jueves, 16 de febrero de 2017

Minuto Uno - Gastronomía - No es humo: presentaron la primera parrilla descartable

No es humo: presentaron la primera parrilla descartable

Aunque es de cartón y pesa lo mismo que un bife, el genial invento promete ser la solución ideal a la hora de disfrutar un asado sin llevar muchos trastos.
Parece un origami, pero la parrilla descartable "Tu punto" funciona de verdad, es 100% ecológica, de cartón biodegradable y fácil de transportar porque pesa apenas 200 gramos.

El cajoncito de felicidad fue diseñado por Emmanuel Scianca, un estudiante de Diseño Industrial de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata (UNLP). Viene desarmada, sí, pero una vez que el usuario logra encastrarla sirve para al menos cuatro asados.

La parrilla tiene lugar para 4 brochettes que pueden servir para soportar desde chorizos y verduras hasta cortes de carne de hasta 2 kilos.

Quizás no sea el caso más extremo del amor al asado que todo lo puede, pero la parrilla Tu Punto ya ganó un reconocimiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, entre otros premios.

Link a la nota: http://www.minutouno.com/notas/1536998-no-es-humo-presentaron-la-primera-parrilla-descartable

Revista Planeta Joy - Comer - Aves alternativas: platos de plumíferos para darle un descanso al pollo

Aves alternativas: platos de plumíferos para darle un descanso al pollo

Las aves, que durante siglo tuvieron un sitio privilegiado en las mesas opulentas, cuentan con su lugar de prestigio en algunos de los mejores restaurantes de Buenos Aires. Joy te cuenta dónde probarlas.

Es curioso notar cómo, en las cartas de los restaurantes tradicionales, los platos de pescado, generalmente encolumnados a la derecha de las carnes y pastas, fueron desplazando a las aves (las carnes rojas, casi siempre vacunas, reinan en la columna de la izquierda). Porque hace 40 o 50 años, en vez de pescado uno se encontraba con una lista de aves, generalmente pollo, en diferentes preparaciones. Y ni hablar de lo que sucedía durante la primera mitad del siglo XX, donde no faltaban palomas, martinetas y pavos en los restaurantes de los grandes hoteles.

Hoy las aves, ya sean de caza o corral, no tienen tanto protagonismo en los menúes (apenas asoman uno o dos ítems), pero eso no impide que conserven sus nichos donde los plumíferos gozan de gran prestigio. De hecho, las aves enteras bridadas fueron los platos favoritos de nobles y monarcas, algo sumamente sofisticado e infaltable en cualquier mesa que se preciara de tal.
JOY salió a la calle y te cuenta cuáles son los reductos donde podés dar buena cuenta de un plumífero, cual rey del medioevo.


El tartare de ñandú de PURATIERRA ($140)Esta ave corredora, que recuerda al correcaminos, realmente merece el rótulo de “carne alternativa”. Es que ni siquiera los vernáculos la conocen bien, y no son pocos los que, por prejuicio, se niegan a probarla. El problema es que, al ser tan magra, no es apta para muchas preparaciones, pero viene “de perillas” como base de un steak tartare. Así lo interpreta Martín Molteni, factotum de Puratierra. El chef emplea la pata y parte del ala de animales oriundos de La Pampa, presas que pica y mezcla con mostaza de Dijon, alcaparras, cebolla, un chorro de aceite de oliva, sal, pimienta y unas gotas de Tabasco (Molteni ni siquiera usa huevo). “Busco tocar lo menos posible esta carne de atractivo color violáceo, de sabor muy particular”, afirma el cocinero. Lo sirve sobre una laja acompañado de hojas, brotes y flores de estación.
3 de febrero 1197, Belgrano / T. 4899-2007
La perdiz rellena en CAFÉ SAN JUAN ($160)Esta es otra de las aves, tradicionalmente de caza, que tuvo (y tiene) gran prestigio entre los comensales. Durante mucho tiempo fue un bocado reservado para agasajos de importancia, e incluso se utilizaba como regalo y moneda de cambio. También era costumbre comer una perdiz y masticar un perdigón producto del disparo del cazador, cosa que hoy casi no sucede porque, en su gran mayoría, vienen de criadero. Entre los excéntricos que la preparan está Leandro Cristóbal, de Café San Juan, que emplea una perdiz tipo europea y la hornea rellena de panceta, avellanas y pasas de uva, con una salsa de panceta, champiñones y vino blanco, además de una guarnición de papas fritas, tomates cherry y champiñones.
Av. San Juan 432, San Telmo / T. 4300-1112
La codorniz según la estación de RESTÓ ($240)Guido Tassi se caracteriza por un fino equilibrio entre tradición y vanguardia. Como cultor de la tradición francesa y admirador de Michel Bras, gusta de los platos con abolengo, pero a su vez es entusiasta e innovador, y no está ajeno a las últimas tendencias en materia culinaria. A Tassi le fascinan las codornices, faisánido muy apreciado en la Edad Media, al punto que la tiene en la carta desde hace 18 años. Estas aves son versátiles, delicadas, ya sean de criadero o de caza, y ofrecen infinitas posibilidades a la hora de cocinarlas. Al taciturno chef se las entrega un proveedor de confianza, siempre frescas y deshuesadas con bisturí. Los rellenos cambian según la época del año y la disponibilidad de productos; actualmente las embute con espinacas y avellanas, además de una pizca de canela. La guarnición es de apionabo y se sirve sobre un jugo de cocción de ave.
Montevideo 938, Barrio Norte / T. 4816-6711

El magret de pato de LE LACTiempos mejores conoció este palmípedo, cuando en la Argentina se comercializaban otras variedades, como el pato Mulard. Sin embargo, no hay que desmerecer al noble pato Pekín, animal de color blanco, pecho grande y alas cortas. A pesar de que proviene del criadero, su carne conserva parte de su sabor agreste natural. Una de las mejores opciones para experimentar esta ave es la que ofrece Diego Irato, el chef ejecutivo del Sofitel Cardales La Reserva. En su restaurant Le Lac prepara un magret de pato Pekín grillado y terminado en el horno, apenas un par de minutos, acompañado de una mousseline de papas y echalottes, coronados por puerro frito. El magret es una presa exquisita y la gracia está justamente en la gruesa capa de grasa que tiene pegada entre la carne y la piel. Es esa grasa la que, cuando se grilla, le da palatabilidad y sabor, junto con la piel crocante, mientras que la carne propiamente dicha se come un tanto “rosé”. Al menos Irato tiene el buen tino de prepararlo así. Un “must” que debe ser probado.
Ruta Panamericana N° 9, Km 61, Campana / T. (03489) 435-850


El coq au vin de TOMO I ($390)Basta que cualquier cosa tenga la bandera francesa para darle chapa de sofisticada, y el coq au vin, o “gallo al vino”, no es la excepción. Pero este es un sinsentido del imaginario colectivo, porque no es más que un plato rural, de campesinos, actualmente asimilado a la cocina de bistrot. Tradicionalmente, se hace con un gallo viejo que no puede cumplir la función de reproductor (el precio a pagar por la pérdida de vigor, animal que por su textura requiere una larga cocción, aunque actualmente casi siempre se emplea pollo. Federico Fialayre, francófilo hasta la médula, lo tiene en su carta de Tomo I. El hombre realiza un fondo de ave concentrado, valga la redundancia, con apio, puerro, cebolla, zanahoria y los huesos del pollo, con el que lo cocina junto al vino tinto durante aproximadamente una hora. A pesar de que la cocción no es larga, la carne del animal, embebida en el sabor de las verduras y el vino, se desprende con facilidad de los huesos. Se acompaña con zanahorias glaseadas y espárragos en cocción corta. Como es un suculento plato de olla, conviene comerlo en días no muy calurosos.
Carlos Pellegrini 531, Microcentro / T. 4326-6695
El faisán al “rotisseur” de LA BOURGOGNE ($1300)Esta vistosa ave tiene más historia encima que un Petit Larousse. Favorita de príncipes y caballeros medievales que pronunciaban “el voto del faisán”, una suerte de juramento heroico creado por el conde de Borgoña mientras trinchaban al animal, hoy no se sirve prácticamente en ningún restaurante porteño. Pero, como en tantas cosas, La Bourgogne es la excepción. Jean Paul Bondoux y Sergio González, el sous chef, preparan un faisán que traen de un antiguo criadero de Luján, desplumado y eviscerado. Primero lo rellenan con manteca, pan rallado, cebolla, tomillo y ajo, y luego lo cuelgan del superlativo “rotisseur” que Jean-Paul supo traer de Francia. Allí gira durante unos 35-40 minutos y, finalmente, se lleva en la mesa carro y se despieza a la vista del comensal, a la vieja usanza. Lo acompaña una guarnición de morillas, repollo, panceta, uvas y piñones.
Ayacucho 2027, Recoleta / T. 4808-2100


LA POLÉMICA PALOMA La paloma, animal que causa aprensión a la mayoría de los porteños, es considerada una exquisitez en muchos países europeos, al punto que en los grandes restaurantes es una referencia ineludible en la carta. Pero vamos, que no estamos hablando de las palomas que deambulan por las plazas, sino de las domésticas de criadero, o las salvajes de caza, estas últimas de carne más densa y aromática. Justamente, estas son las que prepara Jean-Baptiste Pilou en Fleur de Sel (La Pampa 3040, Belgrano), palomas de caza que trae un proveedor especializado en carnes de caza, cerca de Valeria del Mar. El galo prepara la pechuga por un lado y la pata muslo confitada por otro (en dos cocciones), con habas y arvejas a la francesa, panceta y cebolla de verdeo. La acompaña con un puré de papas trufado y una tostada con una mousse elaborada con los menudos del ave, además de un espejo de jugo de cocción hecho con la carcasa de la paloma, coñac y oporto. No siempre la tiene en la carta porque la provisión es irregular, así que conviene preguntar antes de ir. El precio es de 320 pesos.
Por Luis Lahitte 

Link a la nota: http://www.planetajoy.com/?Aves_alternativas%3A_platos_de_plumiferos_para_darle_un_descanso_al_pollo&page=ampliada&id=9303

miércoles, 15 de febrero de 2017

Revista Brando - Comer+Beber - El secreto detrás del éxito de Kentucky

El secreto detrás del éxito de Kentucky


Por Cicco / Foto de Ignacio Sánchez 
Años 40. Hipódromo de Palermo. Gran premio burrero, con mucho dinero en juego. En las tribunas, tres amigos suman plata y se la juegan por un caballo. Tienen una fija o vaya a saber si la tienen: el tema es que van decididos y ponen la tarasca allí. 
Los otros burreros los reconocen, los saludan y algunos les piden autógrafos a estos tres amigos -aún no hay celulares para tomarse selfies-. Los tres son futbolistas reconocidos. Pero la historia pasó hace tanto, y el juego nunca estuvo muy bien visto que digamos, que el nombre de aquellos futbolistas se ha borrado de esta historia. Una pena. Pero bue: lo que importa aquí es lo que sucedería después. 
Como podrán intuir, los tres amigos ganan el gran premio burrero y se llevan una torta -de plata-. Con ella deciden que, para mantener la amistad, la unión y blablablá, se comprarán un local en una esquina altamente transitada de Buenos Aires: la de Santa Fe y Godoy Cruz. Allí, montaron un negocio tradicional: una pizzería bien de barrio. La bautizaron, en honor al golpe de suerte que los convirtió de futbolistas estrellas en empresarios gastronómicos, Kentucky. La abren con bombos, platillos y mozzarella en 1942. 
Y aquel nombre y aquella esquina se mantuvieron inalterables, inviolables e incuestionables -si tiene más palabras terminadas en "able", colóquelas a continuación-, durante décadas y más décadas. La pizza de Kentucky se estableció como un sitio donde comer bien, barato y pop. 
Los jugadores, ya veteranos, vendieron la pizzería a otros inversores. Y estos inversores diversificaron la carta: incorporaron milangas, bifes, papas fritas. Lo hicieron tanto restó como pizzería. El tiempo pasó y los nuevos inversores volvieron a vender Kentucky. Ya en el 2000, un grupo de socios vieron en esa esquina una oportunidad para capitalizar una leyenda pizzera en un modelo de negocios de franquicias. Invirtieron en el local: US$ 15.000 por el fondo de comercio -una ganga-. 
Los socios tenían experiencia en el rubro: algunos tenían cafés, otros pizzerías y otros como Sebastián Furman, se habían iniciado en el eslabón más duro de la cadena gastronómica: como lavaplatos en Desiderio, en Santa Fe y Esmeralda. Desde allí, escaló y escaló hasta que se posicionó como uno de los socios de la tercera generación de dueños de Kentucky. Los que hicieron de una pizzería de barrio, obra y magia de la carambola burrera, un plan ambicioso de reproducir el nombre a lo largo y a lo ancho de la ciudad. 
Lo primero que hicieron los tres nuevos socios fue un brain storming y luego un plan de negocios. Se preguntaron: "¿Qué es lo que hace a Kentucky un clásico? ¿Qué valor agregado lo mantuvo a lo largo del tiempo?". Y los tres exclamaron cual coro de barítonos de parroquia: "¡La pizza!". Llegada esta conclusión, el trío estableció cambios: redujo el menú. Tanta diversificación, creyeron, había hecho que sus predecesores se vieran obligados a vender. Quitaron la milanesa, los bifes, el pollo al horno. Y dejaron, reluciente, aceitosa y chorreante, la pizza, la vedette de Kentucky. El local era reconocido también por la venta de pizza al corte. Así que los socios concibieron un menú donde todo cliente de paso pudiera morder su pizza sin temor al bolsillo. Como dijimos, el plan era mozza-ambicioso: reproducir Kentuckys por los 47 barrios porteños -¿o eran 48?-. 
El primer año, aún en plena crisis, les fue pum para arriba: en el 2000 vendían 500 pizzas diarias, y la cifra se duplicaba los fines de semana, cuando el local permanecía abierto las 24 horas. 
En 2002 inauguraron el primer clon de Kentucky: a tres cuadras del original, en Santa Fe y Thames, frente a La Rural. Meses más tarde en Caballito. Luego en Villa Urquiza, Belgrano y Flores. De la noche a la mañana, había Kentuckys por todas partes. 
Como el nombre ya era parte del genoma porteño, no había mucha necesidad de promoción. Los kentuckianos viejos llevaban a sus hijos de la mano como si trataran de compartir un rito ancestral. Les explicaban el arte de comer la pizza de mozza sin chorrearse la remera y cómo el dúo de pizza y fainá resuena con tanta armonía como el de Lennon y McCartney, el de Jagger y Richards o el de tostada con manteca. 
Pero se preguntará usted y con razón por qué Kentucky se expandió con tanta rapidez mientras que otras pizzerías clásicas del Obelisco, como Las Cuartetas, Güerrin, Los Inmortales o El Cuartito, duermen en los laureles pizzeros de un solo local. Por qué Kentucky se desmarcó de las pizzerías tradicionales de renombre y vivió el sueño glorioso de todo emprendedor gastronómico de ver multiplicar su negocio en todas partes. 
La respuesta -al menos una de ellas- hay que buscarla en un hombre de pocas palabras. Un tipo de bajo perfil. Un empleado histórico de Kentucky que viene trabajando en el local original de Godoy Cruz y Santa Fe desde hace, casi, 40 años: Víctor Hugo Sánchez, el pizzero de Kentucky. Víctor Hugo -este y no el otro- logró que su sello pizzero tuviera eco incluso en los famosos. Desde el Diego, que venía a probar su mozza en tiempos de su regreso teñido en Boquita, hasta el Facha Martel. Mauricio Macri, en sus tiempos de jefe de Gobierno de la Ciudad, y Roberto Piazza, que caía tardísimo y devoraba a dentelladas las pizzas de Víctor. 
Todas las mañanas, Sánchez prepara, como parte de su religión pizzera, las masas que se consumirán en el día. Y las del día anterior se descartan. Si le preguntan, dirá que a diferencia de otros locales, sus pizzas tienen ese sabor barrial, chorreante, de pizza de molde porque él -y solo él- las hace con -escuche bien- amor y delicadeza. "No hay que amasar con fuerza", confesó alguna vez. 
Sánchez trabaja 10 horas al día y vive a una cuadra de la pizzería. Ya formó a más de 30 pizzeros de la cadena -tres por cada local- que siguen su legado de amasar como si hicieran masajes a un niño y de rociar el asunto todo lo amorosamente posible. 
Ya llevan 35 locales y venden 500.000 pizzas al mes -además de 250.000 empanadas-. En las últimas temporadas, inauguraron siete Kentuckys al año. Hasta se dieron el lujo de inaugurar uno a todo trapo en Coronel Díaz y Santa Fe, esquina cajetilla, al que llamaron Big Kentucky. Allí montaron hornos a leña -para darle impronta ahumada a la fórmula de Sánchez-, mientras que en las demás es a gas. Y ampliaron las cartas: ensaladas y pastas caseras. 
Y, antes de cerrar esta historia, hay que hablar de un elemento vital que para Sánchez es como el agua bendita del sacerdote. La mozzarella. 
A Kentucky lo surten cuatro marcas de mozzarella. Y ellos juran y recontrajuran que cada pizza grande tiene 350 gramos de mozza, mientras que la competencia, en promedio, suelta a duras penas 250 gramos. Y cada local -con el permiso y la bendición de Víctor Hugo- hace su propia receta. Su propia combinación. A veces, hay mozzarellas suaves y otras veces picantes. A veces, la mozzarella sienta mejor en ensalada caprese que en la pizza, y eso un pizzero de alma que se pone la camiseta por su trabajo debe saberlo. A esa paleta de sabores, los discípulos de Sánchez le dan su toque, su magia, su esplendor, en cada uno de los chiquicientos locales de Kentucky -esperan en 2017 llegar a los 40, y ampliar y ampliar el territorio de expansión-. Los pizzeros de la nueva generación se juegan, en esa fórmula mozzarellosa, ocupar el podio que Sánchez, Dios no lo permita, dejará algún día. Y en ese futuro remotísimo caerá en sus manos la responsabilidad de seguir haciendo de Kentucky la number one de la pizza barrial que -juran- compite ni más ni menos que con McDonald's, que será la número uno de las comidas rápidas del mundo, pero no lo tienen a Sánchez. 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/1984250-el-secreto-detras-del-exito-de-kentucky

Minuto Uno - Gastronomía - Este es el Top 5 de las cervezas artesanales más populares

Este es el Top 5 de las cervezas artesanales más populares

Las opciones son cada vez más diversas en un mercado local que no para de crecer, y se sabe que no hay mejor sommelier que un gran entusiasta de la materia.
El mercado local de cervezas artesanales se expandió mucho en los últimos años en parte gracias a una moda, sí, pero también porque son productos de calidad y eso es algo que cualquier amante del lúpulo sabe apreciar.

Las cervezas artesanales preferidas por los argentinos<br>
De hecho, una encuestra entre 1300 suscriptores del club birrero Bierful demostró que los sabores preferidos de los cerveceros son bastante variados pero el amor por la amarga IPA es más fuerte que nunca.

  1. Pilsen Bohemia de Uelts. La única lager del ranking tiene un estilo Bohemian Pilsner originario de Pilsen, en República Checa, con una presencia clara del tradicional lúpulo Saaz. Impecable para acompañar pollo asado, ensalada, pescado, pizza, queso brie y salchichas estilo bratwurst.
  2. Dubbel de Schäferhund. De origen belga y estilo más complejo que la Pilsen Bohemia, esta roja tiene un sabor intenso a malta y levadura marida excelente con el asado -en especial con cerdo o de tenor más graso- y postres de chocolate.
  3. Kölsch de Peñon del Águila. Inspirada en las cervezas Kölsh (Colonia) alemanas, conserva un sabor limpio y un aroma suave y afrutado. Su sensación refrescante la hace perfecta para degustar en verano. Combina muy bien con carnes blancas y platos suaves.
  4. India Pale Ale de Berkeler. Después de tres estilos europeos continentales, le toca el turno a la tradición británica. Si bien el perfume y amargor del lúpulo es bastante moderado en esta versión, la clásica IPA conserva su abundante espuma. Una bebida perfecta para carnes fuertes y comidas picantes (como el curry) o con postres muy dulces.
  5. IPA Argentina de Letzen. Esta cerveza figura en listados de estilo internacionales. Los lúpulos de origen patagónico con notas frutales, en su mayoría cítricas, le dan su identidad. Como resultado nos encontramos con una IPA de intensidad moderada, sin asperezas y absolutamente refrescante.

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Perfil - Ciencia - Se viene el falso asado: “carne” con proteínas vegetales

Se viene el falso asado: “carne” con proteínas vegetales

Nuevas empresas buscan reemplazar las proteínas animales en nombre de la sustentabilidad. El negocio de tener gusto a carne.
La preocupación por la conservación de la naturaleza, unida a la muy siglo XXI tendencia a seguir modas dentro de ciertas clases socioeconómicas, logró que aproximadamente 9 de cada 100 personas en el mundo se declaren vegetarianas. Se calcula que el comercio de productos dedicados a ellas aumenta un 40% año a año y, solo en los Estados Unidos, la venta de productos sustitutos de la carne (milanesas de soja, por caso) creció un 18% en los últimos cinco años, alimentando a un mercado de mil millones de dólares. En la Argentina, se estima que entre el 1% y el 2% de la población es vegetariana.
Quien adhiere a la práctica acostumbra alegar que lo hace en defensa del medio ambiente, para disminuir la cantidad de muertes animales y también con el objetivo de mitigar los efectos del cambio climático. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), un 70% de la tierra deforestada en América Latina se usa para cultivar pasto. La actividad ganadera es responsable del 14,5% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, el principal gas causante de calentamiento global. Las estimaciones de especialistas indican que una dieta vegetariana reduciría en un 35% el impacto del ser humano sobre el medio ambiente.
En medio de este boom animalista y vegetarianista, surgen los negocios. Y así es como científicos de diversas ramas fundan pequeñas empresas (start ups) centradas en investigar cómo producir alimentos sin recurrir a la carne. Cómo reemplazar las proteínas animales con proteínas vegetales y con moléculas fabricadas en los laboratorios. Es que la soja no tiene buena fama, el tofu no convence a muchos y la sensación de estar masticando cartón no destronará nunca al placer de morder una hamburguesa jugosa y con sabor a parilla, a carbón, a asado.
Ese es el desafío: que nuevas comidas imiten a las carnes del mundo real. Que tengan sus propiedades, su color y su sabor sin incluir una brizna de animal de ninguna clase.
En nombre de la naturaleza
“Este no es un producto para vegetarianos”, aclara Patrick Brown, bioquímico de la Universidad de Stanford, que fundó su propia start up centrada en la producción de alimentos. “Nuestra razón para hacer esto es brindarle opciones a las personas que aman la carne y no van a dejar de hacerlo”, asegura el fundador de la novísima Impossible Foods.
Algo similar dice Josh Tetrick, creador de Hampton Creek, que usa un sustituto del huevo creado en el laboratorio para fabricar aderezos de diferente tipo, incluyendo mayonesa. “No pretendemos llegar a los consumidores que tienen una conciencia fuerte acerca de qué es comer saludable. Lo que creemos es simple: si la gente tiene acceso a algo que sabe bien y que es mucho más barato lo va a consumir, aunque ni preste atención a cuán saludable es”.
Lo que dicen ambos es que no buscan que la población entera sea vegana (ellos lo son), sino impulsar un movimiento de alimentación sustentable basado en el reemplazo de la carne y de los derivados de la carne a través de vegetales y sustancias creadas en los laboratorios. Aseguran que son más baratos y que, entonces, permitirán alimentar a más cantidad de gente con menos daño al medio ambiente y a la salud.
“Los próximos años traerán muchas novedades –advierte Joseph Puglisi, profesor de biología estructural en la Universidad de Stanford, que trabaja en la investigación de alternativas a la carne-. Podemos utilizar un amplio rango de fuentes proteicas vegetales y crear una paleta completa de texturas y sabores a partir de ellas, por ejemplo carnes ahumadas, salchichas, cerdo, entre otros”.
Puglisi es consejero en otra de estas start up con eje en la industria de la alimentación, Beyond Meat, que hasta recibió inversiones de Bill Gates y fue la primera en impulsar esta tendencia.
Componentes y sustitutos. Otro Brown, esta vez de nombre Ethan, es el fundador de Beyond Meat, que ya produce lunchs que pueden contener croquetas de carne, hamburguesas y salchichas en diferentes tipos de salsas… todas falsas. Todas de origen vegetal pero con apariencia cárnica y un sabor, dicen sus defensores, muy similar al de la carne animal.
Brown pasó ocho años trabajando en una empresa fabricante de combustible basado en células de hidrógeno, “hasta que supe que el ganado origina más gases de efecto invernadero que toda la industria del transporte, y decidí focalizarme en la industria alimenticia”. Buscó científicos especializados y así comenzaron a investigar cómo reformular fibras vegetales en algo similar a la carne, y su primer producto fueron tiras de pollo de imitación.
Fue en Silicon Valley, en la estadounidense California, que Impossible Foods creó una hamburguesa sin carne que sabe como carne. Y que, además, se ve como carne. Ya son cuatro los restaurantes que la promueven y la venden, todos de alta calificación dentro del mundillo gastronómico.
El sueño de Brown: “Impossible Foods acelerará el cambio hacia un sistema alimentario sustentable que dará de comer a nueve mil millones de personas hacia el año 2050”. La propuesta conquistó a investigadores científicos, y también a especialistas de Google y de Microsoft. Tanto, que la empresa ya captó 182 millones de dólares para sus proyectos.
Parece, pero no es. A lo largo de los primeros cuatro años, Brown estudió por dónde debería comenzar su emprendimiento. Eligió intervenir en la composición de la comida más consumida en Occidente: la hamburguesa. Su meta es fabricar tanto la carne como el queso con ingredientes exclusivamente vegetales, pero con el sabor y la apariencia similares a los que tienen esos alimentos de origen animal.
El primer logro fue la hamburguesa en sí misma. Al frente de un equipo de 125 profesionales, Brown estudió la composición de las hamburguesas hechas con carne bovina y descubrió que lo que les da sabor es una combinación de moléculas que también encontró en plantas. Su receta consistió en mezclar proteínas provenientes de papas, trigo, aceite de coco y soja. Con todo, faltaba recrear otro elemento fundamental: la apariencia rojiza.
Allí es donde reside gran parte del secreto de lo que fue bautizada como “la hamburguesa imposible”: una molécula heme. En animales, se halla en la sangre. Pero la heme también existe en la clorofila de las plantas, de donde fue extraída por Brown y su equipo de científicos: con esa molécula logró el truco de dar el tono rojizo de la carne a punto, no recocida.
Brown jura que el sabor final es igual al de la carne. Aunque muchos de los que probaron las hamburguesas, entre ellos clientes y críticos especialistas en gastronomía, afirman que aunque el sabor es similar, no llega a ser idéntico.
“La producción de esta hamburguesa requiere una cuarta parte del agua utilizada para producir la misma hamburguesa a partir de carne vacuna, 1/20 de la tierra y 1/8 de las emisiones de gases de efecto invernadero”, aseguran los expertos de Impossible Foods. “De hecho, pasar de consumir una hamburguesa convencional hecha de vacas a una vegetariana, ahorra tanta agua como una ducha de 10 minutos; elimina los gases de efecto invernadero emitidos a lo largo de 30 kilómetros por un auto promedio, y libera siete metros cuadrados de tierra para la vida silvestre”, agregan.
Lo que queda por ver es cuán nutritivos son estos alimentos. Algo acerca de lo cual los especialistas aún no se han expedido, porque todo sigue siendo muy nuevo.

Link a la nota: http://noticias.perfil.com/2017/02/12/en-breve-el-falso-asado/

Revista Planeta Joy - Beber - En busca del frío justo: llegó la primera heladera cervecera

En busca del frío justo: llegó la primera heladera cervecera

SIAM y Quilmes crearon una heladera con un espacio exclusivo para mantener las cervezas a 2 grados bajo cero.

Varias horas en la heladera con un fugaz paso por el freezer antes de servirla, acumulación de días de frío, conservadoras térmicas para protegerlas una vez llevadas a la mesa y hasta una frappera para darle un shock de último momento. Las técnicas para enfriar las botellas de cerveza pueden ser tantas como bebedores sean.

Para sumar otra opción, en las últimas semanas SIAM y Quilmes crearon la primera heladera cervecera del mercado argentino: tiene un lugar especial donde sopla un tercer frío que acondiciona la cerveza a una temperatura ideal de 2°C bajo cero, el llamado “Punto Quilmes”. Este “reservado” para la cerveza está ubicado en el freezer de la heladera, dispuesta en una puerta especial que permite colocar hasta cuatro botellas de un litro, evitando que se congelen y exploten. 
heladera siam quilmes 
La nueva heladera SIAM punto Quilmes, que es 100% nacional y se fabrica en Planta SIAM, se encuentra disponible en las principales cadenas de retail a un precio sugerido de $17.999. Para su desarrollo y producción se invirtieron más de US$1,2 millones.

Link a la nota: http://www.planetajoy.com/?En_busca_del_frio_justo%3A_llego_la_primera_heladera_cervecera&page=ampliada&id=9410

El Gourmet - Actualidad - Los quesos parisinos más típicos

Los quesos parisinos más típicos

Por elgourmet

Los quesos parisinos más típicos
Siempre al pensar en la gastronomía francesa se nos viene automáticamente a la cabeza el vino y el queso. 
Hay que saber que uno de los quesos más reconocidos es el camembert, famoso por ser el rey de los quesos y que se presta para la creación de increíbles recetas culinarias (producido tradicionalmente con leche cruda), sin embargo, también existen otros cuantos.

Por supuesto la variedad que existe de quesos parisinos es muy amplia y hay para todos los gustos. Así como también hay que saber, que un gran número de tiendas se dedican a la venta exclusiva de éste producto tan típico que muchos turistas se mueren por degustar.

El queso roquefort, famoso por ser un queso de color azul hecho con la leche de oveja coagulada, lo podremos conseguir en Barthelemy, en la Rue de Grenelle, mientras que el queso de cabra, hecho naturalmente con leche de cabra, se puede comprar en Boursault. Pero si lo tuyo es el queso brie, proveniente de la leche de vaca y que contiene una corteza cubierta de moho blanco, te recomendamos adquirirlo en Androuet, que tiene un montón de sucursales por todo París.

Una realidad es que como turistas que somos, nos encanta recorrer tiendas muy específicas que se encarguen de comercializar el producto que deseamos pues de ésta forma nos aseguramos que consumimos calidad antes que cantidad.

No podemos visitar París sin probar parte de su famosa gastronomía, en este caso los tan famosos quesos, y aunque no estemos planeando un viaje pronto, podemos visitar nuestro supermercado más cercano y comenzar a planear una deliciosa cena francesa en compañía de un delicioso vino.

Link a la nota: http://elgourmet.com/nota/los-quesos-parisinos-mas-tipicos