jueves, 12 de enero de 2017

Revista Brando - ¿Qué hay detrás del 50 Best restaurants?

¿Qué hay detrás del 50 Best restaurants?

La gastronomía como espectáculo puede morir en la vanidad del cocinero o transformarse en una herramienta de cambio social. Nuestro cronista viajó a México para presenciar la celebración de la lista que premia a los 50 mejores restaurantes del continente y buscó qué hay detrás de las estrellas de la cocina. 
La gastronomía como espectáculo puede morir en la vanidad del cocinero o transformarse en una herramienta de cambio social. Nuestro cronista viajó a México para presenciar la celebración de la lista que premia a los 50 mejores restaurantes del continente y buscó qué hay detrás de las estrellas de la cocina.
  • Una lista, un gran espectáculo y mil sabores

Por Tomás Linch  
Desde la ventana del piso 17 del hotel Sheraton de la Ciudad de México, se pueden ver dos grupos bien distribuidos a los lados del Ángel de la Independencia. Un poco más lejos, una mancha blanca de hombres, mujeres y niños blancos agitan banderas blancas y gritan algo que no puedo escuchar. Del otro lado, gays, lesbianas, travestis y otros grupos LGBT alzan banderas de colores al ritmo de una música dance a todo volumen. Los primeros, tomados de la mano, defienden la familia mononuclear. Los segundos bailan desaforados y luchan por ampliar derechos y respetos. 
Sin embargo, a nadie le importa. No por lo menos cuando, 15 minutos después, luego de desconcentrar la marcha, nos encontremos en la taquería El Trompito. "El taco nos une", pienso. En una mesa, hay una pareja muy seria con un hijo de seis años, todos con sus remeras blancas; en otra, dos travestis altísimos con plataformas y pelucas rubias largas hasta la cintura. Más lejos, hay tres parroquianos mirando fijo un partido que los Pumas van a perder contra el América. Completamos el lugar una pareja casual y yo. Todos comemos lo mismo: un delicioso taco pastor. Todos bebemos lo mismo, cerveza. Todos estamos concentrados en el sabor de la carne, en la dulzura de la tortilla de maíz, en el efecto que la capsaicina genera sobre nuestro cuerpo cuando la salsa picante entra en el torrente sanguíneo. La escena sucede sobre la calle Londres, en el corazón de la Zona Rosa de la Ciudad de México, donde las diferencias de género parecen haber encontrado un paréntesis entre tacos y cervezas. 
Alguien puso mucho dinero para que yo esté aquí. Alguien puso mucho dinero para que tome un avión en Buenos Aires, viaje al Distrito Federal, me aloje en el piso 17 de un hotel cinco estrellas y recorra parte de la ciudad para comer hasta morir, beber otro tanto y hablar de dos cosas: la elección de los mejores 50 restaurantes del continente y de la propia ciudad que me alberga. Alguien puso mucho dinero, pero a nadie le importa, en verdad, lo que yo escriba. Lo que importa, sí, es qué hago ahora mismo con mis redes sociales, si hago una foto y la posteo en Instagram con el hashtag #Latam50Best, o si arrobo en Twitter a quien haya que arrobar. No soy para ellos un individuo con opiniones, formo parte de una masa crítica cuya finalidad es engrosar un hashtag hasta transformarlo en una tendencia mundial. 
-Les pedimos a todos que compartan en sus redes. Vamos a darles envidia a los que no están aquí -dirá Miguel Conde, actor y conductor mexicano, durante la ceremonia de entrega de premios-. ¿Ya somos trending topic? 
UNA LISTA ES SOLO UNA LISTA
En la Ciudad de México todo es abundante, aunque la palabra correcta es exuberante. Las distancias, el tránsito, los museos, la riqueza, los mercados, el picante, la pobreza, la naturaleza metida en cada rincón, el esmog, la lluvia, las frutas, la cordialidad, los embotellamientos, el calor. El Distrito Federal es caótico, ruidoso, y huele a comida y a sudor. Es una entramado activo, energético y brioso, el hogar de 30 millones de personas que compran 64 tipos diferentes de maíz en más de 300 mercados, visitan 200 museos y viajan a través de 12 líneas de subterráneos a lo largo de 226 kilómetros de vías para bajarse en cada una de las 195 estaciones. Cada día, cuatro millones de vehículos salen a la calle y más de una vez me voy a bajar de la camioneta: en horario pico se pueden demorar dos horas para hacer un par de kilómetros. 
Pero esto tampoco le importa a nadie. Cada año, la ciudad recibe cerca de 13 millones de turistas: algunos están de paso para ir a una playa como Acapulco o Cancún; otros disfrutan con agitarse en una caminata a 2.200 metros sobre el nivel del mar. El DF nunca se apaga. 
La gastronomía como espectáculo puede morir en la vanidad del cocinero o transformarse en una herramienta de cambio social. Nuestro cronista viajó a México para presenciar la celebración de la lista que premia a los 50 mejores restaurantes del continente y buscó qué hay detrás de las estrellas de la cocina.
  • Parte de estos restaurantes sirven comida para el 0,05% más rico de la población

Es la segunda vez que esta ciudad es sede de 50 Best Latinoamérica, los premios -la lista- que ordenan a los mejores 50 restaurantes del continente. Los mejores restaurantes ya es una categoría, por lo menos, discutible. ¿Qué hace a un restaurante mejor que otro? ¿Cómo decidirlo? ¿Por el servicio, la calidad de los productos que utiliza, la realización técnica, el sabor de sus platos, la presentación? Haga un experimento: siente a dos amigos y pregúnteles cuáles son sus gustos favoritos de helado. O mejor, su heladería favorita. Nunca van a estar de acuerdo. El gusto, cuyo 75% depende del olfato, es tal vez la experiencia más personal e intransferible que puede tener un ser humano: depende tanto de la propia historia como del entrenamiento gustativo, de la calidad de sus papilas -¿sabía que no todos somos igual de sensibles a los mismos sabores y alimentos?- como de sus conexiones neuronales. Con la experiencia en un restaurante sucede algo similar, hay datos objetivos, pero con un ejemplo basta: un filet del mismo pescado que pase 20 segundos más en una sartén puede cambiar su gusto y su textura para siempre. Veinte segundos, algo menos de lo que se tarda en leer este párrafo. 
Pero una lista es una lista y a los humanos nos gusta hacer listas. Es una forma de ordenar el mundo, de dividir en categorías, de tener el placard mental más o menos estructurado. No importa cuál sea el criterio, no importa, en realidad, si un restaurante es objetiva o subjetivamente mejor que otro -algo casi imposible de probar-, lo que importa es ordenarlos en un sistema entendible. Aunque esto tampoco le importa a nadie. 
Cristina Jolonch tiene 51 años, es periodista desde hace 27 y hace casi una década se ocupa de todo lo que tiene que ver con gastronomía y alimentación en La Vanguardia, uno de los periódicos españoles más importantes de su país, basado en una ciudad -Barcelona- donde la gastronomía ha cambiado la historia. 
-Mi enfoque es siempre desde lo social, hablar de gastronomía para hablar de otra cosa. Si no, el perro se muerde muy rápido la cola -dice. 
Ella ocupa un lugar importante en el proceso de los 50 Best: es "chair". Su tarea es elegir a los jurados españoles que votan para conformar la lista a nivel global. Es la encargada de señalar a los periodistas, cocineros y bon vivants que decidirán a través del voto quién entrará y quién no. 
La lista de los 50 mejores nació en 2002 de la mano de una publicación inglesa llamada Restaurant Magazine a la que nadie conoce. Sus creadores decidieron, un poco en serio, un poco en broma, armar algo más indie y joven que las clásicas guías Michelin o Zagat. Pero el 50 Best tomó vuelo y se transformó en una ceremonia con entrega de premios y visibilidad internacional. En 2007, la marca de agua mineral San Pellegrino se hizo cargo de su sponsoreo y, con todo el aparato mediático, la lista explotó y se transformó en una marca en sí misma. En la actualidad, hay tres listas: los 50 mejores del mundo, los 50 de Latinoamérica y los 50 de Asia. Son un negocio en sí mismo que ya casi no tiene nada que ver con la revista. 
La gastronomía como espectáculo puede morir en la vanidad del cocinero o transformarse en una herramienta de cambio social. Nuestro cronista viajó a México para presenciar la celebración de la lista que premia a los 50 mejores restaurantes del continente y buscó qué hay detrás de las estrellas de la cocina.
  • Los premios crearon un ambiente ficticio y ultracompetitivo

-Se ha montado una parafernalia enorme sobre esto y a veces se pierde el foco -dice Cristina-. Yo entiendo que hay cocineros a quienes la lista les complica la vida. Es como un juego salvaje, un reality. Hay conciencia del show pero igual compiten. Muchos cocineros toman el desafío. Como cuando eres niño: las reglas son las reglas y ellos aceptan el juego. Otros, como Martín Berasategui (uno de los cocineros españoles más importantes), están en contra y han realizado muchas críticas, algunas de ellas muy ciertas. 
Después de las dos primeras ediciones, nuestro Francis Mallmann renunció a ser jurado a través de una carta pública que decía: "Veo sentimientos contrarios en tantos de mis colegas que están tan preocupados por los premios que se pasan el año haciendo lobby ante los electores, saltando de conferencia en conferencia y, en mi opinión, perdiendo un tiempo valioso y distanciándose de los valores reales que hacen a un restaurante. Los premios crearon un ambiente ficticio y ultracompetitivo para nuestra cultura gastronómica. La innovación parece ser el principal valor. Aunque no hay nada de malo en eso, se separó de los valores de un oficio en favor de lo que llaman arte. Los jóvenes chefs intentan cruzar puentes mucho antes de lo que deberían, simplemente, para ser diferentes, famosos o novedosos. El arte es una construcción intelectual, y la comida y el vino tienen más que ver con los sentidos y el compartir. La gastronomía y el vino nos hacen más agudos, más ingeniosos. Solo entonces pueden estimular nuestro pensamiento y mejorar nuestra comunión con los compañeros, amigos y amantes". 
¿Y de qué sirve la lista? Se supone que atrae reservas, pero esto también está en discusión. Hay restaurantes clásicos que ya tenían lista de espera mucho antes de que existiera la lista. Por el contrario, hay lugares en el top ten que están vacíos. Es cierto que para un local joven puede resultarle un espaldarazo, pero cada caso es una experiencia en sí misma y depende mucho más del tipo de cocina, de la propuesta gastronómica y del marketing en general que del lugar en la lista. 
-Me gusta estar en la mitad de la tabla -dice Gonzalo Aramburu, chef propietario del restaurante que lleva su apellido-. Estoy adentro y eso me pone contento, pero nada más. 
CONECTATE A LA RED
Lo cierto es que a ningún cocinero parece importarle la lista porque lo que importa es otra cosa: construir redes. El verdadero 50 Best sucede entre cocineros. Mexicanos, peruanos, colombianos, chilenos, argentinos, brasileños: comparten experiencias, forman alianzas, intercambian productos y desarrollan proyectos que van mucho más allá de sus restaurantes y de la vanidad de figurar en la lista. 
Virgilio Martínez, chef propietario de Central (puesto uno a nivel continental y cuatro a nivel global), tiene un proyecto llamado Mater Iniciativa, que vincula a gastrónomos, productores, antropólogos y científicos para mejorar la relación de producción de alimentos en Perú. Además, se ha conectado con el argentino Mauro Colagreco (puesto 6 a nivel global por el restaurante francés Mirazur) y con Jorge Vallejos (puesto seis en Latinoamérica y 12 a nivel mundial por Quintonil en el DF) para formar Orígenes, una fundación que intenta rescatar la cara humana de los alimentos tradicionales y las semillas a través de la alta gastronomía. Enrique Olvera (cinco del continente y 25 del mundo por Pujol, el restaurante más reconocido del DF) trabaja activamente en la Alianza del Maíz contra la introducción de las variedades transgénicas y también en la recuperación del pulque, una bebida alcohólica mexicana que forma parte de la identidad nacional. La colombiana Leonor Espinosa (16 en Latinoamérica con Leo Cocina y Cava) tiene una fundación llamada Funleo, que identifica y potencia las tradiciones gastronómicas de las comunidades colombianas, a partir de su patrimonio biológico, cultural e inmaterial, sobre todo, vinculado a la cultura negra en su país. Kamilla Seidler, de La Paz, Bolivia (14 en el continente por Gustu y premio a la mejor chef mujer latinoamericana), es una danesa que, a través de una fundación basada en su restaurante, incorpora y entrena a gente con problemas de inserción laboral. O Carlos Álvarez (puesto 32 en el continente por Alto, su restaurante caraqueño), quien hace equilibrio en Venezuela para dar visibilidad al ron y al cacao de su país. 
La gastronomía como espectáculo puede morir en la vanidad del cocinero o transformarse en una herramienta de cambio social. Nuestro cronista viajó a México para presenciar la celebración de la lista que premia a los 50 mejores restaurantes del continente y buscó qué hay detrás de las estrellas de la cocina.
  • El gusto es tal vez la experiencia más personal que puede tener un ser humano

-El público entendió que lo que estaba comiendo no está bien -dice Jorge Vallejos-. Quieren comer sano y natural. Y que la producción de esos alimentos sea sustentable. Para eso hay que tener ingredientes y prestar atención a la cocina local. Es un movimiento global y generacional. Antes en México, los restaurantes caros eran los que servían cocina española o francesa. Hoy los dos primeros mexicanos de la lista hacemos cocina mexicana. No ponemos pan ni mantequilla, ponemos tortillas y frijoles, servimos nopales y mole. Los dueños de los restaurantes somos mexicanos y damos de comer a los ricos comida que antes estaba asociada a los pobres. Hay una alineación en el continente de estas ideas. Los dueños del 50 Best tendrán sus intenciones comerciales, pero cuando juntas a cocineros con ideas, van a hablar de sus problemas, no de los premios que han ganado. 
Gastón Acurio es tal vez el mejor ejemplo: cocinero célebre en su país, logró poner al Perú en el mapa mundial del turismo a través de la gastronomía: armó una feria -Mistura- que es un ejemplo a nivel global en conectar a pequeños productores de alimentos, y hasta discute acerca de políticas agropecuarias con el mismísimo gabinete. En Argentina, también tenemos a los nuestros: Fernando Rivarola, con su Cocina sin Fronteras, vincula la gastronomía argentina con el resto de América. Germán Martitegui acaba de presentar Tierras, una idea de agrupar a productores y cocineros de todas las provincias de nuestro país. Gonzalo Aramburu y Soledad Nardelli trabajan codo a codo con Bioconexión y otra serie de cooperativas que reformulan el trabajo de los productores locales para un comercio justo. Martín Molteni, desde hace una década, recupera productos y técnicas olvidadas del norte de nuestro país. Juan Gaffuri, Pablo Rivero y Gastón Riveira estudian la posibilidad de reformular la producción de carne vacuna para favorecer el pastoreo por sobre el feed-lot. Todos están en la lista. 
-Hay una generación de cocineros que han tomado su rol social con mucha seriedad. Y eso se ve muy claramente entre los de Latinoamérica -dice Cristina Jolonch-. La gastronomía como herramienta de cambio social es una realidad y son ellos quienes tienen el poder para lograrlo. 
La misma Cristina desarrolló un proyecto en España. Se llama Cocina Conciencia y lo que hace es generar contratos de trabajo para inmigrantes jóvenes en cocinas de los restaurantes más importantes de su país. Así, chicos de 18 a 20 años que llegaron a la península en una balsa sin nada ni nadie, desde Malí, Senegal o Costa de Marfil, pudieron encontrar calor en la cocina de Andoni Luis Aduriz, Quique Dacosta, Albert Adrià y otros populares chefs ibéricos. Muchos de ellos figuran en la lista de los mejores 50 del mundo. 
-Yo he visto la cara de esos chavales, he visto cómo esto les cambiaba la vida. No puedo decir que los cocineros son superficiales, que solo les importe la vanidad o el dinero. Cocina Conciencia es lo mejor que me ha pasado en mi profesión -dice Cristina, orgullosa. 
LA PROPIA CONTRADICCIÓN
La visibilidad bien entendida puede ser utilizada para cambiar la realidad de manera positiva o para ganar más dinero, dentro o fuera de las estructuras de poder. Las paradojas, sin embargo, sobran: muchos de los cocineros que pertenecen al 50 Best trabajan para detener el avance de la hiperindustrialización de alimentos, aunque los main sponsor de la lista sean dos marcas de agua mineral que pertenecen a Nestlé, una empresa tan discutida como Monsanto. Una buena parte de estos restaurantes sirven comida para el 0,05% más rico de la población, la que -justamente- profundiza las desigualdades. ¿Es entonces sustentable a largo plazo financiar proyectos sociales por esta vía? ¿O aporta a la tan contradictoria responsabilidad social empresaria? 
La gastronomía como espectáculo puede morir en la vanidad del cocinero o transformarse en una herramienta de cambio social. Nuestro cronista viajó a México para presenciar la celebración de la lista que premia a los 50 mejores restaurantes del continente y buscó qué hay detrás de las estrellas de la cocina.
  • La cuidada presentación de uno de los platos del restaurante argentino Tegui.

-Invertí una década en ganar plata y posicionar mi restaurante -me dijo una vez Alex Atala, chef propietario de D.O.M., top ten de las dos listas e ícono de la segunda temporada de Chef's Table, la serie producida por Netflix-. Una vez que gané mucho dinero me hice una pregunta: ¿Lo utilizo para hacer aún más dinero o puedo hacer otra cosa? -El resultado es su fundación ATÁ, que trabaja para mejorar la vida de los productores de alimentos en el Amazonas. 
Algunos restaurantes de alta gastronomía no son rentables. El local funciona como una ventana para nuevos negocios. En este sentido, la lista de los mejores 50 es ideal. Un cocinero invierte, con su restaurante a pérdida, un poco de visibilidad para ganar dinero por otro lado: empresas de catering, eventos, sponsoreos y apariciones televisivas pueden ser una buena fuente de ingresos. ¿Discutible? Puede ser, pero cada vez más parece perfilarse como el modelo del futuro. Y no solo en la gastronomía. Se trata de un modelo que se hizo visible con El Bulli de Ferrán Adrià y que puso en evidencia que no todo es lo que parece. Algunos cocineros utilizan los proyectos sociales como marketing para su propio beneficio y otros, su propio beneficio para obtener apoyo en sus proyectos sociales. Son dos preguntas diferentes: una cosa es de dónde vienen los beneficios y cómo hacer para engrosarlos. Otra, para qué se usan esos dividendos. En el medio, y lejos de la vanidad y la exposición, hay profesionales que necesitan cocinar y vivir de ello. 
Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/1974346-que-hay-detras-del-50-best-restaurants

Telam - Turismo - El Plan CocinAR ganó el Premio Excelencias Gourmet 2016

El Plan CocinAR ganó el Premio Excelencias Gourmet 2016

Creados en 2005, los Premios Excelencias se dedican a evaluar y premiar la calidad y el servicio en diferentes ámbitos relacionados al turismo y la cultura, y desde hace 3 años, se agregaron los mencionados Excelencias Gourmet.
El Plan Estratégico CocinAR, diseñado por el ministerio de Turismo de la Nación en 2016 para difundir la excelencia y variedad de la gastronomía argentina, obtuvo el Premio Excelencias Gourmet 2016 que será entregado en la Feria Internacional de Turismo de Madrid.

Creados en 2005, los Premios Excelencias se dedican a evaluar y premiar la calidad y el servicio en diferentes ámbitos relacionados al turismo y la cultura, y desde hace 3 años, se agregaron los mencionados Excelencias Gourmet.



El  ganó el premio !! La entrega de los galardones se realizará el próximo miércoles 18/1 en @fitur_madrid

El galardón será entregado el miércoles 18 de enero, a las 17, en el Pabellón 3 del edificio de Ifema, predio ferial de la ciudad de Madrid, el mismo día y lugar donde se realizará la apertura y el posterior desarrollo de Fitur.

Argentina será socio de Fitur y País Invitado al festival gastronómico Madrid Fusión 2017, que se realizará a continuación de la feria de turismo y donde hay previstas diversas actividades.
Link a la nota: http://www.telam.com.ar/notas/201701/176309-plan-cocinar-premio-gourmet.html

Minuto Uno - Gastronomía - De la canilla: la cerveza artesanal se afianza en Buenos Aires


De la canilla: la cerveza artesanal se afianza en Buenos Aires

Antonia Cossio
ANTONIA COSSIO
Pasaron a ser una novedad a convertirse en la fijación de los amantes del lúpulo que buscan opciones menos industriales y sabores más variados. Un mundo para sumergirse de lleno.

La cerveza artesanal se ganó su lugar en la gastronomía local como algo más que una moda gracias al perfil único que cada cervecería le da a sus productos, y a un público que sabe cada vez más del tema y ya no encuentra tanto atractivo en destapar la botella de siempre.

"Lo que distingue a una cerveza artesanal es el sabor, la calidad de los ingredientes, la variedad, y básicamente la novedad. Estamos todo el tiempo buscando cosas nuevas, sabores nuevos", explicó Agustín Cristina, de la cervecería Dukers, a minutouno.com. Entre las variedades de la marca está la roja ahumada que fue presentada el fin de semana pasado en el tercer Summer Beer Festival, en W Bar, ubicado en Lavalleja 1343.

Fiesta en la calle<br>

"Lo bueno es que el público se está educando, hoy lo pide. Y al tener tanta oferta y demanda se equilibró mucho el mercado y mejoró mucho la calidad de todos los cerveceros", apunta Sol Aguirre, maestra cervecera de Dukers.

La mayoría de las cervecerías artesanales empezaron como un proyecto entre amigos, lo que le da un carácter emprendedor y auténtico que resulta muy atractivo para los que quieren algo distinto en un mercado que está dominado por empresas grandes, y que tiene pocas opciones importadas.

"Ahora está cambiando un poquito, pero dos años antes no tenías muchas cervezas importadas en Argentina y esto es una opción de calidad que se puede comparar con la cerveza importada", explicó Matías Padín, de la cervecería tipo belga De Grott. "Se formó un ecosistema y hoy tenés 600 microcervecerías que están haciendo productos diferentes y generando riqueza en el país porque es una pequeña industria y genera laburo".

"Acá en la Argentina, dos empresas son las cervecerías industriales más grandes que hay: Anheuser-Busch InBev, que es la dueña de Quilmes Brahma, y después tenés a IsenbeckEl 2 por ciento del mercado es artesanal", apuntó Padín. El número no es menor si se tiene en cuenta la cantidad de marcas de cada una de las productoras industriales que compiten con las artesanales.

"Tenés cervecerías que antes eran industriales, como Patagonia [que le pertenece a Quilmes] que ahora se están volcando al perfil artesanal del emprendedor. Esa fue un poco la movida, también, porque esto tiene que ver con el emprendedorismo", señaló Padín.

Gloria Carrá pasó por W Bar<br>
Con el desarrollo de la cerveza artesanal también llegó el cambio de paladar del consumidor, y el perfil de los bares cerveceros que se abren, como W Bar. "Hoy la cerveza artesanal no está pensada como maridaje de comida y nosotros buscamos junto a nuestro chef y los cerveceros ver qué sabores van bien con cada gusto de cerveza", señaló Falco, sobre el menú de hamburguesas de chorizo, papas y picadas.

"Apostamos a los cerveceros artesanales emprendedores. Los que están arrancando. Y buscamos ese movimiento constante tanto en nuestros proveedores como en el bar", señaló Alejandro Falco, de W Bar. "La cerveza rota todas la semanas. Por ejemplo, un día conseguís la golden y otro hay una rubia pero es la 'honey'. No sólo tenemos nuestra barra sino también tenemos tres cerveceros más que están por fuera de lo que es nuestro negocio", aclaró.

La tercera edición del summer beer festival incluyó a las marcas De Grott, Dukers y September, cuyo maestro cervecero es Mauro Gallardo.

                           Link a la nota: http://www.minutouno.com/notas/1530835-de-la-                              canilla-la-cerveza-artesanal-se-afianza-buenos-aires

La Nación - Tecnología - Las impresoras 3D ya imprimen comida y pronto estarán en las cocinas

Las impresoras 3D ya imprimen comida y pronto estarán en las cocinas

Por su precio están limitadas por ahora a los grandes restaurantes, pero van avanzando en su difusión; podrían resultar muy convenientes para personas con alergias o intolerancia a ciertos productos
MIÉRCOLES 11 DE ENERO DE 2017 • 11:46

Cubos de azúcar hechos con una impresora 3D
Cubos de azúcar hechos con una impresora 3D. Foto: Archivo / 3D Systems
32
Las impresoras 3D ya han comenzado a imprimir comida, incluso menús sin gluten y con un control exhaustivo de los ingredientes, por lo que pronto se ganarán un lugar en las cocinas, entre la cafetera y la tostadora.
Así lo augura el nutricionista Alex Vidal, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (España), que destaca que esta nueva tecnología, además de emplearse para imprimir piezas en el sector industrial, fabricar prótesis para la medicina o elaborar las figuras más diversas de decoración, también están entrando en la cocina.
Según Vidal, de momento las impresoras 3D han entrado en las cocinas de grandes restaurantes y servicios de comida, pero en un futuro próximo aspiran a convertirse en un electrodoméstico más con fines gastronómicos.
"Con esta nueva herramienta puedes diseñar elementos, volúmenes y texturas para dar una vuelta más a las diferentes propuestas y los platos que hacen grandes restauradores", asegura Vidal.
En un estudio realizado en octubre, la consultora Gartner auguraba que en 2016 se venderían más de 455.000 unidades de impresoras 3D, una cifra que de cara al 2020 se incrementará, según los cálculos de la consultora, hasta exceder los 6,7 millones de unidades.
Galletitas de morrones rojos
Galletitas de morrones rojos. Foto: Natural Machines

Alergias e intolerancias

Aunque todavía no están implantadas entre el consumidor final, Vidal ve ventajas en el caso de alergias e intolerancias alimentarias. "Cuando haya algo que se tenga que controlar mucho, como puede ser una alergia alimentaria o una intolerancia al gluten, puede ser útil. Puede ayudar a esquivar algún nutriente", afirma el nutricionista.
Varias empresas se han interesado por la impresión 3D de comida. Una es Natural Machines, empresa emergente con sede en Barcelona que comercializa la Foodini, una máquina que funciona con cápsulas e imprime una gran variedad de alimentos, tanto dulces como salados.
Otras compañías también se han lanzado a trabajar esta técnica, como la estadounidense 3D Systems, que ha ideado la Chefjet y la Chefjet Pro y ha impulsado el 3D Culinary Lab para estimular la innovación gastronómica; la canadiense ORD Solutions, que ha impulsado la RoVaPaste Hybrid Food 3D Printer (imprime toda clase de pastas); o la también estadounidense Systems and Materials Research, que prepara un modelo que pueda nutrir de manera sana a los astronautas.
Vidal lamenta que, aunque pueda ser útil para determinados grupos de personas, por el momento esta tecnología "no es accesible para todos" entre otras cosas por su precio, "que supera en muchos casos los 1000 dólares".
Por ello, hasta ahora solo se han introducido en los restaurantes y principalmente en establecimientos innovadores y de cierto nivel.
Moldes de papa rellenos; se pueden ver las capas de material que fue agregando la impresora
Moldes de papa rellenos; se pueden ver las capas de material que fue agregando la impresora. Foto: Natural Machines

Cómo funcionan

La mayoría de impresoras 3D de comida funciona de manera similar a una manga pastelera: van añadiendo capas y capas de comida y es habitual que se empleen con ingredientes cremosos y no duros, como chocolate, crema de queso, pasta, helado, mermelada, mostaza o crema de maní.
Vila puntualiza que todavía no se puede imprimir con todo tipo de ingredientes. "Este es un reto que tiene todavía la industria, junto con la introducción de la cocción, ya que la mayoría de máquinas no cuecen y se necesita terminar el plato en el horno, en la sartén o en la olla", indicó.
Para imprimir una pizza o una torta, hay que proveer la máquina de la materia prima, programarla y esperar a que prepare el plato, un proceso que puede tardar desde sólo cinco minutos hasta veinte o treinta, dependiendo de la receta y la dificultad.
En muchos casos, las impresoras 3D se emplean y tienen éxito en la repostería porque, según indica Vidal, "la pastelería siempre es muy exacta. En esta necesidad, también veo un sentido. Ahora bien, imprimirte la cena, no lo veo".
Link a la nota: http://www.lanacion.com.ar/1974867-las-impresoras-3d-ya-imprimen-comida-y-pronto-estaran-en-las-cocinas

Infobae - Nutriglam - Qué comían los seres humanos hace 780.000 años


Qué comían los seres humanos hace 780.000 años

El régimen nutricional del hombre ancestral tenía a las carnes y al pescado como protagonistas. Por qué asaban las plantas antes de comerlas

Las dietas del hombre fueron evolucionando con el correr del tiempo
Las dietas del hombre fueron evolucionando con el correr del tiempo
¿Cómo sería alimentarse como un hombre de las cavernas? La premisa básica detrás de la dieta paleo parte desde allí, en donde la alimentación no era constante y el lujo de respetar las cuatro comidas diarias, no existía. Se comía cuando había. Miles de años más tarde, el régimen nutricional que sufrieron nuestros antepasados volvió para convertirse en una de las tantas dietas del siglo XXI, aún cuando se desconocen todos los alimentos que integraban el plan.
Un grupo de arqueólogos en un sitio al norte del Valle de Jordán, en Israel, descubrieron nuevas y sorprendentes pistas sobre la dieta paleo real. Al parecer, los antiguos seres humanos se deleitaron con una amplia variedad de plantas, carnes y pescados.

La carne era un alimento común en las dietas ancestrales (Shutterstock)
La carne era un alimento común en las dietas ancestrales (Shutterstock)
Los investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Bar Ilan identificaron 55 especies de plantas comestibles que los humanos habrían comido hace 780.000 años, incluyendo verduras, frutas, frutos secos y semillas.
"Nuestro conocimiento de la dieta de los homínidos temprano deriva principalmente de restos de esqueletos de animales que se encuentran en los sitios arqueológicos, lo que lleva a un sesgo hacia una dieta a base de proteínas", escribieron los autores en el estudio, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias. Llegaron a la conclusión de que sus hallazgos "cambian las nociones anteriores de la dieta paleo".
Lo que es más, nuestros antepasados ​​no eran en los más caprichosos medios. Tenían una dieta variada, señalan los autores, y comieron en la temporada baja, que puede haber permitido que agacharse en un lugar y encontrar comida durante todo el año.

Seleccionar los alimentos es clave para que la dieta funcione (Shutterstock)
Seleccionar los alimentos es clave para que la dieta funcione (Shutterstock)
La dieta paleolítica fue definida en el año 1985 por el médico norteamericano Loren Eaton. Según este especialista, "la genética determina las necesidades nutricionales y los genes del ser humano son idénticos a los de los antepasados salvo en un 0,02%. Por esta razón conviene volcarse a la dieta ancestral".
Los investigadores también encontraron evidencia de que estos primeros humanos cocinaron sus alimentos para que sean seguros y más ricos al comerlos: "El uso del fuego fue muy importante, ya que muchas de las plantas eran tóxicas o no comestibles. Al poder asar nueces y raíces, por ejemplo, les permitía consumir una amplia gama de plantas", dijo el autor de Naama Goren-Inbar, profesor en el Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en un comunicado de prensa.
"Probablemente haya habido ni un solo equilibrio entre la carne y de la planta", explicó Peter Ungar presidente del área de antropología en la Universidad de Arkansas, Estados Unidos. El médico agregó: "La evolución humana es un trabajo en progreso, y las dietas es probable que varíen según el tiempo y espacio".
Link a la nota: http://www.infobae.com/tendencias/nutriglam/2017/01/10/que-comian-los-seres-humanos-hace-780-000-anos/