monasterios, más profunda fue la transformación operada en la fórmula del alfajor, hasta llegar al radical cambio de formato, a la refundación total del dulce. Si en México se levantó el primer convento americano, los siguientes se situaron en Venezuela y Puerto Rico, hasta llegar, finalmente, al Virreinato del Perú.
(...) Basta con verificar el estado actual del alfajor en el vasto territorio comprendido por la franja occidental de Sudámerica –desde Perú a lo que se conoció como el Reino de Chile, el cual incluía nuestras provincias cuyanas– para cerciorarnos de que el nuevo alfajor no era el caprichoso resultado de los delirios de alguna monjita rebelde o posesa; y si en todo caso fue al principio una obra aislada de la inspiración demoníaca, debió difundirse a la velocidad del rayo, a juzgar por el hecho de que en ciudades tan distantes como Trujillo y Moquegua (Perú), Manabí (Ecuador), Valparaíso (Chile) y Salta, auténticas variedades de alfajores regionales hayan resistido al paso del tiempo, en calidad de dulces tradicionales de clara estirpe colonial.
(...) Si las monjas tenían terminantemente prohibida su salida de los monasterios, los dulces caseros que ellas mismas elaboraban gozaban de una libertad mucho mayor. Eran una figurada vía de escape hacia el mundo exterior y, sobre todo, una manera de sustentarse económicamente.
(...) Además de la estructura de emparedado, los diversos ejemplares del flamante alfajor tenían en común la composición de la galleta: se trataba de una típica masa de convento, que se usaba genéricamente para casi todos los dulces; una especie de bizcocho a base de yema de huevo y harina, en esencia, con poca azúcar, grasa de cerdo al principio y grasa de vaca o manteca a medida que empezaron a incorporar elementos locales; a veces, un alcohol de alto contenido etílico (aguardiente, pisco, cognac, oporto, licor de anís) a modo de agente leudante.
En Chile se designó con un nombre específico este estilo de galleta: hojarasca. Y aunque se nos resienta el orgullo, debemos decir que las referencias bibliográficas más antiguas que dan cuenta del alfajor sudamericano aluden al alfajor chileno antes que al argentino.

Clarín - VIVA - Paulina Cocina y El Gordo Cocina: de instagramers a best-sellers

Paulina Cocina y El Gordo Cocina: de instagramers a best-sellers

A Paulina Roca y Víctor Manuel García los siguen cientos de miles en las redes y ahora publican sus primeros libros. Carisma, sponsors, público joven. ¿Tiemblan los chefs tradicionales?


Videos de cómo hacer papas fritas que tienen más de un millón de reproducciones, posteos en Instagram con el paso a paso de las arepas con más 15 mil “me gusta”. El fenómeno de los cocineros en las redes sociales irrumpió hace algunos años y, lejos de decaer, se afianza cada vez más. “Creo que a todos nos gusta comer rico y siento que Internet nos llevó a estar súper conectados unos con los otros. Esa onda de retomar la tradición, la comida de la abuela, hacer tu pan o tus pastas. La aparición de Instagram, la penetración del smartphone y un crecimiento muy rápido de Internet, todo se dio en un momento justo. La gente empezó a buscar referentes en otros lugares”, opina sobre el fenómeno Víctor Manuel García, conocido como El Gordo Cocina, uno de los cocineros instagramers más populares del momento, que ya cosecha casi 700 mil seguidores en su cuenta oficial.
Paulina Cocina, indiscutible pionera en la materia –tiene cerca de 2 millones de suscriptores en YouTube​ y casi roza el millón de seguidores en Instagram– cree que la clave del éxito es que Internet llegó para “democratizar” el mundillo culinario: “El mundo digital es un mundo llano. No importan los contactos, no importa si conozco al dueño de no sé dónde. Si lo que hacés no está bueno, chau. Y en mi caso, a los seguidores les salen las recetas y eso lo saben. Mi enfoque va por la idea de que no hay que ponerse a estudiar para poder mejorar la cocina hogareña de todos los días”.

El Gordo Cocina, venezolano y especialista en marketing. /Andrés D'Elia y Lucia Merle.
El Gordo Cocina, venezolano y especialista en marketing. /Andrés D'Elia y Lucia Merle.
Pero tanto El Gordo como Paulina saben que no todo pasa por la virtualidad. Por eso, ambos acaban de editar sendos libros para captar a todo ese público que no está en las redes sociales o los que sí lo están y disfrutan del fetiche del objeto. El Gordo Cocina lanzó Sabor, un volumen que reúne más de ochenta recetas fáciles con ingredientes cotidianos, mientras que Paulina editó Paulina & Compañía (su segundo libro), pensado para que los jóvenes y adolescentes den sus primeros pasos culinarios. “Yo creo que es un libro que podrían leer tranquilamente desde niños de 12 hasta jóvenes de 25 años. Son recetas para pijamadas, para la previa, y lo hice acompañada de amigos y amigas youtubers”, cuenta Paulina.
Fue en el año 2010 –casi la prehistoria, en términos de Internet– cuando Paulina G. Roca (ese es su seudónimo en las redes sociales, su nombre real muy pocos lo saben) decidió dar sus primeros pasos como “influencer de cocina”. Hacía tiempo que vivía en Barcelona haciendo un doctorado en Sociología.
Nosotros hacemos lo que nos gusta pero tenemos en cuenta recetas puntuales y específicas para gente que, por ejemplo, no consume azúcar.

El Gordo Cocina

COCINERO
“En la universidad estaba todo el tiempo rodeada de una cosa muy solemne, seria, de papers académicos. Entonces me aburrí y una mañana me levanté y filmé un video de cocina. Hice un pastel de papas. Yo siempre decía que la cocina era la única pasión estable de mi vida. Empecé a subir un video por semana a YouTube, que después publicaba en un blog”, recuerda.
El proyecto duró un año. Luego lo dejó por mucho tiempo, hasta que fue madre y decidió volver a vivir en Argentina. “Ahí lo encaré de nuevo muy profesionalmente, muy para adelante. Internet ya era otra cosa y me dediqué a full a eso.” Con 1,6 millones de suscriptores en YouTube, 2 millones de visitas mensuales en su blog y 820 mil seguidores en Instagram, actualmente Paulina dedica todo su tiempo a la cocina. Su trabajo no implica sólo largas jornadas de rodajes para elaborar sus videos semanales, sino que también invierte muchas horas en estudiar los vericuetos de Internet: cuáles son sus videos más vistos, qué gusta y qué no, cuáles son las páginas de cocina más famosas y por qué.

El segundo libro de Paulina Cocina está pensado para adolescentes. /Andrés D'Elia y Lucia Merle.
El segundo libro de Paulina Cocina está pensado para adolescentes. /Andrés D'Elia y Lucia Merle.
“Soy socióloga, sé qué preguntarle a los datos, porque el dato por sí solo no dice nada. Ahora estoy haciendo hace unos meses un estudio de nicho gigante, de más de 30 canales de cocina de YouTube. Tengo un Excel con millones de datos que guardo uno por uno. Voy mirando, comparando y tengo muchas conclusiones”, cuenta casi en éxtasis. Paulina es divertida, entusiasta y expansiva. Una auténtica socióloga cocinera; una versión geek de Doña Petrona.
-¿El trabajo con las métricas es tan importante como la cocina en sí?
-Es una parte fundamental que disfruto. Con los datos que recolecté aprendí mucho sobre en qué momento decís las cosas, qué imagen poner al principio para que la gente se quede mirando. Internet es como un bebé, es el mundo, es caos. El que ordena, gana. No es lo mismo que yo te muestre una flor, o que te diga “cuatro flores que podés poner sin que se marchiten al día siguiente”. Todo tiene que estar estructurado, tener un horario, un día de la semana.
-Tu trabajo está ligado a Internet, que es cambiante. ¿Te inquieta el futuro?
-No me inquieta el futuro, me inquieta cansarme. ¿Sabés lo que es cuando tenés una estructura armada y, por ejemplo, te cambian el algoritmo? Que vengan y te digan: ahora es diferente y los videos tienen que empezar de otra forma. No tenés la vaca atada para nada. Como la típica: “¿Te acordás de fulanito?”, eso nos va a pasar a muchos. Me puede pasar a mí o a quien sea. Me va re bien hoy, pero en cinco años puede que no.
-Muchas veces hay prejuicios con los llamados “influencers”, ¿por qué creés que pasa?
-Tiene que ver con que somos gente autogestionada que nos estamos quedando con parte de la torta, de la audiencia, de la pauta. Vos “cocinás y te filmas”, te dicen. No, hago jornadas de rodajes, trabajo muchísimo. Nadie llega a cuentas grandes, de 500 mil seguidores, sin laburo. Porque en otros medios vos podés estar acomodado, y eso en Internet nunca te va a pasar.
-Ustedes muchas veces necesitan de las marcas para poder ganar dinero. ¿Es difícil encontrar el equilibrio?
Se va aprendiendo, y aprendés diciendo que no. Si yo tuviera un programa de televisión, aparezco, vamos al corte y se ve la pausa publicitaria, que está muy diferenciada del contenido. Con nosotros muchas veces requiere una especie de compromiso. Aprendés no comprometiéndote con cosas que no te representan y también haciendo que quede claro que me están pagando o que es algo comercial. Acepto pocas cosas, las que me cierran. Además, yo tengo mi tienda online, mis libros, mis productos propios. Eso me liberó, no vivo de las marcas y tengo esa tranquilidad.

"Sabor", el primer libro de El Gordo Cocina. /Andrés D'Elia y Lucia Merle.
"Sabor", el primer libro de El Gordo Cocina. /Andrés D'Elia y Lucia Merle.
-Con esta explosión de los cocineros influencers, ¿creés que sigue habiendo un espacio para los chefs más tradicionales?
-Hay público para todo. Yo me cuelgo un montón viendo a gente que sabe mucho, que tiene un talento que yo no tengo. Pero son dos cosas separadas. Una cosa es la forma de encarar la cocina. El ser humano come y cocina desde que es ser humano, hay un abanico enorme que puede convivir perfectamente. Y otra cosa son las plataformas. El trabajo en redes sociales tiene algo de lo que nadie habla, y es que precisás tiempo y plata. No existe la historia épica de que estabas todo el día en una oficina y de repente triunfaste. Para triunfar tenés que laburar, y para laburar necesitás tiempo y plata. Muchas veces, un profesional de la gastronomía ya tiene ocupado su tiempo con un restaurante, o un programa de tele.
El rey del sabor Víctor Manuel García (El Gordo Cocina, para sus seguidores) es venezolano, pero vive en la Argentina desde hace muchos años. Nunca estudió cocina porque su familia le dijo que se iba a morir de hambre y le recomendó seguir una carrera “seria”. Fue así que se dedicó al marketing y la comunicación, ámbito en el que se desempeñó con éxito en una empresa multinacional con sede en Buenos Aires. Todo eso hasta el año 2015.
“En ese momento tenía 35 años y llegué a un momento de quiebre, no me veía en una oficina para siempre. Empecé a trabajar freelance y tenía más tiempo libre. Fue ahí que retomé mi amor por la cocina. En ese momento, la gente famosa de las redes sociales tenía su origen en la tele; todavía no se había producido ese quiebre de gente que sale de la nada y comienza a ganar notoriedad sin ser conocida de otro lado. Hasta que un día decidí abrirme una cuenta de Instagram para mostrar lo que hacía”, dice Víctor Manuel.
De a poco, algo que empezó como hobbie fue sumando cada vez más y más seguidores. Cuando llegó a los 50 mil, las marcas comenzaron a acercarse y varias propuestas tocaron su puerta.
Desde ese momento, él y su socio (Alexander Wittman) empezaron a dedicarse al proyecto a tiempo completo. Hoy, El Gordo Cocina tiene 629 mil seguidores en Instagram, lo convocaron para ser parte del staff del programa Cocineros Argentinos y acaba de editar su primer libro, Sabor.

El Gordo Cocina en acción. /Andrés D'Elia y Lucía Merle.
El Gordo Cocina en acción. /Andrés D'Elia y Lucía Merle.
-¿Cómo surgió la idea de Sabor?
-Hicimos un gran esfuerzo en entender lo que le gustaba a la gente y poder transformar eso en un libro que fuera de consulta pero frescobien simple, directo. La receta con pocos ingredientes, un paso a paso claro con detalles y tips para que te salga bien. Es un poco la lógica de la red social llevada al libro.
-¿Apunta a un público diferente que el de Instagram?
-Nuestro público es de 25 a 45 años, la edad –más o menos– de los que estamos todo el tiempo conectados en las redes. Pero hay gente mayor que necesita el libro o simplemente gente que le gusta el fetiche del objeto. Instagram particularmente no es un lugar donde puedas buscar fácilmente información. El libro permite tener la búsqueda rápida de la referencia, marcarlo, sacarle fotos a la receta, leerlo muchas veces.
Te dicen: 'vos cocinas y te filmás'. No, hago jornadas de rodaje, trabajo muchísimo. Nadie llega a 500 mil seguidores sin laburo.”

Paulina Cocina

SOCIÓLOGA Y COCINERA
-¿Qué es lo que más te piden o te escriben tus seguidores?
-Lo que más nos escriben es “qué linda esa receta”. Muchas veces me hacen consultas de cómo reemplazar aceite por manteca o harina común con harina integral. Entonces intentamos hacer recetas donde esos ingredientes puedan ser intercambiables. Y damos consejos para que, si cambiás el ingrediente, igualmente te salga bien. Nos llegan mil mensajes diarios. Tratamos de responder todo y estar al día.
-¿Notás un auge cada vez mayor de la comida sana o incluso vegana? ¿Cómo te adaptás a eso?
-Nosotros hacemos lo que a nosotros nos gusta, pero tenemos en cuenta esos perfiles con recetas puntuales y específicas. Por ejemplo, hay mucha gente que no consume azúcar, o lácteos o carbohidratos, entonces intentamos ir por ese lado, para que tengan un abanico de comidas que contemplen esas características. A veces es muy difícil, pero nosotros mismos, en esta búsqueda, hemos empezados a comer mejor. Somos responsables, en ese sentido, de mostrar que hay otra forma de comer, que no todo salga de pote o de lata.
-Empezaste a hacer viajes y combinarlo con lo culinario.
-Sí, tratamos de mostrar la gastronomía del lugar y una mirada más personal. A veces te dicen “andá allá”, pero antes queremos saber bien por qué. Nos pasó en España, cuando llegamos a la Plaza Mayor en Madrid. Nos habían recomendado el sándwich de calamar. Había varios lugares, en uno había cola de dos cuadras y los otros estaban absolutamente vacíos. Los dueños de los otros locales estaban desesperados: “No hagan caso a Internet”, nos decían. Probamos todos y nos dimos cuenta de que no había diferencia. En ese caso, era un fenómeno de las redes sociales. Recomendamos cosas para comer rico a precios accesibles.

Paulina Cocina cocina fácil, rico y barato. /Andrés D'Elía y Lucia Merle.
Paulina Cocina cocina fácil, rico y barato. /Andrés D'Elía y Lucia Merle.
-Como “cocinero instagramer”, ¿sentís que hay conflicto con los chefs más tradicionales?
-Yo creo que ahora no tanto. Al principio sí lo sentimos un montón, pero ahora no es tan así. Muchos de los cocineros tradicionales ya entendieron que lo que hacemos es bien honesto y transparente. No se trata de buscar plata o fama. Entiendo que el público se comparte y que hay lugar para todos. Una cosa no va en contra de la otra. Quizás la gente quiere de lunes a viernes comer rico y saludable en su casa y el sábado quiere salir a un restaurante gourmet. Son disfrutes y experiencias distintas.

Infobae - Económico - Ley de Góndolas y la revisión de Precios Cuidados, las dos discusiones que protagonizarán las alimenticias y el Gobierno

Ley de Góndolas y la revisión de Precios Cuidados, las dos discusiones que protagonizarán las alimenticias y el Gobierno

La Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal) recibirá a Paula Español el lunes. También Amcham tiene en agenda un encuentro
El 7 de abril vence la primera etapa del nuevo
El 7 de abril vence la primera etapa del nuevo "Precios cuidados" y habrá revisión para el trimestre abril-junio
La reglamentación de la sancionada Ley de Góndolas y la revisión del programa “Precios Cuidados” para el próximo trimestre son las próximas dos discusiones que las compañías alimenticias y del sector de supermercadismo tendrán en los próximos días con la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, en momentos en que si bien se percibe una desaceleración de la inflación, hay una fuerte preocupación dentro del Gobierno en torno a la evolución de los precios de los alimentos.
En el caso de la Ley de Góndolas, perdida la primera batalla de evitar que el Congreso sancione la norma, la apuesta es ahora trabajar sobre su implementación, mientras que con el programa de precios, la discusión pasará por analizar suba de costos y buscar que el Gobierno convalide aumentos, si fueran necesarios. Pero hay pocas expectativas de los empresarios en torno a esta posibilidad; menos aún en el actual contexto, en el que hasta el propio presidente, Alberto Fernández, insiste en culparlos por los aumentos.
Español ya tiene prevista una visita a la sede de la Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal) para el lunes para hablar con los industriales sobre todos los temas en agenda: Precios Cuidados, Ley de Góndolas y también la evolución de los costos y cómo éstos inciden en la conformación de los precios.
“Hay varios factores de incidencia. En enero se reestableció el IVA, hubo modificaciones de Ingresos Brutos y tasas municipales; y aumentos de salarios. Los $3.000 para la categoría inicial de alimentación implican 12%, y en el interior hay muchos trabajadores en esa categoría”, dijeron en Copal.
La expectativa de los empresarios es que el Gobierno no autorizará aumentos superiores al 3 a 5% promedio
La expectativa de los empresarios es que el Gobierno no autorizará aumentos superiores al 3 a 5% promedio
Ademas, agregaron que hay un alto stock de deuda financiera y un bajísimo uso de la capacidad instalada que hace que los costos fijos aumenten. La presión fiscal en la industria, que alcanza al 40% y 50% en el caso de las bebidas, es otro factor determinante. Por otra parte, los empresarios remarcan que una cosa es el precio de salida de fábrica y otra el precio en el negocio, se defienden en el sector.
Español llegará a Copal con las cifras de cómo evolucionó “Precios Cuidados” desde enero y les transmitirá cuál es la idea para el próximo trimestre, es decir, qué tendrán en cuenta a la hora de disponer aumentos y en dónde lo ven viable. Las definiciones llegarán luego de los encuentros individuales con cada empresa, pero en las compañías creen que no habrá demasiado margen. La expectativa es que la suba promedio permitida oscile entre el 3% y el 5%, con la excepción de carnes, frutas y verduras, que deberían haber tenido una revisión mensual y no la tuvieron.
Desde el día uno de vigencia del programa, Español remarcó que la lista de 311 ítems podría aumentar con las futuras revisiones (es decir, que podrían incluirse productos), pero que no estaría permitido que las empresas saquen productos durante un año. En este sentido, el Gobierno seguirá buscando sumar marcas líderes de categorías importantes al programa, como por ejemplo el azúcar, que no pudieron incluir en enero por diferencias en materia de precios con las compañías productoras (Ledesma Tabacal).
Ley de Góndolas, una batalla perdida
En cuanto a la Ley de Góndolas, sancionada por el Senado a fines de febrero y con la cual las empresas de consumo masivo y el supermercadismo estuvieron en contra desde el primer momento, el objetivo será intentar que la reglamentación sea lo menos costosa posible para las compañías. En la reunión del lunes con Español, Copal le planteará la inaplicabilidad que avizoran, y lo mismo hará la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) y la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham), que también tiene agendado un encuentro con Español para el martes próximo.
El punto más crítico que plantea la Ley es que las empresas tendrán, por categoría, un espacio del 30% en la góndola, por lo que si se trata de un producto que tiene mucha rotación, la reposición deberá ser permanente. Ese porcentaje no podrá ser modificado, pero lo que sí deberá trabajarse en la reglamentación son las categorías. ¿Serán amplias o acotadas? ¿Habrá un 30% para cada empresa que fabrique lácteos o leche fluida?
Algunos sectores buscarán que las categorías sean lo más amplias posibles, pero otras empresas que tal vez cuentan con muchas marcas de un mismo producto prefieran que haya una mayor discriminación para poder tener un mayor aprovechamiento de su oferta de productos en la góndola.
Cómo se definirán las categorías para el cumplimiento de la Ley de Góndolas, uno de los temas a definir
Cómo se definirán las categorías para el cumplimiento de la Ley de Góndolas, uno de los temas a definir
Otro punto a discutir será el porcentaje de reserva que deben dejarle los comercios a las pymes (25%). En categorías donde no hay pymes, como por ejemplo en la industria de bebidas, ¿qué se hará con ese espacio? Lo que intentarán las compañías es que ese porcentaje se reparta entre los jugarores de la góndola.
Por otra parte, los empresarios plantearán que los productos de Precios Cuidados queden fuera del 30% exigido por empresa por categoría y, en el caso de los supermercados, que quede bien definido cómo jugarán las marcas propias. Es decir, si podrán o no competir, en cada categoría a definirse, por el 30 por ciento.
Otra duda es si los comercios chicos también estarán obligados a cumplir con la ley, ya que así lo sugiere la norma sancionada, pero no era la idea original. El objetivo inicial de los promotores de la iniciativa era que sólo fuese para las grandes superficies. En el caso de los locales más chicos, no sólo no tienen el espacio suficiente como para cumplir con los porcentajes establecidos, sino que para el propio Gobierno es más difícil el control.
La autoridad de aplicación, que se supone será la Secretaría de Comercio, tendrá 90 días para reglamentar la Ley desde su promulgación, que todavía no salió.