viernes, 31 de enero de 2020

Clarín - Sociedad - Qué hacer si un Premio Nobel te pide que comas gusanos

Qué hacer si un Premio Nobel te pide que comas gusanos

La particular sobremesa de un periodista de Clarín tras un almuerzo en México para despedirse de Gabriel García Márquez.

Que sea lo que Dios quiera, pensé, pero ya estaba decidido. No iba a comer gusanos.
Una decisión tomada es una decisión tomada. Ahora, ¿cómo se le dice que no a un Nobel? Tenía frente a mí un bol con gusanos de maguey y al mismísimo Gabriel García Márquez a mi lado, diciéndome, entre paternal y desafiante: “Anda, argentino, ya pruébalos”.
Lo peor de los gusanos -para casi todos en la mesa, crocantes y deliciosos- es que tienen aspecto de gusanos.
Quiero decir: uno no ve a una vaca cuando come un bife, ni a un cerdo cuando come una morcilla ni a un calamar cuando come rabas. Pero lo que ve cuando va a comerse un gusano es... un gusano.
Me asaltó entonces un pensamiento determinante y feroz con el que ahora -casi 22 años después de lo sucedido- no estoy de acuerdo. Aún así, debo contarlo en virtud de la sinceridad descarnada del relato: fue una asociación automática de los gusanos con la podredumbre y, en su versión más espantosa, con los predadores naturales de los humanos cuando la vida nos abandona.
No es natural que nosotros los comamos a ellos, pensé. Definitivamente.
Había llegado a esa encrucijada maldita y lúgubre después de tres días de fiesta donde el Nobel de Literatura nos había dado un Taller de Narración.
Que te dé un curso de narración García Márquez es como que te enseñe a tocar el piano Martha Argerich, o que Roger Federer te dé una clase de voleas.
El Museo de las Intervenciones de la Ciudad de México fue un refugio de 12 horas -tres encuentros de 4 horas cada vez- donde desmenuzar la esencia del periodismo narrativo. Una pretensión utópica para buscar asomarnos a la musicalidad de las palabras, a la construcción de una manera de contar que se basaba en una idea magnífica y ansiada, pero con la imagen cinematográfica de un policial clase B.
Toma al lector por las solapas y no lo sueltes hasta que no termine el último párrafo.
Sí, es fácil decirlo.
Cada jornada de aquel abril de 1998 fue un nuevo intento festivo y extenuante por entender que deben aflorar los detalles, que el ojo se azuza en la profundidad de la mirada, que la nariz se entrena para detectar cuándo el entrevistado titubea (o se molesta, o trata de que no repares en lo que acaba de decir porque no quería decirlo), y que el oído se afina para escuchar entre líneas.
Cada tecla es una letra, de las letras a las palabras, de las palabras a la oración, de las oraciones a los párrafos, y así. Si lo miramos de este modo -de este modo lo miraba el Nobel colombiano- la narración es tarea de orfebres.
Tratar de entender un árbol desmenuzándolo en raíz, tronco, ramas, hojas. Y salir a construir bosques.
Entonces no es lo mismo decir "cien elefantes cruzan la selva" que "99 elefantes adultos y un elefantito bebé cruzan la selva". Y entonces buscá, porque siempre hay alguien que sabe lo qué pasó y tu trabajo es encontrarlo.
La Antigua Hacienda Tlalpan, un lugar de ensueño con pavorreales en sus jardines.
La Antigua Hacienda Tlalpan, un lugar de ensueño con pavorreales en sus jardines.
Y cuando lo encontrás, y creés que ya llegaste, apenas estás comenzando: después lo tenés que contar.
Era recorrer esos laberintos de la narración con el tipo que había elegido aquel manojo de palabras perfectas:
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía habría de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.
Y que ahora te decía que sí, que está bien, que una obra terminada siempre es mejorable, que a Cien años de soledad le hubiesen faltado un par de generaciones más de Buendía para quedar como él hubiese querido, pero que a ese comienzo no le tocaría ni una coma.
Hablábamos cuando la novela había cumplido 30 años, había sido traducida a más de 40 idiomas y había transformado a García Márquez en una celebridad mundial y en el autor más robado en las librerías de Nueva York, un dato que enorgullecía a nuestro profesor: Miren lo que ha logrado el hijo del telegrafista de Aracataca...
Pero ahora todo había terminado y estábamos en el almuerzo final, en un restorán a las afueras de Ciudad de México, en unas mesas dispuestas sobre un parque, bajo sombrillas verdes y con pavorreales caminando entre nosotros.
Realismo mágico, también para el final.
Tres de los periodistas que hicimos el taller habíamos llegado hasta la Antigua Hacienda de Tlalpan -una construcción de 1837 rodeada de un extenso parque arbolado y lleno de fuentes coloniales- en un Nissan blanco conducido por él mismo. Supe entonces que García Márquez era un hombre precavido: en la luneta trasera de su auto -y en una época donde en México no llueve durante semanas- había un paraguas negro.
En el bello restaurante de la hacienda se pueden saborear chiles (pimientos) rellenos de queso o carne picada, piernas de pato hembra al pepián (les juro que el plato se llama así, y jamás sabré la diferencia con las "piernas" de pato macho) , filete chemita (un trozo de carne de vaca que un cliente a quien todos llamaban Señor Chemita pedía siempre con queso derretido y salsa oscura... y quedó), abulón rasurado (un molusco de carne dura que sólo se pesca buceando peligrosamente entre rocas afiladas y con cinturones de pesas)... o (maldita sugerencia del chefgusanos de maguey.
Gusanos de maguey, el plato en cuestión.
Gusanos de maguey, el plato en cuestión.
Y entonces, a poco de acomodarnos en una larga mesa del jardín, García Márquez se puso unos anteojos de marco negro, abrió la carta y preguntó quién querría compartir un manjar de reyes.
Adivinen quién levantó la mano.
Cuando trajeron los gusanos, el maestro vio mi cara -nos había estado enseñando justamente a mirar- y empezó a azuzarme para que los comiera.
Divertido con la situación, se concentró en asegurarse personalmente que yo probara lo que todos llamaban allí, para mi desconcertada ignorancia, el manjar de reyesAnda, argentino, no le des más vueltas, hombre...
Tampoco lo sabía entonces, pero los gusanos de maguey son larvas blancas o rojas de una mariposa que vive en las hojas más bajas del maguey (esas hojas carnosas, triangulares y con espinas como las de nuestro conocido aloe vera), que se recolectan sólo en épocas de lluvia (de julio a septiembre) y que son carísimos por dos características verdaderamente extraordinarias: sólo hay tres o cuatro por planta y, además, la planta muere cuando se los sacan.
Son un alimento riquísimo en proteínas que degustaban los aztecas antes de la llegada de Hernán Cortés, y que estaba reservado a las clases altas. Por eso conservan hasta hoy aquel nombre de manjar de reyes que, cuando levanté la mano que me hundió en la ciénaga moral donde estaba ahora, me hizo pensar en cualquier cosa menos en larvas.
Arrinconado por las circunstancias y el orgullo, pinché una tríada de gusanos con el tenedor y apoyé el codo en la mesa, en posición de descanso. Aunque elegí los rojos -por alguna razón me parecían "menos" gusanos que los espeluznantes especímenes blancuzcos- sabía que la única oportunidad que tenía de llevarlos a la boca era no mirarlos.
Que sea lo que Dios quiera.
Respiré hondo. Sentí la risa de Gabo y su palmada en mi espalda. Nos daba el Sol de frente, de modo que achinar los ojos me daba un alivio natural. Apenas necesitaba el impulso final del coraje cuando oí un murmullo en nuestra larga mesa, la música de una ranchera suave de fondo y voces más fuertes que se acercaban.
Entonces me hice una visera con la mano libre y vi la Providencia. El Nobel había sido sorprendido por el otro flanco por una sobria pero entusiasta fila de mozos y ayudantes de cocina que le alcanzaban libros para firmar.
García Márquez había girado a su derecha y ahora, justo ahora, me daba la espalda.
De modo que el instinto de supervivencia desarrollado durante mi niñez en Ciudadela afloró con la fuerza de un volcán y se me hizo grito interior: ahora o nunca, muchacho.
Entonces mi codo derecho se deslizó suave hacia mi regazo, bajó la mano con el tenedor y la tríada de gusanos ensartados hacia la servilleta sobre la falda, los depositó allí suavemente (dos dedos de la mano izquierda ayudaron a liberarlos de los pinches) y ambas manos hicieron un rollito a la velocidad de un rayo y lo subieron hasta el borde de la mesa.
El "panqueque" de tela relleno de gusanos invisibles desde el exterior descansó allí tres segundos y luego se deslizó hacia la izquierda hasta quedar oculto por el borde del plato en el lado opuesto al que alcanzarían los ojos del Nobel, distraído ahora en las dedicatorias de los libros para autografiar que ya le alcanzaban también mis compañeros de mesa.
Para culminar el movimiento, los dedos de mi mano izquierda quedaron tamborileando la ranchera sobre el mantel, al lado del escondite, fingiendo despreocupación.
Allí seguía mi extraño panqueque de tela cuando, 20 minutos después, García Márquez se paró de golpe, dijo "no me gustan las despedidas, así que gracias a todos por estos días compartidos" y caminó rápido hacia las escalinatas que llevaban a la calle. Y a la nostalgia infinita.
"El sueño terminó", pensé, y creo que también lo dije. Me avergonzó sentir que también disfrutaba de mi sencilla victoria personal cuando uno de los mozos recogió todo lo que había sobre la mesa antes de ofrecer café. Y se llevó en una bandeja brillante, sin abrir y sin preguntas, mi diminuto secreto de servilleta.
Un libro dedicado, el recuerdo de aquel encuentro inolvidable en México.
Un libro dedicado, el recuerdo de aquel encuentro inolvidable en México.

Clarín - The New York Times - Le Marais, un emblemático barrio de París sufre su transformación

Le Marais, un emblemático barrio de París sufre su transformación

Una afluencia de tiendas de lujo está expulsando a los negocios locales del Marais, el histórico centro judío y de la L.G.B.T. de París. Entre las víctimas se encuentra un minimercado, dirigido durante más de 35 años por dos hermanos marroquíes.


PARÍS — En una tarde reciente, Amar Sitayeb apenas cabía detrás de un diminuto mostrador en el minisúper que él y su hermano mayor Ali han operado durante más de 35 años en el distrito Marais del Centro de París. Un gato atigrado gris y regordete merodeaba por el piso, y fotos descoloridas de bebés del vecindario, muchos ahora adultos, estaban pegadas en una vieja caja registradora.
Un montón de clientes regulares fue llegando, tomando papas fritas, chicles y gaseosas. Las compras eran principalmente una excusa para charlar con los dos hermanos marroquíes, conocidos por los residentes alrededor de la Rue Sainte-Croix de la Bretonnerie, una calle en el Marais repleta de boutiques, como los ojos, oídos y alcaldes extraoficiales de la zona.
El cierre de un minimercado dirigido por los hermanos Ali y Amar Sitayeb ha molestado a los parisinos. Ali con un cliente.  (Dmitry Kostyukov para The New York Times)
El cierre de un minimercado dirigido por los hermanos Ali y Amar Sitayeb ha molestado a los parisinos. Ali con un cliente. (Dmitry Kostyukov para The New York Times)
Pero el 31 de enero, su tienda, Au Marché du Marais, cerró, arrastrada en una ola de aburguesamiento de la zona, como casi todos los demás cafés y tiendas independientes a su alrededor.
“Conocemos a todos aquí, hemos pasado nuestra vida con ellos y nos da tristeza irnos”, dijo Ali Sitayeb, de 70 años, antes de que cerrara su tienda.
En lugar de los artículos de primera necesidad que vendía su tienda, como papel higiénico y jugo de naranja recién exprimido, dijo que se instalaría una cadena de lencería Princesse Tam Tam.
El cierre de la tienda, en una calle donde las boutiques ahora venden zapatillas de diseñador de 585 euros, ha molestado a los residentes que ven una advertencia en la forma en que las grandes marcas de lujo respaldadas por dinero y dirigidas a los turistas adinerados están consumiendo los vecindarios y erosionando la identidad cultural.
Los hermanos llevaban mucho tiempo debatiendo cuándo jubilarse. Cuando un incendio por causas eléctricas arrasó con la tienda hace cinco años, el apoyo de los vecinos fue tan fuerte que decidieron continuar. Pero luego, la cadena de lencería, operada por el gigante minorista japonés Fast Retailing, hizo una oferta ventajosa por el espacio.
Cuando los hermanos abrieron la tienda en 1984, el Marais, el distrito judío histórico de París, estaba evolucionando de ser un distrito de fábricas de metal y textiles de clase trabajadora. Abundaban las carnicerías y panaderías.
A medida que se instalaron cafés, bares y boutiques artesanales, el Marais se convirtió en el centro para la comunidad LGBT parisina. Pero un flujo de tiendas de lujo ha estallado desde que terminó la crisis económica y de deuda de Europa en el 2012, dejando fuera al comercio residencial y LGBT, y tomando el control del centro judío.
“Es sólo ropa, ropa, ropa”, dijo George Fischer, un jubilado que lleva 20 años viviendo al lado de la tienda de los Sitayeb. “¿Cómo va a reemplazar un corpiño a mi jugo de naranja?”.
“La gente no quiere que las cosas cambien. Pero hay que dar vuelta la página”, dijo el hijo de Ali Sitayeb, Tariq, de 34 años, que ayudó a operar el minisúper.

Salpimenta - Lugares - Verano en Puerto Cristal: sabores de mar en Puerto Madero

Verano en Puerto Cristal: sabores de mar en Puerto Madero


El restaurante reconocido por sus especialidades de mar ofrece una experiencia gastronómica de calidad en un entorno único, ideal para disfrutar en familia, con amigos o en pareja.
Conseguir buenos platos en Buenos Aires es fácil dada la vasta oferta de restaurantes pero disfrutar de una experiencia de calidad, a un precio conveniente y en la codiciada zona de Puerto Madero, es otro cantar. Puerto Cristal, el restaurante de cocina internacional con vista al Puente de la Mujer, se posiciona como una excelente alternativa para disfrutar de una experiencia satisfactoria.
Karina Fernández, al frente de este restaurante familiar, lo define como un espacio en el que se enlazan sensaciones diversas: «Desde la terraza climatizada se puede ver la mejor postal de Puerto Madero mientras se disfruta de un buen vino y algún plato éxotico».
Dentro de la carta se pueden encontrar pastas artesanales, carnes premium y pescados y mariscos, el sello del lugar. Dentro de los platos mas pedidos se cuentan la langosta, el pulpo a la provenzal, las ostras frescasm la merluza negra o la trucha grillada. Las porciones son abundantes, compartibles y también hay propuestas aptas para celíacos y menúes infantiles.
Puerto Cristal
Alicia Moreau de Justo 1082.
Precio promedio: $950 por persona
Mas info: www.puerto-cristal.com.ar

jueves, 30 de enero de 2020

La Nación - Economía - Con riego por goteo una bodega en Catamarca transformó el desierto

Con riego por goteo una bodega en Catamarca transformó el desierto

Gracias al riego por goteo se producen uvas y olivos en una zona con escasez de lluvias

Hace una década las 360 hectáreas eran desierto. En 2015 comenzaron a producir vino y aceite de oliva y hoy Altos de Tinogasta -en la región del mismo nombre en Catamarca - fabrica 300.000 litros de vino (15% se exportan a China Europa ) y 200.000 litros de aceite que venden al mercado interno y a España.
La tecnología de riego por goteo fue crucial para transformar el lugar y la incorporación de paneles fotovoltaicos permitió una fuerte reducción de los costos de energía. En total la inversión del fideicomiso propietario de la finca Altos de Tinogasta fue de US$10 millones.
Juan Ruedín explica a LA NACION que las tierras al pie de la cordillera de los Andes eran una "zona desértica abandonada que pudo transformarse con tecnología israelí de riego por goteo y buenas prácticas". Cuentan con tres pozos de 130 metros de profundidad y una capacidad de 300 metros cúbicos para regar -sin pérdida de agua- tantos los viñedos como los olivares.
Del total de hectáreas a 1400 metros de altura, 250 son de olivos y el resto, uvas. Las cepas que cultivan son malbec, syrah, tempranillo y cabernet savignon; en blancos, chardoney y torrontés. La gran amplitud térmica y la alta insolación son características determinantes para asegurar el rinde y la calidad de los vinos.
El año pasado la empresa inauguró su parque de energía solar que produce 1MW/hora y les permite abastecer el 70% de su consumo. "El costo de la energía implicaba el 42% del total y era insostenible, por eso se decidió invertir en paneles solares. Entendíamos que la amortización sería en cinco años; ahora no estamos tan seguros", apunta Ruedín.
Agrega que el objetivo, además del ahorro, fue minimizar lo más posible la huella de carbono que pueda dejar la actividad productiva. La finca está en proceso de certificar producción orgánica en los olivares que requiere de cinco años sin aportes de fertilizantes inorgánicos. "Nosotros utilizamos los subproductos de la vid y del olivar, pero todavía no alcanza", reconoce Ruedín.
Una particularidad del emprendimiento es que tiene, además del costado agroindustrial, uno vinculado con el real state: permite a inversores adquirir una parcela de vid o de olivos, ya implantada, que se escritura a su nombre, con su respectiva bodega y planta elaboradora de aceite. La rentabilidad anual fruto de la comercialización de los productos, se distribuye en forma proporcional entre todos los propietarios que aportan su cosecha, sin importar el rinde particular de cada parcela, sino la producción total de la finca.
"Este esquema nos permite ser una empresa sustentable, no endeudada -describe Ruedín-. Garantizamos un rinde anual mínimo de seis por ciento en dólares pudiendo llegar al 10% con la madurez total de las plantas. Hoy el olivar produce 6000 kilos de aceitunas por hectárea y en la madurez lo duplicará". La finca emplea a 30 personas de manera directa.

La variedad malbec, utilizada en Altos de Tinogasta
La variedad malbec, utilizada en Altos de Tinogasta

El mercado

Comerciantes chinos que buscaban en la Argentina vinos para importar fue la oportunidad para que la marca ingresara a ese mercado que hoy representa el 70% de sus exportaciones. "Les gustó el ambiente, la modalidad de producción, el paisaje. No dudaron de la calidad de los productos que podían hacerse", dice el empresario.
El 85% de las ventas al exterior son malbec. En Europa, el Reino Unido es el principal destino de los envíos. Llegaron a través de una cadena de restaurantes argentinos asociados al polo. Todas las operaciones son con vinos fraccionados con la marca Altos de Tinogasta.
En el caso del aceite de oliva -extra virgen con una acidez menor a 0,3%- producen tanto para otras marcas como con la propia. "Producimos premium para la principal empresa argentina y vendemos a Brasil y a España -agrega Ruedín-. Es de muy buena calidad, a punto tal que los españoles le ponen su marca y lo venden al doble ya que tienen contratos muy superiores a los que pueden atender con su propia producción. Los costos logísticos complican la exportación en botella".

Infobae - Tendencias - Día Mundial del Croissant: historia y recetas de un clásico

Día Mundial del Croissant: historia y recetas de un clásico

Nacido en Austria y tomado por adopción en Francia, este bollo es uno de los más versátiles a la hora de consumirse, acompañando preparaciones dulces como saladas
(Shutterstock.com)
(Shutterstock.com)
Estamos en el año 1683, los soldados del Imperio Otomano, con Kara Mustafá al frente, avanzan por Europa en su lucha contra el Sacro Imperio Romano Germánico. Ya conquistaron la mayoría de las regiones a orillas del Danubio, incluida Constantinopla, y su próximo objetivo es Viena, a la que ya tienen sitiada. Sin embargo, la muralla que la rodea no les permite a esos 20.000 soldados acceder de forma tan fácil como imaginan.
Tras varios intentos, deciden socavar el terreno para evitar la construcción, pero sólo haciéndolo de noche para no levantar sospechas. Sin embargo, a la noche había quienes se encontraban en medio de su labor diaria, y los ruidos provocados por los soldados fueron los que dieron la alarma. Sí, los panaderos vieneses fueron determinantes para que los defensores tomaran por sorpresa a quienes querían invadir y así se los obligó a retroceder.
Kipferl
Kipferl
El emperador Leopoldo I decidió condecorar a los panaderos, y estos como agradecimiento elaboraron un bollo con forma de luna creciente. Sí, la misma luna creciente que lucía en la bandera otomana. Así, según la leyenda, fue la manera de graficar la forma en que “se comieron a los turcos”. El bollo llevó el nombre de Kipferl, y se consumía directamente así, o se horneaba aplicándole un baño de huevo y semillas de amapola y sal gruesa. A Francia recién llegaría en 1838 o 1839, cuando el oficial austriaco August Zang abrió una panadería vienesa en París. El éxito de sus kipferl fue tan grande que pronto fue imitado por muchos.
La forma de prepararlo fue variando y recién en 1905 se publicó por primera vez la receta tal como se la conoce en la actualidad, con la masa hojaldrada. La variedad de rellenos, tanto dulces como salados, lo convirtió en un aliado indiscutible no sólo en los desayunos sino en cualquier hora del día. En exclusiva para Infobae, el maestro panadero y pastelero Marcelo Vallejo comparte todos los secretos de su receta. Además, por su parte, el maestro panadero francés Morgan Chauvel, socio de Cocu, detalla que “hablar de croissant, para mí es también hablar del pan de chocolate, son como un matrimonio, ambos son hechos de la misma masa”, por lo que comparte también ambas preparaciones.
Croissant por Marcelo Vallejo
Croissant por Marcelo Vallejo
Croissant por Marcelo Vallejo
Ingredientes (Para 40 unidades)
Masa:
1 kg de harina 0000
25 grs de sal
250 cc de leche
200 cc de agua
20 grs de levadura fresca
2 huevos
80 grs de azúcar
10 grs de extracto de malta
Empaste:
500 grs de manteca
85 grs de harina 0000
Procedimiento:
Croissant, el paso a paso
Croissant, el paso a paso
Masa:
Colocar en el bol de la batidora la harina con la sal y el azúcar; Aparte mezclar la leche con el agua, la levadura, los huevos, el azúcar y el extracto de malta. Añadir a la harina y unir la masa con el gancho amasador. Amasar hasta que la masa resulte homogénea. Cubrir y enfriar 30’.
Empaste:
Unir la manteca fría con la harina, por medio de un polietileno. Dar forma rectangular. Estirar la masa fría y encerrar el empaste. Dar una vuelta simple y llevar a heladera 1 hora cubierto con polietileno. Retirar, estirar y dar otra vuelta simple. Cubrir y enfriar 1 hora.
Estirar hacia el lado de las aberturas y dar la última vuelta simple. Enfriar y finalmente estirar a 3 mm de espesor. Cortar triángulos, enrollar desde la base hacia el vértice. Curvar apenas y colocar sobre placas enmantecadas. Cubrir y dejar fermentar.
Calentar el horno hasta lograr 200°C. Pintar con huevo batido. Hornear por espacio de 20’.
Croissant por Morgan Chauvel
Croissant por Morgan Chauvel
Croissant por Morgan Chauvel
Ingredientes:
200 grs de harina 0000
200 grs de harina 000
200 grs de leche
60 grs de azúcar
8 grs de sal
10 grs de levadura
20 grs de manteca
Manteca para empaste 180 grs
Preparación:
Poner todos los ingredientes en un bowl. Mezclar a velocidad 1 hasta que la masa este homogénea. Amasar en velocidad 2 durante 10 minutos. Bollar. Envolver en film y guardar en la heladera durante 4 horas mínimo. Colocar la manteca entre 2 films plásticos. Golpear y estirarla en forma rectangular de 1 cm de espesor aprox. Retirar el bollo de la heladera y estirar al tamaño necesario para encerrar la manteca adentro. Colocar la manteca en el centro y plegar la masa encima. Estirar la masa hasta 2 cm de espesor y hacer un pliegue doble. Dejar en la heladera durante 3 horas con film. Volver a repetir la misma operación, pero con una pliegue simple. Después de haber dejado 4 horas en la heladera, estirar hasta 1 cm de espesor. Cortar en triangulo. Enrollar la masa para darle forma de croissant. Dejar leudar 2 horas a 25°C. Pintar con huevos y cocinar durante 20 minutos a 175 grados aprox.
Pan de chocolate:
Pan de chocolate por Morgan Chauvel
Pan de chocolate por Morgan Chauvel
Ingredientes:
200 grs de harina 0000
200 grs de harina 000
200 grs de leche
60 grs de azúcar
8 grs de sal
10 grs de levadura
20 grs de manteca
Manteca para empaste 180 grs
Preparación:
Seguir los pasos de la preparación de las croissants hasta el momento de estirar hasta 1 cm de espesor y cortar en triángulo. Para esta preparación, se deberá cortar en rectángulo de 8 cm por 5 cm. Colocar 2 barras de chocolate separadas de 1 cm y enrollar el pan de chocolate. Dejar leudar 2 horas a 25°C. Pintar con huevos y cocinar durante 20 minutos a 175°C aprox.