viernes, 18 de agosto de 2017

Conexión Brando - Comer + Beber - El polémico chef de la Casa Rosada

El polémico chef de la Casa Rosada

Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • Dante Liporace

Por Gonzalo Bustos / Fotos de Vera Rosemberg 
Llamame a las dos camareras -le dice dante Liporace a su jefe de cocina, Ezequiel Mendoza Paz, mientras emplata un salmón trozado. A su lado, un ayudante mira cómo el chef de la Casa Rosada decora los pedacitos de pescado dándoles una forma circular para luego rodearlos de una salsa de color naranja. Los bordes dorados del plato brillan. 
-Están las dos ocupadas, Dante -le responde Mendoza Paz unos minutos después. 
-Las necesito a las dos. Ahora. 
Dante Liporace, el chef de 40 años que desde el verano de 2016 tiene a cargo el área gastronómica de Casa de Gobierno, es duro y minucioso. Crudo en sus formas y un detallista obsesivo -al borde del inconformismo- con su trabajo. Un ser decidido que busca diferenciarse del resto. A veces, sin importar cómo. 
-A mí no me interesa que la gente me entienda -dirá después de posar para la lente de la fotógrafa de Brando-. Que no entiendan, pero que les guste. Y que después empiecen a indagar. 
Desde su ingreso en la escena culinaria porteña en 2007, Liporace se ubica en un extremo opuesto y solitario. No está dentro de ninguna de las agrupaciones de cocineros (como ACELGA y Gajo), no participa en ferias, no trabaja en televisión. Dice que solo le gusta estar en la cocina y que no tiene amigos cocineros porque no le aportan nada. 
-Acá en Argentina decir lo que uno piensa es complicado. Siempre te critican por decir lo que pensás. Si vos decís algo, sos un hijo de puta, no sos sincero. 
Liporace ha usado sus redes sociales y entrevistas para criticar a figuras como Narda Lepes y Francis Mallmann, quizás el cocinero argentino más reconocido en el mundo. "Te cocina 200 gramos de carne y te quema 400 bosques", dijo. Por declaraciones como esas se ha ganado la enemistad de sus colegas. 
-Critico o critiqué a Mallmann por su trabajo, no como persona. No me gusta su trabajo -explica-. Después salen los defensores con un cartel de Superman. 
Las mochilas pasan por un escáner. los celulares, encendedores y elementos de bolsillo van dentro de una caja plástica. Después de los controles, una mujer de unos 50 años, con la piel oscura y rasgada que viste una camisa blanca y un pantalón negro impecables, nos guía dentro de la Casa Rosada. Avanzamos por el patio interno, ingresamos por una puerta lateral y subimos dos pisos. Las paredes amarillas están siendo pintadas, hay papeles en el piso para cubrir el salpicón, baldes, herramientas. Un lugar en construcción. 
Un pasillo angosto. Del lado izquierdo, una oficina -también angosta- estilo pecera: los vidrios dejan ver dos escritorios apiñados, un mueble de melamina blanca que arriba tiene sartenes, ollas pequeñas y utensilios, una heladera plateada en un rincón. En el fondo del pasillo, la cocina. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • El menú para los funcionarios cuenta con ocho opciones de entrada.

Un batallón de 15 hombres que apenas superan los 30 años -hay una sola mujer, encargada de la pastelería- cortan limones, empanan milanesas en cantidades industriales, limpian las mesadas metálicas que son las diferentes islas del servicio. Las paredes son blancas, algunas de azulejos y otras de concreto con parches. En el centro, hay un horno eléctrico del tamaño de una heladera, estanterías con platos y elementos de cocina. En un costado, un hombre arregla una cocina con las perillas desatornilladas y los cables a la vista. Acá no se usa gas. Son algo más de las 10 de la mañana de un lunes de junio, todavía no hay olor a comida y resuena un permanente sonido metálico: golpes y cortes. "Oído", se escucha, como respuesta a todo. Antes esto no era así. 
-Antes la gente no pagaba ni los tres pesos por miedo a encontrarse cucarachas en la comida -cuenta Marina Pérez Alati, del Departamento de Administración de Servicios-. La comida se servía directamente en las bandejas de aluminio, como en las series de presos. 
Cuando Liporace se hizo cargo de la cocina de la Casa Rosada fue para relevar el estado del lugar. Le llevó tres meses acomodar todo. Limpió, contrató gente para arreglar las máquinas, capacitó al personal, cambió el menú. Se convirtió en el chef de un gobierno del que siempre estuvo a favor e invita a chequear en retrospectiva su cuenta de Facebook para confirmarlo. 
-Cuando todos estaban contentos con el otro gobierno, yo no lo estaba -dice-. Este gobierno trabaja mucho y realmente busca un cambio. Soy coherente y sé que en un año y medio nadie puede hacer magia, más con los quilombos que siempre tuvo este país. 
En moreno, el restaurante que abrió cuando volvió de España después de seis años, Liporace sirvió una pizza que se comía con cuchara. Una copa de Martini con una espuma a base de provolone: el sabor de la clásica pizza italiana llevado al extremo de la alta cocina en búsqueda de un sabor irreal. Platos como ese o como un chupetín de ostras con yogur lo hicieron de un nombre. Sus técnicas vanguardistas y creaciones de una modernidad surrealista le valieron prestigio y, al mismo tiempo, acusaciones. Se lo tildó de pretencioso y egocéntrico, dos rótulos que resultan comunes en el mundo culinario. 
De un modo u otro, Dante no tardó en sobresalir en la escena gastronómica porteña que comenzaba un período de expansión. 
-La gente decía: "¿Qué poronga estoy comiendo?" -recuerda, mientras recuesta su cuerpo sobre su silla de oficina. A sus espaldas, la heladera refleja la luz que atraviesa los vidrios. 
Liporace tiene una visera que deja en sombras sus ojos pequeños y resalta el espesor de su barba enrulada, dándole un aspecto redondeado a su cara. No se quita la gorra, salvo ocasiones: en lo de Mirtha Legrand lucirá una calva recién afeitada. La chaqueta que tiene puesta es de Tarquino, el restaurante que lo llevó a la fama y que abrió luego del viaje surrealista de Moreno, el sueño húmedo de la experimentación culinaria del que despertó dos años más tarde. 
-Tarquino lo pensé como restaurante de alta cocina argentina. En ese momento, no existía la alta cocina argentina. Fue un antes y un después -dice con seguridad-. Moreno fue más innovador, pero con Tarquino metí la innovación en el paladar argentino. 
En Tarquino, un lugar en el que cenar salía alrededor de $1.500, Liporace alcanzó lo que hasta el momento parece ser su obra cumbre: la Secuencia de Vaca, un menú degustación de nueve pasos que proponía un recorrido por el animal de cabeza a rabo. 
-Un años antes, en 2009, me habían invitado a España para hacer una Secuencia de Liebre. Entonces dije: "Voy a replicarlo con la vaca". 
Cuando la Secuencia de Vaca comenzaba su recorrido, The New York Times lo reseñó. "Liporace ha sabido combinar métodos modernistas con los fuertes sabores de la cocina argentina. La comida que sirvió tenía sus partes de espumas, esferas y emplatado artístico, pero, en su esencia, era atrevido y valiente. Dio en el blanco con un plato de langostinos, tripa y mollejas, un ménage que sonaba raro pero que ofreció una textura sublimemente delicada y un sabor untuoso", escribió el crítico Peter Kaminsky. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • El de los empleados es un plato único, diario, una light y otra de ensalada.

-Tuve la suerte de que The New York Times se hizo eco, hizo una nota grande, y viste que en Argentina primero te da bola el Times y después acá. 
-La Secuencia de Vaca no era a la parrilla y acá la carne suele ser asada. 
-Es cultural. Sigue siendo buenísima la carne a la parrilla, a mí me fascina. Pero me parece que hay otro tipo de cosas para hacerle a la carne, u otras cocciones y después terminarla a la parrilla. O las guarniciones prepararlas a la parrilla para que tengan ese sabor. Me parece que la parrilla debería trascender a lo que es el asado como método de cocción, habría que usarla para otras cosas. 
De eso se trata la cocina de Liporace. De la experimentación como vehículo para sus creaciones. Un camino de tierra que le ha valido tropiezos, golpes y pérdidas económicas (reconoce que ni Moreno ni Tarquino, dos proyectos de sumas de elite, fueron rentables), pero que lo define en cada paso. 
Bahía blanca es una ciudad gris. ubicada 600 kilómetros al sur de Capital Federal, es el centro de la región baja de la provincia de Buenos Aires. A pesar de eso -y de contar con un shopping, un centro comercial con pretensiones, universidades y un estado de expansión-, su paisaje de casas bajas tiene algo de desolador y cierta lógica de pueblo pequeño. 
-Es una ciudad grande, pero tranquila y chata -dice Martin Viozzi, amigo de Liporace desde que ambos tenían 8 años, que aún vive en Bahía-. A Dante no le gusta, nunca le gustó. En los últimos 10 años debe haber venido dos veces. 
Dante Liporace creció como el hijo único de una madre soltera que pasaba gran parte de su tiempo trabajando. Viozzi cuenta que de chico era verborrágico, mandón y de meterse en problemas en la escuela. Tuvo que pasar por tres colegios para completar el secundario. Lo echaron dos veces por problemas de conducta. 
-Era el calco de lo que es hoy -dice Viozzi-. Un tipo muy enérgico. 
Toda esa altanería se edulcoraba cuando estaba con sus abuelas, con las que pasaba gran parte de su tiempo, especialmente los fines de semana. Con ellas se adentró en la cocina. Una, de origen sueco, cocinaba con especias -jengibre y clavos de olor-; la otra, que era italiana, se centraba en la cocina tradicional, pero de elaboración puntillosa. 
Lo primero que el niño Dante cocinó fueron unos ñoquis de calabaza. Tenía 11 años cuando leyó la receta de un libro y los preparó. 
-La vocación siempre la tuvo marcada. Muy influenciado por la comida italiana de la abuela, estuvo enfocado en esa cocina -dice Viozzi-. Se mandaba a cocinar, a hacer cosas. Metía su impronta, a veces hacía cualquier pelotudez, pero siempre tuvo esas ganas. 
Cuando terminó el secundario, Dante tuvo algunos trabajos como vendedor de autos y como administrativo en el ferrocarril de la zona. Estaba por empezar la carrera de Marketing cuando vio una publicidad de la escuela del Gato Dumas en un resumen de tarjeta de crédito. Se anotó. Viajó a Buenos Aires cada fin de semana. Dormía en lo de su tía y volvía a casa los lunes. Después empezó a trabajar en pequeños restaurantes, se instaló en la gran ciudad y no volvió más. 
-Me aburría en Bahía, no tenía para ofrecerme lo que quería -dice Liporace-. A los 12, 13 años, cuando empezás a pensar otras cosas, me empezó a quedar chica. Ya me quería ir. La gente de Bahía es muy chata. No está bueno. 
Liporace sobrevivía en buenos aires. rotaba por restaurantes más con el objetivo de ganar experiencia que por el sueldo. Los pocos pesos que ganaba se incrementaban con la ayuda de su madre. Puerto Madero y Las Cañitas fueron algunos de los polos gastronómicos en los que trabajó tras recibirse. La alta cocina era un sueño que miraba en televisión y en libros. Hasta que recibió un llamado de un amigo que vivía en España. Necesitaban un ayudante de cocina en dos semanas. Pidió plata para sacar un pasaje y se fue. 
Era comienzos de siglo y el chico que siempre había querido escapar de su ciudad estaba en el Viejo Continente, en la casa de la cocina más vanguardista. Cobraba ? 800 al mes y vivía con amigos. 
-Fue durísimo. Era pasar de la nada a un restaurante de muy alta cocina -cuenta-. Un lugar que hacía comida muy elaborada. Fue difícil, en cuanto al ritmo y al trato de la gente. Me costó mucho. 
Aprendió técnicas, combinaciones de sabores, conoció ingredientes que creía inexistentes. Se crio dentro de cocinas duras, de lógicas verticalistas y donde el destrato parecía el modo correcto de trabajo. Se endureció soportando embestidas, viviendo donde podía y como podía. Y cada temporada mandaba un currículum a El Bulli, el restaurante de Ferran Adrià, el chef más rupturista de la cocina moderna por ese tiempo. Un mesías en cocina de vanguardia, la meca de Dante. No fue hasta 2006, en su quinto año en el exilio, que lo llamaron. 
-Eran seis meses haciendo lo mismo, toda la temporada sin cobrar un peso. Laburaba todos los días -recuerda Dante-. Vivía con ahorros alquilando un departamento con cinco pibes más. 
En El Bulli fue escalando hasta lograr incluir platos en el menú. Lo primero que hizo fue un aperitivo con remolachas y frutillas. Después de esa temporada, volvió a Argentina. Pero en 2009 lo invitaron a cocinar. Ahí conoció la Secuencia de Liebre. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • La capacidad del comedor es para 640 personas: 40 funcionarios y 600 empleados.

Hoy, el menú para los funcionarios de la Casa Rosada cuenta con ocho opciones de entrada, ocho de plato principal y ocho de postre, más diferentes guarniciones. El de los empleados es un plato único, diario y tiene una opción fuerte, una light y otra de ensalada. La carta, que se renueva cada tres meses, incluye un menú vegano todos los lunes. 
Ubicado al lado de la cocina, el comedor de la Casa de Gobierno es una espacio amplio, claro y moderno. Las paredes tienen diseños en colores tenues, las mesas y las sillas son blancas, los televisores transmiten noticias. Es un lugar impío que huele a perfume. Desde algunas de las mesas es posible ver la cocina. Acá pueden comer 640 personas: 40 funcionarios y 600 empleados. Los días con eventos, la cocina puede llegar a alimentar a más de 1.000 personas. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • Liporace es quien cocina personalmente para Macri.

-Al principio, la gente se quejaba porque tenía que pagar $25 el almuerzo, algo ridículo -cuenta Marina Pérez Alati-. Después fue superbienvenido. Nos decían: "Gracias, qué lindo que es saber que podemos comer acá". 
El cambio no solo incluyó limpieza y aumento de tarifas (hoy los empleados comen por $65 y los funcionarios por $250), los platos llegaron a otro nivel. Los guisos y las milanesas fueron suplantados por puré de manzana, sopas frías, cerdo. 
-La idea era hacer una cocina sencilla, pero con una vuelta. Ellos tienen un tema en que no gastemos mucha plata. A partir de eso inventamos un menú, variamos -cuenta Liporace-. Y hubo una bajada de línea de que nadie podía pedir algo muy raro, por más que fuera funcionario. 
-Para Dante fue un gran desafío -cree Pérez Alati-. Es una gran experiencia cocinar para tanta gente en un solo momento. Llevó adelante superbién trasladar sus estándares de calidad a 700 personas. 
Todos los mediodías, Liporace se pone al frente del despacho. Está en el armado de platos, en los tiempos y en la calidad del servicio, principalmente en el menú de los funcionarios. Es, además, el encargado de cocinar para Mauricio Macri. Confiesa que uno de los motivos por los cuales aceptó la propuesta laboral fue porque le gusta cocinar para presidentes. "Saben comer", dice. Ya ha cocinado para Bush padre, Jimmy Carter, ministros de Vladimir Putin, y preparó un menú de cítricos, salsa ranch y carne en la visita de Barack Obama de 2016. 
Para Macri, que cuando está en la Casa Rosada almuerza allí, hace platos livianos con muchos vegetales y cocina la carne jugosa. Hace un tiempo, el presidente pidió una sopa fría. Liporace inventó una de tomates y manzanas que se convirtió en la favorita del primer mandatario. 
El rostro está levemente girado hacia un costado, la mirada retenida en un punto ciego, el gesto forzado. Mientras la cámara lo retrata, Dante Liporace se muestra algo incómodo, como quien no controla la situación. Pregunta una y otra vez si está bien así. Sugiere que es mejor ir a otro lado a hacer las fotos, que esa parte de la cocina no le gusta mucho. Aguanta unos minutos, dice: "¿Ya está? Ahora vengo", y se va. 
Marina Pérez Alati conoció a Dante cuando Tarquino abrió en la parte baja del Hub Porteño. El restaurante se encargaba de toda la actividad gastronómica del hotel: desayunos, almuerzo, eventos. 
-Es un tipo muy estricto. Muy exigente con él mismo y con los demás. Un perfeccionista de su cocina -dice Marina, que volvió a coincidir con Dante en la Casa Rosada-. Tiene un carácter fuerte, pero es una persona de oro. Siempre ayuda a sus empleados. 
Al rato de que se va Liporace, Marina nos dice que no hay muchas más opciones donde hacer las fotos. Que Dante la está puteando, pero que para ir a otras zonas de la Casa Rosada es necesario un papelerío que demora días. Entonces, las fotos continúan ahí, en la cocina. Cuando vuelve Liporace, pide que terminemos rápido. 
-Forjó su carácter a lo largo de toda su vida. Pero más en Europa, donde trabajó en un restaurante como El Bulli, que no deja pasar una y la exigencia es total -sigue Pérez Alati-. El que no trabaja a ese nivel no puede trabajar en un restaurante así y él traslada eso acá. 
-Siempre tuvo la virtud o la desgracia de decir lo que piensa -agregará Martín Viozzi por teléfono-. Siempre fue muy frontal y eso le ha traído problemas. 
-Le cuesta controlar su carácter en determinadas oportunidades -larga Pérez Alati y la voz se le contrae. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • Los días con eventos, la cocina puede llegar a alimentar a más de 1.000 personas.

Duerme menos de cinco horas diarias. Dante Liporace se levanta alrededor de las 7 de la mañana, llega a la Casa Rosada a las 9 y se va pasadas las 16. Por la noche trabaja en Up Town, el bar neoyorquino de moda en la noche porteña. Cuando llega a su casa lee o mira series. Además de todo eso, sigue indagando sobre cocina. Pérez Alati cuenta que hace unas semanas estaba en su oficina comprando libros de cocina por internet y no le entraba el pago por la cantidad de dinero que había gastado. 
-Todo el día está viendo, leyendo, estudiando -refuerza. 
-¿Qué implica la cocina para Dante? 
-Todo. Es su vida. Implica perfección, inventar cosas nuevas siempre, mirar el plato cuando vuelve después del comensal. Ver qué quedó, por qué quedó. 
Esa obsesión la traslada a Up Town, donde a pesar de ser un bar, aplica sus conocimientos y sofisticación en una carta de diversidad étnica. Es capaz de ofrecer una banana cubierta por barba de dragón y aceite de sésamo, por ejemplo. Liporace mete la alta cocina y la vanguardia en todo lo que hace. 
-La alta cocina tiene que darte un disfrute diferente al de la comida tradicional. Que te lleves otra sensación, algo más que haber comido: algo en la cabeza que te trasladó, un concepto que te convenció -dice Liporace-. No es solo irte con la panza llena, te tiene que quedar algo más. 
Con esa idea abrirá un nuevo restaurante el año que viene. Un bodegón de alta cocina. Un proyecto que, dice, tendrá su impronta como ningún otro. Serán las clásicas recetas ítalo-españolas llevadas a otro nivel. Si en un momento de su carrera buscó reinventar el concepto de la carne, hoy va por la transformación de la comida de inmigrantes. Elevar lo tradicional. 
Obsesivo de la vanguardia culinaria, incorrecto y cruel con sus pares, pero, sobre todo, muy exigente, Dante Liporace fue el elegido para que la alta cocina llegara a la Casa de Gobierno. De la espuma de pizza a la mesa de Mirtha Legrand, el perfil del hombre que alimenta a los empleados del poder central.
  • Uno de sus últimos pedidos del presidente Mauricio Macri fue una sopa fría.

Este proyecto, que probablemente llevará su nombre, promete un menú de platos principales, rompiendo con su costumbre de degustación. Además, incluirá un bar con el objetivo de sumar ingresos. 
-Este lugar tiene que ser rentable. Porque ya estoy grande. Es divino todo esto, pero también hay que ganar plata -reconoce-. Por eso hago muchas otras cosas para ganar plata y poder seguir haciendo la línea que quiero dentro de un restaurante. 
Si las cosas marchan como espera, Liporace cree que estará un paso más cerca -quizás como nunca antes- de concretar su plan de abrir un restaurante en Nueva York, la ciudad que lo fascina. 
-Después de eso solo me queda ver crecer a mi hijo y acomodar un poco mi vida fuera de la cocina. Eso es algo que no pude lograr. Pero no quiero dejar de hacer todo lo que hago en cocina por lo otro. 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/2054057-el-polemico-chef-de-la-casa-rosada

jueves, 17 de agosto de 2017

Clarín - Ciudades - Recuperan el mercado histórico de Juramento, en el barrio de Belgrano

Recuperan el mercado histórico de Juramento, en el barrio de Belgrano

La feria, inaugurada en 1956, fue puesta en valor. A las obras las consensuaron con los comerciantes.
Recuperan el mercado histórico de Juramento, en el barrio de Belgrano
A escasos cien metros de uno de los puntos más comerciales de la Ciudad, la esquina de Cabildo y Juramento, el ritmo del consumo se mueve a otro compás. Allí, la Feria Modelo de Belgrano, conocida como el Mercado de Juramento (entre Ciudad de la Paz y Amenábar), le hace frente a las cadenas de verdulerías, dietéticas, carnicerías y supermercados instalados a su alrededor, con una fórmula que se mantiene intacta en el tiempo: la tradición, el trato diferenciado y la calidad de lo que se vende.
Desde ayer, puesta en valor de por medio, el espacio que abrió sus puertas en 1956 también puede ofrecerles a sus clientes, y a los propios comerciantes, mejores condiciones edilicias. La obra, encarada por el programa BA Capital Gastronómica del Gobierno porteño, incluyó tanto arreglos estructurales como de la fachada. Involucró el arreglo de los techos para evitar goteras, la instalación de baños para mujeres, hombres y discapacitados, la remodelación del patio de comidas, el cambio del cableado y nuevas luminarias. También acondicionaron las baldosas y marquesinas de los locales y restauraron el mural de la calle Juramento.
Recuperan el mercado histórico de Juramento, en el barrio de Belgrano
La entrada. Está en Juramento, entre Amenábar y Ciudad de la Paz. (Silvana Boemo)
"El Mercado Belgrano es uno de los más tradicionales de la Ciudad, con sus 32 puestos donde trabajan más de 120 personas. Consensuamos las obras con los comerciantes priorizando sus necesidades, desde la renovación de su patio de comidas hasta lo que tiene que ver con el asesoramiento nutricional", adelantó el Vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli.
Se refiere al servicio de Nutrición al Paso, que funcionará de martes a viernes de 9 a 13 y de 17 a 20, y los sábados de 9 a 13. Este espacio ofrecerá una guía para la selección de alimentos, recetas, clases de cocina y nuevas formas de preparación de comidas orientadas a disminuir el desperdicio de alimentos, entre otros tips.
Recuperan el mercado histórico de Juramento, en el barrio de Belgrano
Patio de comidas. Lo hicieron a nuevo. (Silvana Boemo)
Construido sobre unos terrenos cedidos por el autor del Martín Fierro y director del periódico El Progreso de Belgrano, José Hernández, el Mercado funcionaba originalmente a cielo abierto sobre lo que hoy es la plaza Noruega, detrás de la actual feria.
"Yo soy tercera generación y de los 45 años que tengo, 40 los pasé acá. Aprendí de mi abuelo y de mi padre y ahora a mí me ayudan mis hijos. Y mi mujer se encarga de cocinar los platos que vendemos hechos", cuenta Basilio Pereyra, dueño de una pescadería que lleva su nombre. Y reconoce que las recomendaciones valen más que cualquier otra publicidad.
"El boca a boca funciona más que otras cosas porque tenemos artículos muy puntuales: langosta, merluza negra, pulpo español, atún rojo, cosas que en otros lugares son muy difíciles de conseguir. Y en los puestos de otros rubros pasa lo mismo", dice Pereyra. Y no oculta el orgullo.
Link a la nota: https://www.clarin.com/ciudades/recuperan-mercado-historico-juramento-barrio-belgrano_0_BkUyiQGdZ.html

Planeta Joy - Comer - 10 productos para comprar este finde en BA Market

10 productos para comprar este finde en BA Market

La feria de alimentos saludables y gourmet visitará Parque Saavedra, este sábado 19 y domingo 20 de agosto. La entrada es libre y gratuita.
Buenos Aires Market llega a Parque Saavedra (Av. García del Río y Pinto) este sábado 19 y domingo 20 de agosto. Será de 10 a 18 horas, con entrada libre y gratuita. 

La feria tendrá dos espacios. Por un lugar, un mercado para comprar quesos, panes, frutas, verduras, especias, dulces, pastas, productos de granja, delicatessen, conservas, chocolates, patisserie, alimentos sin TACC, salsas, aderezos, jugos naturales y mucho más. Por otro, un patio gastronómico con puestos y food trucks. 
 
LOS 10 IMPERDIBLES
Te recomendamos algunos de los productos que no podés dejar de comprar si vas a recorrer la feria este fin de semana.

-En el market va a estar presente Las Quinas con su miel cremosa orgánica certificada, perfecta para infusiones e ideal para el invierno.


-¿Vas a almorzar? Tenés que pasar por Food Truck Argentina para probar las empanadas de cordero patagónico, uno de los clásicos de Buenos Aires Market.
-Arytza llevará al mercado sus nuevos aderezos. Entre ellos, la mostaza de tipo americana sin aditivo de sal libre de gluten. 
-En Buenos Aires Market podés encontrar productos para cada momento del día. Y si estás buscando algo rico para el desayuno o la hora del té, probá el pain au chocolat de L´epi, la boulangerie de Bruno y Olivier. 

-En el patio de comidas habrá puestos y food trucks con platos de todo el mundo. La Arepería llevará comida de influencia latina, como el conito de plátano verde.

-¿Ya probaste el pollo y los huevos pastoriles de Coeco? Este fin de semana, comprá las milanesas de pollo con pan rallado integral. 

-Como siempre, en el puesto de Koo vas a encontrar las más ricas cookies. Para este finde, te recomendamos las Sweet & Salty, galletitas de manteca con un toque de sal marina de la Patagonia. 

-La Suerte llevará a Parque Saavedra todos sus quesos. Entre ellos, el Camambert, una variedad de pasta blanda y suave a base de leche de vaca con sabor pronunciado. 

-En esta edición de la feria hará su debut Provolone Food Truck, un camión dedicado a las provoletas. Tienen varias opciones de queso provolone calentito con toppings, como la Toscana con pasta de aceitunas negras, nueces, brotes de alfalfa, aceite de oliva y pimentón dulce. 


-Paese Dei Sapori estará en el mercado con toda su línea de pastas de sémola de grano duro, como la Conchiglie, ideal para comer con una buena salsa. 


Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?10_productos_para_comprar_este_finde_en_BA_Market&page=ampliada&id=9713

La Nación - Tendencias Gastronómicas - Queijo na brasa: de las playas de Brasil a la carta de los chefs argentinos

Queijo na brasa: de las playas de Brasil a la carta de los chefs argentinos

De dónde viene y cómo se hace el clásico queso brasilero que fue la revelación de la última feria Masticar
"¡Queijooo! ¡Queijo na brasa! ¡Queijooo!". El voceo del vendedor ambulante suena como un canto de sirena a lo largo de 7 mil kilómetros de playa.
Cada vez que se lo oye, la boca se hace agua.
Se lo escucha con la misma intensidad que a un churrero argentino en la Costa Atlántica, pero hay algo que lo hace único y es ese estimulante perfume a queso dorado y orégano quemado que emana la parrillita de aluminio portátil llena de brasas que sostiene el vendedor en una de sus manos.
"¡Queijooo! ¡Queijo na brasa! ¡Queijooo!". El humo comienza a conmover nuestros sentidos. necesitamos un pincho de esos y si es regado con "cerveja muito gelada", mejor. El precio: uno por 5 reales o, si tenemos suerte, tres por 10.
Si alguna vez lo probaste lo sabés bien. El queijo na brasa es un viaje de ida.
Este adictivo tentempié se prepara con un queso típico del nordeste de Brasil, el queijo de coalho (queso de cuajo). Suele presentarse atravesado con un palito de madera y condimentado con orégano, cocido al calor de las brasas en una pequeña parrilla que es la envidia del asador argentino. En menos de dos minutos está listo para comer.
¿De dónde viene y cómo hacerlo en casa?
El queso coalho se produce desde mediados de 1700 en las haciendas del sertão, el desierto del nordeste brasilero, de acuerdo con el historiador y periodista natalense Luís Cãmara Cascudo. Se elabora con leche de vaca, es fresco, de color blanco y textura firme. Salado y poco ácido, resulta excelente para grillar en la parrilla, dorarlo en el fuego directo o incluso hacerlo frito, porque no se funde.
El coalho es tan popular en Brasil que se consigue casi en cualquier lugar además de la playa: abunda en puestos callejeros, en el supermercado envasado al vacío, con los palitos ensartados listo para dorar, y en preparaciones artesanales hechas en casas de familia.
Quizá por esta razón el agrónomo José Carlos Machado Pimentel publicó un manual titulado "Produção Artesanal de Queijo Coalho" en 2012, para que los pequeños productores puedan hacerlo dentro de los patrones elementales de seguridad e higiene.
En todo Brasil se venden kits de elaboración casera que incluyen termómetro, moldes e ingredientes. Con diez litros de leche puede hacerse hasta un kilo de queso coalho.
"Es un queso fresco sin corteza, de textura 'acorchada', de sabor más bien láctico, hecho con leche de vaca y con casi nada de estacionamiento", explica Mauricio Couly, productor de quesos artesanales de la Patagonia y dueño del restaurante La Toscana en Neuquén capital.
"Hay dos técnicas para hacer quesos: la enzimática, con cuajo, y la acidoláctica, con fermentos, que pueden combinarse. En el queso de coalho, la leche se corta con el cuajo, que son las enzimas del estómago del rumiante".
Se cree que el nacimiento del queso en la historia de la humanidad tuvo que ver con este tipo de elaboración primitiva. En la antigüedad la leche se transportaba en estómagos de animales y fermentaba por la acción de las enzimas que contenían las paredes interiores del animal, convirtiéndose en queso.
"Al ser un queso fresco sin corteza, se puede comer a la semana de producido; no desarrolla complejidad de sabores, porque el coalho no es para estacionar", dice Couly: "Los quesos son como los vinos, algunos sirven para envejecer y se ponen mejores con el tiempo, otros son para consumir enseguida".
"Hasta hace poco no había nada parecido en la Argentina, por ahí algunos quesillos frescos del norte, pero tienen una técnica de producción muy distinta, que es mediante hilado como la muzzarella o el provolone".
La producción argentina
El primero que comenzó a producir este tipo de queso en el país es Ignacio Hardoy, con un nombre distinto al "cuajo" brasilero, más cercano al original mediterráneo, llamado halloumi, oriundo de Chipre, que solía producirse con leche de oveja y cabra.
Quinta generación de tamberos, Hardoy produce quesos en Lincoln, Provincia de Buenos Aires, cuidando la salud de sus vacas y la calidad de la leche; con la marca Juan Grande vende sus productos a restaurantes de Buenos Aires y chefs que buscan descubrir nuevas texturas y sabores para su platos.
"Acá no había nada parecido al coalho brasilero", dice Hardoy: "El halloumi es un queso muy antiguo que cocinaban los pastores nómades en Chipre; yo lo hago con leche de vaca y con la misma técnica que el coalho de Brasil, con la diferencia que el mío no es industrial, tiene menos sal y la leche es superior".
Similar al coalho brasilero pero "con otra calidad", el halloumi de Juan Grande fue el producto estrella de la última edición de la Feria Masticar, cuando el puesto del restaurante El Baqueano de Fernando Rivarola lo vendió como "queso a la chapa" con el tradicional palito playero.
"Lo servimos con una salsa agripicante típica del norte del Brasil hecha a base de cachaça y gustó mucho. Vendimos casi 4.000 pinchos", cuenta Gabriela Lafuente de El Baqueano.
Fisiología del gusto
En Brasil, además del clásico "queijo na brasa" con orégano, salsa de ajo y "pimienta" (salsa de ají picante), las comidas que incluyen queso coalho se han extendido más allá de la cocina nordestina.
Se lo usa en una amplia serie de platos, tentempiés, desayunos y meriendas, dulces o saladas. Dentro de la tapioca, la clásica crepe de harina de mandioca rellena con banana frita y rapadura (miel de caña); en bastón, grillado con churrasco, arroz y huevo frito, y con cualquier otro ingrediente que se le ocurra al comensal.
En la Argentina, versiones similares al coalho brasilero y al halloumi chipriota pueden probarse en las ensaladas frescas de la cadena de comidas naturales Green Eat; grillado y servido con jamón crudo, pesto, alcaparras y hojas verdes, al mejor estilo griego, según la carta de Tea Connection, y en la reversión de la famosa "palta que lo parió" de Narda Lepes: huevo, palta, salsa picante y queso halloumi tostado a la chapa.
Para hacerlo en casa, puede conseguirse en el Barrio Chino de Belgrano, Ciudad de Buenos Aires. De todas sus versiones, quizá la preparación más sofisticada y exquisita sea también la más elemental, la que hace agua la boca cada vez que su perfume a queso dorado y orégano quemado invade los sentidos, y se escucha aquel canto de sirena que dice: "¡Queijooo! ¡Queijo na brasa! ¡Queijooo!".
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/2053110-queijo-na-brasa-de-las-playas-de-brasil-a-la-carta-de-los-chefs-argentinos

Conexión Brando - Comer+Beber - Una selección de parrillas premium y no tradicionales

Una selección de parrillas premium y no tradicionales

De una parrilla clásica que cuida todos los eslabones de producción a platos con animales no tradicionales, en estos cuatro lugares la carne es la protagonista en sus formas menos pensadas. 
De una parrilla clásica que cuida todos los eslabones de producción a platos con animales no tradicionales, en estos cuatro lugares la carne es la protagonista en sus formas menos pensadas.
  • Don Julio
Don Julio 
El detrás de escena de Don Julio, inaugurado en 1999 -puesto 21 en los Latin America's 50 Best Restaurants 2017-, no está en la cocina, sino a media cuadra, por la ancha calle Gurruchaga, donde se encuentra la planta de producción. Allí se preparan las piezas cárnicas y otras delicias que se asan en la parrilla. La fachada de una casa antigua esconde un espacio aséptico en el que también se elaboran helado, pan y embutidos, desarrollos del cocinero Guido Tassi (ex Restó), que en un pizarrón escribió un listado de vegetales de estación para comunicar con qué verduras se prepararán las ensaladas y guarniciones en cada momento del año. 
Por la mañana, a eso de las nueve, los empleados reciben la mercadería del frigorífico. En el sector carnicería se pesa, lava y corta la carne. Valeria Mesones, encargada del local, describe: "El tren de bife pasa siete días en la cámara hasta el momento del deshuesado. Luego se cortan el bife angosto y el ancho, se envasan al vacío y vuelven al frío, entre cero y tres grados, por 25 días". Este es el proceso de madurado húmedo de la carne, "que conserva sus jugos y la tierniza antes de llegar a la parrilla", completa Gustavo Pérez, carnicero. 
"La carta es un reflejo de la cultura de la parrilla argentina con cortes tradicionales de carne de res, cerdo y cordero", comenta Pablo Rivero, dueño de Don Julio. Los novillos son Angus y Hereford, alimentados a pastura, de tres años y gran peso. Los cortes se acompañan con clásicos como papas fritas y ensaladas. Pepe Sotelo está en los fuegos, al frente de la parrilla en V, de la cual salen la salchicha con perejil ($100), el chorizo de cerdo con ají molido de Salta ($100), ambos de elaboración propia, además de bifes de chorizo angosto ($399) y ancho ($399), entre otros cortes y achuras sabrosas. 
Pablo es nieto de carnicero e hijo de un productor ganadero de Rosario. Se formó como sommelier promediando la primera década del 2000. Por eso, la carta de vinos tiene una oferta importante y atractiva, aunque no todos los clientes supieron apreciar al principio que hubiera algunos cambios. "Cuando compramos copas nuevas, muchos se resistían a usarlas y nos tildaron de modernos. Es más, dejaron de venir y nosotros asumimos esa pérdida para progresar en lo que creíamos", explica Pablo. Algunas de esas personas, sin embargo, luego volvieron porque en otros restaurantes estaba pasando mismo y se habían dado cuenta de que "el cambio era cultural, una nueva buena tendencia para disfrutar del vino". Junto con el asado, la ecuación sale perfecta en Don Julio. 
Guatemala 4699, CABA 
4832-6058 
Todos los días, de 12 a 16`y de 19 a 1 
Elena 
"Hola, soy Mickey Mouse". La presentación -que podría ser una contraseña para entrar a un bar speakeasy- es factible de escuchar en el mundo vip del Club Dried Aged del restaurante Elena, en el Four Seasons Hotel, donde las carnes maduradas tienen su cofradía de fanáticos, uno de ellos apodado con el nombre del ratón de Disney. Los socios tienen cava propia para conservar cortes de carne e ir probando cómo el tiempo y el secado con circulación de aire y temperatura controlada a 2o hacen su trabajo durante semanas. De eso se trata el sistema llamado dried aged de maduración de carnes. 
De una parrilla clásica que cuida todos los eslabones de producción a platos con animales no tradicionales, en estos cuatro lugares la carne es la protagonista en sus formas menos pensadas.
  • Elena

"Con la maduración buscamos mucho sabor a carne y ciertas notas, que pueden ser a nuez, embutido, jamón, queso, o dulzor, acidez, etcétera", explica Juan Gaffuri, chef ejecutivo del hotel, quien recuerda la antigua costumbre de madurar la carne de animales grandes para lograr terneza. Luego de trabajar en las cocinas de la cadena hotelera en México, Egipto y Estados Unidos, ya de vuelta en Buenos Aires, a Juan le llamó la atención que en el país de la carne no se ofrecieran carnes maduradas, así que, a la par de Le Grill, hace cinco años empezó a proponerlas. Hoy tiene club de fans. 
Pero para probar estos cortes, sin embargo, no se necesita pertenecer al club. Basta con tener el paladar entrenado y sentarse en Elena (puesto 31 en los Latin America's 50 Best Restaurants). 
"La carta tiene platos que representan una cocina urbana de raíces inmigrantes, en la que las carnes argentinas son protagonistas, en especial, las maduradas", sigue Gaffuri, que prefiere el T-Bone aireado por 60 días. "Otro pilar es la charcutería, parte del ritual de la comida en familia o entre amigos que empieza con una picada". 
Quien quiera vivir la experiencia sepa que en el menú encontrará, madurados por 45 días, el sabroso T-Bone ($905, para compartir) y el ojo de bife con hueso ($535). Una curiosidad es que se asan en la charbroiler, una cocina americana a gas. Se pueden acompañar con papas fritas y kétchup casero, coliflor rostizado, ensalada de rúcula, puré de berenjenas, escabeche de hongos, huevo 63o y piñones (todos $105, combinan perfectamente con la carne). No hay que irse sin probar los helados Dolce Morte, de Joaquín Grimaldi. 
La selección y el cuidado de cada ingrediente caracterizan a Elena. También el glamour y la atención personalizada. "Lo que hacemos es comfort food, pero es alta gastronomía si tenemos en cuenta el producto de calidad, el servicio y la puesta en escena", concluye Gaffuri. 
Posadas 1086/88, CABA 
4321-1200 
Todos los días, de 12.30 a 15.30 y de 19.30 a 0.30 
La Carnicería 
Al entrar en el restaurante lo que más impacta es la gigantografía, a todo color, de medias reses. "Cuando elegimos esta imagen lo hicimos para concientizar acerca de lo que estamos comiendo", explica el cocinero Germán Sitz. "En general, cuando se compra carne, se asocia a la bandeja del supermercado y no tanto a la vaca, aunque se sepa, obviamente, de dónde viene el corte. Pero para nosotros esa compra no es equivalente a ir a sacar plata del cajero, sino que se asocia a un animal y al trabajo que significa que llegue a un plato de comida". El nosotros incluye al colombiano Pedro Peña, socio de Germán. 
De una parrilla clásica que cuida todos los eslabones de producción a platos con animales no tradicionales, en estos cuatro lugares la carne es la protagonista en sus formas menos pensadas.
  • La carnicería

La familia Sitz tiene campo y animales en el límite entre La Pampa y la provincia de Buenos Aires, en el llamado meridiano 5o. "Trabajamos en una cooperativa agropecuaria que con tambo y frigorífico", cuenta Germán. Si bien crían ganado de distintas razas, en La Carnicería sirven Angus pesadas alimentadas a pastura. 
Tanto Germán como Pedro están formados en escuelas de gastronomía y desde hace 10 años cocinan en restaurantes, hoteles y bares de la Argentina y el exterior. Se conocieron trabajando con Hernán Gipponi y, en algún momento, surgió la idea de tener un restaurante propio. "Yo venía de España, de la cocina de Martín Berasategui, y Pedro, de Florería Atlántico. Sabíamos que queríamos cocinar con fuegos a la vista y, como mi familia produce carne, en cuanto sumás esos dos datos, te hacés la idea de hacer parrilla. Pero nosotros, como cocineros, no podíamos hacer algo clásico, sino tratar de acercar esos dos mundos, ser originales en combinar productos o aplicar técnicas distintas a los ingredientes que pueden encontrarse en cualquier parrilla". 
Los ejemplos están en la carta. "A la molleja la blanqueamos, la napamos en miel de caña y la servimos sobre un cake de maíz con salsa de yogur y puntos de ajo negro. La nalga, por ejemplo, la preparamos como si fuera un sashimi: la cortamos cruda muy fina y sale con una pasta de ají amarillo, leche de tigre, dados de batata dulce, cebolla, apio y maíz (cancha) frito. El chorizo viene con huevos fritos, papines y arvejas. La provoleta es ahumada y se acompaña con pera". 
Vale la pena probar la nalga con ají amarillo ($160), la molleja de corazón crocante con puré de maíz, choclo y queso ($195), el corte ahumado, una pieza de costillar que viene con hongos y coliflor salteados ($360). De postre leche asada, similar al flan porque lleva huevos, pero tiene leche condensada y maicena ($80). Originales y tentadores son los platos de La Carnicería. 
Thames 2317, CABA 
2071-7199 
Martes a viernes de 20 a 0, sábado y domingo de 13 a 15.30 y de 20 a 0 
Las Pizarras 
Cuando Rodrigo Castilla volvió a la Argentina luego de pasar ocho años entre España e Inglaterra (donde trabajó, entre otros lugares, en The Gherkin Restaurant, en ese rascacielos con forma de pepino, en Londres), abrió su propio restaurante. Quiso ofrecer algo distinto, como los pies de cerdo, un curry de mondongo o un escabeche de raya. "Lo que me gustaba a mí", recuerda. Pero su propuesta, en 2008, no resultó inicialmente atrayente, entonces, para generar una clientela y decidió sumar a la carta otras opciones de las que no quiere ni acordarse. El negocio, sin embargo, no funcionaba. "Antes de cerrar hice un nuevo intento, dándome un tiempo más y siendo honesto con lo que quería cocinar". Fue entonces cuando llegaron algunos periodistas especializados como Joaquín Hidalgo y Alicia Delgado; y, de allí en más, los medios y los comensales propagaron las bondades comestibles de Las Pizarras. 
De una parrilla clásica que cuida todos los eslabones de producción a platos con animales no tradicionales, en estos cuatro lugares la carne es la protagonista en sus formas menos pensadas.
  • Las Pizarras

"A mí me gustan las carnes no tradicionales, porque nos pasamos la vida comiendo carne de vaca o pollo", asegura Rodrigo. "En España, el conejo es nuestro equivalente al pollo, y tienen muchas maneras de prepararlo porque es carne supernoble y, además, utilizan todo el animal. Ese es un concepto que me interesa y que acá aplicamos de diferentes maneras, cocinando animales chicos, como lechones, por ejemplo. A partir de octubre, cuando comienza la temporada de cordero, cada noche proponemos platos aprovechando todos los cortes. Sacamos silla y, cuando se termina, seguimos con la pierna, luego con la paletilla y con el garrón. También preparamos ciervo y búfalo". 
Los platos del día se anotan con tiza en grandes pizarras negras; incluso las propuestas de vinos y tragos se presentan así. Existe un ritual cuando promedia la noche, a eso de las 21.30 cambia la carta: se borran unos platos y se ofrecen otros. ¿Qué probar? De las entradas, la carrillera de cerdo, puré de mandarinas, repollo morado y almendras ($175) y lengua a la plancha, palta, ensalada de berro, rabanitos y coliflor ($185), una delicia que antes de llegar al comensal pasa cinco días en salmuera y luego va a la plancha. Entre los principales, confit de pato, batatas, zanahorias asadas, chauchas y chutney de peras ($320), y pecho de jabalí braseado, zanahoria, cebolla morada y yogur ($320). Las verduras y hortalizas son en su mayoría orgánicas. Pronto el restaurante celebrará los 10 años y, aunque Rodrigo lo sabe, vive en el día a día preguntándose quién vendrá hoy a Las Pizarras. 
Thames 2296, CABA 
4775-0625 
Martes a sábado de 20 a 0 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/2053744-una-seleccion-de-parrillas-premium-y-no-tradicionales

Planeta Joy - Beber - Copa en mano: se viene La Noche de las Bodegas

Copa en mano: se viene La Noche de las Bodegas

El jueves 24 de agosto, 20 spots de Recoleta-Recova de Posadas abren sus puertas en una jornada de degustación múltiple.
Este jueves 24 de agosto de 19 a 23.30, 20 restaurantes, hoteles y paseos de compra de Recoleta-Recova de Posadas abrirán sus puertas para una nueva edición de La Noche de las Bodegas. 
¿De qué se trata el ciclo? Cada uno de estos lugares recibirá a una bodega argentina de primera línea, quien ofrecerá la cata. El tour es libre y cada uno de los participantes decide dónde empieza y termina y durante cuánto tiempo lo realiza. 

Las entradas ya están a la venta (a $750 más cargo por servicio). Al momento de adquirirla, se recibe el punto de acreditación donde hay que buscar la pulsera que permitirá ingresar a los 20 spots de degustaciones, un mapa con los establecimientos adheridos y una copa.

Participan de La Noche de las Bodegas: Buenos Aires Design, Tucson, Almacén de Pizzas, La Biela, Clark´s, Alvear Palace Hotel, La Boutique de la Bourgogne, Algodón Mansión, Hotel Intersur Recoleta, Nucha, Francesca, Gourmand Food Hall, El Mirasol de la Recova, entre otros. Algunos ofrecerán snacks a precio promocional.

Alguna de las bodegas que formarán parte del ciclo son Chandon, Clos de los 7, Rosell Boher, Bodega del Desierto, Nieto Senetiner, Conte Grand, Alto Las Hormigas y bodegas boutique como Pontilli y Huentala. 

Más información, en la página de Facebook del ciclo.
Link a la nota: https://www.planetajoy.com/?Copa_en_mano%3A_se_viene_La_Noche_de_las_Bodegas&page=ampliada&id=9756