miércoles, 9 de noviembre de 2016

La Nación - Experiencia Gourmet - La combinación perfecta: platos de autor y excelentes vinos

La combinación perfecta: platos de autor y excelentes vinos

El dream team del restaurante Virtus en París, Chiho Kanzaki, Marcelo Di Giácomo y Paz Levinson, realizó un tour gastronómico en Buenos Aires, Mendoza y Bariloche
MARTES 08 DE NOVIEMBRE DE 2016 • 00:01

Sutileza pero también intensidad. Gracia e inteligencia. Pasión por los productos regionales y un respeto absoluto por el mandato de las estaciones. El manejo experto de hierbas, raíces y especias, junto con el trabajo meticuloso sobre las carnes y sus cocciones. Cruce de tradiciones, historias y geografías. Así es la cocina de Virtus, el pequeño restaurante parisino del que todos hoy hablan, comandado por la chef japonesa Chiho Kanzaki junto al argentino Marcelo Di Giacomo, y con la premiada sommelier Paz Levinson a cargo del salón. Un equipo de lujo, que hace muy poco estuvo en la Argentina, invitados por Trapiche a realizar un tour gastronómico, por Buenos Aires, Mendoza y Bariloche, siempre en búsqueda del "blend perfecto": esa unión única entre los platos más deliciosos junto a los mejores vinos de Trapiche.

Trapiche Costa&Pampa.

Trapiche Costa&Pampa.
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Todos los caminos conducen a París

Marcando una imposible línea recta sobre el mapa, de Japón a Buenos Aires hay casi 20.000 kilómetros de distancia. Y, en el medio, Francia, país que durante el último siglo definió el horizonte de la mejor gastronomía mundial. Fue por eso que Chiho eligió Francia para formarse como cocinera, pasando por reconocidas cocinas, hasta desembarcar en el restaurante con dos estrellas Michelin de Menton, en la costa del Mediterráneo. También Marcelo Di Giacomo trabajó en forma privada con reconocidos chefs habiéndose perfeccionado antes como pastelero. Por el lado de Paz Levinson, ella no precisa de credenciales: designada mejor sommelier de América en 2015, y cuarta mejor sommelier en el Mundial de 2016 (única latina en llegar a un puesto tan alto en este certamen), sus primeros pasos fueron en Buenos Aires, vivió en Shanghai por un año y finalmente se desempeñó como sommelier en Le Bristol, el restaurante de tres estrellas Michelin del hotel Epicure, en París.
Ellos tres son el alma, cuerpo y pasión de Virtus, donde juntos elaboran una gastronomía de muy alta calidad, con el foco puesto en los detalles. Parte de esto pudo vivirse en Argentina, en el recorrido que los tres hicieron por cocinas como Espacio Dolli en Buenos Aires, Cassis en Bariloche y Espacio Trapiche en Mendoza, el restaurante de la bodega recientemente inaugurado. Allí se probaron platos replicados del restaurante de París, como las ostras con granita de ananás y crema de echalote (acompañado de Trapiche Costa&Pampa Sauvignon Blanc 2014, los viñedos que la bodega tiene en Chapadmalal), una corvina con puré de chirivia, salsifís y vin jaune (una salsa a base de vino blanco del Côtes du Jura, en el este de Francia) junto con una copa del Trapiche Gran Medalla Chardonnay 2012 (de Gualtallary, Mendoza) o un imponente bife de chorizo terminado al fuego, con zanahorias violetas y chimichurri de cereales, junto al Trapiche Terroir Series Finca Ambrosía Malbec 2011, también de Gualtallary.
El blend perfecto existe. Y estuvo presente en Argentina.
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/1954087-la-combinacion-perfecta-platos-de-autor-y-excelentes-vinos

Telam - Turismo - Tamales, sopa majada y cazuela de carne de llama, los platos que dan identidad a Jujuy

Tamales, sopa majada y cazuela de carne de llama, los platos que dan identidad a Jujuy

Cocineros populares, chefs, productores frutihortícolas y empresarios gastronómicos jujeños participaron del foro impulsado por el programa nacional CocinAr y destacaron a esos manjares como aquellos que reflejan la identidad de la provincia.

El encuentro organizado por el Ministerio de Turismo de la Nación reunió a más de 140 personalidades vinculadas al sector gastronómico en un hotel céntrico de la capital jujeña y trazó alternativas de la identidad culinaria de Jujuy para integrarlas en un futuro Mapa del Turismo Gastronómico del país.




 participamos en la presentación de la mesa Amigos de la cocina con referentes locales de gastronomía 


Magda Choque Vilca, directora de la Escuela de gastronomía de Tumbaya, el chef jujeño Walter Leal, reconocido con el premio Marca País, y el cocinero Eduardo Escobar, fueron solo algunos de los protagonistas que pusieron en valor la utilización de los productos locales como las variedades de papas, maíces y carnes andinas que permiten la elaboración de distinguidos platos jujeños.

"Los pueblos viven de su identidad", señaló a Télam el cocinero internacional Leal, quien además dijo que en muchos lugares del mundo "se construyen restaurantes y alrededor de los mismos empiezan a emplazarse los hoteles", en relación con la potencialidad de la cocina.

 En ese sentido consideró que el trabajo de "los cocineros en Jujuy es admirable en cada región" porque se realiza un "aprovechamiento de los mejores productos, los cuales están al alcance de sus manos".

"Jujuy tiene la cocina menos influenciada del mundo", subrayó. "Lo que busca el turista es la esencia, y hoy lo antiguo está de moda y eso tiene la cocina andina", aseguró el referente gastronómico.

En ese marco señaló que "la sopa majada y la kallapurca son los platos mágicos de Jujuy", y valoró los productos tales como la variedad de papas y maíces que permiten darle un valor extra a cada plato.

A su vez el reconocido cocinero tilcareño, Eduardo Escobar, destacó la participación de los cocineros y cocineras populares porque somos "los que trabajamos en la base" y sostuvo que Jujuy posee una gastronomía diversa y muy rica en las diferentes regiones y épocas del año.

 "Nosotros trabajamos mucho con las pequeñas comunidades –como es el caso de Juella- rescatando los productos propios del lugar para armar circuitos gastronómicos que involucren a los comuneros así plasmar una alianza para gestar nuevas ofertas en la Quebrada de Humahuaca", relató el cocinero en dialogo con Télam.

Entre los productos que le dan un sabor distintivo a los platos jujeños se destacan la carne de llama y cordero, la utilización de la quinoa, las múltiples papas andinas y la diversidad de los sabores y los colores de los maíces.

Link a la nota: http://www.telam.com.ar/notas/201611/169624-cocina-jujuy-platos-identidad.html

Clarín - Sociedad - El temible jurado que les pone los puntos a los grandes vinos

El temible jurado que les pone los puntos a los grandes vinos

Catan y califican
Robert ParkerTim Atkin y James Suckling son los tres críticos más influyentes del mundo. Por qué pueden definir el destino de una botella.

Robert Parker, Tim Atkin, James Suckling: nombres propios capaces de ponerle la piel de gallina a enólogos, bodegas y todo profesional vinculado a la industria vitivinícola. Es que el futuro de una botella se escribe a partir del puntaje que otorgan estos críticos.
Claro que hubo una época en la que los vinos nada tenían que ver con los puntos, hasta que Robert Parker, un enófilo y astuto abogado estadounidense, advirtió que los consumidores carecían de referencias a la hora de comprar.
Así, en 1978 lanzó el primer número de la revista The Wine Advocate, que se conseguía por suscripción. Aunque era gratuita, al principio sólo atrajo la atención de 600 lectores. Hoy la publicación se distribuye en 37 países y para acceder a las seis ediciones que se publican cada año, hay que pagar 125 dólares si el envío es al exterior y 75 dentro de Estados Unidos.
La idea de Parker fue tan exitosa, que pronto le aparecieron competidores, como su compatriota James Suckling y el inglés Tim Atkin.
Todos llevan décadas en la industria y tienen credenciales de sobra, pero su rango de influencia varía de país en país. En Argentina, el lugar destacado parece ser para Atkin. “Él es muy influyente porque viene seguido y hace un reporte muy detallado, visita desde el productor más chico al más grande y entiende muy bien lo qué pasa en la industria del vino argentino”, señala Thibault Delmotte, enólogo de la bodega salteña Colomé.
El sommelier y dueño de la vinoteca WineMakers, Juan Casarsa, coincide: “A Atkin le encanta la Argentina, incluso habla mucho de nuestro país en el exterior”.
Parker, en cambio, cuenta con un staff de expertos que se especializan por región. Los puntajes de los vinos argentinos, por ejemplos, están a cargos del español Luis Gutiérrez, quien pisa estas tierras cada 18 meses.
Conocer el terroir en persona es clave para poder calificar un vino. “El año pasado, Atkin vino a los Valles Calchaquíes y probó todas las etiquetas”, cuenta Alejandro Martorell, dueño de la bodega Altupalka, “esa es la única manera de entender el terruño y poder hablar del vino más allá de los números fríos del puntaje”.
Casarsa está de acuerdo, tal es así que él también sigue esa premisa a la hora de seleccionar los vinos para su vinoteca, “un distribuidor puede decirte que tal etiqueta es de una bodega boutique y resulta que después vas y tiene un tanque de un millón de litros; por eso para saber la verdad hay que conocer al hacedor”.
Susana Balbo, la primera mujer enóloga del país, considera que “la presencia del crítico en la bodega ayuda a que entienda cuál es el sentimiento que hay detrás de un vino. Después evalúan si lo que ellos percibieron al degustarlo coincide con lo que uno le expresó” y asegura que “cuando hay dicotomías no dudan en manifestarlas”.
Sin embargo, es común escuchar que catar un vino a ciegas es la única manera de dar un juicio objetivo. Pero estos críticos profesionales no se dejan influenciar.
Con una larga trayectoria en el mundo vitivinícola, Balbo cató con todos los expertos de renombre. “La cata transcurre en silencio. A veces hacen alguna pregunta concreta, también es común que prueben todos los vinos y recién después te hagan consultas puntuales”, cuenta.
Casarsa, por su parte, trabajó para Gutiérrez y para Atkin, y señala: “cuando catan no hacen un gesto, tienen cara de póker, no te das idea de si les gustó o no. Degustan y hacen preguntas técnicas como el nivel de alcohol, edad del viñedo y proceso de elaboración”.
El sistema de puntuación va del 50 al 100, aunque sólo suelen publicarse los que obtienen de 80 puntos para arriba. Algunos críticos son más exigentes que otros. “Suckling es un poco generoso, él tiene 180 vinos argentinos encima de los 92 puntos y Parker, por ejemplo, tiene solo 60 bodegas”, explica Nicolás Aleman, creador de Premium Tasting, el evento en el que se degustan etiquetas argentinas con más de 92 puntos (ver recuadro).
Claro que cuando un vino es bueno no hay mucha vuelta que darle: puntos más, puntos menos, los críticos le darán una nota similar. “Una cuestión a tener en cuenta es que la etiqueta esté dentro de las preferencias de más de un catador”, indica Daniel Pi, director de Enología de Bodega Trapiche.
Y si de buscar diferentes opiniones se trata, el consumidor tiene para entretenerse, porque hay más críticos: Stephen Tanzer, Antonio Galloni y Anthony Gismondi, aunque son menos conocidos por estos pagos.
Además, si antes era necesario recibir la información por correo, hoy gracias al avance tecnológico, las críticas están a un click de distancia, ya que los reportes se pueden comprar en sus versiones digitales a través de los sitios web oficiales de cada uno de los expertos.
Es cierto que los consumidores argentinos no están muy pendientes de estos números, pero en el exterior, es común que los compradores lleguen a las vinotecas con el ranking en la mano. “En Estados Unidos y algunos países asiáticos, como China, son fundamentales; incluso, hay grandes cadenas que solo aceptan vinos que tengan más de 90 puntos”, cuenta Delmotte.
Casarsa lo experimenta en forma cotidiana. “Los extranjeros que vienen y no conocen etiquetas de Argentina, buscan una referencia y para eso leen a los críticos internacionales, porque tienen más confianza en ellos que en un sommelier que acaban de conocer”, indica.
Pero hasta el mismo Parker reconoce que la mejor guía es el gusto propio, en su sitio web asegura: “Nunca puede haber ningún sustito para su paladar, no hay nada mejor que probar el vino usted mismo”.
Link a la nota: http://www.clarin.com/sociedad/temible-jurado-puntos-grandes-vinos_0_1683431770.html

Revista Brando - Cómo convertirse en el rey del café

Cómo convertirse en el rey del café


  • Martín Cabrales, vicepresidente de la empresa y tercera generación de cafeteros.
Habrá cafés con aires arábigos. Cafés envueltos en sol de Colombia. Habrá cafés teñidos de brisa brasileña y garotas de Ipanema. Del café de su pocillo emergerá aroma a grano tostado, el insufle vaporoso de la calidez cafetera, todo ese intríngulis matinal que lo llena de algarabía pasajera antes de enfrentar el infierno en que se convirtió su vida. Pero todo eso es cosa sabida. Lo que nadie jamás imaginó es que un café pudiera tener tanto olor a apellido. Pero ahí están ellos: los Cabrales, tercera generación de familia cafetera, para dar cabida a lo inimaginable. 
Cuando Antonio Cabrales llegó a la Argentina, desde Asturias, tenía 17 años. No escapaba de la guerra, como lo harían sus coterráneos tiempo más tarde. No escapaba de la gripe española. Ni de la hambruna. Llegó siguiendo el camino de sus muchos hermanos -él era el menor-, que ya tenían trabajo en esta patria tan prometedora. Antonio se hizo de abajo. Y se hizo rápido. No tenía mucha escuela, pero tenía un espíritu emprendedor que catapultaría su apellido por varias generaciones. 
De entrada, no bien puso un pie en el país, irrumpió en el rubro cafetero, a pesar de que ninguno de la familia tenía experiencia en el gremio. Lo emplearon de pinche en Al Grano de Café, propiedad de otro español, amigo de la familia, en un local en Carlos Pellegrini que luego se transformaría en cine. Allí se ganó el derecho de piso. Y luego tocó el techo. Pero no lo hizo en Buenos Aires. El despegue sucedió en la costa Atlántica. En una temporada, el dueño tomó una decisión que cambiaría su vida, y la de esta historia para siempre: "Necesito alguien para cubrir un local en Mar del Plata. Es solo por la temporada". Y allí fue Antonio. 
En ese localcito, Cabrales descubrió que tenía vuelo propio. Rápido para los números, carismático y emprendedor, en un par de temporadas se cortó solo. Le dio las gracias a su patrón español, y a otra cosa mariposa. 
Inauguró su primer local en 1941, un 25 de noviembre de hace 75 años. Lo llamó La Planta de Café -sigue allí la empresa, en Rivadavia e Independencia-. Hizo de todo, como en los viejos tiempos: cargó bolsas, tostó, sirvió, atendió y salió a repartir. Es poco lo que saben sus nietos de aquella primera época. Tenía un solo empleado de apellido García -hoy, sus descendientes siguen en la empresa-. Pero en la familia Cabrales, se repite una misma anécdota. La primera tostada inaugural, al viejo Cabrales, se le quemó. Pero para quedar grabado en un lugar de la historia, se necesita, como mínimo, un espíritu tenaz. O, para decirlo en criollo, un cabeza dura. Y Cabrales, el abuelo, estaba a la altura de las circunstancias. Los marplatenses lo acunaron como un hijo postizo. Y al cabo de los años, el negocio de Cabrales era tan resonante que había hecho migas con los capos colombianos de la Federación de Cafeteros de Colombia. Pero migas que eran prácticamente pan entero. Y en las fiestas, se caían a Mar del Plata y brindaban en las Navidades por un año nuevo juntos burbujeante y cafetero. 
¿Qué podemos decir del primer Cabrales? Era, el primer Antonio, como dijimos, un poco testarudo. Era, esto no lo dijimos aún, amante de la buena vida. Cocinaba como un chef: sus hitazos eran el arroz con mariscos y los pescados. Y para Antonio, esa buena vida había, muchas veces, que salir a comprarla afuera. Le gustaba el whisky Johnnie Walker Etiqueta Negra y el coñac francés. Le gustaba el champán, y de tanta pasión por la bebida se armó una colección: aún hoy sus botellas añejas e importadas se lucen en su local de la calle Alberti. 
Además liquidaba varios atados de Benson al día. Después, se entusiasmó con los L&M. Pero dos veces al año, ya de vuelta en su carrera, se internaba con los adventistas en Entre Ríos a respirar aire puro y beber agüita de manantial. Y luego, con hipnosis, dejó el tabaco. 
Pero, claro, Cabrales tenía una habilidad para convertir sus rasgos en negocios. Así fue como empezó a incluir además de la venta de cafés, la oferta de licores y delicias premium made in afuera. Viajaba en barco y se pasaba cinco meses en Europa, explorando la buena vida con los cinco sentidos, más un sexto sentido comercial. Así vivió hasta los 85 y hasta el último día de su vida, en febrero de 1990, fue a trabajar a la empresa. 
No olvidemos que esta es una historia familiar, no solo personal. Pues uno de los que le dio a Cabrales su expansión nacional fue su hijo, también Antonio. Quique es el primero que tuvo la brillante idea de hacer sobrecitos de azúcar y ponerles su nombre -hoy Cabrales es el que más sobres de azúcar fabrica en la Argentina, vende 20 millones al mes-. Quique era -lo sigue siendo- un innovador. O para decirlo en criollo rompía bien los granos. Cuando los cafés se lanzaban envasados en las góndolas del súper con el color amarronado propio de la semilla cafetera, a Quique se le ocurrió algo: "¿Qué tal si hacemos un modelo de café Cabrales en dorado?". No vamos a decir que su familia no recibió la idea con un poco de susto, pero aquel envase se destacó de la competencia y se instaló en el inconsciente colectivo de generaciones. 
En los años 80, Cabrales puso un pie en los súper y empezó su avance a la conquista nacional. En tiempos en que las cadenas de supermercados tenían dueño de carne y hueso -Disco, Norte, el perdido Hogar Obrero-, José Manuel Cabrales, hermano de Quique, se sentó a hablar con todos ellos y le abrieron las puertas a su café. Primero hacia el sur, rumbo a Ushuaia. Luego, cual plaga cafetera, se contagió al resto del país. 
Como política de la empresa, no apuestan a multiplicar locales ni tener franquicias. Ni bares. Ni dan pocillos de café. "No queremos competir con nuestros clientes", advierte Martín Cabrales, vice de la empresa, la tercera generación cafetera. La empresa, a pesar del arraigo con el café, en los tempranos 90 fue pionera en importar cerveza en lata. 
Hoy en día, los Cabrales abastecen tanto a Maru Botana como a Francesca, o a Havanna y McDonald's. Entre los 400 empleados de la compañía, hay siete que llevan el Cabrales en el apellido. Muchos de sus proveedores tienen ya 50 años de prestarle servicios. Si bien el café sigue siendo café, ahora toda empresa tiene su laboratorio, y emplea a físicoquímicos para encontrar el sabor buscado. 
Aunque somos más materos que cafeteros, un argentino consume un kilo por año de café -Finlandia se lleva el podio con 16 kilos-. 
Luego de décadas de mala prensa, ahora los científicos dicen que el café es un energizante natural, antioxidante y activa la memoria. Tres tazas al día, coinciden, hacen bien. 
Este espaldarazo médico es para los Cabrales un golazo. Sumados a una campaña mundial en apoyo al consumo de café, los cafeteros esperan que el consumo mundial se eleve. La familia Cabrales, mientras tanto, lanzó al mercado las primeras cápsulas nacionales compatibles con Nespresso. Lo encargaron a un maestro cafetero de Bolonia, Italia. Y tras cuatro años de ensayo y error, acaban de introducirlo en el mercado con cuatro sabores diferentes. 
Antes, las góndolas en el sector café eran pobretonas y deslucidas. El amante del café tenía pocas opciones para decidir. Hoy en día, sin embargo, las góndolas argentinas están a la altura de las europeas. Los Cabrales, por su lado, ya tienen más de 20 blends en el mercado. 
"La portación de apellidos no genera derechos", repetía Quique en la mesa familiar. "Llevar este apellido genera obligaciones. Nunca lo olviden". Hoy los Cabrales elaboran y venden alrededor de 600.000 kilos de café cada mes. Por lo visto, se trata de un mandato que nunca olvidaron. 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/1953970-como-convertirse-en-el-rey-del-cafe