viernes, 11 de marzo de 2016

Revista Conexión Brando - Cocineros de la calle: cocinando con los sin techo

Cocineros de la calle: cocinando con los sin techo

Por Alejandro Maglione | amaglione@lanacion.com.ar - @MaglioneSibaris | Especial para ConexiónBrando 
La casualidad
Cuando pensé en estas notas para La Nación On Line, me impuse un propósito realmente difícil de seguir: no comentar ni escribir, hasta la medida de lo posible, sobre lo mismo que escriben buena parte de mis colegas y de los que pretenden serlo. Es muy tentador abroquelarse en el siempre nutritivo mundo del vino. Las bodegas nos regalan información para poder elegir sobre qué escribir a cada momento. Luego están los cronistas de restaurantes. Tarea ímproba para la salud de quien la realiza. Pero es eso: una crónica seguramente útil para quienes la leen. Igualmente noble es la tarea de escribir recetas, quien puede dudarlo. 
Pero encontrar 52 temas relacionados con la enogastronomía, y que además buena parte de ellos sean de interés de los lectores, es una tarea ardua de búsqueda constante de información hablando con los actores de determinadas actividades; de leer mucho en las redes para ver que se está cocinando; de viajar mucho y acercar las experiencias culinarias que se van teniendo. Sobre todo, buscar protagonistas de historias, y mostrar en la medida de lo posible su costado humano. Y de tanto en tanto hacer un recorrido por el arduo mundo de la historia de la gastronomía o la viticultura. Lo cual no es fácil. 
Cocineros de la calle
Navegando por esa cosa difusa que ahora se llaman "las redes sociales", encontré un sitio en Facebook que llevaba este nombre. Leí lo que contenía el sitio, que hablaba de convocatorias para cocinar "en la calle", demoré hasta que entendí que en realidad lo que quería significar es que cocinaban con los "de la calle", con gente, seres humanos, ciudadanos, que los tecnócratas definen como: en situación de calle. 
Los de la calle
 
Conozco varias personas que de una forma u otra se han vinculado con este submundo de la gente que prefiere dormir a la intemperie antes que bajo techo. Que se alimenta de la caridad vecinal, solidaridad en el que todos coinciden que es más difundida de lo que uno imagina. Son muchos los vecinos que se ocupan de alimentar al "croto" que tienen en el barrio. Pero obviamente que éstos no llevan una vida amable, aunque teóricamente haya sido elegida por ellos. 
Desde hace mucho el gobierno de la CABA realiza muchas acciones sobre esta población. Hay albergues donde pueden pasar la noche. Donde tienen la posibilidad de bañarse y comer un plato caliente de comida. Un día escuché al actor Ricardo Darín describir en un reportaje lo que él consideraba era haber tenido una buena infancia: poder tomar dos baños calientes por día. 
Los protagonistas
 
Y todo comienza, como casi siempre, por dos cocineros, que pasan el día ocupados en su profesión, y algunas noches cocinan con la gente de la calle. No cocinan para, sino cocinan con ellos. Se trata de Sergio Méndez y Gonzalo Cogo. Dos tipos robustos, pero que hablan con una voz que no deja dudas que saben como moverse y marcar el terreno, de ser necesario, donde desarrollan su propuesta. 
La idea es sencillamente complicada: en una suerte de quincho que le prestan en una cancha de fútbol en Floresta, debajo de la autopista, a la altura de la Av. Juan B. Alberdi. Principalmente los martes convocan -de la forma en que se pueda- para que vengan los "alumnos" a sus clases de cocina. 
Las clases
 
Como no tienen artefactos de cocina ni hornos, se arreglan con una parrilla y fuego. En esa parrilla se cuece casi todo lo que después se va a comer. Ya sea unas hamburguesas hechas con carne picada regalada por un restaurante de un amigo, y panes que se preparan y cuecen en el momento sobre la misma parrilla. A veces, un cocinero amigo, consigue un anafe portátil y ese día amasan empanadas y hacen el relleno como corresponde, para después freírlas con cuidado profesional. Las clases llegan a la exquisitez de enseñarles el corte de vegetales en brunoise. 
Los asistentes en general varían o espacian su participación. Calculan que hay 6 que vienen casi siempre, y el número por clase puede variar de 2 a 20. Cada alumno tiene un cuaderno donde va anotando la receta de lo que está aprendiendo a cocinar, que lleva como corresponde una etiqueta con su nombre. Cada vez que asisten, tienen que llevar su cuaderno. Cuando pregunto si lo hacen habitualmente, me dicen que siempre. Algunos admiten que su vida algo desordenada puede hacer que se pierda, así que con todo respeto piden que por favor se lo guarden hasta la próxima clase. 
Un detalle no menor, es que varios al llegar al lugar de la clase, aprovechan las facilidades que encuentran para darse un baño antes de ponerse a cocinar. 
La relación
 
Les pregunto a Gonzalo y Sergio como se relacionan con estas personas, y me cuentan que todo pasa por ganarse la confianza. Se trata de un grupo que en promedio tienen 35 años. Con historias de vida que destrozan el corazón de quien los escucha. Gente obstinada en considerar que han llegado a un estado del que es imposible salir. Sienten que nada pueden esperar de ellos mismos, y menos aún deben hacerlo quienes los rodean. 
Hacen changas de todo tipo. Principalmente albañilería. Pero los pocos pesos que les pagan por su trabajo, suelen usarlos para la compra del alcohol que lo ayuda abstraerse de una realidad de la que un día huyeron para adoptar este estilo de vida. 
Cuentan nuestros cocineros solidarios que son varios los colegas que se aproximan a trabajar con ellos, muchos de ellos mujeres, que al poco tiempo desisten porque sienten que no pueden soportar ese contacto humano de extrema dureza. Dicen que las historias que suelen escuchar son de una crudeza lacerante. Historias contadas por gente que exhibe en su aspecto una edad 20 a 30 años superior a la que realmente tienen. La calle no perdona. 
Cuál es el objetivo
Ellos lo definen claramente: "tenemos como eje central formar cocineros a gente que vive en la calle, de donde surgirá posiblemente una cocina propia". Y agregan: "Para eso nos valemos primero de lo que tenemos a mano, por ejemplo carecemos de horno o freidora o sobadora, o una amasadora y tantas otras cosas. Si tenemos fuego, carbón, madera, papel, parrilla, ollas, cacerolas, sartén es lo que utilizamos". 
Tienen la esperanza de que algunos de sus "alumnos" opten por el oficio de la cocina y logren rearmar su vida en torno a ella. Se sabe que son muchos lugares donde se precisan estos ayudantes de cocina, que no vienen con aspiraciones de profesionales inventados por escuelas de cocina mediocres. También esperan poder alejarlos de las adicciones. Pero sobre todo, devolverles el orgullo y la confianza en sí mismos que han perdido casi totalmente. 
Un ejemplo para imitar o reflexionar
 
Vuelvo a confesarme fan total de que la gastronomía con frecuencia se deslice hacia fines solidarios. Veo con esperanzas que hay ejemplos que cunden. Escuelas Técnicas de Entre Ríos que han incorporado la gastronomía como materia para sus alumnos del secundario. En el área de Educación del gobierno de la CABA madura un proyecto similar que es aproximar los conceptos de cocina y nutrición a los alumnos de algunas de las escuelas municipales. Y así la ola pareciera expandirse. 
Aquí la cosa ofrece un costado completamente original. Es bajar al escalón más bajo de las necesidades sociales. Claro que precisan ayuda de todo tipo. Precisan de una repartición gubernamental, sea relacionada con el Desarrollo Social, sea relacionada con Trabajo en tanto la actividad busca desarrollar oficios que se supone que esta área de gobierno debe atender. Puede ser la Nación, el gobierno de la CABA, alguna fundación, cualquiera que comprenda la importancia de lo que Gonzalo y Sergio están intentando. 
Me cuentan que mucha gente se les aproxima con ropa y otras donaciones, pero que ellos no tienen la logística para administrar este tipo de aportes. Básicamente necesitan instalaciones donde convocar a sus "alumnos" para que tomen sus clases, y que les acerquen productos con qué elaborar los platos que ellos mismos se preparan y luego consumen. En la página web se pueden aportar pequeños montos de dinero. 
Conclusión
Bienvenida esta iniciativa. Se pueden conectar con Gonzalo o Sergio a través de la página de Facebook "Cocineros de la calle"; la página web cocinerosdelacalle.org o bien al mail cocinerosdelacalle@gmail.com Mi sentimiento al terminar esta nota es de haber arrojado una botella al mar con un mensaje pidiendo ayuda. Ojalá llegue a algunas manos generosas, dispuestas a colaborar. Nuestros viejos linyeras o crotos, se lo agradecerán. O si prefiere llámelos "ciudadanos en situación de calle", como manda el manual. Pero extienda su mano. 

Link a la nota: http://www.conexionbrando.com/1878511-cocineros-de-la-calle-cocinando-con-los-sin-techo

Clarín - Suplemento Joven - La verdad de la hamburguesa - pág 1




Clarín - Por los aumentos, se come menos carne y más barata - pág 3



Clarín - Suplemento Urbano - Conocé las nuevas Ferias Itinerantes - pág 4


jueves, 10 de marzo de 2016

La Nación - Economía - Burger King se reencuentra y vuelve a las raíces - pág 20


La Nación - Salvo en la Costanera, los carritos evaden los controles - pág 30


Revista Planeta Joy - Te presentamos a los Green Gurús, los popes de la alimentación consciente

Te presentamos a los Green Gurús, los popes de la alimentación consciente

No sólo hay chefs entre los referentes globales de la cocina sustentable: la lista incluye periodistas, activistas, científicos, funcionarios y hasta empresarios. Acá, algunos de los más importantes.

Cuestionan los pilares del sistema de producción de alimentos. Proponen un cambio de paradigma en nuestra dieta cotidiana. Reivindican los ingredientes frescos y de estación. Difunden técnicas y hábitos saludables. Luchan contra los transgénicos, los tanques de la comida chatarra y los productos procesados o refinados. En definitiva: se cuestionan cómo comemos y proponen alternativas para que algo tan simple y vital como comer no se transforme en un eslabón más de la cadena de consumo mercantilista.

Son los gurúes contemporáneos de la alimentación consciente: un puñado de líderes globales de diversos campos que, desde sus respectivos roles, enarbolan las banderas de la filosofía ecofoodie e inspiran al mundo a alimentarse mejor. Entre ellos hay cocineros, claro, pero también documentalistas, escritores, científicos, intelectuales y activistas. Destacados referentes internacionales de una movida que, a nivel local, tiene entre sus caras visibles a la periodista Soledad Barruti y a chefs alineados a la prédica sustentable, como Christophe Krywonis (quien instaló en la agenda el debate sobre el salmón) o Martiniano Molina, ahora volcado a la política en su papel de flamante intendente de Quilmes. 
Michael Pollan. El más popular de los food writers, este periodista y docente neoyorquino de activa presencia en redes sociales (en Twitter es @michaelpollan) lleva publicados varios best sellers en la materia, entre ellos “El dilema omnívoro” y el reciente “Cocinar: una historia natural de la transformación”, un potente alegato en defensa de la experiencia culinaria donde asegura que cocinar es el rasgo que mejor nos define como especie y más nos acerca a una dieta sana. Algunos de sus mandamientos: no comer nada que nuestras abuelas no reconocerían como comida, comer solamente animales que hayan comido bien y no comer nada que no se pudra. 
Mark Bittman. “¿Por qué renuncié a mi trabajo soñado en el New York Times?”. Ese fue el título del artículo con el que Bittman (@bittman) anunció públicamente , hace apenas un mes, que abandona su condición de crítico estrella del NYT para fundar The Purple Carrot, un innovador emprendimiento que, mediante un formato de delivery de ingredientes ready-to-cook, busca masificar las recetas veganas entre los consumidores estadounidenses. En los últimos años, desde su tarea periodística, Bittman redefinió la función del cronista gastronómico y dotó al oficio de una dimensión analítica y reflexiva, publicando numerosos artículos que iban más allá del simple hecho de reseñar un restaurante o recomendar tal o cual plato. 


Jamie Oliver. Este celebrity chef británico es el emblema del cocinero activista. Carismático, popular y comprometido, suele abrazar diferentes causas que van desde combatir el desperdicio de alimentos hasta concientizar sobre los riesgos de los productos azucarados o presionar a los gobiernos para que incluyan la educación nutricional en los programas de las escuelas. Impulsa peticiones en Change.org, organiza eventos globales como el Food Revolution Day, recorre el mundo ofreciendo charlas de concientización y presta su voz a películas como That Sugar Film, donde testimonia a favor de la aplicación de impuestos a las gaseosas y las golosinas. Una falsa noticia que se viralizó en la web le atribuye haber ganado un juicio a McDonald’s por demostrar que sus hamburguesas se elaborarían con carne no apta para consumo humano. 


Alice Waters. Ambientalista, educadora y cocinera, decana de los chefs conscientes de EE.UU. Su restaurante californiano Chez Panisse es, desde su apertura en 1971, un ícono de la gastronomía local y orgánica. Introdujo en el negocio los conceptos de trazabilidad y comercio justo, dio impulso al fenómeno de los “farmers’ markets”, publicó decenas de libros, inspiró la cruzada de Michelle Obama por la educación alimenticia y creó el programa de huertas escolares Edible Schoolyard Project. Pregona el acceso universal a alimentos limpios y agroecológicos.

René Redzepi. Ni las estrellas Michelin ni el haber revolucionado la cocina nórdica y que su restaurante Noma, en Copenhague, fuera elegido el mejor del mundo por cuatro años parecen movilizar a este chef danés tanto como el hecho de erigirse en emblema de la tendencia a utilizar ingredientes locales y frescos. La revista Time lo llevó a su tapa bajo el título “Héroe locávoro”, y sus menús, con las hierbas y los frutos silvestres como protagonistas, hacen honor a esa condición. Redzepi cerrará Noma a fin de año y planea reabrir un nuevo restaurante en 2017, con granja y huerta urbana, llevando a extremos todavía más radicales la esencia de su propuesta.


Carlo Petrini. Sociólogo italiano, fundador del movimiento Slow Food, lleva casi tres décadas recorriendo el mundo con su mensaje en defensa de las tradiciones gastronómicas, la agricultura ecológica, la biodiversidad y el disfrute de la comida simple, noble, genuina y honesta. El año pasado visitó Buenos Aires, donde cientos de personas se agolparon en el auditorio de la Facultad de Agronomía para seguir su charla. La propia Time lo nombró una de las “50 personalidades que podrían salvar el mundo”. Mezcla de sibarita y activista, ha logrado conjugar el gusto mundano por la buena mesa con la conciencia política y el compromiso socioambiental. 


Olivier De Schutter y Ricardo Salvador. El primero es un abogado belga, ex relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, cargo que ocupó entre 2008 y 2014. El segundo, un académico especializado en agricultura sustentable, dirige el programa de alimentación y ambiente de la Union of Concerned Scientists (unión de científicos comprometidos). Juntos han colaborado en diversos trabajos e informes sobre la temática. En noviembre de 2014, con Pollan y Mark Bittman, firmaron en el Washington Post un artículo de gran impacto titulado “Cómo una política alimentaria nacional podría salvar millones de vidas”.
Marion Nestle. Docente universitaria de nutrición y salud pública en la New York University, publicó varios libros, incluyendo el exitoso “Food Politics: How the Food Industry Influences Nutrition and Health” (políticas alimentarias: cómo la industria influye en la nutrición y la salud), de 2002. Se le reconoce la capacidad de llegar al público masivo con ideas concretas para avanzar hacia una dieta equilibrada y no dejarse llevar por los influjos del marketing. La coincidencia entre su apellido y la multinacional suiza no es más que una paradójica casualidad.

Vandana Shiva y Marie Robin. India y francesa, respectivamente, son abanderadas de la oposición al uso de pesticidas y fertilizantes químicos y a los organismos genéticamente modificados. Shiva, filósofa y ambientalista, es considerada un baluarte del ecofeminismo y una de las activistas anti-transgénicos más reconocidas del mundo. A través de su fundación promueve métodos de producción ecológica, el apoyo a agricultores locales y la protección de las semillas y la biodiversidad. Robin, en tanto, es una periodista de investigación, ensayista y cineasta que dirigió los documentales “El mundo según Monsanto” y “Nuestro veneno cotidiano”.



La oveja blanca del fast food
Acaso el personaje más controvertido del listado sea Steve Ells, fundador y CEO de Chipotle Mexican Grill, la cadena estadounidense de tacos y burritos que se propone revolucionar los paradigmas de la comida rápida y posicionarse como la “oveja blanca” de esta cuestionada industria. Bajo el lema “Alimentos con integridad”, la compañía dice emplear ingredientes locales y agroecológicos. Su política de abastecimiento contempla buenas prácticas de comercio justo, trazabilidad, eficiencia energética y gestión ambiental. En ese marco, además, ha auspiciado proyecciones gratuitas del documental Food Inc. y produjo The Scarecrow, un corto de animación que reivindica la movida natural y cuestiona a la industria alimenticia, y la miniserie Farmed and Dangerous, otra impecable pieza de “advertainment” que pretendía transmitir los valores corporativos. Sus críticos, sin embargo, dicen que la de Chipotle no es más que una brillante y perversa estrategia de greenwashing (un discurso “verde” que maquilla conductas no tan presentables). Este año, la empresa enfrentó un escándalo cuando debió despedir a un proveedor de carne de cerdo que, según se comprobó, violaba las políticas corporativas en materia de trato ético a los animales. 
Por Ariel Duer 


Link a la nota: http://www.planetajoy.com/?Te_presentamos_a_los_Green_Gurus%2C_los_popes_de_la_alimentacion_consciente&page=ampliada&id=8446#