jueves, 18 de julio de 2019

Clarín - Ciudades - El Puentecito, mitos y curiosidades de la fonda de los arrabales que fue declarada Sitio de Interés Cultural

El Puentecito, mitos y curiosidades de la fonda de los arrabales que fue declarada Sitio de Interés Cultural

Está desde 1873 en Vieytes y Luján, una esquina a metros del Riachuelo que siempre estuvo vinculada a la comida.


Existe una esquina en Barracas que fue testigo de una parte de la historia de Buenos Aires: es la de Vieytes y Luján, a metros del viejo puente Pueyrredón. Cuando esta zona de la Ciudad era la periferia, las afueras, allí existía una pulpería. Era el 1750 y este sitio convocaba a gauchos y viajantes que recorrían el país en carretas y caballos. De alguna manera u otra, esta esquina siguió siempre vinculada a la comida, a las bebidas, al fenómeno de juntarse, de compartir. Más de 200 años atrás, en torno a un fogón en el que se cocinaba a leña mientras las bebidas se enfriaban en un pozo; hoy en forma de la mejor paella y las más deliciosas tortillas y rabas porteñas. 
En esta esquina histórica, desde 1873 está El Puentecito. Un tradicional restaurante porteño que antes fue pulpería y más adelante despacho de bebidas, almacén y fonda. 
En la esquina de Vieytes y Luján hubo actividades vinculadas con la comida desde 1750. El Puentecito abrió en 1873. Foto: Rolando Andrade
En la esquina de Vieytes y Luján hubo actividades vinculadas con la comida desde 1750. El Puentecito abrió en 1873. Foto: Rolando Andrade
A este restaurante lo separan sólo 100 metros del Riachuelo, del Viejo Puente Pueyrredón y de Avellaneda. De día, la zona tienen un movimiento febril; de autos y camiones que usan el puente como alternativa al otro Pueyrredón; de colectivos de la línea 12, que tiene allí su cabecera; y de los vehículos que vienen surcando los bordes de este tramo serpenteante del Riachuelo. Aunque fue una zona de fábricas, hoy está dominada por depósitos y viviendas. Y forma parte del área que se conoce como Distrito de Diseño. 
El Puentecito conserva su estilo de bodegón. Foto: Rolando Andrade
El Puentecito conserva su estilo de bodegón. Foto: Rolando Andrade
Para muchos hinchas de Independiente y de Racing, es paso obligado: antes o después de un partido, en las mesas de El Puentecito siempre se ve una camiseta roja o una albiceleste. Y aunque ya no más, hubo una época en que permanecía abierto las 24 horas. Cuenta la leyenda que aquí se rompió un récord Guinness, el de un cliente que se pasó más de 30 horas picando algo, desayunando, almorzando y cenando en continuado.
En algún momento de su larga existencia, El Puentecito también fue hotel. Y en 1912, desde uno de sus balcones Hipólito Yrigoyen dio el afamado discurso con el que lanzó su candidatura a presidente. El lugar también fue usado como tribuna por el dirigente socialista Alfredo Palacios.
Fernando Hermida, uno de los seis dueños. Foto: Rolando Andrade
Fernando Hermida, uno de los seis dueños. Foto: Rolando Andrade
Un poco por estas historias y por todos los hombres y mujeres de la cultura que transitaron por este restaurante, "El Puentecito" fue declarado por la Legislatura porteña como "Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires".
Por estos días, los legisladores que alentaron esta declaración -Eduardo Santamarina, Omar Ahmed Abboud, Héctor Apreda y Carolina Estebarena (de Vamos Juntos)- deberían colocar una placa que se lucirá en sus paredes junto a algunas fotos históricas, como la del ex presidente Raúl Alfonsín 
Raúl Alfonsín era habitué. Foto: Rolando Andrade
Raúl Alfonsín era habitué. Foto: Rolando Andrade
En la actualidad, el restaurante es propiedad de seis socios, pero llegó a ser comandado por 12 personas, todos trabajadores del lugar. Desde hace un tiempo, tiene uno de los museos más curiosos de la Ciudad: una representación algo bizarra de unos gauchos tomando mate junto a un fogón y todo tipo de objetos antiguos. Muchos de los objetos se usaron aquí mismo, como balanzas de alimentos, sifones de vidrio, sillas, latas de alimentos e instrumentos musicales. Hay también un aljibe y las cocinas económicas que se usaban a leña.
Hermida muestra el museo que reúne desde ruedas de carreta hasta las antiguas cocinas económicas a leña. Foto: Rolando Andrade
Hermida muestra el museo que reúne desde ruedas de carreta hasta las antiguas cocinas económicas a leña. Foto: Rolando Andrade
Uno de los dueños, y actual gerente, es Fernando Hermida. Su infancia estuvo signada por este lugar. Aquí venía a ver a su padre, a jugar y más de una vez, a ayudar. "En 2006 tomé la posta. Mi viejo, muy enfermo, me dijo: 'Mañana me muero. Y quiero que pasado mañana vayas a trabajar al restaurante'. Y así fue. Él se encargaba de organizar la cocina. A mí me gustaría hacer lo que hacía él, pero estoy en la caja. En la cocina trabaja una persona que lo hace de manera maravillosa, así que yo me quedo donde estoy", le contó a Clarín.
Un día antes de morir, el "Gallego" Hermida le pidió a su hijo Fernando que tomara la posta en el restaurante.
Un día antes de morir, el "Gallego" Hermida le pidió a su hijo Fernando que tomara la posta en el restaurante.
Hermida no se queja de la intensidad que demanda el trabajo en un restaurante y de sus largas jornadas. "Disfruto cuando la gente se va contenta, es cuando mayor placer siento", dice este hombre amable y charlador. Sale por el salón a saludar a los parroquianos, a los turistas y a los vecinos que vienen a descubrir esta histórica esquina quefesteja su aniversario todos los 20 de noviembre
La carta siempre es amplia y surtida. ¿Qué elegir? ¿Cuál es el plato preferido de don Hermida? "Acá lo número uno son los mariscos y la paella. Pero no hay que irse sin probar conejo, ranas -ya se sirven en pocos restaurantes- y otra curiosidad, caracoles a la bordalesa. Aquí los hacemos salteados con tomate, ajo y panceta. Y un clásico: la famosa tira de asado de 1,10 metros que está cortada a dos dedos del costillar y viene con la tapa. Como entrada, para todo, las rabas, otro clásico nuestro", sentencia. Como la declaración de "Sitio de Interés Cultural de la Ciudad".
Nadie que vaya a El Puentecito puede dejar de probar sus rabas. Foto: Rolando Andrade
Nadie que vaya a El Puentecito puede dejar de probar sus rabas. Foto: Rolando Andrade
Es que, así como votó la declaración de Sitio de Interés Cultural de la Ciudad, la Legislatura porteña ahora debería aprobar otra ley que disponga: "No se puede pasar por El Puentecito sin probar las rabas acompañadas por una cerveza bien fría".

La Nación - Lifestyle - Con morcilla: tres platos fantásticos, más allá de la parrilla

Con morcilla: tres platos fantásticos, más allá de la parrilla

Morcilla con huevos en Urondo Bar

Hablar de morcilla en Argentina es hablar de uno de los productos básicos de todo asado. Es económica, nutritiva, fácil de conseguir en cualquier carnicería de barrio. Es también práctica: al ser un embutido precocido (como el salchichón o la mortadela), se puede comer directamente fría, como aperitivo mientras se encienden las brasas. Pero cuando se la calienta por unos minutos a fuego bajo sobre los fierros de la parrilla gana un aroma más dulce y, especialmente, su típica textura cremosa. Muchos la aman con fervor; otros la rechazan con mueca de horror en el rostro, en una grieta que se relaciona más con su origen que con su sabor. El ingrediente principal de la morcilla, se sabe, es la sangre de cerdo (fresca cuando se la prepara en una carneada, en polvo en la enorme mayoría de los casos). Lleva además algo de carne, cuero, grasa, cebolla (blanca y de verdeo), especias. Un plato completo, servido dentro de una tripa natural. Es esta complejidad y versatilidad lo que logró que muchos cocineros descubrieran en la morcilla mucho más que un simple embutido parrillero; su sabor y textura permiten jugar en infinitos platos, aportando siempre un carácter tan único como propio. Aquí, tres ejemplos de morcilla que le escapan a la tradición.

Risotto de morcilla en Home Buenos Aires

Risotto de morcillas y langostinos en Home Buenos Aires
Risotto de morcillas y langostinos en Home Buenos Aires Crédito: Rodolfo Reich
A casi 15 años de su inauguración, Home Buenos Aires mantiene todo lo bueno que supo mostrar apenas abrió, siendo uno de los hoteles boutiques pioneros en la ciudad. Un lugar precioso, moderno y siempre actual, con una estética limpia y blanca, cruzada por intensas texturas de colores (en los manteles, en los empapelados), muestras artísticas y uno de los jardines más hermosos de Palermo. Ubicado junto al jardín, el restaurante y barra de cócteles de Home abre todo el día con muy buena relación precio calidad. Son imperdibles los brunchs de los fines de semana (gran desayuno inglés, con huevos, hongos y salchichas), hay ricos almuerzos y menúes especiales para la noche, que cambian por temporada. En este invierno, uno de los platos estrella es el risotto de morcilla. Todo arranca con una base de cebolla morada, verdeo y ajo, donde se nacara el arroz y se perfuma con vino blanco. Luego van agregando el caldo de a poco; un caldo de verduras casero, previamente mezclado con la morcilla ya picada y sin la piel. "Ahí está el condimento que precisás, la morcilla le da el sabor", explica Agustín Monti, cocinero que trabaja junto a la chef del hotel, Verónica Yarte. Antes de servir, terminan el risotto con manteca y queso sardo estacionado, y lo sirven con cuatro langostinos por encima, salteados en aceite de ajo y manteca.
Honduras 5860

Alfajor de morcilla en Chila (y en Masticar)

Alfajor de morcilla en Chila, un hit de la próxima feria Masticar
Alfajor de morcilla en Chila, un hit de la próxima feria Masticar Crédito: Rodolfo Reich
Pocos lugares de Argentina piensan hoy su menú de una manera tan creativa y -a la vez- conceptual como Chila, el genial restaurante ubicado en Puerto Madero. Allí está Pedro Bargero a cargo, parte de la nueva camada de grandes cocineros argentinos. Y pensó este alfajor de morcilla como un tentempié para ofrecer en el inicio del menú degustación. "Es un juego relacionado al ritual del mate; servimos todo eso que comerías junto al mate, pero en versión salada: este alfajor, una bola de fraile, una croissant", explica. Simple en apariencia pero con un meticuloso trabajo detrás, el alfajor se arma con tapas de harina de algarroba y se rellena con una crema de morcilla condimentada con avellanas, verdeo, puerro y cebolla. La morcilla es casera; la preparan en Le Grill, la parrilla vecina que es parte del mismo grupo societario. Finalmente, imitando el coco rallado de un alfajor de maizena tradicional, esto se espolvorea con ralladura de charqui de llama. "Compramos la carne de llama, la condimentamos y la deshidratamos en frío en lugar de calor; la colocamos en las cámaras de maduración de carne a una temperatura de 58° a 60°. Así se deshidrata por completo, queda de color rojo y desarrolla mucho sabor umami". Lo mejor de todo: este alfajor, que en Chila es parte de un costoso menú de lujo, será también uno de los platos que este restaurante ofrecerá en la feria Masticar, del 15 al 18 de agosto, en El Dorrego.
Alicia Moreau de Justo 1160

Morcilla con huevos fritos en Urondo Bar

Morcilla con huevos en Urondo
Morcilla con huevos en Urondo Crédito: Rodolfo Reich
Urondo Bar, el restaurante de Javier Urondo ubicado en ese límite de Caballito y Parque Chacabuco, vive un gran momento gastronómico. Es un lugar único en la ciudad, caprichoso, repleto de la personalidad de su creador y cocinero, siempre un poco excesivo, siempre delicioso. En esa cocina Javier mezcla sus pasiones; abundan las carnes y las achuras, abundan las verduras no siempre habituales y los condimentos criollos, pero también aparecen fermentos caseros, picantes varios y especias coreanas (no lejos de allí vive buena parte de la comunidad coreana porteña). Urondo Bar es un lugar donde se permiten el juego y el experimento; es común que al menú habitual se sumen platos fuera de carta con ingredientes recién conseguidos. Uno de los platos clásicos de la casa es la morcilla casera con huevos fritos. "Partimos de sangre en polvo; y la hacemos casi sin tropezones", como suelen llamarse a esos restos de cuero y cartílago de cerdo que abundan en las morcillas habituales. Pueden embutirla en tripa o darle forma en budinera, y el secreto final es que siempre la pasan por la plancha bien caliente, para que se caramelice. "La sangre tiene azúcar, por eso cuando la tripa de una morcilla se rompe en la parrilla, todos quieren comer eso que queda pegado al fierro, que es la sangre caramelizada", explica Javier. Al plato llega con ajíes verdes de quinta o cebolla de verdeo, junto a dos tremendos huevos fritos cocinados en grasa vacuna. Una combinación tan simple como perfecta, repleta de sabor.
Beauchef 1204

La Nación - Buenos Aires - Cines, pizza y cerveza: el lunes reabrirá la renovada plaza Houssay

Cines, pizza y cerveza: el lunes reabrirá la renovada plaza Houssay

Desde el dron de LA NACION, se puede ver el principal cambio en la plaza Houssay. Una abertura en forma de medialuna a través de la cuál se ven varios locales gastronómicos

Los que pasan a pie, también aquellos que entran o salen del subte D en la estación Facultad de Medicina, incluso algunos conductores que esperan en su auto a que cambie el semáforo, todos, intentan espiar más allá de las vallas que rodean a la plaza Houssay. Primero ven escombros, algo de tierra, pero si logran mirar un poco más adentro, verán un espacio totalmente renovado. Lo más llamativo: una abertura en forma de medialuna a través de la cual se ven varios locales gastronómicos. "Ya tenemos ganas de salir de la facu y cruzarnos a tomar una cerveza. Por lo que se ve, está quedando muy linda", dice Jessica Friedman, de 25 años, estudiante de la facultad de económicas, ubicada frente a plaza Houssay.
Las veredas que rodean la plaza Houssay están en plena obra, el gobierno planea quitar las vallas el lunes que viene para permitir la circulación de gente
Las veredas que rodean la plaza Houssay están en plena obra, el gobierno planea quitar las vallas el lunes que viene para permitir la circulación de gente Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Vecinos y estudiantes esperan con ansias la reapertura de la plaza que estuvo cerrada durante un año y cuatro meses. Desde el Gobierno esperan quitar las vallas el próximo lunes para que la gente pueda circular. El espacio está ubicado entre el Hospital de Clínicas y las facultades de Economía, Medicina, Farmacia y Odontología de la Universidad de Buenos Aires. Es el lugar de paso de más de 170.000 personas por día, aunque, según publicó el gobierno de la ciudad, solo el 25% de las personas que la transitaban usaban el espacio de noche. Algo que, esperan, cambie con la remodelación.
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay desde el dron de LA NACION
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay desde el dron de LA NACION Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
"Vengo hace más de 15 años a la facultad, y sentía una inseguridad tremenda cuando me tenía que tomar el 132, era un problemón. Me bajaba del colectivo a las 7 y era súper inseguro. Me parece espectacular lo que hicieron. Tenemos buenas expectativas, aporta iluminación y movimiento a la zona", dice Juan Ignacio Almeida, docente de la facultad de Economía. "Me gusta que incorporen locales de todo tipo, pero en la superficie no veo tantos cambios", afirma Juan Cobas, de 25 años, estudiante de economía.
El principal cambio en la plaza Houssay, una abertura en forma de medialuna a través de la cuál se ven varios locales gastronómicos
El principal cambio en la plaza Houssay, una abertura en forma de medialuna a través de la cuál se ven varios locales gastronómicos Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
"A través del equipo de Antropología Urbana se trabajó con vecinos y estudiantes, y el pedido fundamental fue más actividades en la plaza, de ser posible hasta tarde, para que circular por la zona fuese seguro y agradable, también para los alumnos de los últimos turnos. Con ese eje, el diseño se basó en lograr buena visibilidad en los caminos, conexión directa con el subte, más iluminación y un patio público que invita a quedarse ", explica a LA NACION Álvaro García Resta, subsecretario de proyectos del gobierno porteño.
El proyecto contempla la construcción de un anfiteatro natural con la inclinación de uno de los sectores de la plaza, desde la vereda de Córdoba, hacia el centro. Bajo la superficie se construyeron dos pisos con emprendimientos comerciales, gastronómicos y cuatro salas de cine, que representan 1900 m2 nuevos de espacio público. Al nivel de la calle, se sumaron zonas parquizadas con estaciones para hacer ejercicio, juegos para chicos y un trazado que facilita el cruce diagonal.
Las veredas que rodean la plaza Houssay están en plena obra, el gobierno planea quitar las vallas el lunes que viene para permitir la circulación de gente
Las veredas que rodean la plaza Houssay están en plena obra, el gobierno planea quitar las vallas el lunes que viene para permitir la circulación de gente Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
"Me parece bárbaro, es una de las grandes obras de Larreta. La plaza anterior estaba muy dejada y era muy insegura. Yo ya estoy grande pero, por ahí, alguna vez, me vengo al cine", cuenta Guillermo D´Oro de 94 años, vecino de la zona. "Esta plaza la arreglaron 10 veces. Ahora veo cambios positivos. Yo trabajo hace 20 años acá y vi de todo, ahora me parece que va a venir más gente. Para los chicos está muy bueno, pero seguro va a funcionar más en la semana que el fin de semana", afirma, Damián Martínez, que vende golosinas en la puerta de la facultad de Economía.
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Según pudo saber LA NACION, algunos de los locales gastronómicos serán Freddo, Mc Donald's, Pani, Mostaza, Tostado y, a partir de agosto, abrirán Antares, Hell's Pizza y Muu Lechería. Los locales estarán abiertos hasta las 23, según el Gobierno. El segundo subsuelo va a seguir funcionando como estacionamiento para 500 autos.
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay desde el dron de LA NACION
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay desde el dron de LA NACION Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
"Tenemos muy buenas expectativas por la apertura de este nuevo local. El proyecto y las marcas que se sumaron hacen una propuesta diversa e interesante", dice Federico Nievas, jefe de marketing y publicidad de Freddo. "La expectativa es inmensa por el enorme flujo de personas que pasa por ahí y por la envergadura de la obra. La plaza estaba venida a menos, lo que hicieron está muy bueno", apunta Danilo Ferraz, responsable gastronómico de Hell's Pizza.
"Hay muchas expectativas. Es un proyecto que revaloriza el barrio. La plaza tenía mala fama y esto cambia la zona en general. Queremos ser parte de la vida diaria de los estudiantes", dice Santiago Nosiglia, quien tiene la franquicia de la cervecería Antares en la plaza Houssay. Todas las empresas tienen pensado ofrecer promociones para los estudiantes de la zona.
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay
Las reformas llevadas a cabo en la Plaza Houssay Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
La plaza Houssay, desde su inauguración en 1980, durante la dictadura militar, fue un espacio gris, con pocos espacios verdes e incómoda para la gente que circulaba. "La verdad que solo la usábamos para tirar huevos en las recibidas. Pero si volviera a estudiar acá, con gusto me cruzaría con amigos a tomar algo", dice Juan Ignacio Jacoubian, de 24 años, egresado de la facultad de Economía.

Clarín - Viajes - Chardonnay: el pueblo del vino blanco que quiere más turistas

Chardonnay: el pueblo del vino blanco que quiere más turistas

En el noreste de Francia, este lugar da nombre a la famosa cepa con la que se elabora el vino blanco. Sin embargo, la localidad es poco conocida.


Chardonnay, un pequeño pueblo del noreste de Francia, da su nombre a la famosa variedad de uva de la que se hace vino blanco. Pero paradójicamente la localidad es poco conocida y sus vitivinicultores se esfuerzan por remediarlo.
"Chardonnay pasa un poco desapercibido porque el consumidor puede confundir el nombre de una cepa con el nombre del lugar, del pueblo", resume Emmanuel Nonain, que se ocupa de las tres hectáreas de viñedos familiares, de los cuales un tercio se encuentra en este municipio de la región de Mâcon.
Hasta donde alcanza la vista, las laderas suceden a las mesetas, plantadas de chardonnay, al igual que la inmensa mayoría de los vinos blancos de Borgoña.
Es allí, en algún lugar del noreste de Francia, quizás en Borgoña, donde nació esta uva al final de la Edad Media, como resultado de una polinización cruzada entre el pinot y las 'gouais blanc', una variedad actualmente casi olvidada.
En cuanto a la palabra "Chardonnay", "viene necesariamente de aquí, porque el pueblo tiene más de mil años", más antiguo que la cepa, asegura Nonain.
Este viticultor de 40 años es también guía turístico e historiador y en 2004 publicó un trabajo sobre este pueblo de 200 habitantes.
Los viñedos de Chardonnay (Photo by PHILIPPE DESMAZES / AFP)
Los viñedos de Chardonnay (Photo by PHILIPPE DESMAZES / AFP)

Producción

En estas tierras, doscientas hectáreas de viñedos producen 16.000 hectolitros de vino al año, principalmente destinados a la exportación, bajo la denominación "Mâcon-Chardonnay".
Pero este territorio no representa más que una gota de agua entre las 200.000 hectáreas de uva chardonnay que hoy se plantan en todo el mundo.
Para dar a conocer el nombre, Nonain apuesta por el turismo. Chardonnay organiza, desde 2015, una declinación borgoñesa del "Chardonnay Day", una fiesta en el mes de mayo en honor a la variedad nacida hace diez años en Estados Unidos.

El relojero que hace vino

Tradicionalmente, casi toda la producción pasaba por la bodega cooperativa. El pueblo cuenta ya con una quincena de vitivinicultores independientes, que se benefician en particular de la mejor apreciación que tienen ahora los vinos de Mâcon.
Claude Vuillemet (izquierda) y Florent Barday (derecha) en su bodega de Chardonnay,  Francia. (Photo by PHILIPPE DESMAZES / AFP)
Claude Vuillemet (izquierda) y Florent Barday (derecha) en su bodega de Chardonnay, Francia. (Photo by PHILIPPE DESMAZES / AFP)
Algunos son antiguos miembros de la cooperativa, otros apenas empiezan en la vitivinicultura. Como el relojero suizo Claude Vuillemez, que produjo su primera cosecha en 2016.
Hace treinta años, cuando compró una casa de veraneo en Chardonnay, se extrañó que el nombre del pueblo no se resaltara más.
"íCuando se sabe lo que representa el chardonnay, sobre todo en los países anglosajones! Hacer chardonnay de Chardonnay en Borgoña: son tres palabras mágicas", exclama el suizo de 62 años, que compró su primera viña en 2007.
"En primer lugar soy relojero, vitivinicultor es casi por accidente", bromea el dueño de una finca que cuenta ya con diez hectáreas, gestionadas en asociación con un vitivinicultor local, Florent Barday, y un enólogo suizo, Christian Vessaz.

Un buen nombre

Los productores locales esperan que Chardonnay sea un lugar de visita, de intercambios, de conferencias sobre la variedad chardonnay. (Photo by PHILIPPE DESMAZES / AFP)
Los productores locales esperan que Chardonnay sea un lugar de visita, de intercambios, de conferencias sobre la variedad chardonnay. (Photo by PHILIPPE DESMAZES / AFP)
"La denominación Mâcon-Chardonnay tiene un verdadero estilo, muy ligero, muy tierno, con un vino más bien tempranero, muy rápido muy aromático", describe Edouard Cassanet, director de la bodega de Lugny, que lleva el nombre del pueblo vecino con el que la cooperativa de Chardonnay se fusionó en 1994.
Desde entonces, la cooperativa "intentó jugar con este atractivo" del nombre del pueblo, pero se ha desanimado ante el poco éxito, por ejemplo, de la marca "Chardonnay de Chardonnay" lanzada en los Estados Unidos.
"Extrañamente no funciona, ni en Francia ni en el extranjero", afirma. "Si estuviéramos en Estados Unidos, quizás el pueblo de Chardonnay se habría convertido en el 'Disneylandia' del chardonnay. Pero nosotros no sabemos hacer eso", asegura Cassanet.
"Un día, los consumidores harán un clic" y Chardonnay se convertirá en un lugar de visita, de intercambios, de conferencias sobre la variedad chardonnay", confía.

La Nación - Lifestyle - El inglés que vivió 6 años en Buenos Aires y enseña a hacer asado bien argentino

El inglés que vivió 6 años en Buenos Aires y enseña a hacer asado bien argentino

La historia de un embajador de la carne argentina en Inglaterra.

Los 120 invitados se concentran alrededor del fuego, las chapas y las brasas, mientras esperan a que estén listos los chori. No es un asado gauchesco en una estancia pampeana, sino una fiesta de casamiento en Cornwall, en plena campiña inglesa, donde David Deadman comanda las brasas del emprendimiento de asado argentino que hace de puente entre su país natal y el que le despierta fervores, luego de haber vivido seis años en Buenos Aires.
First we serve the chori and morci with chimi and salsa criolla. Then we do a pollo asado. Finally, colita, vacío and ojo de bife", explica. Las únicas palabras en castellano que mecha con su inglés nativo están referidas a su gran pasión. En poco tiempo: Deadman se convirtió en un embajador de la tradición argentina en una zona alejada de las grandes ciudades donde, además del catering, vende parrillas y organiza masivas clases de asado. " Lo más parecido a un asado de campo que vas a encontrar por acá", asegura.

De Boedo a Cornwall

Carne y vino en la campiña inglesa
Carne y vino en la campiña inglesa
"Mi hijo es argentino, mi perro es argentino y he ido a ver más veces a la selección argentina que a la inglesa. Mientras viví en Buenos Aires tenía abono para la platea de San Lorenzo en el Bajo Flores. ¿al final pudo mudarse a Boedo?", pregunta este inglés de 47 años, que entre 2007 y 2013 tuvo su hotel boutique en Palermo, donde tres veces por semana organizaba "asadangos" en la terraza: traía un sommelier, un profesor de tango y armaba asados terraceros. "Después, a la medianoche, cuando estaban todos medio alegres, cruzábamos a la plaza de enfrente y hacíamos un fútbol cinco", recuerda con nostalgia.
En los videos que publica en su cuenta de Instagram @SizzleGrills, se ve a un personaje extravagante, que, entre asados a la estaca y brasas candentes, entona en inglés odas al asado, o finge conversaciones telefónicas con personas famosas, como Mauricio Pochettino, el técnico de Tottenham Hotspurs, a quien le envió una parrilla de regalo, días antes de la final de la Champions League. No es el único: el rugbier argentino Santiago Cordero, que juega en cercano Exeter, le compró una parrilla y lo ayudó a organizar un gran asado para todo el club.
"Los ingleses y los argentinos tenemos diferencias por cuestiones que ya sabemos, pero por lo demás, tenemos mucho en común -explica-. ¿Qué sería del asado argentino sin las Hereford y las Aberdeen Angus que llegaron desde Gran Bretaña? ¿Y qué sería de la carne sin la técnica de asado argentino? Es un puente entre dos culturas", explica Deadman, que empezó a interesarse por el tema en 1996, cuando durante seis meses recorrió la argentina, parando en campings municipales.
"En San Luis, en San Juan, en Mendoza, en Capilla del Monte. nosotros éramos esa extraña pareja inglesa y los argentinos siempre nos trataron bien. Y en la zona de parrillas éramos siempre una decena de tipos en cuero, cada uno opinando sobre cortes de carne y fuego. ¡es maravilloso!", se emociona.
Chimichurri, condimento infaltable
Chimichurri, condimento infaltable

Del hobby al negocio

Cuando su esposa decidió volver al viejo continente, Deadman se sintió perdido. Docente de profesión, no sabía a qué se dedicaría, pero sus amigos y conocidos le insistieron para que exporte al Reino Unido sus conocimientos parrilleros. Entonces cruzó el océano con la parrilla que utilizaba acá y comenzó a fabricar modelos exactamente iguales. Cinco años más tarde, Sizzle Grills lo mantiene trabajando full time. "La semana hice una venta de 1000 libras a Holanda. La semana anterior, vendí también a Alemania", cuenta el inesperado emprendedor que también vende el 30% de sus productos a argentinos expatriados.
Fuera de la fabricación de chapas, parrillas y estacas y de los caterings por los que cobra 50 libras (unos 65 dólares) por persona, dice que la parte de su oficio que más le gusta son los Asado Learning Days: todo un día dedicado al asado campestre en el que, entre mates y fuegos, los alumnos aprenden a asar y, sobre el final, se suman las familias a compartir un gran asado familiar como cualquier parrillada típica argentina. El precio de 150 libras (casi 230 dólares).
Tiene un equipo compuesto por argentinos ("Enzo, que vivió en Mendoza, y Soledad y Agustina. grandes asadoras"), siempre sirve vino Malbec y se provee de carne argentina que consigue en una carnicería especializada en Londres. Y mantiene vivo un sueño: volver a la Argentina y participar en el Campeonato Federal del Asado en Mataderos. "Siempre me gustó. Mucho más que San Telmo. Nada mejor que un domingo de folclore, mondongo y mate".
"Hace diez años acá nadie sabía lo que era un asado y ahora está de moda. Probablemente debamos agradecerle un poco a Mallmann, sus programas y sus libros", reflexiona. Fuera de su proyecto -cuenta- en Inglaterra hay cada vez más restaurantes de carne argentina, pero no tanto del tradicional asado de campo. "Acá casi todo lo que se cocina con fuego es el ahumado tipo Estados Unidos. Ponés la carne, la tapás, volvés a las 8 horas y está listo, pero vamos.. ¡Eso no es un asado!", sentencia.